Max Gluckman: "Política, derecho y ritual en la sociedad tribal", Barcelona, Akal, 1978, p. 15-44 (traducción de José Luis Vélez & Teodoro Nieto)145.
Algunos antropólogos han intentado alargar su árbol genealógico como lo hace otra gente, y han fijado el origen de la antropología varios siglos atrás –en realidad a partir de Herodoto-. Es cierto que Herodoto se interesó en describir las sociedades y las culturas de los hombres, y que esos mismos temas son los que estudia la antropología. Sin embargo, esta materia, como disciplina especializada y con nombre propio, comenzó a desarrollarse en la segunda mitad del siglo XIX. Aunque desde entonces y principalmente a partir de la primera guerra mundial ha sufrido un cambio radical, su desarrollo como conciencia continúa siendo influenciado por su historia, y por ello voy a presentar brevemente el proceso de evolución de la antropología social moderna146.
Los antropólogos de la segunda mitad del siglo XIX estudiaron un conjunto muy variado de cosas: forma de los cráneos, tipos de cabellos, narraciones populares, objetos materiales de los llamados pueblos simples que comenzaban a ser coleccionados en los museos de Occidente, ceremonias en las bodas, prácticas mágicas, lenguas que no habían sido escritas todavía, y así sucesivamente. Al mirar al pasado no puedo menos de sentir cierta simpatía por la agudeza de quien definió la antropología como “la investigación de cosas raras por el excéntrico”147. En este capítulo
voy a tratar de cómo la investigación de esas cosas raras se ha dividido en varias disciplinas, a las que, quizá, son los excéntricos quienes continúan dedicándose.
145 Agradecemos a Aura Mónica Vega Martínez la captura del texto.
146 Esta introducción histórica es necesariamente un simple resumen. Existen otras muchas historias
más completas que pueden ser consultadas: de América cito solamente la obra de Lowie The History of Ethnological Theory (1937), y de Inglaterra la de Evans-Pritchard, Social Anthropology (1951). La obra de Kluckohn, Mirror for a Man (1954), es una introducción escelente a la antropología general. Evans- Pritchard describe con gran habilidad la contribución a la antropología social de los primeros antropólogos.
Era característico de esa época el estudio de los orígenes de la religión y de la magia, siendo James Frazer, autor del libro “The golden Bough”, el más famoso de los que trabajaron en ese tema. Frazer comenzó su estudio de doce volúmenes con explicación del ritual del sacerdote-rey del bosque de Nemi en la antigua Italia: “...en este bosque sagrado había un árbol alrededor del cual podía verse merodear una horrible figura a cualquier hora del día y, probablemente, hasta muy avanzada la noche. Llevaba en su mano una espada desenvainada y permanecía mirando fija y cautelosamente alrededor, como si esperase ser atacado en cualquier momento por un enemigo. Era un sacerdote y un asesino, y estaba esperando al hombre que, tarde o temprano, había de matarle para ocupar el sacerdocio en su lugar. Esa era la regla del santuario. Un candidato al sacerdocio solamente podía alcanzar el puesto matando al sacerdote, y se mantenía en el cargo hasta que fuese muerto por otro más fuerte o hábil”148. Con el fin de entender ese ritual, Frazer fue analizando los reyes sacerdotes en
general, diferentes clases de magia, el culto a los árboles, la sexualidad y el ritual del matrimonio, toda clase de tabús, el alma y sus peligros, la matanza de animales sagrados y el ofrecimiento de la caza, la manera de tratar la última gravilla de maíz, las víctimas propiciatorias y su sacrificio, el fuego, los primeros frutos, el muérdago y los juegos de los campesinos.
Frazer ordenó todo ese conjunto variado de datos uniéndolos entre sí dentro de la teoría evolucionista, ya que era la teoría dominante en su tiempo. A partir de ahí, los antropólogos se interesaron sobre todo en las llamadas sociedades primitivas y sus costumbres, por considerarlas representativas de las etapas primeras de la civilización anteriores a nuestro conocimiento histórico de la primitiva sociedad europea, que suponían había ido evolucionando progresivamente hasta llegar el cénit de la civilización Victoria. Algunas costumbres primitivas habían sobrevivido y, en ocasiones existía la amenaza de que volviesen a revivir149, pero en su conjunto iban siendo
abandonadas con el avance progresivo de la razón. Reconocían que las sociedades que estaban siendo observadas en Africa, Asia, América Australia y las islas del Pacífico tenían una larga historia e intentaban penetrar a través de las costumbres aún
