2.2. Bases teóricas
2.2.2. Competencias emocionales.
Las competencias emocionales son un conjunto articulado de capacidades que el estudiante necesita para desenvolverse óptimamente en un contexto cambiante y surgir como un individuo eficaz, mejor adaptado, eficiente y con mayor seguridad en las decisiones que toma diariamente. Entorno a ello, Aranda (2019) mencionó. “Las
competencias emocionales son el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para comprender, expresar y regular de forma apropiada los
fenómenos emocionales” (p.24). Por lo que, las competencias emocionales van a favorecer los procesos de aprendizaje, las relaciones interpersonales, la solución de problemas, la consecución y mantenimiento de un puesto de trabajo.
A su vez, Vásquez (2018) indicó. “Las competencias emocionales son la facultad para gestionar apropiadamente un grupo de actitudes, capacidades y conocimientos que nos permitirán responder ante diferentes situaciones eficazmente” (p.88). Por tanto, las competencias emocionales permiten que al estudiante buscar soluciones apropiadas ante las problemáticas suscitadas en su formación profesional, laboral, personal e interpersonal, logrando alcanzar sus metas iniciales.
Por consiguiente, Guevara (2017) explicó. “Las competencias emocionales son un aspecto importante que todo ciudadano responsable debe tener y al lograr dominarlas puede adaptarse mejor al contexto y puede afrontar de manera más efectiva y exitosa sus problemas y retos” (p.41). Ante lo expuesto por el autor, las competencias emocionales requieren del dominio mental respecto a las emociones que el estudiante emite, al
dominarlas potenciará la adecuación al medio donde se desenvuelve. Además, favorecerá la manera de afrontar las eventualidades que se presenten con mejores expectativas, los procesos de aprendizaje y las relaciones interpersonales.
Por otro lado, las competencias emocionales den solución a problemas, la consecución y mantenimiento de un puesto de trabajo; por lo cual, el estudiante pueda mejorar continuamente. A su vez, Zamudio (2017) señaló. “La competencia emocional es una cualidad aprendida, desarrollada y basada en la inteligencia emocional que genera un rendimiento óptimo y superior en el trabajo, la cual está basada en la emoción y la
conciencia emocional desarrollada y aplicada” (p.19).
A su vez, las competencias emocionales contribuyen a una mejor adaptación al contexto social y a afrontar de manera creativa los retos que se presentan en la
cotidianidad; por ello, es un factor lógico que los docentes y estudiantes desarrollen estas competencias, para lograr un mejor aprendizaje, mejorar las relaciones
inter/intrapersonales, lo que conlleva a elevar la calidad de vida y, por ende, ser más eficiente y eficaz. En este contexto, Pedrera (2017) explicó. “Competencia emocional es el conjunto de conocimientos, habilidades, aptitudes, actitudes, etc., que se ponen en
funcionamiento para la relación del individuo consigo mismo y con el entorno social. Se ponen en especial atención en el aprendizaje y el desarrollo” (p.124).
Además, Oriola (2017) explicó. “Competencia emocional es como la demostración de autoeficacia emocional para poder adaptarse a cada situación y establecer unas buenas relaciones sociales, las cuales están directamente relacionadas con creencias y valores de la sociedad en la que vive cada individuo” (p.82). Respecto a dicha premisa, las
competencias emocionales son las dinámicas personales, en las que, el estudiante ejerce un control oportuno ante sus emociones suscitadas durante los distintos procesos de
adaptación en el área de estudio, logrando un control eficaz sobre sus ideales y emociones. Es decir, la competencia emocional es la habilidad del estudiante para dominar sus
En este sentido, Díaz (2014) precisó. “Las competencias emociónales un conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para tomar conciencia, comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales” (p.25). Por ende, las competencias emocionales son la comprensión y empatía que el estudiante demuestra ante las diferencias sociales. Por su posibilidad de perfeccionamiento,
presentando implicancias psicopedagógicas. De este modo, las competencias emocionales pueden ser aprendidas porque es algo que se crea y se robustece mediante experiencias dadas durante diferentes etapas de la vida. Cabe añadir que, alguien que tiene competencia emocional va a poder identificar sus emociones, las de otras personas, su autocontrol y tiene habilidades emocionales para generar soluciones rápidas ante cualquier suceso o infortunio dado.
