L La obra redentora de los frailes
PROFESORITA DE SALVAJES
6. Una comisión que viaja a México a "aprender 1 ' educación indigenal
En estas acotaciones encaminadas a esclarecer el proceso que ha seguido la escuela campesina de Bolivia, debemos anotar el nombre del diplomá- tico Alfredo Sanjinés, autor del libro "La reforma agraria en Bolivia", primer estudio, serio en torno a nuestro problema de la tierra. Sanjinés, que representaba a nuestro país en México, tuvo una actuación talentosa que despertó atención y contribuyó a establecer fuertes vínculos entre estos dos países. Había seguido de cerca el desarrollo de nuestras luchas y se propuso hacer un gran servicio al país consiguiendo seis becas en favor de maestros indigenistas, para que pudieran estudiar la organización de la escuela indígena mexicana e implantar en Bolivia aquellas experiencias que fueran apropiadas a nuestro ambiente.
La ocasión era ciertamente excelente para hacer un balance comparati- vo entre lo que cada país había hecho por la educación del indio.^Sin em- bargo, las perniciosas interferencias que continuábamos sufriendo de parte de algunos empleados del Ministerio, dieron una composición hetero- génea a la comisión de becarios, tal como digo en carta que envié al Emba- jador el 21 de noviembre de 1937, uno de cuyos párrafos expresa: "Por fin la misión de maestros bolivianos está en esa y a sus órdenes, después de laboriosos esfuerzos, el menor de los cuales no ha sido, por cierto, comple- tar el número de seis, dado que, como usted ya sabe, en mi ausencia se había dispuesto que se aprovecharan de las becas por lo menos dos "intelectuales", esto, mi caro Ministro, era inevitable en un país tan inte- lectualizado como Bolivia... Desde luego en la elección de estos señores no ha intervenido la Dirección, pues tiene el convencimiento de que son otros los intelectuales que debieron ir si de intelectuales no se podía prescindir en esa misión".
El grupo de becarios estaba integrado por Rafael Reyeros (Oficial Ma- yor de Asuntos Indígenas) y el humorista Ernesto Vaca Guzmán, emplea- do del Ministerio; ambos como "intelectuales"; y como maestros, Max Byron (o Bairon), Toribio Claure, Leónidas Calvimontes y Carlos Salazar.
Naturalmente, la Oficialía Mayor quedó acéfala., y más tarde fue clau- surada por considerársela innecesaria, creada con un fin personal.
Es muy interesante conocer algunas apreciaciones del Jefe de la Misión, Reyeros, y del maestro Salazar, este último formado en Warisata. Las versiones que ofrecen acerca del balance en cuestión harán ver cómo la mentalidad del intelectual permanecía ausente de la realidad boliviana, tratando de desvalorizar nuestros avances en materia de educación indi- genal, en tanto que la del maestro, a pesar de su juventud, ya sabía ubicar el problema en sus verdaderos alcances. Reyeros, en carta dirigida al Ministro Peñaranda, con fecha 15 de febrero de 1938, decía:
Puedo expresar, señor Ministro, que en Bolivia en materia de educación indígena no tenemos más de lo que se llaman aquí, los "Internados Indígenas" y que nos resta mucho, muchísimo por hacer, comenzando por or- ganizar nuestras reparticiones administrativas. Tuve ocasión de visitar muy ligeramente la zona de los "otomíes" en Ixmiquilpan, donde se edifica el inter-
nado indígena de "Remedios" bajo la dirección del Departamento de Obras Públicas. En la zona Ixmiquilpan, a lo que menos importancia se ha dado es a la "escuela" pues ella ocupa un lugar subsidiario al lado de la cooperativa, al lado del Dispensario Médico y al lado de las obras que el Departamento de Asuntos Indígenas ha realizado para llenar las necesidades inmediatas de los "otomíes", raza más pobre que los más miserables de nuestros quechuas o ay- marás. En Ixmiquilpan no había agua ni para el consumo de sus habitantes. El Departamento ha debido abrir pozos y surtir agua que todavía no abastece a las necesidades primordiales. Y recién, después de haber provisto de agua se ha pensado en impartir instrucciones de higiene entre la población. Las Cooperativas de Consumo y Producción sostenidas por el Estado, surten a los "otomíes" de los artículos indispensables de consumo a precios más bajos que los señalados en el comercio público. Y los indios lo que producen lo venden a la Cooperativa en un precio más elevado que el que vendían a los acaparadores y comerciantes. Por lo que verá usted, en Ixmiquilpan se ha levantado una pequeña escuela, se ha dado a los nativos adultos y niños pequeñas hiladoras de "mixtal" que si no son modernas reemplazan con ventaja a las ruecas con que hilaban el "mixtal" para fabricar sus "ayates"; se han creado cooperativas, se han establecido Dispensarios Sanitarios, inclusive dental, y se hace en suma más obra de civilización que de otra cosa. Tienen los nativos, no me refiero a los escolares nativos, sino a los adultos, médico, dentista, en- fermero y hasta peluquería que sirve a la población por pocos centavos. Porque según expresión del Presidente Cárdenas, que transfirió el Prof. Gra- ciano Sánchez, "no se debe acostumbrar al indio a recibirlo todo, ni gratis, porque se habituaría a ello, como tampoco se le debe exigir ningún trabajo gratuito, sino remunerarle aunque sea con algunos centavos a fin de que se de cuenta de su condición de hombre"... "Entonces, señor Ministro, las obser- vaciones que realizamos servirán recién para orientar la obra....