148 Frazer, The Golden Bough (1890), edición resumida (1922), p. 1. 149 Tylor, Primitive Culture (1871), i, p. 138 f.
existentes en las circunstancias primeras y originales en las que las costumbres y la cultura habían nacido. Para conseguir esto, usaron en muchos casos una forma de raciocinio que fue denominada por el gran antropólogo social, profesor A. R. Radcliffe- Brown (1881 – 1955), como el argumento de “si-yo-fuese-un-caballo”150. Se refiere a la
historia de un granjero del oriente Medio cuyo caballo se escapó del prado donde pastaba. El granjero penetró en medio del prado, masticó un puñado de hierba y se preguntó: “Si yo fuera en este momento un caballo, ¿adonde iría?” Sin duda alguna, no es más que una caricatura el aplicar este chiste a los libros versadísimos y muy inteligentes de muchos de los primeros antropólogos; sin embargo, no hay duda de que existe, por desgracia, algo de verdad en esta caricatura, lo mismo que en otras muchas. De hecho, el antropólogo se preguntaba a sí mismo: “Si en este momento yo fuese un hombre en proceso de ser hombre, sin ser hombre completo y sin haber adquirido una cultura, qué pensaría en tales y tales circunstancias?”
Tomemos el pasaje en el que Frazer introduce “The Myth of Adonis” dentro del tema “The Golden Bough”151: “En todas las épocas el espectáculo de los grandes
cambios que cada año tienen lugar en la superficie de la tierra ha impresionado fuertemente la mente de los hombres y les ha movido a meditar sobres las causas de esas transformaciones tan grandes y admirables. Esta curiosidad del hombre no ha sido totalmente desinteresada, ya que incluso el salvaje no puede menos de percibir que su propia vida está estrechamente unida a la vida de la naturaleza y que el mismo proceso que congela el río y arranca a la tierra su vegetación es una amenaza de extinción para él. parece ser que en una cierta etapa de su desarrollo los hombres imaginaron que tenían en sus manos los medios para alejar la calamidad que les amenazaba y podían acelerar el paso de las estaciones por medio del arte de la magia. De acuerdo con esto, realizaron ceremonias y recitaron maleficios para hacer que cayera la lluvia, que brillara el sol, se multiplicasen los animales y crecieran los frutos del campo. Al pasar el tiempo, el lento avanzar del conocimiento que había disipado tantas ilusiones convenció, al menos a la parte más consciente de la humanidad, de que los cambios alternos de verano e invierno, primavera y otoño, no se producían
150 En una de mis conversaciones con él.
simplemente como resultado de sus ritos mágicos, sino que una causa más profunda y una fuerza más poderosa estaban actuando detrás de les escenas en continuo cambio de la naturaleza. Entonces se imaginaban que el crecimiento y la muerte de la vegetación, y le nacimiento y la muerte se los seres vivientes, se debían al crecer y desvanecerse de los seres divinos que nacían y morían, se casaban y tenían hijos siguiendo el modelo de la vida humana.
“Por esto, la antigua teoría mágica sobre las estaciones fue remplazada, o más bien completada, por la teoría religiosa, ya que, aunque ahora los hombres atribuían el ciclo anual del cambio primordialmente a los cambios correspondientes que tenían lugar en sus divinidades, todavía pensaban que realizando ciertos ritos mágicos podían ayudar a la divinidad, que era el principio opuesto de la muerte.” De aquí que ahora realizasen ceremonias religiosas o “más bien dramas mágicos”, que expresaban “... la unión fructuosa de las fuerzas de la fertilidad, la muerte llena de tristeza de pos lo menos uno de los cónyuges divinos y su tristeza de por lo menos uno de los cónyuges divinos y su dichosa resurrección. Así la teoría religiosa se mezcló con la práctica de la magia. Esa combinación es frecuente en la historia. En verdad pocas religiones han conseguido alguna vez librarse del toso de las trabas de la magia. sin embargo, esa contradicción de actuar bajo dos principios puede inquietar quizá a la mente del filósofo, pero difícilmente preocupará al hombre ordinario, en realidad pocas veces es consciente de la misma. Su problema consiste en actuar y no en analizar los motivos de su acción. Si la humanidad pudiera actuar de una forma lógica e inteligente, la historia no sería una larga crónica de crímenes y tonterías”.
Frazer, por tanto, se imagina cómo sería un hombre primitivo que tienen que afrontar el cambio cíclico de las estaciones y su clemencia incierta, y llega a la conclusión de que su reacción sería intentar controlarlas por medio de ritos mágicos, basado ene l principio de asociación de cosas semejantes: objetos o acciones semejantes producirán efectos semejantes. Así, por ejemplo, el humo negro producirá nubes de lluvia. Igualmente, cosas que han estado en contacto entre sí continuarán influenciándose. Así los árboles que ha sido atacados por el rayo proporcionarán sustancias que produzcan la lluvia152. Todo esto es deducido por medio de una
especulación “a priori”, lo mismo que cuando da el paso siguiente afirmando que “en las mentes más lúcidas la magia es sustituida por la religión gradualmente, lo cual explica el cambio sucesivo de los fenómenos naturales como efecto de la regulación de los mismos por la voluntad, pasión o capricho de los seres espirituales, que son semejantes al hombre aunque muy superiores a éste en poder.
