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Luna Roja: Una propuesta de intervención

COMPRENDER, PRIMER MOMENTO EN EL PROCESO DECONSTRUCTIVO DE GÉNERO

El primer momento deconstructivo se asume como un proceso de com- prender la realidad de género y este proceso se refiere a la acción que les permite a los y las sujetos participantes acercarse a conocer significados que existen acerca del género en la vivencia cotidiana de cada uno y a identificar cuáles de estos significados hacen parte de los mundos de significados e imaginarios sociales, políticos y culturales compartidos con otros sujetos y cuáles son asumidos como propios, como inherentes a una forma individua- lizada, de un sí mismo de género.

Asumir el proceso de comprender esa realidad actual de género que le corresponde al sujeto que indaga a través de la implementación de activida- des artísticas y lúdicas le imprime un sello especial al proceso, en tanto las características y bondades de la actividad artística, creativa y lúdica —como facilitadora de procesos psicológicos— se revierte en la actividad de acer- carse a conocer sobre el género, ampliando los espectros de conocimiento. La actividad artística, creativa y lúdica brinda una oportunidad de crear mundos de género y recrear experiencias de género en tanto en las produc- ciones de las experiencias artísticas emergen mundos morales, culturales y políticos de significados sobre el género; iniciar unos procesos de represen- tar de manera simbólica los sentimientos, las emociones, las acciones y las cogniciones de género; explorar aspectos vedados sobre las subjetividades de género, acercarse a temas tabú, romper con el silencio; conectarse con el mudo propio de género y maltrato y reconocer discursos ideológicos que subyacen a las valoraciones propias sobre las subjetividades de género. La

actividad de conocer se constituye en una nueva forma comunicativa sobre el género, en tanto amplía el repertorio de comprensión sobre el fenómeno; la acción de conocer sobre el género adquiere un carácter emancipador que libera al sujeto de su condición de no saber. El momento de conocer jalona procesos de identificación en tanto las historias que se construyen perte- necen a los individuos que las crean; de allí la importancia o validez del ejercicio de recuperación de una historia propia de género como forma de cura terapéutica.

El comprender se refiere a la acción que les permite a las y los sujetos participantes conocer los significados que existen acerca del género en la vi- vencia cotidiana e identificar cuáles de estos significados hacen parte de los mundos de significados e imaginarios sociales, culturales, políticos, com- partidos con otros sujetos y cuáles son asumidos como propios, como inhe- rentes a una forma individualizada de un sí mismo de género. Luna Roja es una invitación a participar en un proceso de develar una realidad de género, donde la creación artística es la oportunidad que poseen las y los sujetos participantes de crear mundos de significados existentes y nuevos (Freud, 1948; González & Obando, 2008a, 2008b, 2010a, 2010b). Específicamente, el trabajo con Luna Roja devela mundos de género, conocidos o descono- cidos, de allí que el proceso creativo inherente a esa actividad artística de construcción de mundos de género se contrapone a la idea de la existencia de un todo absoluto, esencial, natural y universal de género.

En la apuesta de Luna Roja se parte del supuesto de que las experiencias subjetivadas del género y los estados de desarrollo de sus identidades de género son inherentes a todos los sujetos, también a las y los sujetos bajo medida de protección por experiencia de maltrato. De allí que proporcionar un espacio para que a través de actividades lúdicas y artísticas las y los su- jetos participantes de Luna Roja recreen sus mundos de género, es al mismo tiempo proporcionar un espacio para resignificar las experiencias de género más allá de la realidad fáctica, es inaugurar un espacio para que los y las participantes recreen esa experiencia más allá de las limitaciones impuestas por las condiciones de vulnerabilidad, subordinación; es brindar una opor- tunidad para que a través de la actividad artística recreen otras realidades, unas que sean más cercanas a sus deseos y sus sueños.

En Luna Roja, como experiencia cercana a una psicoterapia a través del arte, la producción artística no es un fin en sí misma, a la manera como lo plantea Jean-Pierre Klein (2006) cuando explica esta producción artística como un proceso para crear otra realidad. La producción artística no es un hecho, es un camino que les permite a las y los sujetos participantes develar aspectos relativos a su experiencia de género, que les permite construir sig-

nificados sobre esos elementos que emergen durante el proceso de creación artística y acercarse de manera paulatina, arriesgada, en un espacio de con- fianza para adquirir niveles de conocimiento cada vez más refinados, más profundos acerca de la temática de las subjetividades de género.

