Los músculos del tronco estudiados no presentan diferencias de activación eléctrica independientemente del tamaño y la propiedad del material. Dado que en el presente estudio se medía la activación de músculos del tronco durante la ejecución de un ejercicio realizado por el agonista de una extremidad (aducción de cadera), y dado también que finalmente la carga ha sido la misma para todas las condiciones, se deberá buscar explicación con estudios que tengan un planteamiento similar.
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Así pues, diversos estudios en el medio terrestre llegaron a la conclusión de que los músculos del tronco se activaron en la medida en que lo hizo el agonista al movilizar cargas iguales en diferentes condiciones de inestabilidad (Goodman et al., 2008; Saeterbakken & Fimland, 2013b).
El primer estudio que se analizará fue el de Goodman et al. (2008) en el que se comparó la activación muscular durante 1RM en press de banca en situación estable (banco) e inestable (Swiss ball). En él no encontraron diferencias entre condiciones ni para los agonistas medidos ni para el músculo del tronco estudiado, concluyendo que realizar ejercicios de resistencia muscular con una pelota de ejercicios no reporta más ventajas que los ejercicios tradicionales estables.
Saeterbakken & Fimland (2013b) plantearon un estudio que comparó la fuerza realizada y la activación eléctrica de músculos del tronco y del miembro inferior durante la realización de extensión de rodilla en máquina Smith en cuatro situaciones de estabilidad, que fueron suelo y tres materiales que proporcionaron diferentes grados de inestabilidad: un material que los autores llaman “power board” (una plataforma rectangular sobre la mitad de un cilindro), un dispositivo Bosu y un cono de equilibro (una plataforma circular sobre la mitad de una esfera). En este estudio tampoco se encontraron diferencias ni entre agonistas ni entre músculos del tronco (estabilizadores). Por tanto, como ha sucedido en el presente estudio, los músculos del tronco han actuado en consonancia con el agonista, de manera que al no variar la activación de éste, tampoco lo hizo la musculatura del tronco.
En este sentido, en estudios en los que sí se detectaron variaciones en la activación del agonista en situaciones estables e inestables, también varió la actividad de los estabilizadores, de manera que en condiciones estables el agonista generó más
145 actividad que en condiciones inestables, y los músculos del tronco también se activaron en mayor medida en condiciones estables respecto a inestables (Chulvi et al., 2010; Colado et al., 2011). Por lo tanto, se comprueba cómo la activación de la musculatura del tronco actúa en concordancia con la musculatura agonista tanto si la acción de ésta no se reduce entre situaciones inestables (la musculatura del tronco tampoco se reduce) (Goodman et al., 2008; Saeterbakken & Fimland, 2013b) como en aquellas situaciones en las que sí hay una reducción de la activación del músculo agonista en diferentes condiciones de inestabilidad, es decir, en situación inestable la activación del agonista se reduce con lo que la activación de los estabilizadores también lo hace, y viceversa (Chulvi et al., 2010; Colado et al., 2011). Así pues, este hecho explicaría por qué en el estudio que ahora se presenta no han aparecido diferencias significativas en la activación de los músculos del tronco en las diferentes condiciones (tanto de material, como de tamaño), ya que la activación del aductor tampoco varió en el transcurso de las mismas.
Además, los resultados del presente estudio están en consonancia con otro estudio que también evaluó la activación de los músculos del tronco en un ejercicio dinámico realizado con el miembro superior con diferentes condiciones de material (Colado et al., 2013). En este estudio tampoco se encontraron diferencias en la activación de la musculatura del tronco en las diferentes condiciones, aunque el recto anterior del abdomen obtuvo unos valores más altos que los del presente estudio. Esto tiene sentido, ya que el ejercicio realizado fue la extensión de hombro, ejercicio que se realiza en un plano sagital (tiene, por tanto, implicaciones en la dirección antero- posterior). No obstante, en este mismo estudio también se midió el erector espinal lumbar, el cual obtuvo valores que variaron entre 20.63 ± 2.79%MCVI y 26.47 ±
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4.34%MCVI según los materiales empleados, por lo que dichos resultados están en consonancia con los obtenidos en el presente estudio.
