Cf. Rubio, Exploración, 471-476; Roberto Levíllter, «Conquista y organización del Tucumán»; M. Olmos, Historia; Jorge Comadrán Ruiz, «Nacimiento y desarrollo de los núcleos urbanos y del poblamiento de la campaña del país de Cuyo durante la época hispana, 1551-1810»; Juan Pablo Echagüe, «Los orígenes de San Juan: ios Huarpes, la conquista y la colonización».
19 Sobre la minería de la plata en el Alto Perú, véase Pierre Vifar, A History of Gold and Money, 1450-1620, 119-142; Gwendolin B. Cobb, «Supply and Transportation of the Potosí Mines, 1545-
1640»; Peter Bakewell, «Registered Silver Production in the Potosí Dis- trict, 1550-1735»; D. A. Brading, «Las minas de plata en el Perú y México colonial: Un estudio comparativo».
44 Davic! Rock
a) norte de Salta. Estas tres ciudades sirvieron para proteger a Potosí desde el sur, asegurar la ruta entre el Alto Perú y Chile, y establecer puntos de suministro para las minas 20.
Así, la ocupación de Tucumán se llevó a cabo después de varias décadas de exploración durante las cuales ios europeos habían identificado las principales concentraciones de indios amistosos y las posibilidades de explotar las riñas entre las tribus. Las minas de plata de Potosí, como habían demostrado las hazañas de Cabrera, estaban también interesadas en establecer contacto con el Atlántico, un objetivo que también fue alcanzado para 1580.
Cuando se hubo establecido la línea de asentamientos desde Potosí, ios paraguayos se volvieron una vez más hacia los ríos del sur, aprovechando la oportunidad para dar fin a más de treinta años de aislamiento. En 1573, después de reunir seguidores con la promesa de repartirse las manadas de caballos salvajes de las pampas, Juan de Garay condujo una expedición desde Asunción para fundar Santa Fe, sobre los tramos inferiores-de! Paraná. Esta nueva base dio a los paraguayos acceso a Santiago del Estero. Para aumentar los contactos con Córdoba y Chile y para crear otra ruta al norte mejor protegida de los indios del Chaco, los paraguayos se desplazaron aún más al sur. En 1580, Garay repobló el sitio del estuario que Irala había abandonado treinta y nueve años antes.
Este segundo poblado de Buenos Aires sobrevivió. Durante las etapas iniciales de recolonización, los sesenta y seis hombres fundadores de la ciudad, de los que diez eran blancos españoles y el resto mestizos, fueron abundantemente provistos de ganado, caballos y cereales desde Asunción y Santa Fe. Así, las relaciones con los indios de las llanuras fueron más amistosas, y Garay utilizó a sus lanceros mestizos para contener a los indios cuando hubo amenazas de guerra. En 1587 otro asentamiento, que se convirtió en Corrientes, fue fundado más al norte a lo largo del Paraná. De este poblado y de los de Santa Fe y Buenos Aires, los paraguayos esperaban poder participar en e! comercio de la plata que, se abrigaba la esperanza, fluiría desde Potosí. También tenían la intención de impulsar la exportación de píeles de ganado, incorporándose de este modo al movimiento comercial intercontinental 21.
En el siglo xvi, los españoles fundaron veinticinco ciudades en lo que llegaría a ser la Argentina, quince de las cuales sobrevivieron. Esta tarea fue llevada a cabo por un número muy pequeño de personas: menos de
2. españoles vivían en iodo el país en 1570, y quizá 4.000 mestizos. En 1583, Córdoba, el mayor poblado, tenía una población blanca de sólo 250
20 Cf. Rubio, Exploración, 422-524; Leviltier, «Conquista y organización»; Razori, Historia,
vol. 1; Fermín V. Arenas Luque, El fundador de Córdoba; Atilio Cornejo, «El Virrey Toledo y las fundaciones de Gonzalo de Abreu en el valle de Salta», Madeline W. Ni- choiis, «Colonial Tucumán»; Lizondo Borda, Descubrimiento.