Así mismo, Souto (2012) indicó. “Las competencias emocionales son importantes en el desarrollo de competencias para la empleabilidad” (p.33). Respecto a dicha idea, las competencias emocionales son el dominio y por ende, el equilibrio emocional ante la reacción de las acciones que los demás realizan, así también, es el control del estudiante ante las diferencias dadas en el contexto en el que se desarrolla, demostrando la capacidad de seleccionar lo objetivo de lo subjetivo en las acciones diarias.
Desde nuestra perspectiva, las competencias emocionales son un conjunto de actitudes que el estudiante adopta con eficiencia para poder sobrellevar las diferentes circunstancias que se suscitan en la formación académica, por tanto, es importante que en el aula de clases exista un clima estudiantil apropiado, donde el trabajo conjunto sea una de las prioridades de los estudiantes, y puedan fortalecer sus competencias profesionales, y posteriormente en el campo laboral. Es decir, las competencias emocionales es la
Dimensiones de las competencias emocionales.
Conciencia emocional.
La conciencia emocional es el conjunto de capacidades mediadas por un proceso cognitivo con el fin de regular los estados emocionales que se presenta ante un hecho determinado. En este sentido, Aranda (2019) señaló. “Conciencia emocional es la capacidad para tomar conciencia de las propias emociones, es decir de la capacidad para percibir con precisión los propios sentimientos y emociones; identificarlos y etiquetarlos y de las emociones de los demás” (p.25). Es decir, la conciencia emocional es la habilidad del estudiante para capturar el clima emocional apropiado en un contexto determinado, percibiendo con precisión las emociones y perspectivas de los demás.
Por consiguiente, Mezarina (2018) precisó. “La conciencia emocional es la capacidad de poder comprender los sentimientos propios y de otros, darse cuenta de las emociones que estamos sintiendo frente a distintas situaciones” (p.13). Por ello, la conciencia emocional es implicarse empáticamente en sus vivencias emocionales, ya que incluye el servirse del contexto social para entablar una comunicación expresiva, de esta manera, es posible identificar las emociones de los demás contribuyendo a resolver los problemas que se presenten en el transcurso de la etapa de formación académica.
De este modo, Pascual (2018) sustentó. “Conciencia emocional es la capacidad para percibir con precisión los propios sentimientos y emociones. Considera la posibilidad de experimentar emociones múltiples y reconocer la incapacidad de tomar conciencia de los propios sentimientos debido a la inatención dinámicas inconscientes” (p.45). Ante ello, la conciencia emocional permite identificar las emociones de cada persona, ayudando a resolver problemas relevantes de la vida diaria.
Por otro lado, la conciencia emocional es un término relativamente nuevo en el campo de la psicología, el cual comienza a ser adoptado después de la inteligencia emocional. En este sentido, Pedrera (2017) sostuvo. “Conciencia emocional es la capacidad para percibir las emociones propias y las emociones de los demás, en esta capacidad se incluye la habilidad para captar el clima emocional de un contexto y en un momento determinado” (p.122). Por tanto, la conciencia emocional permite al estudiante identificar las emociones según la coyuntura en la que se encuentre sometido, de esta manera, podrá tomar decisiones asertivas tomando conciencia de las acciones que realizará por un bien común o beneficio personal en un futuro. La conciencia emocional es
expresada en el marco de observar y reaccionar a estímulos emocionales en determinados contextos añadiendo el ingrediente conciencia, es decir identificándolas para generar reacciones más adaptativas.
