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Desde sus comienzos, se ha acusado al psicoanálisis de carecer de las condiciones que definen al método científico, de ser pura literatura La autora propone, a tenor de las observaciones recientes, trazar

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En dicha fase, el cerebro desarrolla una intensa actividad. Los globos ocu- lares se mueven rápidos de un lado para otro. De ahí que a ese estado se le deno- mine “sueño REM” (del inglés Rapid Eye Movement). Recibe también el apela- tivo de “sueño paradójico”, pues se trata de un estado fisiológico contradictorio: el durmiente se encuentra excitado y, al propio tiempo, sumido en un sueño pro- fundo. Se aceleran la frecuencia res- piratoria y la cardíaca, se registran erec- ciones y, sin embargo, el cuerpo, excepción hecha de la respiración y de los ojos, se halla aparentemente parali- zado. Con toda lógica se relacionó dicho fenómeno con el soñar, vinculación que recibió el respaldo de numerosos traba- jos experimentales. Si se despierta a un sujeto dormido cuando está hacia el final de una fase REM, el noventa y cinco por ciento de los individuos responden que en ese momento soñaban. Por el contra- rio, en una fase no-REM lo atestiguan sólo el cinco por ciento de las personas interrogadas.

En los años setenta se identificaron las regiones cerebrales implicadas en el sueño paradójico. A partir de observa- ciones empíricas, Robert W. McCarley y J. Allan Hobson, neurofisiólogos de la Universidad de Chicago, idearon el “modelo sintético de activación”. Hasta hace poco constituía la explicación teó- rica predominante sobre el sueño en neu- rología. De acuerdo con el modelo, en el área pontina se localizan profun- damente un pequeño grupo de células nerviosas que literalmente “ponen en marcha” la fase REM del sueño y la enso- ñación a ella asociada.

La excitación de tales neuronas desen- cadenaría la producción, en las “regio- nes cerebrales superiores”, de imágenes, aunque conscientes, carentes de sentido. En opinión de Hobson y McCarley, estas imágenes no supondrían otra cosa que el intento de la corteza cerebral “de crear lo mejor a partir de señales incoherentes que le llegan desde el tronco encefálico”. Desde esta perspectiva, la teoría psi- coanalítica de los sueños aparece no sólo como científicamente insostenible, sino también como algo del todo absurdo. Los sueños constituirían una pura función fisiológica; no estarían motivados por lo que Freud había supuesto, a saber, por el deseo de resolver a lo largo de la noche una serie de necesidades no satisfechas y problemas pendientes, pertenecientes a la actualidad diaria o a la temprana in- fancia, a través de un “proceder de tanteo peculiar del micromundo de los sueños”. Con el modelo sintético de activación, los neurólogos volvían a posiciones pre-

freudianas: los sueños serían una suerte de exudado sin sentido.

Pero los resultados de otras investi- gaciones obligaron a un replanteamiento de ese enfoque. Los más eficaces a este respecto fueron los estudios sobre pacien- tes con lesiones cerebrales, en los que, gracias a los nuevos procedimientos, podía localizarse con exactitud el daño. Cierta investigación sobre veintiséis pacientes mostró que una lesión en el área

pontina ocasionaba una pérdida casi siem- pre completa del sueño paradójico, aun- que sorprendentemente sólo uno de ellos declaró que había dejado de soñar. Por el contrario, se tiene noticia de más de cien pacientes con “pérdida de la capacidad de soñar”, en quienes los daños no afec- taban al área pontina, sino otras regiones diferentes. Aunque sin sueños, todos estos individuos conservaban la fase REM, sin ningún tipo de merma en su duración.

“EL SUEÑO DE LA RAZON”, HOJA 43 DE LA SERIE “LOS CAPRICHOS” (1797/98)), DE FRANCISCO DE GOYA (1746-1828) / AKG BERLIN

1.

EL SUEÑO DE LA RAZON. Los miedos irracionales pueden tener su raíz en recuerdos inconscientes.

Estos datos permiten suponer que las regiones cerebrales responsables, res- pectivamente, de la ensoñación y del sueño paradójico, se encuentran anató- micamente alejadas entre sí. Decisivos para el sueño paradójico son los ya men- cionados grupos celulares del área pon- tina. En cambio, la pérdida completa de

la capacidad de soñar se ori- gina por lesiones en dos áreas de la corteza cerebral. Una de ellas se localiza bilateralmen- te en la corteza somatosenso- rial y en los campos situados en su inmediata vecindad. Esta pri- mera zona parece intervenir en la conversión de las percep- ciones en pensamientos abs- tractos; ello concuerda con la hipótesis según la cual los es- tímulos percibidos durante el estado de vigilia se asocian, en los sueños, con imágenes y pen- samientos abstractos.

