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Capítulo 2. Marco teórico

2.6 Las competencias de integración y autodirección en el estudiante

El joven que ingresa al bachillerato quizá sienta la misma incertidumbre que cuando ingresó al nivel educativo anterior, aunque puede tener mayor madurez, es un proceso de adaptación que tiene que pasar y para el cual muy pocos son los que se preparan. El Colegio de Bachilleres, como se mencionó anteriormente, implementó un curso de inducción, para familiarizar al estudiante en su ambiente educativo y en el que de manera rápida se le da a conocer el espacio, los servicios y departamentos que se le ofrecen. Como también ya se dijo, este curso ha demostrado no ser suficiente, sobre todo en la integración del grupo.

De acuerdo con Feldman (2006) el estudiante universitario requiere de apoyo y orientación para aprovechar al máximo sus potencialidades y tiempo, en su obra propone una guía práctica que le permita al estudiante reconocer sus motivaciones internas que lo hacen asistir a la universidad. El para qué inicia ese proyecto a través del establecimiento

de metas y destacando que es el alumno quien tiene el control de sus actos y de la situación escolar. Así mismo hace mención de las diferencias entre la universidad de los otros niveles educativos y propone una serie de actividades para que el alumno tome el control de su aprendizaje.

El alumno tiene la capacidad de integrarse a su ambiente educativo, pero para que ello suceda influyen diferentes factores psicológicos, sociales y hasta genéticos con que cuenta su personalidad, ya que cada alumno se dirigirá en la escuela y entre sus

compañeros y maestros con las herramientas y cualidades que cuenta, las cuales pueden ser bastante favorables, siendo personas extrovertidas, seguras de sí y con plena

convicción del por qué y para qué se encuentran iniciando sus estudios de bachillerato. Eso sería lo ideal, pero sabemos que muchos alumnos son inseguros y no tienen idea del por qué y para qué se encuentran estudiando. No se afirma que las características antes señaladas, sean específicas de un grupo u otro de estudiantes, puede haber una

combinación de ellas en un sólo estudiante o pueden no existir.

Para efectos de este estudio se entenderá por integración la competencia del bachiller para interactuar de manera asertiva con el medio y las personas (compañeros, profesores, directivos, jefes de departamento y demás personal) que se encuentran en el contexto educativo. Es así que para ello, al estudiante de nuevo ingreso se le debe proveer de herramientas y estrategias para que forme, desarrolle o fortalezca esta competencias es decir, sus conocimientos, actitudes y valores. Como se ha mencionado el enfoque

las necesidades y superar retos que tiene que afrontar en los diferentes contextos de la vida diaria. Para comprender las competencias dentro de la educación, es necesario considerar que el aprendizaje abarca conocimientos, procesos, habilidades y la comunicación (Torres, 2010).

Brockett y Hiemstra (citados por Cázares, 2003) señalan que la autodirección se relaciona con dos dimensiones que se relacionan entre sí, la primera expresa el proceso en el que un aprendiz asume la responsabilidad para planear, implementar y evaluar su propio proceso de aprendizaje, la segunda dimensión es la denominada aprendiz autodirigido y se refiere a los deseos o preferencias del estudiante para asumir su aprendizaje. Por su parte la misma Cázares (2003) propone que para desarrollar la autodirección es necesario desarrollar habilidades como la planeación y selección de estrategias, la autorregulación y motivación, la independencia y la autonomía, el uso de la experiencia y la conciencia crítica mediante la guía de un profesor, de los mismos

estudiante y los padres de familia.

La autodirección requiere en algunos casos, ser descubierta, formada y reforzada debido a que el alumno de nuevo ingreso, al estar en una nueva situación puede

encontrarse temeroso, sin embargo, hay quienes aun con temor tienen iniciativa y en cambio a otros los paraliza. En este estudio la autodirección será entendida como la competencia para que el estudiante que ingresa y una vez habiendo conocido y logrado una asertiva interacción con el entorno educativo, dirija su proceso de formación y

educativa. Para ello necesita utilizar y ejercitar sus capacidades intelectuales, cognitivas y afectivas y emplear eficientemente los recursos físicos y materiales que tanto el colegio como sus padres o tutores le ofrecen. La intención de este proyecto es que el orientador educativo promueva en el estudiante autonomía y seguridad en sí mismo, sin olvidar que en cualquier momento se le puede apoyar si lo necesita.

Díaz (2006) señala que además de construir una preparación para la vida futura, la escuela es entendida como un proceso vital basada en el intercambio de experiencias y la comunicación entre individuos, por ello en la escuela se deben estructurar distintas formas de cooperación democrática en las actividades sociales del grupo para que surja la autodisciplina a partir del compromiso que un estudiante tiene hacia una nueva tarea constructiva. Esta actitud o compromiso es parte de lo que se espera lograr con el desarrollo de las competencias de integración y autodirección.

De acuerdo con Mora (1998) los alumnos de educación básica concluyen estos estudios con serias deficiencias para trabajar de manera individual, por no saber cómo y en qué momento estudiar para los exámenes, falta de técnicas de estudio y de

organización, dificultad para sintetizar, además de carecer de conocimientos básicos, no distinguir ideas o términos clave y la muy notada deficiencia para expresarse de manera oral y escrita. Todo lo anterior es fundamental para que el estudiante de bachillerato pueda desenvolverse en el ambiente del bachiller mediante su propia autodirección. Aunado a ello es igual de importante que reconozca sus habilidades de convivencia y

trabajo colaborativo, ya que es esencial que se vaya formando con la mentalidad de trabajo en equipo.

Mora (1998) señala que los ambientes que rodean al alumno condicionan su rendimiento. Por ello el ambiente familiar, escolar, el lugar de estudio y la salud son completamente relevantes para un mejor desarrollo de competencias en el bachiller. En el ambiente familiar se destaca una buena comunicación entre padres e hijos, por medio del diálogo y el acuerdo. En lo que respecta al ambiente escolar, este debe ser lo más

agradable y estimulante posible, además de la buena relación con el profesor y los mismos compañeros. En cuanto al lugar de estudio señala comodidad, iluminación, temperatura agradable, ventilación suficiente, lo anterior depende de las posibilidades económicas de la familia y del colegio.

Para ello el orientador educativo debe involucrarse para que el alumno cuente con sugerencias, herramientas y estrategias que además de favorecer las competencias de integración y de autodirección se logre adaptar al sistema educativo en menos tiempo y con mayor eficiencia logrando a su vez la formación y desarrollo de las competencias genéricas y disciplinares del sistema educativo y logre conformar el perfil de egreso.