El poder creativo del universo que emana de la Fuente más alta, se da a la Tierra aquí abajo a fin de que el hombre aprenda, a través de la alquimia de la meditación, a convertir el polvo de su mundo en el destino* [se refiere a la cita ‘destiny not dust’ (destino y no polvo) del dictado “UNO” de Gautama Buda, publicado en “Pearls od Wisdom – 1978, Vol. II pp. IX- XV] de lo Eterno, tal como el amado Gautama lo ha indicado.
Las estrellas son el lote de ustedes, como también lo es la magnífica llama divina dentro de su corazón. El minúsculo sol interno de iluminación del arco iris de la luz que se extiende hacia su mundo.
Donde hay Luz, se encuentra Dios, pintando en un calidoscopio los diferentes colores de la luz pura blanca, similar al manto de diversos colores de José1. [Génesis 37:3]Porque en verdad, tal como la túnica sin costura2 [Juan 19:23] de nuestro Señor
Jesucristo fue realmente blanca, en su encarnación como José, usó el manto de diversos colores. Los muchos se convirtieron en el uno en Cristo y de esta Luz Crística se pueden extraer los diferentes colores de perfección universal.
En forma similar, los que desean seguir al Cristo en la regeneración de la Luz interna, pueden meditar sobre la interrelación de los colores del arco iris que tienen la perfección de la Luz:
Azul (el primer rayo) es el símbolo de fe, promesa, constancia, poder, vigor y la sinceridad de Dios. Sale de los vastos depósitos de Luz, vertiéndose en mar y cielo. Es la bendición de los martes para la Tierra.
Amarillo (el segundo rayo) es la mezcla de oro con el blanco que se convierte en la radiación dorada, cuyo brillo proporciona iluminación, la consagración del conocimiento verdadero, el servicio del conocimiento verdadero, la expresión de la mente de Cristo y la institución de la Ley de relaciones armoniosas entre todos los pueblos y entre Dios y éstos. Es el rayo del sol enviado a la Tierra los domingos.
La aurora del amanecer rosado (tercer rayo), es el símbolo del amor divino – un amor que, como ofrenda floral, recorre las planicies y adorna las moradas de la imaginación de los atavíos del arrastrante madroño y la fragancia de una rosa rosada.
El amor es alegre, vigoroso y bello. Por medio de la fuerza del amor, los hombres aprenden cómo impartir a otros la belleza y la piedad que han recibido de Dios. En la entrega de esta caridad y belleza no existe robo alguno, sino sólo el justo intercambio entre todas las almas, ennoblecidas por el mismo amor que es Dios. Los Lunes están imbuidos de este poder creativo.
El blanco de la pureza (el cuarto rayo) es una radiación estelar. Aunque consta de todos los colores del arco iris, tiene su propia envoltura de todos los colores del arco iris, tiene su propia envoltura gigantesca que, como un mar de fuego líquido, sostiene
ante los hijos de los hombres el anhelo de formar parte de lo que nunca puede ser contaminado por la razón o por los actos engañosos.
Pureza – la mente de Dios, la naturaleza de Dios, el carácter de Dios, el estado de ser libre de mancha y de culpa, la triunfante fusión de los muchos colores en la pureza del Único, que blanquea al hombre hacia la eternidad y celebra su purificación en la cruz de fuego blanco el Viernes Santo, día de la libertad, cuando, a través de la pureza, el hombre se libera de las ataduras de la limitación.
¿Y qué decir del verde (el quinto rayo) que imbuye en toda vida la mezcla perfecta del amarillo y el azul, que evidencia la fe y la sabiduría de Dios en la naturaleza y habla de renovación eterna?. El verde, el vestirse de verde carga al hombre de la saludable clorofila del sol –el fuego del sol y el fuego del poder para crear, encerrados en un poderoso signo de verde curativo, que devuelve al hombre a la naturaleza original de Dios. Dotado y dotante, el rayo verde satisface las carencias del hombre a medida que penetra en la Tierra los miércoles.
El morado oro (el sexto rayo) representan las vestiduras que imbuyen en el
hombre el deseo de prestar servicio cósmico y son emblemas simbólicos del sacerdocio de los verdaderos creyentes. El morado habla del fuego iluminado del alma. Este fuego tiene que ayudar a cada parte de la vida a reunirse con su Fuente y con la ley dorada que Dios ha concedido al hombre. Es el servicio del Cristo a sus discípulos, del más grande entre los siervos. Esta doble acción del Cuerpo de Dios (morado) y de Su Esencia (oro) baña la Tierra los jueves.
Cuando se sintetizan en acción los rayos del amor y del poder, el rosado y el azul, surge la radiación de la llama violeta (el séptimo rayo). Llamada asimismo púrpura real, muestra lo que es el manto cuando nace la conciencia.
Dios ha acariciado y bendecido al individuo. Ahora éste tiene que vestir el manto de la diplomacia, el hábito del tacto y del juicio. Tiene que mediar, lo mejor que pueda en pro de hombres menos avanzados que él, de aquellos que aún no han progresado hasta su nivel de realización. Ya sea hombre, ángel o Maestro, tiene que servir a la causa de la libertad y liberar a los hombres de las ataduras que ellos mismos han creado.
No debe esperar gratitud, sino sólo guardar en su corazón agradecido, sentimientos de gratitud por poder prestar mayor servicio, a fin de que mañana pueda dar en mayor medida lo que ha dado hoy en menor medida. Los sábados son los días para hacer una pausa y contemplar el ritual de la libertad3 . [Aquellos que desean consagrar
sus vidas a una comunión ininterrumpida querrán tal vez amplificar la luz en sus mundos y en su servicio a la humanidad vistiendo el “color del día” y haciendo invocaciones especiales a ese determinado rayo. El número de orden en que a diario se emiten los rayos del corazón del sol no debe confundirse con los números de los rayos (uno a siete), ni con el orden de los rayos, representado en el Cuerpo Causal del hombre]
La trascendencia, pues, es la naturaleza de la Luz, y a medida que dirigimos nuestras meditaciones hacia la Luz, vemos que hay mucho que contemplar.