“Pero conforme el tiempo pasa, esta explicación aparece a su vez igualmente insatisfactoria, ya que da por supuesto que la sucesión de los fenómenos naturales no es inmutable, sino que hasta cierto punto es variable e irregular...” Todavía falta encontrar un orden, y poco a poco va desapareciendo: “...las mentes más agudas, en su continuo esfuerzo por dar una respuesta más profunda a los misterios del universo, acaban por rechazar la teoría religiosa de la naturaleza como inadecuada, volviendo en cierto modo al antiguo punto de partida de la magia, al proponer explícitamente lo que en la magia quedaba implícitamente sobreentendido, es decir, la regularidad inflexible existente en la ordenación de los fenómenos naturales, cuyo curso podemos predecir si observamos con atención, pudiendo actuar en consecuencia. En resumen, la religión, desde el punto de vista de explicación de la naturaleza, es desplazada por la ciencia”. Sin embargo, aunque la ciencia tiene algo de común con la magia, postula la existencia de un orden completamente diferente en la naturaleza153.
Con todo respeto, todo esto no es sino un razonamiento del tipo “si-yo-fuera-un- caballo”. Frazer sabía muy bien que todas las tribus deben disponer de una cantidad razonable de conocimientos técnicos para poder sobrevivir. La ciencia, como búsqueda deliberada de relaciones inmutables entre los fenómenos y comprobación de verdades ya establecidas, no se encuentra en la sociedad tribal –y en realidad solamente floreció en Europa a partir de la época de hombres como Bacon y Galileo, aunque los antiguos griegos eran ya científicos-. Por el contrario, la sociedad tribal dispone de un cuerpo organizado de “ciencia” aplicada e experimentalmente comprobada. Tiene también acciones mágicas y actividad religiosa y, como veremos, la actividad religiosa y las acciones parecidas ala magia continúan existiendo hasta el presente. Frazer no se preocupó de analizar los contextos en los que se practicaban estos tipos diferentes de actividad y se desarrollaban esas diversas ideas como lo hicieron sus sucesores, según
demostrará más tarde. El formuló su teoría de desarrollo intelectual, colocando en una escala temporal instituciones coexistentes. Los períodos de esta escala los dedujo imaginando la forma en que él había razonado si hubiese estado allí: en un primer momento, pensando que podría controlar la naturaleza asociando los fenómenos parecidos precedentes con los parecidos que les siguen; más tarde, saliendo de aquel se ingenioso desengaño por medios de la creencia de que existía un poder superior a él, finalmente, superando este último desengaño de la religión, al aceptar la regularidad e inmutabilidad de la naturaleza, de la cual el hombre podía aprovecharse una vez que se rendía a su necesidad.
Esto es nuevamente una caricatura de la tesis principal de Frazer respecto al proceso evolutivo de la magia hacia la ciencia pasando por la religión. A lo largo de su obra monumental sacó a la luz temas ilustrativos, señaló importantes asociaciones y sugirió muchas líneas de investigación. Sin embargo, el punto de partida de su trabajo siempre fue el de dónde hubiera ido el caballo si él hubiese sido ese caballo. No se le ocurrió –quizá no podía ocurrírsele- que la ciencia, la magia y la religión pueden actuar en contextos muy diferentes de relaciones sociales y servir para diferentes tipos de necesidades emocionales y de carácter intelectual. Analizaremos éstas en un capítulo posterior.
Frazer no fue el único en hacer este tipo de razonamientos. Edeard Tylor, el otro gran antropólogo de la misma época, intentó determinar los orígenes de la religión que definió como básicamente una creencia es seres espirituales. El llegó ala conclusión de que los hombres tuvieron que intentar explicar las deferencias existentes en los seres humano antes y después de la muerte y que esto les ocurrió cuando en un estado de inconsciencia, sueño o éxtasis vieron en sueños otras personas o ellos mismos aparecían en los sueños de los otros. De aquí concluyó que es evidente que los hombres debieron concebir a la persona como portadora de una vida y un fantasma además del cuerpo. Y continuó: “Ambos están evidentemente en estrecha conexión con el cuerpo, ya que la vida le capacita para sentir, pensar y obrar y el fantasma es su imagen y su otro yo; ambos, igualmente son percibidos como cosas separables del cuerpo: la vida como capaz de alejarse y dejar al cuerpo insensible y muerto, y el fantasma como capaz de aparecerse a la gente lejos de él.” Más tarde, concluyó,
ambas creencias se unirían siendo éste también un paso evidente. Finalmente, los hombres descubrirían que tenían lo que Tylor llama “el alma-espíritu”, que es una creencia existente en nuestra cultura y que aparece en la mayor parte de los pueblos de la tierra. Nuevamente este tipo de argumentación, consiste en “si yo fuese un hombre primitivo, ¿dónde hubiese ido?”.