El impulso primario o libido

La segunda región se halla a ambos lados del lóbulo frontal; muy profunda, por encima de las órbitas oculares. En ese lugar, durante el sueño, un haz de fibras nerviosas transmite a la corteza cerebral informaciones proce- dentes del mesencéfalo. Se ha observado en dicha región un centro motor que nos impele a buscar en el mundo exterior dis- tintas posibilidades de satisfa- cer nuestras necesidades bioló- gicas más arraigadas. Esto guarda una relación directa con la función que ya Freud en 1900, en su teoría de la inter- pretación de los sueños, había adscrito a la libido al designarla como el impulso primario de los sueños. ¿Tenía razón Freud? Mark Solms, psicoanalista y neu- rólogo, resume así la cuestión: “El estado

actual de la investigación empírica en las neurociencias nos permite tomar en serio la hipótesis central de Freud, formulada ya hace más de cien años en su libro sobre la interpretación de los sueños; a saber: que los sueños son fenómenos motiva- dos y que su impulso son los deseos”.

Los estudios con tomografía de emi- sión de positrones (PET) y otras técnicas de formación de imágenes han confir- mado, basándose en hallazgos anatómi- cos, las hipótesis de Solms. Nuestro pro- pio grupo psicoanalista, conjuntamente con otros dedicados a la investigación cerebral, está trabajando en torno a la comprobación de esta hipótesis mediante la resonancia magnética nuclear fun- cional (RMNf).

Con todo, el diálogo con las neurocien- cias no sólo tiene interés para la inves- tigación básica, sino también para la práctica cotidiana de los psicoanalistas y terapeutas. Veamos un caso paradigmá- tico. La señora B. se encontraba en una situación desesperada cuando decidió acudir al psicoanálisis. Le resultaba im- posible salir de casa, debido a la angus- tia que ello le causaba; la aglomeración de gente le producía ataques de pánico. Hasta tal punto se sentía así atenazada, que se vio obligada a dejar, hacía unos meses, su puesto de trabajo.

Sufría también ataques de migraña, así como trastornos del sueño y de la ali- mentación. Las relaciones con su marido le resultaban insoportables, pero, al mis- mo tiempo, reaccionaba con pánico si éste debía emprender un viaje. En el curso de la terapia psicoanalítica reconoció además que la frigidez y la esterilidad le ocasionaban una notable ansiedad.

La señora B. mostraba ciertas seme- janzas curiosas con otras diez mujeres que, por estar aquejadas de una esterili- dad psicógena, habían acudido a mi con- sulta. Todas habían sufrido graves expe- riencias traumáticas en su infancia. En todos los casos, la madre había padeci- do, durante los primeros meses de vida de sus hijas, profundas depresiones pos- parto que habían necesitado de trata- miento con psicofármacos durante sema- nas. Tal enfermedad lastró la relación entre madres e hijas.

En todos los casos también faltó la figura de alguien (un padre, una abuela o incluso una niñera) que pudiera haber compensado la carencia de atención materna. Además, todas las mujeres, en la edad preescolar, habían sufrido se- paraciones traumáticas de sus proge- nitores. El padre de la señora B. aban- donó la familia tras una dramática crisis de pareja; mi paciente no volvió a ver- lo nunca más.

THOMAS BRAUN

2.

SUEÑO SIN ENSOÑACION. La fase REM del sueño está relacionada con la región pontina, pero el soñar depende del lóbulo frontal y la corteza somatosensorial.

La investigación neuro- lógica ha rechazado la idea de que el cerebro almacene el conocimiento de la forma en que lo retiene un ordenador. El saber no se recopila está- ticamente sino de una manera dinámica; ello implica que cambia con el paso del tiempo. En los mapas neuronales se esta- blecen nuevos enlaces entre las neuronas, pero también se deshacen otras

conexiones y se refuerzan otras más. En el proceso rememorador se utili- zan los mapas neuronales, pero los

recuerdos revividos nunca guardan una correspondencia exacta con los originales.

SALIDA

ENTRADA ENTRADA PARECIDA SALIDA PARECIDA

CARTAS NEURONALES CARTAS NEURONALES

TIEMPO UNA NUE V A PERSPEC TIV A: MEMORIA DINAMICA

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