En resumen, Torres (2018) mencionó. “Conciencia emocional implica reconocer las emociones propias así como las de los demás. El ser consciente de las emociones nos permite saber cómo nos sentimos y a la vez nos ayuda a disfrutar de las emociones agradables” (p.27). Por ende, la conciencia emocional es la capacidad del estudiante para comprender empáticamente los estados emocionales propios y la de los demás, por medio de la interpretación de las respuestas fisiológicas y evaluación de las respuestas que deberá emitir antes ellas en un determinado tiempo.
Desde nuestra perspectiva, la conciencia emocional es el desarrollo de la empatía ante los estados emocionales internos y externos, puesto que, tomar conciencia y control sobre nuestras emociones, permitirá tomar decisiones asertivas ante las problemáticas suscitadas. Sin embargo, la emoción no se explica por la relación entre el deseo y la situación objetiva, sino por la interpretación de la misma y el criterio de evaluación.
Regulación emocional.
La regulación emocional es el estado mental, por el cual, la persona mantiene un equilibrio emocional y la seguridad constante de poder dominar los impulsos o reacciones ante circunstancias dadas impredeciblemente. Ante ello, Aranda (2019) añadió.
“Regulación emocional se refiere a la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. Supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y
comportamiento; tener buenas estrategias de afrontamiento; capacidad para autogenerarse emociones positivas, etc.” (p.26). En este sentido, la regulación emocional es la capacidad de afrontar situaciones suscitadas de forma externa o interna, es decir, circunstancias dadas por acciones no solo propias, sino de los demás.
Por consiguiente, Pascual (2018) indicó. “La regulación emocional es la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. Supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento, tener buenas estrategias de afrontamiento, capacidad para autogenerarse emociones positivas” (p.46). Es decir que, los propios sentimientos y emociones a menudo deben ser regulados. Esto incluye, entre otros
aspectos; la regulación de la impulsividad, tolerancia a la frustración para prevenir estados emocionales negativos y perseverar en el logro de los objetivos.
Cabe añadir que, Pedrera (2017) señaló. “Regulación emocional es entendida como la capacidad para gestionar las emociones de forma apropiada. Supone entender
adecuadamente la relación existente entre emoción, cognición y comportamiento, poseer buenas estrategias de afrontamiento, capacidad para autogenerarse emociones positivas, etc.” (p.122). Es decir, la regulación emocional es aquella capacidad muy compleja de la inteligencia emocional, por consiguiente, es la habilidad para estar percibiendo y
Por otra parte, Torres (2018) explicó. “La regulación emocional es definida como la capacidad de controlar las emociones desagradables, los impulsos resultantes de ellas, tolerar la frustración y saber postergar las necesidades o gratificaciones” (p.28). Por tanto, regulación emocional significa que a pesar de las dificultades; es la capacidad para diferir recompensas inmediatas a favor de otras más a largo plazo pero de orden superior, la regulación emocional significa dar una respuesta apropiada al contexto y no dejarse llevar por la impulsividad, sin embargo, no se debe confundir la regulación emocional con la represión, puesto que son significados diferentes, ya que, con la información obtenida de las emociones, su manejo o regulación nos permiten adaptarnos a contextos
interpersonales e intrapersonales.
En términos generales, Bisquerra (2009) enfatizó. “La regulación emocional es moderar las emociones negativas y acentuar las emociones positivas” (p.148). En este contexto, la regulación consiste en un difícil equilibrio entre los dos extremos formados por la represión y el descontrol, permite generar conciencia de las emociones que nos producen situaciones de conflicto sin responder impulsivamente y controlar nuestra conducta. Podríamos traducir la regulación como el arte de ser capaz de calmarse, de adecuar socialmente nuestra conducta actuando sobre el componente cognitivo.