En un caso similar, un estudio midió la activación del erector espinal lumbar en la ab-aducción horizontal de hombro en un ejercicio de fuerza en el medio acuático (Colado et al., 2008); como era de esperar, las implicaciones en el plano transversal de dicho ejercicio arrojaron unos valores del erector espinal superiores a los del presente estudio (aducción de cadera en el plano frontal) y a los del estudio anterior (extensión del hombro en el plano sagital).
Como se acaba de mencionar, la aducción de cadera se realiza en un plano frontal, con lo que las implicaciones del movimiento son en dirección lateral. A este respecto, los resultados muestran una activación mayor del oblicuo externo del lado no dominante frente al oblicuo externo del lado dominante. Este resultado está en sintonía con la literatura existente, ya que muestra una característica típica de los ejercicios realizados de forma unilateral (como es el caso del presente estudio). Así pues, diversos estudios encontraron una activación asimétrica en músculos del tronco cuando se realizaron ejercicios dinámicos unilateralmente, encontrándose valores de activación superiores en el lado contralateral (Behm, Leonard, Young, Bonsey, & MacKinnon, 2005; Santana, Vera-García, & McGuill, 2007; Tarnanen et al., 2012; Weaver, Vichas, Strutton, & Sorinola, 2012).
Este hecho también se ha constatado en ejercicios estáticos, de manera que hubo un estudio que encontró una activación mayor del oblicuo externo en el lado no apoyado respecto al apoyado durante un ejercicio estático de puente en posición prona con un solo apoyo de pie (Feldwieser, Sheeran, Meana-Esteban, & Sparkes, 2012; García- Vaquero, Moreside, Brontons-Gil, Peco-González, & Vera-García, 2012). Como
147 explicación complementaria, la mayor activación del oblicuo externo del lado no dominante se justifica por su condición de, además de músculo movilizador, postural. Una publicación analiza el comportamiento de los músculos recto anterior del abdomen, oblicuo externo y erector espinal lumbar durante el mantenimiento de la postura erecta sobre una superficie inestable (Vera-García, 2000). En este punto, este estudio tendría cierto parecido con el que se presenta, ya que el apoyo con una sola pierna constituye de por sí, si no una superficie, sí una base de sustentación inestable. Siguiendo con el estudio, concluyeron que aunque ambos músculos se activaron durante la tarea, el oblicuo externo participó como un músculo postural, mientras que el recto anterior del abdomen lo hizo desde su condición de movilizador del tronco. Concretamente afirmaron que durante la situación de inestabilidad, los músculos oblicuo externo y erector espinal lumbar participaron coordinadamente, lo cual atribuye al oblicuo externo funciones propias de los músculos antigravitatorios.
Por otra parte, en un estudio realizado por Bressel et al. (2011) se comparó la ejecución de una serie de ejercicios específicos de estabilización espinal en agua y en tierra. Los músculos que se registraron fueron el recto anterior del abdomen, oblicuo externo, multífidus, erector espinal lumbar y una zona que denominaron “zona baja abdominal”, (ubicación anatómica donde se entremezclan el oblicuo interno y el transverso del abdomen). Ninguno de estos músculos superó el 25%MCVI, por lo que en ese sentido, estarían en consonancia con el presente estudio (a excepción del oblicuo externo del lado no dominante). No obstante, no hay que perder de vista que en este estudio se evaluaron ejercicios analíticos para la musculatura del tronco y en posición estática, lo cual dificulta su comparación con el presente y otros estudios que han utilizado otro tipo de ejercicios. A parte de la explicación de su baja activación por dicha tipología, los autores ofrecen otra explicación basándose en las investigaciones de
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Deban & Schilling (2009), quienes postularon que la baja activación de los músculos del tronco en el medio acuático se debía a la presión hidrostática y la flotabilidad, las cuales minimizan el papel estabilizador de los músculos del tronco en el medio acuático, disminuyendo así su activación eléctrica.