B. Lista de factores de riesgo para la salud mental en la niñez (Di Bártolo, 2003)
4.1. Comparación entre la muestra de riesgo y la muestra control:
Categorías diagnósticas según situación de riesgo (en riesgo/sin riesgo): Al com- parar los datos obtenidos respecto de las categorías diagnósticas en el grupo de riesgo y en el grupo control se observa que el 64% de los niños en situación de riesgo se ubicó en la categoría clínica, mientras que el restante 36% se ubicó en la categoría normal. De los niños de la muestra control en cambio, ninguno obtu- vo la categoría clínica. El 88% de estos niños se ubicó en la categoría normal, y el 12% restante en la categoría fronteriza. Estos valores confirman las hipótesis de que entre los niños sin riesgo predomina la categoría normal.
Tabla 4: Tabulación cruzada de la situación de riesgo y la categoría diagnóstica
Más de 3 FR Frecuency Percent Valid Percent Cumulative Percent no Valid Fronterizo 3 12.0 12.0 12.0 Normal 22 88.0 88.0 100.0 Total 25 100.0 100.0 si Valid Normal 9 36.0 36.0 100.0 Clínico 16 64.0 64.0 64.0 Total 25 100.0 100.0
Gráfico 1: Situación de riesgo y categoría diagnóstica
120 100 80 60 40 20 0 no Per cent En riesgo CAT_DIAG Clínico Fronterizo Normal si
Para analizar estadísticamente la hipótesis acerca de la relación entre las variables situación de riesgo y categoría diagnóstica y evaluar si había entre ellas una asociación estadísticamente significativa se llevó a cabo la prueba de chi cuadrada (x2).
Tabla 5: Prueba de chi cuadrada para las variables situación de riesgo y categoría diagnóstica:
Valor Grados de libertad Chi cuadrada 24.452 2 Nivel de confianza obtenido: 0.1
p= 0.1
Para que la chi cuadrada sea significativa a nivel de confianza 0.1 con dos gra- dos de libertad, se necesita un valor mínimo de 9.210 El valor obtenido (24.452) es superior. Por lo tanto la chi cuadrada es significativa al 0.1. Este nivel de sig- nificancia estadística implica un nivel muy alto de certeza: este resultado puede ocurrir por azar una vez o menos en cien ensayos. Las dos variables medidas (situación de riesgo y categoría diagnóstica) están correlacionadas con un nivel confianza de 0.1. Por lo tanto se acepta la hipótesis de investigación sobre la correlación entre la presencia de una situación de riesgo para la salud mental y el aumento de la incidencia de indicadores asociados a psicopatología.
Resultados de las categorías diagnósticas expresados en puntajes:
Al comparar los puntajes obtenidos en el Cuestionario de comportamiento infantilen cada muestra también es evidente la diferencia entre los dos grupos. La muestra de riesgo obtuvo un puntaje medio de 67.48, con una desviación estándar de 10.82, y un rango de 48 a 86. El puntaje de corte por encima del cual
se considera un caso con categoría clínica es de 63 a 100. Los niños con este puntaje se ubican a partir del percentil 98 de la población.
En la muestra control el puntaje medio fue de 49.88, muy por debajo del puntaje clínico. La desviación estándar fue de 6.88, con un rango de 38 a 60. Estos valores se corresponden muy cercanamente a los valores obtenidos por el autor del Cuestionario de comportamiento infantilal validar el instrumento en una muestra muy amplia de la población general.
Tabla 6: Puntajes obtenidos en el Cuestionario de comportamiento infantil en las muestras de riesgo y control.
En riesgo N Minimum Maximum Mean Std. Deviation no PUNTCBCL 25 38 60 49.88 6.88
Valid N (listwise) 25
si PUNTCBCL 25 48 86 67.48 10.82 Valid N (listwise) 25
Descriptive Statistics
4. 2. Comparación entre subgrupos de riesgo:
Una vez establecida la diferencia de grupos entre los niños en riesgo y los niños sin riesgo, se procedió a evaluar si entre los niños en riesgo la inciden- cia de indicadores asociados a psicopatología aumentaba a medida que aumentaba el número de factores de riesgo. Para llevar a cabo este objetivo se analizó la relación entre la categoría de riesgo y la categoría diagnóstica.
En el grupo de riesgo sólo se encontraron las categorías diagnósticas clíni- co y normal. Ningún niño en este grupo fue clasificado con la categoría fron- teriza. Entre los niños con categoría de riesgo 1, el 100% obtuvo la categoría diagnóstica normal. En la categoría de riesgo 2, el 60% tuvo la categoría diag- nóstica normal, y el 40% clínica. En la categoría 3, sólo el 20% tuvo la cate- goría normal, y el 80% fue de categoría clínica. En la categoría 4 el 10% fue normal, y el 90% clínico.