En esos tiempos el Internado Indígena mexicano correspondía más o menos a los internados de las escuelas de Sopocachi, de don Felipe Guzmán, y de Miraflores, de Sánchez Bustamante. Nada tenía que ver, pues, con nuestro internado, que es una resultante de la organización del Núcleo, integrado a la vida de la marca ancestral. Sin embargo, el Oficial Mayor los confundía sin más ni más, y pensaba "orientar" nuestra educa- ción indigenal en base a esa confusión. Revelaba así, desde entonces, el proyecto que acariciaba: sustituirnos en el cargo...
El Ministro Peñaranda respondió a su Oficial Mayor, en fecha 17 de marzo, con una carta que tuvo la virtud de enmudecer para siempre al "in- telectual"; dice así:
Tres aspectos principales tiene su carta, que en beneficio de la Misión voy a permitirme tocar:
lo.- Son tres meses los que tiene llevados la misión en México y ni los intelec- tuales ni los maestros se han dirigido a sus superiores jerárquicos con una in- formación que revele la iniciación de sus estudios.
2o.- Paso por el sentimiento de manifestarle que su carta me revela que el Jefe de la Misión desconoce las características de nuestra organización indi- genal, pues el que compare el plan mexicano sobre los otomíes con el de nues- tros núcleos altiplánicos, hace ver que los ignora a ambos. Mucho antes de que México hubiera adoptado la orientación práctica a que se refiere usted, nuestro Núcleo de Casarabe ya lo había puesto en práctica. La captación de agua en Caiza, por esfuerzo propio de la escuela se ha realizado ya hace cua- tro años, y combatiendo a la presión gamonal los padres de familia y los estu- diantes de Warisata condujeron el agua, a través de cuatro leguas, desde las
cumbres del Illampu. Me corresponde el honor, como Ministro de Educación, de haber personalmente intervenido en apoyo de esta bella obra de coopera- ción social. Trabajo elevado a categoría de elemento esencial de la educación, sentido práctico y utilitario de la enseñanza, arraigo a la industria local, con- servación de los sistemas ancestrales de la cooperación en el trabajo, son los puntales que, desde hace siete años, constituyen lo que podríamos llamar la doctrina boliviana en materia de Educación Campesina. 3o.- Pero no sólo es esto. El Presidente Cárdenas tendrá que rectificarse muy pronto sobre su tesis de que la dignidad del campesino radica en unos centavos, siquiera unos, que retribuyan su trabajo. La parcelación -sistema clásico \V de origen liberal- también fue un postulado que realizaba esa gran revolución mexicana, y hoy se inicia la conservación de los sistemas cooperativistas del callpulli. Tenga usted pues el patriótico orgullo de que la Escuela Boliviana campesina ya había resuelto esos problemas en forma clara y contundente. No parcelación: cooperativismo comunario; no salario para el trabajo social, sino tributo de trabajo en retribución a la cultura que otorga el Estado. Si usted medita que el indio es considerado estatalmente como un individuo a- v¿ económico,
comprenderá que no tenemos que hacer una revolución socialista * para imponer sistemas liberales. Además, la dignidad humana radica en el L'
sentido de responsabilidad, y yo le aseguro que ese sentido de responsabili- &
dad radica más, mucho más en el hecho de trabajar la escuela por reacción social que el hacerlo por unos centavos... La moneda nunca ha sido una ex- presión de la dignidad humana, menos en los grupos primitivos como los nuestros.
