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Los movimientos migratorios y el diálogo entre culturas no son un fenómeno nuevo. La sociedad de la información y el conocimiento, la tecnología y los proce- sos de globalización, han convertido este diálogo en parte de nuestra vida coti- diana. Las personas con las que convivimos son diversas desde muy diferentes perspectivas como la edad, el género, la clase social o la ideología. En los últimos años hemos asistido, además, al aumento vertiginoso de la diversidad cultural. La competencia intercultural se considera una herramienta imprescindible para afrontar de manera adecuada las relaciones entre distintas culturas. En países con un nivel creciente de diversidad cultural, saber manejar estas diferencias es fundamental para crear relaciones positivas. Estas habilidades son especialmen- te importantes para aquellas personas que desarrollan su labor en los sistemas sanitario, social, educativo o en el ámbito de la cooperación. El uso de la compe- tencia intercultural requiere no solo la destreza sino también, la sensibilidad y el entendimiento del mundo propio y ajeno.
Definición
El concepto de competencia intercultural o global es un concepto controvertido y, cuanto menos, sospechoso para muchas de las personas del mundo de la coope- ración y el voluntariado en tanto se le vincula a una ideología poco equitativa y a un interés exclusivamente economicista. A pesar de ello en esta publicación utili- zaremos el término en el sentido que indican estas definiciones.
La capacidad de interactuarde manera exitosa con personas de otras culturas y en una gran variedad de situaciones y con- textos. Sería el concepto de competencia social aplicado a entornos interculturales. (Crawshaw, 2002)
Es la capacidad general de un individuo para manejar aspectos claves de comunicación intercultural: como las diferencias culturales y poco familiares, las dinámicas intergrupales y las tensiones y conflictos que acompañan a estos procesos. (Boom, 2000)
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Habitualmente, se distinguen tres niveles de competencia intercultural: la individual,
la institucional y
la de los grupos étnicos sobre los que se pueden realizar diferentes análisis, valoraciones e intervenciones educativas.
Uno de los ámbitos sociales más directamente afectados por esta ola de cambio es el mundo educativo.
El profesorado ha llegado a distinguir hasta tres formas diferentes de competen- cia intercultural con los siguientes matices:
como una orientación éticaque consistiría en “ser conscientes de sus pro- pios valores y objetivos, y ser capaces de justificarlos a otras personas”, como una orientación hacia la eficaciay
como una orientación pedagógica, la cual “se refiere a cómo animar el aprendizaje del alumnado de orígenes diversos” (Jokikoko, 2005).
Si rastreamos los inicios de la formación intercultural en el mundo educativo, éstos se remontan a las clases de idiomas y a los proyectos de intercambio internacional. Con respecto al aprendizaje de segundas lenguas, los posiciona- mientos más actuales reconocen que es necesario entender no solamente la cultura del idioma, sino también aceptar cómo nuestra propia cultura puede influir en la comunicación. Está demostrado que la forma de pensar y de ver el mundo de cada persona está intrínsicamente ligada al idioma que habla y a la cultura en la cual se ha desarrollado ese idioma. Por ello, para lograr una com- petencia comunicativa adecuada en otra lengua, es necesario captar las sutile- zas culturales que imbuyen dicha lengua.
En relación con los intercambios internacionales, la competencia intercultural se tiene en consideración por dos razones:
Por un lado, las instituciones de enseñanza superior y los gobiernos han visto la necesidad de preparar al alumnado de hoy y trabajadores y trabajadoras de mañana, para un mundo cada vez más globalizado e interconectado. Así, el gobierno estadounidense, por ejemplo, se refiere a las destrezas necesarias para actuar a nivel internacional como competencia global y contempla las estancias académicas en el extranjero como una forma de compensar esta falta de conocimiento de “la otra persona”. En el contexto europeo, los progra- mas SÓCRATES y ERASMUS sirven a un propósito semejante, además de for-
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talecer el entendimiento mutuo y las relaciones entre los países de la Unión Europea.
En segundo lugar, para establecer las bases de una experiencia exitosa, el alum- nado necesita partir con conocimientos de competencia intercultural o adquirir- los durante su estancia. Por ejemplo, Fantini (2000) propone cuatro niveles para describir las fases de aprendizaje en el contexto de la educación intercultural: I) El o la viajera educacionalque corresponde a las adquisiciones que se pueden realizar en estancias cortas; II) La o el sejourner, correspondiente a los que han hecho estancias más largas en otros países como experiencias de prácticas; III) El o la profesionalconsiderada la persona que cuenta con años de experiencia inter- nacional; y, finalmente IV) La o el especialista intercultural o multicultural hacien- do referencia a las personas muy expertas en materia intercultural y con un campo muy parecido al de voluntariado internacional.
Para la investigación que nos ocupa, la competencia intercultural es un elemento clave en las ONG para poder desempeñar con éxito las labores de desarrollo, coo- peración y voluntariado. La competencia intercultural se convierte en trascenden- tal en el Norte, para garantizar la convivencia entre la población inmigrante, las minorías étnicas y la sociedad de acogida, y también en el Sur en proyectos de sensibilización, cooperación y desarrollo con la ayuda del voluntariado internacio- nal. Se requiere la reflexión desde ambos entornos, para garantizar una mejor acogida por parte de la sociedad mayoritaria, y para facilitar el encuentro en los proyectos de intervención social y cooperación.