Tabla 7: Categorías diagnósticas según categoría de riesgo
CAT_RIES * CAT-DIAG Crosstabulation
CAT DIAG
Clínico Normal Total
CAT_RIES 1 4 4
2 2 3 5
3 5 1 6
4 9 1 10
Total 16 9 25
Gráfico 2: Categorías diagnósticas según categoría de riesgo
60 50 40 30 20 10 0 1 2 3 4 Per cent CAT_RIES CAT_DIAG Clínico Normal
Para verificar la existencia una asociación estadísticamente significativa entre la categoría de riesgo y la categoría clínica se llevó a cabo la prueba de chi cuadrada:
Tabla 8: Análisis de chi cuadrada categoría diagnóstica según categoría de riesgo Valor Grados de libertad
Chi cuadrada 12.269 3
Nivel de confianza obtenido: 0.1 p =0.1
Para que la chi cuadrada sea significativa a nivel de confianza 0.1 con 3 grados de libertad se necesita un valor mínimo de 7.815 El valor obtenido (12.269) es superior. Por lo tanto la chi cuadrada es significativa al 0.1. Este resultado impli- ca que las dos variables medidas (categoría diagnóstica y categoría de riesgo) están correlacionadas con un nivel muy alto de confianza. Por lo tanto se acep- ta la hipótesis de investigación sobre la correlación entre el aumento del núme- ro de factores de riesgo y el aumento de la incidencia de indicadores asociados a psicopatología: a mayor cantidad de factores de riesgo mayor cantidad de indicadores asociados a psicopatología.
Resultados de las categorías diagnósticas expresados en puntajes:
Al comparar los puntajes obtenidos en el Cuestionario de comportamiento infan- til en cada categoría de riesgo de la muestra de riesgo también es evidente el aumento en los puntajes obtenidos a medida que aumenta la categoría de riesgo. Tabla 9: Puntajes obtenidos en el Cuestionario de comportamiento infantil según la categoría de riesgo
CAT_RIES 1 2 3 4 Total PUNTCBCL Mean 56.50 60.60 66.00 76.20 76.20 N 4 5 6 10 10 Std. Deviation 2.38 9.02 9.14 7.89 7.89 Report
En la categoría de riesgo 1, se obtuvo un puntaje medio de 56.50, con una des- viación estándar de 2.38. El puntaje de corte por debajo del cual se considera un caso con categoría clínica es de 59. Es decir que el puntaje medio obteni- do en esta categoría se ubica en los valores de la población con categoría nor- mal. En las restantes tres categorías los puntajes medios están todos por enci- ma de lo que corresponde a los valores de la categoría normal. En la catego- ría 2, la media es de 60.60, que correspondería al puntaje para la categoría fronteriza, y en las categorías 3 y 4, con valores de 66 y 76.20 los puntajes corresponden a la categoría clínica.
5. Conclusiones
Luego de comparar la incidencia de indicadores asociados a psicopatología en los distintos grupos y subgrupos de niños que participaron de la investigación, expuestos a un número variable de factores de riesgo, es posible responder a las preguntas formuladas al plantear el estudio de campo. Los niños en situación de riesgo para la salud mental presentan una incidencia de indicadores asociados a psicopatología considerablemente mayor que los niños que no están expuestos a esta situación, y esta incidencia aumenta a medida que aumenta el número de factores de riesgo a los que está expuesto un niño. En cambio, los niños consi- derados sin riesgo para la salud mental, presentan predominantemente una cate- goría diagnóstica normal. Tanto la hipótesis sobre la diferencia de grupos, entre el grupo de riesgo y el grupo sin riesgo, como la hipótesis del aumento de inci- dencia de indicadores asociados a psicopatología a partir de la acumulación de factores de riesgo, resultaron sustentadas por los datos.
Un hallazgo inesperado para este estudio fue que la incidencia de indicadores asociados a psicopatología recién se hizo evidente a partir de un número muy alto de factores de riesgo. Los niños en la primera categoría del grupo de riesgo (categoría 1), expuestos a menos de seis factores de riesgo, no presentaban una presencia clínicamente significativa de dichos indicadores. Pero estos resultados deben relativizarse en virtud de que fue el grupo menos numeroso dentro de las cuatro categorías del grupo de riesgo (16% de la muestra de riesgo), y de que su número puede no haber sido suficientemente representativo. Sin embargo, esta situación refuerza la hipótesis de que el riesgo real para la salud mental provie-
ne de la acumulación de factores, y que pocos factores de riesgo no tienen inci- dencia sobre la salud mental y la psicopatología.