Tylor fundamentó esta su argumentación con gran destreza, citando fragmentos de creencias de todas las partes del mundo, tales como aquellas de los fijians, quienes piensan que un hombre debe ser despertado de su sueño poco a poco a fin de que, en el caso de que despierte antes que su alma, ésta tenga tiempo de entrar de nuevo en el cuerpo154. Esta teoría de Tylor hasta cierto punto es digna de aplauso, ya que, lo
mismo que Frazer, consigue explicar de una forma completamente lógica todo un conjunto de fenómenos. La serie en la que se coloca el origen y desarrollo temporal de éstos puede ser, desde luego, completamente correcta, pero no tenemos forma de saberlo y nunca la tendremos. Es como cavar en lo que el antropólogo americano A. Goldenwenseir llamó el “vacío cronológico”. Sin embargo, Tylor explica lógicamente los hechos colocándolos en una escala progresiva que surge de su proceso mental y cuyos peldaños los construye separando unas de otras las diferentes costumbres y creencias existentes en una misma comunidad.
Supervivencias
Algunas veces sucede que en una determinada sociedad aparecen creencias y costumbres inadecuadas. Para explicar este hecho se acudió a la tesis complementaria de la “supervivencia”: en el análisis de Frazer el pensamiento mágico sobrevive en el pensamiento religioso, mientras que otras costumbres son confusos predecesores de una futura época histórica. Ninguno de los análisis de este tipo se ocupó de relacionar y mostrar la independencia entre las costumbres y creencias existentes en un comunidad a un mismo tiempo. Por el contrario, las costumbres y creencias se desplazan de aquí para allá, de la misma forma que pueden ser mezclados los productos materiales de las sociedades tribales dentro de las cajas de los museos y traspasados de unas a otras. De esta forma, se puede mostrar cómo los hombres empezaron a nadar en el río
con un brazo agarrado a un madero para colocar cosas sobre él, cómo luego vaciaron el madero un poco y más tarde vaciaron todo el madero hasta conseguir una canoa, y cómo posteriormente añadieron hiladas de tablas a los lados de la canoa para finalmente construir una canoa con tablas unidas en la punta de la quilla y a los lados – sin embargo, muchos pueblos continúan haciendo un hoyo en la punta de la quilla que sirve de lazo de unión entre el bote y su origen155. Sin duda alguna, esta es una
descripción exacta del proceso de evolución de la canoa desde un madero e, igualmente, la evolución de costumbres y creencias puede haber seguido el camino que Frazer, Tylor y otros presentan. Sin embargo, además de que no podemos comprobar asas teorías, éstas se estructuraron puramente imaginando cómo era la manera humana de pensar, y dejaron sin explicar muchos comportamientos relacionados entre sí. Por ejemplo, la teoría de Tylor del alma-espíritu no explicó la naturaleza de los ritos fúnebres, la variedad de atributos aplicados al alma según las diferentes categorías de una sociedad o de sociedades distintas, ni el miedo a la muerte. Echando una ojeada a la moderna antropología, voy a mostrar cómo Radcliffe – Brown nos dejó una teoría que nos capacita para estudiar estos problemas.
La muerte y la personalidad social.
Radcliffe – Brown señala156 que existen dos cosas que de hecho sobreviven a la
muerte del hombre. La primera es el cuerpo, del que hay que desprenderse de alguna forma. La segunda es lo que Radcliffe-Brown llama la personalidad social, que consiste en el conjunto total de las relaciones sociales del hombre con otros miembros de la comunidad –esto es, su posición de padre con relación a los hijos, de hijo con relación al padre, de marido con relación a la esposa, de súbdito con relación al jefe, y así sucesivamente -. Estas relaciones continúan existiendo después de la muerte de un hombre: su personalidad social sobrevive. En los mismos ritos fúnebres estas relaciones se ajustan para que encajen con el hacho de la muerte. Si el muerto es de edad madura y ocupaba una posición importante en la sociedad, se debe nombrar a su heredero para ocupar su lugar. con frecuencia el heredero reemplaza a su fallecido
155 Este tipo de evolución me fue enseñado en Oxford por H. A. Balfour durante el periodo 1934 – 1935.