21
Roberto Leviliier, «Enfremamiento de las corrientes pobladoras de! Tucumán y del Río de la Plata», Enrique de Gandía, «La segunda fundación de Buenos Aires»; Manuel M. Cervera, Historia
i. Los asentamientos españoles 45
personas; todavía en 1600, no había más de 700 españoles en toda la región de Tucumán. Casi todos ellos eran hombres de origen humilde, pues después del destino que tuvo Mendoza y la comprensión de que poca plata se podía hallar, no fueron muchos los hombres de cierta alcurnia que se aventurasen por esas remotas regiones 22.
Allí, en la periferia extrema, el orden colonial se consolidó más tarde y menos completamente que en zonas más centrales del imperio. Como era costumbre de los españoles en todo el Nuevo Mundo, la creación de poblados se efectuaba de acuerdo con rituales elaborados. Se ponía considerable cuidado en elegir los lugares, tomando en cuenta la disponibilidad de indios y ia adecuación de la tierra para la agricultura y ia ganadería. Una vez elegido el sitio, se publicaban bandos concernientes a la fundación de la ciudad y los derechos y autoridad legales en los que se basaba. Se elegían funcionarios para el cabildo de la ciudad, se establecía formalmente la iglesia y se distribuían los indios en encomienda. Los habitantes de la ciudad eran divididos en dos grupos: los vecinos blancos, que gozaban de todos los derechos civiles, y los
moradores, comúnmente no blancos, que no gozaban de ellos 23.
Las responsabilidades de los cabildos, que incluían las regulaciones de precios, suministros y salarios, fueron definidas y codificadas por el virrey Toledo. Siguiendo una tardía costumbre medieval de España, al principio los funcionarios del cabildo eran elegidos, pero más tarde, desde alrededor de 1610 en adelante, los cargos fueron puestos en venta, y caían en manos de las oligarquías locales de colonos. Los cabildos abiertos, el procedimiento usado para convocar a la población de vecinos a delibera* ciones generales sobre cuestiones de interés público, eran relativamente frecuentes, sobre todo en Tucumán durante las guerras indias der siglo XVII 24.
En 1563, cuando el noroeste fue eliminado de la jurisdicción chilena, se crearon dos gobernaciones, Tucumán y Paraguay-Río de la Piata (véase el mapa 3). La región de Cuyo era administrada separadamente por un
corregidor, que permaneció bajo la autoridad del capitán-general de Chile
hasta 1776. En 1617, el Río de la Plata y Paraguay fueron separados y formaron dos gobernaciones. Este ordenamiento persistió en el siglo XVIII, excepto entre 1663 y 1672 que se estableció una audiencia en Buenos Aires en un esfuerzo por frenar el contrabando 25.
Hasta alrededor de 1600, las gobernaciones fueron jurisdicciones no- minales. Entre las bandas de conquistadores que se infiltraron en la región en la segunda mitad del siglo XVI, la autoridad reposaba menos en las concesiones de
!íi Las cifras sobre la población española se hallarán en Comadrán Ruiz, Evolución demográfica.
23
Estos procedimientos se describen extensamente en Leviliier, «Conquista y organización» y Nueva crónica; Rubio, Exploración; Sierra, Historia, vol. 1.
24 Ricardo Zorraquín Becú, La organización Política argentina en el período hispánico; Afexey
Shtrajov, «Trasplante de las instituciones españolas al Río de la Plata en los siglos xvi y xvii».
25 Los cambios en la jurisdicción territorial se describen extensamente en Zorraquín Becú, Organización política argentina.
46 Davic! Rock
la Corona o los virreyes que en las proezas militares y la astucia natural para anular a competidores y oponentes. Ninguno de los primeros gobernadores sobrevivió lo suficiente como para institucionalizar su posición. La mayoría fueron derrocados por motines, para ser devueltos a Perú con deshonra o, en algunos casos, asesinados por rivales. La deposición violenta fue el destino de Aguirre y Cabrera, fundadores de Santiago del Estero y Córdoba, y de Gonzalo de Abreu, quien por un tiempo dominó Tucumán en la década de 1570-80 26.