Desde nuestra perspectiva, la regulación emocional es un proceso cognitivo por el cual, el estudiante logra mantener un equilibrio emocional adecuado, según el contexto en el que se sitúe. Por ello, la regulación emocional parte de la experiencia social y la toma de decisiones que realice en el transcurso de su preparación profesional, por ende, podrá ejecutar acciones con eficiencia, tomando en cuenta los elementos que el entorno le presente. Cabe mencionar que, la regulación emocional implica reacciones asertivas respecto a las distintas experiencias en la que nos encontremos.
Autonomía personal.
La autonomía personal es la competencia que involucra un conjunto de elementos relacionadas con el equilibrio personal. En este sentido, Aranda (2019) sostuvo.
“Autonomía emocional es un conjunto de características relacionados con la autogestión personal, entre las que se encuentran la autoestima, actitud positiva ante la vida,
responsabilidad, capacidad para analizar críticamente las normas sociales (p.26). Por ende, la autonomía personal es la capacidad de buscar recursos propios que puedan darle
sostenibilidad al carácter que la persona genera con la experiencia, es decir, genera autoeficacia emocional que le permita generar un equilibrio emocional apropiado.
Al respecto, la autonomía personal es la independencia de opiniones, criticas, emociones, es generar autoestima con bases sólidas, la autoeficacia emocional significa que uno acepta su propia experiencia emocional, tanto si es única y excéntrica como si es culturalmente convencional, y esta aceptación está de acuerdo con las creencias del individuo sobre lo que constituye un balance emocional deseable. La autonomía personal es la capacidad de realizar tareas o roles con decisión propia, con la seguridad que amerita cualquier circunstancia en la que se encuentre el estudiante.
De este modo, Oriola (2017) explicó. “La autonomía personal es la capacidad para autogestionar de forma autónoma fenómenos socioemocionales” (p.86). Respecto a la premisa del autor, la autonomía personal es la aptitud de generar elementos capaces de mantener una sostenibilidad en las emociones y decisiones que tome el estudiante. La autonomía personal en un modo genérico es la capacidad de tomar decisiones y actuar en cuestiones relativas a uno mismo. La autonomía personal se trabaja en distintos ámbitos de la educación, hace referencia al progresivo conocimiento del estudiante para identificar situaciones que pongan en riesgo su estabilidad personal.
Consecuentemente, la autonomía personal es la forma de pensar en sí mismo, tomando decisiones asertivas que beneficien a su integridad emocional, contribuyendo a generar un camino de salud emocional equilibrada. Sin embargo, en muchas ocasiones la autonomía personal suele confundirse con el egocentrismo, incurriendo en aptitudes negativas respecto a las acciones que realicen los demás. La autonomía personal es el paradigma de la vida independiente, puesto que, con autonomía propia se empieza a asumir responsabilidades que en una edad poco madura, no se asumía. De manera que, la autonomía personal ayudará a abrir caminos a la exploración de nuevos campos de conocimientos y emociones, tomando la decisión de asumir responsabilidades.
En resumen, Gallego (2015) precisó. “La autonomía personal es una competencia personal que se aprende” (p.79). Por ello, la autonomía personal es el constructo que orienta al estudiante a mejorar sus actitudes frente a la realización de tareas y labores desempeñadas durante su preparación. La autonomía personal es la capacidad para utilizar los recursos personales que en cada momento dispongan. Por tanto, es necesario que haya un control emocional respecto a las decisiones que se tomen frente a coyunturas suscitadas repentinamente, para ello, el estudiante con autonomía personal, tomará siempre la
iniciativa de generar soluciones al respecto.
Desde nuestra perspectiva, la autonomía personal es la facultad de pensar en sí mismo, teniendo en cuenta la capacidad de asumir las consecuencias de sus actos. Por ello, durante la formación profesional del estudiante es importante que las instituciones de educación superior, conlleven en sus cronograma de actividades, proyectos de interacción social y manejo de habilidades, que permiten el análisis correcto de las decisiones que el estudiante tome en un futuro respecto a los actos realizados por su propia autonomía. De esta forma, el estudiante cumplirá sus objetivos.