Como se ve, esta vez el Ministro no se dejó sugestionar por los sofismas 1
de su Oficial Mayor, y tenemos que confesar que la carta constituye una severa lección, como que revela la inconmensurable ignorancia del "inte- lectual"...
Carlos Salazar, a quien el lector conoce ya, me escribió de Méxi- co una carta fechada el 19 de julio de 1938, haciéndome conocer sus impresiones.
Le escribo -dice- en vísperas de viajar al Internado de Remedios donde ha de celebrarse la primera asamblea de Educación Indígena de México y a la cual la Delegación Boliviana ha sido invitada. Se ha presentado, por fin, la oportu- nidad de actuar... y hacer conocer nuestra orientación educacional... Demos- traremos que en Bolivia, si bien estamos en un régimen que dista mucho de parecerse al mexicano, la Escuela, que ocupa un lugar secundario entre las preocupaciones del Estado, que por ende dispone de pocas sumas de dinero, especialmente la escuela indigenal, ha hecho y hace obra verdaderamente revolucionaria, fecunda y duradera, que está certeramente encaminada, que realiza una labor superior a sus medios económicos, que, en fin, camina sobre los pies y en terreno firme. En México el lema es "producir", porque veintio- cho años de revolución improductiva son muchos años y es preciso que el campo produzca... La escuela es, pues, económica. Es claro que esta política es razonable, pero de ningún modo puede llamársela superior a la nuestra. Es distinta. Además ellos disponen de sesenta millones de pesos -unos qui- nientos millones de bolivianos- para escuelas. Nosotros todavía estamos pi- diendo ayuda a la insolencia de los ricos. Ellos tienen decenas de miles de es- cuelas elementales. Tienen treinta internados. Nosotros contamos con pocas escuelas, tenemos diez y seis núcleos; pero ellos han comenzado en 1921, no- sotros todavía estamos dentro de una estructura semifeudal y liberal y los in- tereses campesinos no son primordiales para ella. Ellos han hecho una obra cuantitativamente valiosa, nosotros la hemos hecho cualitativa. Puedo afir- mar que Claure tiene razón al decir que "en el espíritu, en la intención, en la
forma cómo ha sido llevada a cabo, Warisata todavía no ha sido superada". Es cierto: Warisata será de adobe, no será un palacio, tendrá talleres pobres, escasas tierras de cultivo, cuando aquí la escuela de la Huerta tiene doscien- tas hectáreas cultivables y seiscientas de pastura y temporal y ha costado unos cuantos millones. Pero eso no significa sino que Warisata no merece atención alguna de parte de los que están obligados a ayudarla, cuando en la Huerta se concentran todas las fuerzas del gobierno para realizar una buena obra. La obra social de Warisata es superior. Sujeta a la estrechez económica, a las fuerzas dominantes -burguesía, latifundistas- realiza una obra prodigiosa. Que nos den los sesenta millones que aquí dan y haremos la obra más colosal de América. Eso es todo. Todavía no he encontrado nada superior a nuestra Warisata, a pesar de lo poco que ha costado. En México se realizan toda clase de experiencias porque hay dinero. Por eso se permiten hasta el lujo de tener sus fracasos. Nosotros no podemos fracasar porque tenemos la responsabilidad de multiplicar las sumas que nos dan y construir el triple; somos un país demasiado pobre para poder hacer experiencias. En vez de decir que hemos fracasado, se debería decir que estamos en el comienzo, que la obra de México es superior por su cantidad, pero de ninguna manera por su calidad. Aquí pueden hacer todo, porque todo el mundo ayuda. Allá hasta la prensa es reaccionaria y pone obstáculos a la obra educativa. México es grande, está a la vanguardia en América, porque hay un profundo sentido de responsabilidad y la escuela puede prosperar. En Bolivia todos los egoísmos se reúnen para oponerse a cualquier obra bien intencionada y la clásica irres- ponsabilidad de los bolivianos jamás hará otra cosa que conducirnos al fraca- so. Decir, pues, que en Bolivia no hemos hecho nada, es desatinar. Hemos he- cho algo, que ya es mucho, siendo nuestro país eminentemente conservador. Hemos vencido todos los obstáculos para poder imponer la necesidad de la es- cuela indígena. Y este es un gran paso, una gran obra. Contra la oposición latifundista, contra la prensa reaccionaria, contra el mestizaje pueblerino, contra el gamonalismo, contra curas y corregidores, contra todas las fuerzas enemigas del indio, nuestra obra se ha impuesto. Cuando un gobierno real- mente revolucionario se proponga llevar adelante la obra, ya estará el terre- no preparado y el éxito ae la escuela será colosal; si ahora, contra todos los factores enumerados, se impone, en un estado socialista triunfará de manera definitiva. No podemos avergonzarnos de haber construido pocas escuelas, de dotarlas apenas de talleres, de pobres aulas. Esa vergüenza se queda para los que pueden ayudarnos y no lo hacen. Nosotros debemos estar orgullosos de haber construido lo que ahora podemos mostrar.