Sólo en el decenio de 1590-1600, con la llegada de Juan Ramírez de Velasco, fundador de La Rioja'y Jujuy, desapareció ese crónico espíritu faccioso. Los funcionarios asalariados reemplazaron gradualmente a los primeros adelantados saqueadores y el gobierno asumió una forma más estable. En Tucumán, los poderes formales de los gobernadores fueron más o menos los.mismos que en otras partes del Imperio. Ellos incluían cierto grado de autoridad en la distribución de encomiendas, la responsabilidad de la conducción militar y de formar milicias de colonos, el poder de fundar nuevos asentamientos, la realización de obras públicas, la supervisión del comercio y la regulación de la distribución de mano de obra (repartimientos). Los gobernadores también compartían con los ca-
26 Estos conflictos son relatados en Levillier, Nueva crónica; Arenas Luque, Fundador de Córdoba; Rubio, Exploración, 492-504.
1. Los asentamientos españoles 47
bildos la responsabilidad de organizar los suministros de alimentos y fijar los precios de éstos. El único límite importante a su autoridad se hallaba en la esfera de las rentas públicas: para reducir las oportunidades de soborno, la recaudación de impuestos fue en gran medida confiada a otras autoridades.
Pero aquí la burocracia imperial nunca fue el instrumento distanciado David Rock e inflexible de los intereses metropolitanos que las convirtió en las zonas más ricas y populosas del imperio. Excepto en el caso de Toledo, los virreyes de
Lima fueron remotos e inaccesibles, y su presencia sólo se hizo sentir en momentos de crisis extrema. La estabilización de las gobernaciones coincidió con la declinación del control de la Corona en general. Los salarios de los gobernadores habitualmente eran pagados en especie, o monedas de la tierra, en productos tales como balas de algodón, no en efectivo, con lo que estos funcionarios se veían casi obligados a actuar como empresarios, tanto como agentes de la Corona. Aparte de esporádicos intentos de mejorar la suerte de los indios, y la tarea más permanente de suprimir el contrabando, los gobernadores hicieron poco para poner en práctica e! complejo conjunto de regulaciones que emanaban de Castilla, y con frecuencia se refugiaban en Sa fórmula legal para la no obediencia: Se acata pero no se cumple 2'\
La última de las principales instituciones coloniales era la Iglesia. Un obispado establecido en Asunción en 1547 no fue provisto hasta 1556, y de nuevo estuvo vacante de 1573 a 1585. La diócesis de Tucumán fue fundada en 1570, y otra en Buenos Aires en 1587. Las órdenes regulares de la Iglesia, los dominicos, los franciscanos y, desde fines de la década de 1580-89, los jesuitas, desempeñaron un temprano papel destacado en las actividades misioneras. Los franciscanos se contaron entre los fundadores de los primeros asentamientos en Tucumán, y otros eclesiásticos crearon doctrinas y curatos, pequeñas comunidades indias independientes de los colonos españoles. Pronto Córdoba se convirtió en el centro de las actividades de la Iglesia en este rincón del imperio, gracias a las facilidades que les brindaban la fertilidad de la tierra y la disponibilidad de materiales de construcción de las cercanas sierras graníticas. Desde esta base, asiento de la primera catedral del país y, desde 1618, de su primera universidad, la Iglesia pronto asumió un papel importante en la vida económica de las colonias. Los eclesiásticos, particularmente el obispo Francis- co de Victoria de Tucumán, un portugués dominico de presunto origen judío, tuvieron importancia en el desarrollo del comercio entre Tucumán y la costa de Brasil en el decenio de 1580-90. A principios del siglo xvh, la Iglesia había empezado a organizar talleres textiles de obraje, y pronto, como en otras partes, fue llevada a realizar rudimentarias actividades de banca. La Iglesia también patrocinó la embrionaria cultura colonial y, enseñando habilidades artesanales a indios y mestizos, posibilitó la construcción de iglesias y la producción de artículos manufacturados sencillos.
Aun así, con excepción de los jesuítas posteriormente, la Iglesia nunca tuvo aquí la influencia que ejerció en otras partes del Imperio. La pobreza y el aislamiento de la región atraía a muy pocos clérigos, y hasta el siglo XVII los obispados permanecían vacantes durante décadas 27.