Los resultados expuestos respaldan las ideas postuladas teóricamente sobre la importancia de las experiencias de un niño en el contexto familiar y social y de su vulnerabilidad a sus fallas cuando éstas se acumulan. En el estudio de los tras- tornos infantiles es de importancia fundamental el análisis de las características del ambiente que rodea al niño. La relación de un niño con sus padres y la forma en que es tratado por ellos, han demostrado ser elementos de máxima importan- cia en el desarrollo emocional de un niño. Pero no es suficiente identificar una perturbación vincular para explicar la etiología de un trastorno mental en un niño. Ya sea directamente, como en el caso de factores como personalidad de los padres, o indirectamente, como en el caso de la situación socio-económica de la familia, múltiples variables tienen impacto sobre la cualidad de los vínculos de un niño con sus padres. La parentalidad está fuertemente determinada por los sistemas en los que la familia está inserta (Osofsky, 1995; 2000; Barnebie, 2002). La interconexión de diferentes sistemas que operan en diversos niveles de complejidad permite apreciar cómo mucho factores de riesgo se condensan en la relación padres-hijo. En esencia, una perspectiva integral de la etiología convierte una variable independiente, como el vínculo entre los padres y el hijo, en una variable dependiente, una variable que debe ser explicada en sí misma (Belsky, 1999). Esto implica que no es suficiente comprender una determinada patología como una consecuencia de una mala vincularidad entre los padres y el hijo: es preciso contemplar aquellas variables en juego que resultan en que esos padres se vinculen mal con su hijo.
Para comprender la situación emocional de un niño entonces, no es suficien- te con relevar y clasificar sus síntomas; ni siquiera es suficiente con analizar pro- fundamente su personalidad. Un niño como individuo está inserto en un contex- to familiar de cuyas características depende, y la familia a su vez está inserta en un contexto social que tiene impacto sobre ella. Estos sucesivos sistemas se combinan entre sí para llegar a un resultado particular. Ningún eslabón en la cadena puede ser soslayado para alcanzar una comprensión integral de la etiolo- gía de un trastorno mental en un niño. La comprensión profunda y completa en cada caso en particular es lo que guía las específicas intervenciones clínicas. A
nivel general, conocer cuáles son y cuál es la dinámica de los factores que ponen en riesgo la salud mental en la niñez permite actuar antes de la instala- ción de los trastornos, a través de la implementación de estrategias de preven- ción primaria.
Los especialistas dedicados a la salud mental en la infancia deben mantener una doble perspectiva, una volcada hacia el niño y la calidad de sus vínculos, y otra volcada hacia sus padres y sus posibilidades. En la gran mayoría de los casos los padres protegen a sus hijos y buscan su bienestar. Cuando los padres ejercen inadecuadamente sus funciones, las situaciones que conducen a ello tienen que ser investigadas y comprendidas. Lo que se busca no es juzgar a los padres sino en cambio comprenderlos para poder reparar a través del trabajo clínico.
ACHENBACH, T. (2001) Manual for the Aseba School-Age Forms and Profiles
ASEBA- Child Behavior Checklist, Research Center for Children, Youth and Families, Inc..
BALBERNIE, R. (2002): An infant in context: multiple risks, and a relationship
Infant mental health,. 23 (3), pp. 329–341.
BELSKY, J. (1999): Interactional and contextual determinants of attachment security. En J.Cassidy &P.R. Shaver (eds), Handbook of attachment New York: The Guilford Press, págs: 249 –264.
DAVIS, H.; DAY, C.; COX, A.; CUTLER, L. (2000) Child and Adolescent Mental Health Needs Assessment and Service Implications in an Inner City Area. Clinical Child Psychology and Psychiatry 1359–1045 (200004) 5:2 SAGE Publications (London, Thousand Oaks and New Delhi) Vol. 5(2): 169–188; 012063.
DI BÁRTOLO, I. (2002) Patrones de apego e indicadores de psicopatología infantil en una muestra de riesgo. Plan de tesis doctoral, inédito.
DI BÁRTOLO, I. (2003, a): Los Factores de riesgo para la Salud mental en la Niñez. Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, Memorias de las X Jornadas de Investigación. Aportes de la Investigación en Psicología. I, pp. 46-49
DI BÁRTOLO, I. (2003,b): El estudio de la resiliencia en poblaciones de riesgo
Universidad de Buenos Aires, Facultad de Psicología, Memorias de las X Jornadas de Investigación. Aportes de la Investigación en Psicología. 1, 50-53.