El transitar por el momento de comprender los significados que existen en formas explícitas o implícitas sobre el género, cuando es asumido como un proceso artístico creativo, le permite al sujeto abandonar o renunciar a la presión de que todo esté dicho o silenciado (Corral, 2006) o de que todo pueda regularse. En la actividad artística creativa, la creatividad tiene los límites que se impone cada sujeto, y éstos pueden ser desmontados en la medida en que las y los sujetos participantes logren aclarar sus dudas, sus vacíos de información y conocimiento sobre los retos con los cuales se en- frentan en el ejercicio de comprender el cómo de los sujetos de género. Las y los sujetos participantes de Luna Roja dejan emerger mundos morales, culturales y políticos de significados sobre el género durante el desarrollo de esas actividades artísticas y lúdicas.

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En Luna Roja se inician unos procesos de representar de manera simbóli- ca los sentimientos, las emociones, las acciones, las cogniciones de género.

Una especificidad de Luna Roja, como oferta psicopedagógica, radica en el hecho de que la acción de comprender como momento del proceso deconstructivo de género se inicia con unos procesos de representar de ma- nera simbólica los sentimientos, las emociones, las acciones, las cognicio- nes comprometidas en experiencias subjetivadas de género de cada uno de las y los sujetos participantes, a través de actividades de creación artística cuyo contenido temático se refiere a aspectos del género. La validez de las creaciones artísticas como medios para la proyección de estados anímicos psíquicos de los sujetos ha sido sustentada en los trabajos de autoras como Regina Lago (1940) en los que se muestra cómo las gráficas de niños que han padecido la guerra son develadoras de estados y situaciones emociona- les de los mismos. De allí que los dibujos, las pinturas, las esculturas, los dramatizados, las narraciones construidas bajo el pretexto del género du- rante las experiencias de Luna Roja, develan los componentes emocionales, conativos y cognitivos que hacen parte y ponen en acción como significati- vos los sujetos en cada uno de los eventos representados.

La actividad artística les permite a las y los sujetos participantes explorar aspectos vedados de sus subjetividades de género y de esta manera facilita

la actividad de comprender la realidad inherente al género en cada una de sus experiencias. La actividad artística en Luna Roja, por un lado, posibilita a las y los sujetos participantes la representación de significados referidos a sentimientos que acompañan experiencias de discriminación, segregación, abuso, subordinación, subvaloración, sobre todo aquellos sentimientos que se les dificulta exteriorizar de manera espontánea, ya sea por el efectivo fun- cionamiento de controles sociales, morales, éticos, jurídicos sobre ciertos temas, circunstancias y eventos que son considerados dentro de sus grupos de pertenencia como temas tabú o por la misma naturaleza dolorosa y con- flictiva de esos sentimientos.

Los controles sociales, morales, éticos, jurídicos no solo instauran un silencio sobre el evento o hecho “prohibido” sino que someten a vigilancia la expresión espontánea de sentimientos frente a ese evento; sentimientos como el odio, la venganza, la rabia, la vergüenza, la tristeza, el enojo, el desconcierto, el miedo y hasta el dolor poseen un régimen de legalidad que sobrepasa el control del sujeto mismo. Es así como la actividad artística en Luna Roja funciona como facilitadora de la emergencia de significados (sobre hechos, comportamientos, emociones, sentimientos, cogniciones) no comunicados o no comunicables en esa discursiva verbal cotidiana (Winni- cott, 1993, 1996).

Quizás el ejemplo de la violación sexual sea el más tratado, pero con- tinúa siendo el evento frente al cual los sujetos presentan más dificultades para significar y ello se complica cuando este tipo de acto denigrante sucede en un ámbito social íntimo como es el grupo familiar. Las y los sujetos parti- cipantes de anteriores experiencias de Luna Roja, al igual que otros sujetos, niegan conocer cuáles “deben ser” los sentimientos, las actuaciones, frente a la violación por parte del padre, del hermano, de la madre. Frente al evento de la mujer violada resulta importante señalar que en la cultura colombiana se tiende a culpabilizar a la mujer violada, al sospechar que ella provocó la violación con su conducta de seductora; esta sospecha se añade como factor con fuerza para producir el silencio. El silencio personal, social, político, jurídico es el comportamiento más frecuente y se instaura como el compor- tamiento con “estatus legal social y cultural implícito” frente a este acto. Y el estatuto legal del silencio funciona a pesar de los esfuerzos que desarro- llan instituciones del Estado y otras no gubernamentales en los cuales se invita tanto a las víctimas de estos tipos de violencias y violaciones como a otros agentes testigos u observadores familiares o externos a denunciar el acto por tratarse este de un delito de orden judicial, moral y ético. Estas invitaciones se socializan a través de campañas y proyectos de divulgación, acompañamiento e intervención a víctimas de violencia sexual.