1. Los asentamientos españoles 49
2. El trabajo, la producción y el comercio, 1580-1630
La vana búsqueda de metales preciosos y luego una más fructífera arrebatiña para obtener indios motivaron la expansión española a la región más extensa del Río de la Plata. Por influencia de la plata y el crecimiento del mercado de Potosí, en los cincuenta años posteriores a la nueva fundación de Buenos Aires se produjo la formación de una economía colonial típicamente española. En su base estaba el trabajo forzado indio, y la fundación de cada ciudad iba seguida estrechamente por la consolidación de la dominación sobre las comunidades indias circundantes. Los indios eran considerados como una fuente de mano de obra y como una mercancía negociable que podía ser cambiada y alquilada entre los colonos blancos. Desde la década de 1570-80 hasta el siglo xvii, los indios eran enviados al Alto Perú para prestar servicio en las minas; esta migración forzada fue especialmente común en Cuyo, de donde tantos indios huarpes fueron enviados a Chile que en 1620 sólo quedaban restos de la población nativa. En Paraguay, donde el contacto entre los españoles y los indios con frecuencia adoptó la forma de uniones polígamas con mujeres indias, las mujeres nativas se utilizaron durante un tiempo como unidades de cambio en tratos comerciales 28.
La encomienda fue aplicada por primera vez en gran escala en Paraguay, en la década de 1550-60. Más tarde se hizo igualmente importante en Tucumán. En esta etapa relativamente tardía en la historia de la institución, durante el gobierno absolutista de Felipe II, la Corona y sus agentes otorgaban invariablemente derechos de encomienda como un usufructo no heredable, no como una posesión. Pero su base jurídica siguió siendo la misma que antes: el
encomendero recibía la misión de convertir al cristianismo a los indios a su
cargo; a cambio, tenía derecho a servicios de trabajo en la forma de trabajo forzado o pagos de tributos en efectivo
David Rock o en especie, impuestos a los individuos o a las comunidades. En Paraguay, la forma más común de la institución, la encomienda originaria, consistía principalmente en servicios prestados por las mujeres 29.
La segunda forma de trabajo forzado era la mita, más prevaleciente en el Alto Perú, aunque también común en Tucumán. Mita, palabra tomada de los incas y que designaba algo similar a la corvée feudal, consistía en servicios de trabajo alternativos de las comunidades indias. Mientras que los incas habían usado la mita principalmente para la construcción, los colonos la usaron para la
28 Cf. Alvaro Jara, Importación de trabajadores indígenas en el siglo xvii; Ricardo Zo- rraquín
Becú, «Migraciones indígenas en la época colonial»; José Luis Mérida, «La sociedad paraguaya hacia 1625»; Service, «The Encomienda in Paraguay»; Sierra, Historia, 1:436 ss.
29 La encomienda en ¡os primeros tiempos de la Argentina colonial no ha recibido ei análisis
detallado otorgado a otras partes de América Latina. El mejor estudio sobre la región es el de Service, «The Encomienda in Paraguay». Véase también Comadrán Ruiz, Evolución demográfica, 197-217; Zorracjuín Becú, «Migraciones indígenas».
minería en el Alto Perú y para la agricultura y la producción textil en Tucumán. El yanaconazgo, un tercer sistema de trabajo, se desarrolló en la década de 1570-80. Los yanaconas eran los indios que habían perdido sus lazos tribales originales, comúnmente a consecuencia de una guerra, y habían sido insertados en nuevas comunidades como bienes muebles de los colonos españoles, por lo general en zonas recientemente colonizadas cuya población india nativa era pequeña o difícil de someter. Se usaron yanaconas, por ejemplo, en la fundación de Salta en 1582, y en menor número en Buenos Aires durante la mayor parte del siglo XVII. Como los trabajadores de la mita, normalmente vivían en unidades familiares en parcelas independientes, y efectuaban servicios alternativos dentro de sus propias comunidades 30.