ERICKSON, M. F.; SROUFE, L. A.; EGELAND, B. (1985). The relationship between quality of attachment and behavior problems in preschool in a high-risk sample. In I. Bretherton Y E. Waters (Eds), Growing points of attachment theory and research, Monographs of the Society for Research in Child Development, 50, (1-2, serial No 209), pp.147-156.
GREENBERG, M. T. (1999) Attachment and Psychopathology in Childhood, en
Handbook of Attachment, Theory, Research, and Clinical Applications
J.Cassidy, P.Shaver (Eds) New York :The Guilford Press.
GREENBERG, M. T.; CICCHETTI, D.; CUMMINGS, E.M. (1990) Attachment in the preschool years: Theory, research and intervention. Chicago: University of Chicago Press.
GREENBERG, M. T.; DEKLYEN M.; SPELTZ, M. L.; ENDRIGA, M. C. (1997). Attachment security in preschoolers with and without externali- zing problems: A replication. Development and Psychopathology, 3, pp. 413-430.
GREENBERG, M. T.; SPELTZ, M. L.; DEKLYEN M. (1993) The role of attachment in the early development of disruptive behavior problems.
Development and psychopathology, 5, pp.191-213
GOODMAN, S. H.; HOVEN, C. W.; NARROW, W. E.; COHEN P.; FIELDING, A.; ALEGRIA, M.; LEAF, P. J.; KANDEL; MCCUE, S.; HORWITZ, M.; BRAVO, M.; MOORE, R.; DULCAN M. K. (1998) Measurement of risk for mental disorders and competence in a psychiatric epidemiologic community survey: The National Institute of Mental Health Methods for the Epidemiology of Child and Adolescent Mental Disorders (MECA) Study Society of Psychiatry Psychiatric Epidemiology, 33.
HAGGERTY, R. J.; SHERROD, L. R.; GARMEZY, N.; RUTTER, M. (1994):
Stress, Risk, and Resilience in Children and Adolescents: Processes, Mechanisms, and Interventions. New York: Cambridge University Press.
JENKINS, J. N.; SMITH, M.A. (1990): Factors protecting children living in dis- harmonious homes: maternal reports. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 29: 60-69.
KAGAN, J. (1984): The Nature of the Child. New York: Basic Books.
LANDY, S. (2000): Assessing the risks and strengths of infants and families in community-based programmes. En J.D.Osofsky &H.E.Fitzgerald (Eds.),WAIMH handbook of infant mental health: Vol.2.Early interven- tion,evaluation,and assessment, New York: John Wiley & Sons,Inc. pp.335 –375.
LAUCHT, M. (2000) Behavioral Sequelae of Perinatal Insults and Early Family Adversity at 8 Years of Age Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, Pediatrics,105pp.662-670.
OSOFSKY, J. D.; COHEN, G.; DRELL, M. (1995): The effect of trauma on young children: A case of 2-year-old twins. International Journal of Psychoanalysis,76, pp. 595 –607.
OSOFSKY, J. D.; HANN, D. M.; PEEBLES, C. (1993): Adolescent Parenthood:Risks and opportunities for mothers and infants.In C.H.Zeanah (Ed.), Handbook of infant mental health.New York:The Guilford Press. pp.106 –119.
OSOFSKY, J. D.; THOMPSON, M. D. (2000): Adaptive and maladaptive parenting: Perspectives on risks and protective factors. En J.P.Schonkoff &S.J.Meisals (Eds.), Handbook of early childhood inter- vention.Cambridge: Cambridge University Press. pp.54 –75.
OYEN, A. S.; LANDY, S.; HILBURN-COBB, C. (2000): Maternal attachment and senstitivity in an at-risk sample Attachment and Human Development, Vol 2, Issue 2.
PHELPS, J. L.; BELSKY, J.; CRNIC, K. (1998) Earned security, daily stress, and parenting: a comparison of five alternative models. Development and Psychopathology, 10 pp. 21-38.
RUTTER, M. (1981) Stress, coping and development: some issues and some questions. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 22, pp. 323-356. RUTTER, M. (1989) Pathways from childhood to adult life. Journal of Child
Psychology and Psychiatry, 30, pp. 23-51.
RUTTER, M. (1995) Psychosocial adversity: risk, resilience and recovery. Southern African Journal of Child and Adolescent Psychiatry, 7 pp. 75-88.