La actividad artística creativa le posibilita al sujeto romper con ese silen- cio. Por tratarse de otro tipo de lenguaje, el estatuto de legalidad implícita del silencio pierde parte de su vigencia y eficacia. En los elementos de signi- ficado representados en la obra creativa artística pueden ser contenidos esos eventos innombrables, así como los sentimientos, emociones, pensamientos y actos que acompañan desde los imaginarios de las y los sujetos parti- cipantes dichas circunstancias. De esta manera las actividades artísticas y creativas les posibilitan a las y los sujetos participantes acercarse a conocer elementos de sus realidades de género que se encontraban encubiertas por tratarse de temas bajo el estigma de ser tema tabú.

Autores como Donald Winnicott llaman la atención en sus obras acerca de los ejercicios de abstracción llevados a cabo en la producción artística, ejercicios que les posibilitan a los sujetos la emergencia de significados identificados como problemáticos (Winnicott, 1993).

En la representación creativa de situaciones de género pueden emerger acciones, sentimientos, emociones, prohibidas o vedadas a la interacción discursiva interpersonal con los otros y aun a procesos de comunicación consigo mismo, elementos que hacen parte de las historias de los eventos y las situaciones de género y que se constituyen en facilitadores de la cons- trucción de sentido sobre los mismos. Autoras como Clarissa Pinkola ex- presan que acercarse a comprender sobre la psiquis de las mujeres implica excavar en los huesos de nuestras historias como mujeres (Pinkola, 2001). Para la autora esta actividad posee un carácter cuasi arqueológico, un reco- rrer en la historia psicológica que permite recuperar los sentidos que hacen parte del mundo de significados de cada sujeto. En el entender de la pro- puesta de Michel Foucault se trataría de iniciar una “arqueología del saber” (1970); para el caso de Luna Roja, una arqueología acerca de los procesos de subjetivación e identificación de género. Al trasmutar en pequeñas obras estéticas (artísticas) las sensaciones, los pensamientos, los saberes, los afec- tos, las fantasías y los síntomas, esos que acompañan tanto al creador como al receptor de la obra producto de la actividad creativa artística o lúdica, el sujeto lector y espectador de la obra se ubica y es ubicado en un universo intemporal de símbolos que lo lleva más allá de sí mismo, que le permite acceder a contenidos vedados en sus palabras (Winnicott, 1993, 1996).

De manera metafórica, la obra artística creativa actúa como una forma de luz a través de la cual emergen y se hacen visibles aspectos de un mundo interior oscuro, desconocido, o solo parcialmente reconocido, reprimido, que existe y hace parte de cada uno de las y los sujetos participantes de la experiencia de Luna Roja, y de esos mundos engañosos en su exterioridad con los que cada sujeto se confronta en su diario devenir cotidiano. La obra

que recrea las experiencias subjetivadas de un cuerpo de género, le enseña a quien la construye aspectos nuevos sobre ese “su cuerpo”, aspectos sig- nificados y no hablados, no negociados, no resultado de acuerdos (Rojas & Sternbach, 1994).

Esa capacidad para hacer emerger contenidos ocultos es una de las ven- tajas que en Luna Roja se le adjudican a varias de las actividades artísticas: la pintura, la danza, el drama, la escritura, la escultura, el dibujo, entre otras, como actividades terapéuticas. Hablar en clave de género desde el lugar de sujeto con experiencia de maltrato puede resultar comprometedor y es esa cualidad que posee el dibujo, de dejar emerger lo innombrable, la que se aprovecha en las experiencias de los talleres, en una actitud de juego. Desde lo lúdico de la elaboración del dibujo, de la pintura, desde la actividad de modelado, o la de dramatización, se pretende que las y los sujetos partici- pantes se arriesguen a adentrarse en el ejercicio de escapar imaginariamente de los límites de la palabra, de sus ausencias y resolver el acto de nombrar desde la imagen gráfica o iconográfica.