Las apreciaciones de Salazar no eran erradas: en muchos aspectos nuestra obra era superior a la que se realizaba en otros países, afirmación que está respaldada por el testimonio de numerosos maestros y escritores, algunos de prestigio mundial, que visitaron nuestras escuelas.
Así, Alian Dawson, por entonces Encargado de Negocios de Estados Unidos en Bolivia, le escribía la siguiente carta al pintor Diego Rivera, el 16 de septiembre de 1939:
El señor Pérez ha hecho un trabajo magnífico en Bolivia en pro de la raza que constituye un 80% del país, no obstante la falta de recursos y la oposición de muchos elementos ciegos pero poderosos. En muchas cosas los colegas
mexicanos podrían aprender de él (subrayado mío E.P.). El eje de sus sistema
ha sido hacer escuelas no para los indígenas sino de ellos.
Alian Dawson era un conocedor de la escuela mexicana, de suerte que su testimonio es muy importante.
Franck Tannembaum, el conocido escritor norteamericano, catedrático de la Universidad de Columbia, le escribía en los siguientes términos al Presidente Lázaro Cárdenas (10 de agosto de 1939):
El señor Pérez es el único en toda la América quien ha realizado una labor de fondo para el indio. No hay nada fuera de la obra educativa del señor Pérez. Es hombre sencillo y sincero dedicado al indio como un santo y merece toda consideración de parte de usted. Se lo recomiendo a usted como amigo. El mismo personaje le escribía a Luis Chávez Orozco, Jefe del Departa- mento de Asuntos Indígenas de México, en la misma fecha:
...lo recomiendo (a Elizardo Pérez) a usted, como el hombre que ha hecho más por el indio en América del Sur que ningún otro. No hay en toda América del Sur una muestra de interés por el indio con excepción del trabajo del señor Pérez.
Hay otros testimonios que citaré en su lugar; pero lo que he transcrito basta para demostrar cómo la obra de Warisata era apreciada y divulgada por intelectuales extranjeros, en tanto que los "intelectuales" bolivianos que tenían ese deber, se ocupaban de denigrarnos y calumniarnos... El contraste se aprecia vivamente en centenares y aún miles de recortes de prensa que tengo en mi archivo, y el lector quedaría sorprendido si pudie- ra ver el inmenso movimiento de opinión que despertó nuestra obra. Poseo recortes provenientes de muchísimos diarios y revistas de todo el conti- nente, todos los cuales se refieren en términos ponderativos a Warisata; la mayor parte de estos comentarios fueron producto de una apreciación di- recta de nuestra obra, que era visitada constantemente por una corriente continua de gentes de toda clase y condición, entre las cuales abundaban periodistas, escritores y maestros extranjeros. No se trataba, pues, de una propaganda pagada o de comentarios formulados "a ruego"; no; Warisata destellaba con luz propia, como querían los indios, y eso tenía que desper- tar forzosamente la atención de las gentes serias y sinceras de todas partes, que trataban de ayudarnos siquera fuese con un comentario escri- to.
Respecto a la Delegación, sus resultados fueron diversos: los "intelec- tuales" volvieron a sus cargos burocráticos en el Ministerio, y no sorpren- derá que, en lugar de trabajar por la educación del indio, la combatieran perversamente.
Tres de los maestros, becados para aprender educación indigenal, vol- vieron para organizar el Departamento de Educación Rural, que se ocupa- ba de las escuelas provinciales, ubicadas en pueblos y cantones y destina- das a la población mestiza; lo intrascendente de su obra se revela en el hecho de que nadie se ocupó jamás de ella; y solamente retornó a educa- ción indigenal el profesor Carlos Salazar, para constituirse más tarde en el único defensor de la escuela campesina a través de una prolongada cam- paña de prensa terminada en 1943 con "Warisata mía".