En Tucumán el trabajo forzado fue acompañado inmediatamente de abusos, como cabe deducir de las ordenanzas reguladoras promulgadas por el gobernador Abreu a fines de la década de 1560-70. Estas ordenanzas trataban de poner límites al uso de los indios como acarreadores; ordenaban la reunión de los indios desplazados en nuevas aldeas; e intentaban regular la mita, especificando que sólo un décimo de los indios entre quince y cincuenta años de edad, y un máximo de treinta de cada comunidad, podían trabajar para los españoles en cualquier momento de- terminado. Las ordenanzas también trataban de frenar la compra y venta de indios, es decir, ia esclavización manifiesta, y de regular el trabajo de las mujeres en los textiles. Con respecto a éstas, las ordenanzas especificaban que las mujeres indias debían reunirse en las plazas de las aldeas media hora antes de la salida del sol y trabajar hasta media hora antes
11 Algunas útiles introducciones a estos diferentes sistemas de trabajo se hallarán en Juan A.
Villamartín y Judith E. Villamarín, Indian Labor in Mainland Spanish America; James Lockhart,
Spanish Perú: A Colonial Society, 149-207. Sobre los detalles locales véase Comadrán Ruiz, Evolución demográfica; Zorraquín Becú, «Migraciones indígenas».
1. Los asentamientos españoles 51
de la puesta del sol; el castigo por no cumplir esta disposición era de dos- cientos latigazos 31.
Aquí, como a lo largo de todas las Américas, la llegada de los españoles rompió el delicado equilibrio de la sociedad india y provocó rápidamente un brusco descenso demográfico. Las confiscaciones españolas, el trabajo forzado y los desplazamientos causaron una mala nutrición y disminuyeron ia resistencia a las enfermedades europeas entre la población nativa. El trabajo forzado de las mujeres indias y la ocasional segregación obligatoria de los sexos originó una vertical caída del índice de natalidad y un aumento del índice de mortalidad infantil. Pero cuando la población disminuyó, las exacciones tributarias se hicieron tanto más pesadas. Tierras irrigadas, antes dedicadas al maíz para la subsistencia, fueron confiscadas para cultivos comerciales como el algodón. Un intento de efectuar la minería del oro en la región de San Juan en 1600 llevó a formar una mita entre los huarpes locales, obligando a los hombres a estar 168 días en las minas cada año 32.
La culminación del trabajo forzado indio se produjo entre 1580 y 1610 (véase el cuadro 1). Estimaciones contemporáneas dudosas para 1582 indican que había 12.000 indios en encomienda en Santiago del Estero y
6.0 en Córdoba. Estimaciones de 1586 contaban 18.000 en Santiago del Estero y 5.000 en Salta. En 1596, había 12.000 indios en encomienda en Córdoba, 20.000 en La Rioja, fundada recientemente, 8.000 en Santiago del Estero y 5.000 en Mendoza. Los encomenderos, en cambio, no pasaban de 300. Pero a principios del siglo XVO la encomienda declinó rápidamente con la disminución de la población. Entre 1596 y 1607, el número de súbditos indios se redujo al menos a la mitad: a menos de 7.000 en Santiago del Estero, 6.000 en Córdoba y sólo 6.000 en La Rioja. Un cuadro similar muestran los cálculos contemporáneos de las ciudades españolas. Entre 1586 y 1607, Santiago del Estero disminuyó de 12.500 habitantes a 7.700, y San Miguel del Tucumán de 3.300 a 1.800. Sólo Córdoba, gracias a la Iglesia y su posición sobre las rutas comerciales, se mantuvo y creció un poco en el mismo período, de 6.400 a 6.600. La encomienda no fue formalmente abolida hasta la independencia, doscientos años más tarde, pero ya estaba moribunda en 1620. En 1673 sólo quedaban 3.350 indios en encomienda en Santiago del Estero, 2.300 en San Miguel y menos de 2.000 en otras partes; en Córdoba, sólo 430 33.
31 Sobre las Ordenanzas de Abreu, véase Sierra, Historia, 1:359; Olmos, Historia, 48.
32 Cf. José A. Craviotto, «La minería durante la conquista», Comadrán Ruiz, Evolución demográfica, 33-36.
52 Davic! Rock
Poco después de 1600, los indios restantes fueron «racionados» mediante un uso más amplio de los repartimientos, un reclutamiento de la mano de obra organizado por el gobernador o los cabildos, que normalmente evitaba toda entrega directa o permanente de indios a individuos. La rapidez con que la población india disminuyó se reflejó también en los frecuentes cambios en la