En el taller “Relaciones de género”, en el cual se indagó sobre fortalezas de género para afrontar conflictos, las sujetos participantes de Luna Roja exigieron un tiempo para trabajar una característica que ellas identificaban como un impedimento para su éxito en el desempeño de las actividades que se proponían como sujetos de género; denominaron dicho sentimiento como rabia. De manera consciente exponen que la rabia no corresponde con lo característico de un ser femenino, pero aceptan sentirla y expresan el deseo de develar en qué consiste, cómo se manifiesta, frente a qué y quiénes poseen dicho sentimiento y la manera como éste afecta sus desempeños. El trabajo de exploración sobre las formas de aparecer del sentimiento es en primera instancia a nivel de lo individual, personal. Aunque la reflexión sobre los elementos que surgen en los productos creativos artísticos se rea- liza de manera individual, las sujetos participantes en el lugar de creadoras- observadoras de la obra ocupan el lugar de terceros, de un público al cual la obra le conversa, le comunica. La obra les muestra la complejidad de un sentimiento que a primera vista no es propio de un género femenino, en lo específico de ese género que ellas identifican y han aceptado con cierto es- tatuto de validez, pero el sentimiento se asume como propio de ellas y ellas al mismo tiempo se identifican como de género femenino. Los contenidos que emergen en la obra de creación artística les enuncian las posibilidades de existencia de otra característica de su ser de género y con ello de un tipo de comunicación interindividual en la que ellas como individuos establecen diálogos consigo mismas, en una actividad de hablar para sus adentros, de ampliar los repertorios de autoconocimiento y autocomprensión.

La acción de comprender, de conocer, de adquirir un conocimiento cada vez más informado sobre subjetividades de género a través de las creacio- nes artísticas y lúdicas les permite a las y los sujetos participantes de Luna Roja explorar gradualmente de manera más profunda al interior de esos aspectos vedados de sus subjetividades de género. La actividad artística y lúdica funciona como una mediación con esas situaciones que no se nom- braban con la palabra, o para los cuales no existían significantes dentro del lenguaje cotidiano.

Las actividades artísticas y sus productos, los dibujos, las pinturas, los dramatizados, las obras de teatro de títeres, las esculturas, las danzas les per- mitieron a las y los sujetos participantes conectarse con su mundo de género y maltrato. El lenguaje del arte media como lenguaje de esos sentimientos, pensamientos, actuaciones que no acceden a un estatuto de comprensión para el sujeto, un sujeto que intenta recrear en su obra estos elementos en un intento de hacerlos visibles a sus percepciones y comprensible a su en- tendimiento. Es así como la creación artística sobre asuntos de género que se realiza en los talleres de Luna Roja conduce a un ejercicio de abstrac- ción que posibilita la emergencia de significados problemáticos y que deja emerger la propia historia de las y los participantes de Luna Roja (Rojas & Sternbach, 1994; Winnicott, 1993, 1996; Moreno, 2010).

En ocasiones los bloqueos, producto de los controles morales y éticos, sociales y culturales es tal, que los participantes recurren en las activida- des artísticas creativas y lúdicas a ejercicios interpretativos analógicos con seres de otras naturalezas, mundos animales, vegetales o de figuras de fic- ción, para lograr una representación de acciones, sentimientos, emociones e intelecciones que son propias al comportamiento de los seres humanos. Al representar un rol cualquiera a través de un ser de otra naturaleza (animal, vegetal o un objeto inanimado) las y los sujetos participantes de Luna Roja se permiten la vivencia de deseos, sentimientos, emociones, acciones que tal vez en los imaginarios morales y éticos sociales y culturales son prohi- bidos o hacen parte de temas tabú. Los bloqueos emergen también como una expresión de la propia renuncia de la o del sujeto de enfrentarse a sus sentimientos íntimos de dolor, rabia, miedo, deseo de venganza, etc., que genera el reconocerse como sujeto/objeto de esas situaciones. Se retoman como ejemplo los hechos de violencia sexual como una forma de violencia intrafamiliar enunciado anteriormente, por contener, entre otros, dos de los tabúes representativos de la cultura occidental: el incesto, como acto prohi- bido al padre, y el parricidio, como acto prohibido al hijo o la hija. Las difi- cultades para asumir como un hecho en el contexto familiar la existencia de estos dos eventos o al menos la existencia de los deseos de transgresión de

estas dos grandes prohibiciones culturales les impide a los sujetos referirse a ellos desde los lugares de lo humano.

En las representaciones artísticas de estos eventos a través de seres de otras naturalezas es posible abordar el funcionamiento de las instituciones y los protocolos que rigen los imaginarios sociales, culturales y políticos so- bre el género y sobre los sujetos de género que subyacen y legalizan las for- mas de operar de los sujetos, tanto en el lugar de sujeto oprimido como de opresor, sin comprometer de manera directa la moral de lo familiar propio.

Frente a un evento de violencia sexual en el ámbito familiar como forma de maltrato de género, se ponen en acción una serie de imaginarios que