RUTTER, M. (1999) Resilience concepts and findings: implications for family therapy, Journal of Family Therapy, 21, Issue 2.
RUTTER, M., CHAMPION, L.; QUINTON, D.; MAUGHAN, B.; PICKLES, A. (1995) Understanding individual differences in environmental risk exposure. In: P. Moen, G.H. Elder Jr. and K. Luscher (eds) Examining Lives in Context: Perspectives on the Ecology of Human Development
(pp. 61-93). Washington, DC: American Psychological Association. SAMANIEGO, V. C. (1998): El Child Behavior Checklist: su estandarización y
aplicación de un estudio epidemiológico." Problemas comportamentales y sucesos de vida en niños de 6 a 11 años de edad. Infrome final. Beca UBACYT. Bibilioteca de la Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.
SAMEROFF, A.(2000): Ecological perspectives on developmental risk. En J.D.Osofsky &H.E.Fitzgerald (Eds.),WAIMH handbook of infant men- tal health:Vol.4New York:John Wiley & Sons, Inc. .pp.1 –33
SHAW, D. S.; OWENS, E. B.; VONDRA, J. I.; KEENAN, D.; WINSLOW, E.B. (1997) Early risk factors and pathways in the development of early disruptive behavior problems. Development and Psychopathology, 8, pp. 679-700.
SROUFE, L. A. (1997) Psychopathology as development. Development and Psychopathology, 9, pp. 251-268.
ZEANAH, C. H.; BORIS, N. W.; LARRIEU, J.A.(1997): Infant development and developmental risk: A review of the past ten years. American Academy of Child & Adolescent Psychiatry, 32 (2), pp. 165 –178.
1Este trabajo de investigación fue realizado en el marco del programa de estímulo a la investi- gación y aportes pedagógicos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica Argentina
Fonagy P.; György Gergely; Jurist e; Target m. (2002). Affect Regulation, Mentalization, and the Development of the Self. (Regulación del Afecto, Mentalización y Desarrollo del Self) . New York: Other Press.
Marcelo Noël
Pontificia Universidad Católica Argentina
Dentro de una vigorosa corriente que busca el acercamiento entre disciplinas de la mente, con fuerte arraigo en la investigación, Peter Fonagy, de Londres, es un visible capitán. Pudimos escucharlo durante una no tan lejana estadía suya en Buenos Aires, en la que abogó por esta confluencia (Fonagy P.1998). Una serie de artículos suyos titulados “Playing with Reality” realizados junto con Mary Target ha sido ya publicada en español (Fonagy y Target 1996 y 2001; Target y Fonagy 1996.). Son esos artículos, en los que estos autores muestran algunas de sus aproximaciones conceptuales y adelantan un mode- lo del desarrollo de la subjetividad así como investigaciones clínicas y empí- ricas que sustentan dicho modelo, los que han permitido incrementar su accesibilidad e interesar al lector en nuestro idioma.
Fonagy y Target introducen en sus trabajos un concepto de Mentalización,
central en su modelo. Una idea general sobre el concepto señala que es el proceso por el que reconocemos que tener una mente media nuestra experi- encia del mundo, dicho con palabras de ellos, entienden a la Mentalización
como “la capacidad de concebir estados mentales en sí mismo y en otros” (Fonagy et al. 2002 P.23.). Otro concepto directamente relacionado provisto por estos autores es la denominada Función reflexiva, se trata en este caso de la operacionalización con fines de investigación, del conjunto de capaci-
dades mentales que generan mentalización, estas involucran tanto compo- nentes reflexivos como interpersonales que proveen al individuo, si todo va bien, con una capacidad bien desarrollada para distinguir la realidad interna de la externa así como los procesos mentales y emocionales intrapersonales de los interpersonales.
El concepto “Mentalización”es de traducción y explicación difícil pues se lo ha utilizado con diversos sentidos. Existe una recomendable revisión sobre las dimensiones implícitas en el término, hecha por los canadienses Lecours y Bouchard (1997), en la que se cotejan las fuentes en inglés y francés, las cuales no siempre están plenamente advertidas o referidas las unas a las otras en trabajos en esas respectivas lenguas (citan como fuentes a Segal, 1957; Bion, 1962; Marty, 1962; Luquet, 1987; Green, 1975). En esa revisión de Lecours y Bouchard se considera al término “mentalización” como abarcando un área semántica que apunta a procesos de representación, simbolización y abstracción en niveles crecientes de complejidad; por otra parte, dicen los canadienses, muchas nociones ya familiares nominadas de