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CAPÍTULO II: LA INVESTIGACIÓN Y METODOLOGÍA APLICADA EN EL BARRIO

2.2 Comprensiones cruciales desde la psicología

En el primer capítulo se comprendió claramente la multiplicidad de documentos y estudios descritos alrededor del fenómeno de investigación, la relevancia de comprender el contexto en el que se encuentra inmersa la comunidad del Barrio Egipto y las dinámicas familiares que se desarrollan bajo la presencia de problemáticas sociales como lo son la violencia y la delincuencia. Con el fin de seguir comprendiendo el fenómeno, ahora desde un marco disciplinar, se toma como referente la psicología comunitaria en diálogo con los principios del paradigma sistémico construccionista.

La psicología comunitaria, como propone Musitu (2004), hace énfasis en el estudio de los déficits y demandas sociales, políticas y culturales presentes en la realidad, en este sentido, el desarrollo de dicha disciplina está vinculado con el contexto y las particularidades del país en el que se desarrolla. El objetivo principal del análisis e intervención en diferentes contextos, es la identificación de los recursos que aportan a la potenciación y el desarrollo tanto de la comunidad como de las personas. En el caso de Latinoamérica, la psicología comunitaria se sitúa alrededor de los años setenta con el propósito de atender a las desigualdades sociales y las consecuencias

de esto en la realidad social. Tal es el caso de Colombia, y como bien conocemos ahora, la evidencia escrita del Barrio Egipto referente a la elevada tasa de pobreza, las condiciones precarias de vida, la presencia de violencia, los altos índices de delincuencia, entre otros.

Atendiendo a los problemas sociales, las necesidades y las demandas, la comunidad juega un papel crucial en las acciones que transforman y favorecen la calidad de vida y del mismo modo, contribuyen a al bienestar y desarrollo social. Antes de mencionar la capacidad que posee la comunidad para lograr esto, es relevante considerar que la comunidad es entendida como un espacio social, dinámico, histórico y culturalmente constituido, conformado por agrupaciones de personas que comparten ciertas características en común y a la vez, desarrollan una diversidad de prácticas conjuntamente.

Además de esto, poseen una serie de características tales como: la ocupación de un espacio geográfico en común, las relaciones sociales frecuentes y/o habituales, compartir tanto ventajas como desventajas, objetivos, necesidades o problemas, la presencia de una organización, la identidad o sentido de pertenencia, un carácter histórico, la dinamicidad, un nivel de integración (más concreto que el de otros colectivos) y una cultura compartida. (Montero, 1998 en Musitu, Herrero, Cantera y Montenegro, 2004).

La comunidad del Barrio Egipto bajo la creación de estrategias comunitarias, como menciona la Psicología Comunitaria, participa en una forma de progreso social mediante la acción comunitaria. Esto se comprende como desarrollo comunitario ya que se accede a determinados niveles de bienestar social a través del fortalecimiento de redes sociales por medio de la integración de las personas en ámbitos comunitarios. (Montenegro, 2004). El desarrollo comunitario, tanto del territorio objeto de estudio como de otras comunidades, está expuesto a

relaciones conflictivas ya que la diversidad de intereses, fines, ideas u objetivos pueden ser contrapuestos o distintos en el sistema.

Todo esto parece confirmar que la participación, como la describe Montenegro (2004), en este contexto responde a la intervención social de aquellas personas que han sido afectadas por diferentes problemas y, sin embargo, cooperan y contribuyen a una solución conciliada mediante la acción social.

Con respecto a esto, la Psicología comunitaria ofrece una teoría útil que dirige este concepto de participación en el desarrollo teórico y práctico de la siguiente investigación; la “Teoría de movilización de recursos”. Dicha teoría expone como las acciones colectivas apuntan al cumplimiento de objetivos mediante la búsqueda de obtención de recursos y el uso provechoso de los mismos con el fin de atender a las necesidades sociales. La generación de este movimiento social responde a la desigualdad de la distribución de los recursos, bien sea económicos, sociales, educativos, entre otros. La movilización funciona en la medida en que dichos intereses comunes tengan un espacio de organización.

Uno de los principios expuestos por el paradigma sistémico que expresa la manera en que el sistema instaura un orden corresponde a la “Teoría de la auto-organización”; esta responde a la capacidad que posee el sistema mismo para desarrollar nuevas “configuraciones” que no estaban contenidas anteriormente. En la estructura de las relaciones, mediante el flujo de redes, los sistemas pueden crear un nuevo orden, que, a diferencia de la emergencia, este surge del desequilibrio del sistema como función adaptativa. (Castillo y Kloss, 2015).

En el Barrio Egipto, la construcción de las fundaciones responde tanto a una movilización de recursos como a un proceso de autoorganización, sin embargo, no es posible el desarrollo de

las mismas sin tener en cuenta las dinámicas familiares en las que se inscribe la creación de las fundaciones.

Para comprender mejor la noción de familia en el contexto del Barrio Egipto, abordamos los “Lineamientos técnicos para la inclusión y atención de familias” del ICBF, descrito por Jairo Estupiñan y Ángela Hernández (2007). Si bien, la familia entendida como “[…] una unidad ecosistémica de supervivencia y de construcción de solidaridades de destino, a través de los rituales cotidianos, los mitos y las ideas acerca de la vida, en el interjuego de los ciclos evolutivos de todos los miembros de la familia en su contexto sociocultural” (ICBF, 2007, Pág. 57) no solo abarca vínculos de acuerdo a la consanguinidad, sino también surge de los vínculos establecidos en las relaciones sociales, donde emergen sistemas significativos en la interacción.

Dentro de las dinámicas familiares del Barrio Egipto, en su carácter de ser una unidad de supervivencia en interacción con su ambiente, se da paso a la construcción de estrategias, entendidas, desde Morín (1998), como una capacidad de prever y a la vez tener en cuenta los eventos imprevisibles para así mismo, trabajar en la modificación de acciones para un determinado objetivo. En relación a esto:

“Las dinámicas familiares inscritas en un marco cultural específico y expuestas a los procesos cambiantes de la sociedad, se han ido transformando para dar paso a nuevas relaciones, nuevas conformaciones y nuevos espacios. Ya no se habla de familia como un ente aislado y netamente privado, sino como un espacio influenciado por numerosos factores que incluyen tanto los sistemas cercanos como aspectos más amplios como la política social, las leyes de protección y los sistemas económicos entre otros.” (Estupiñan y Hernández, 2007, p. 35).

De modo que, las estrategias concebidas como comunitarias, aportan desde la acción a constructos de transformación social, es decir, al servicio de proyectos que emprendan a partir de las necesidades definidas por la misma comunidad.

Los anteriores conceptos se esclarecerán mediante ejemplos en el siguiente capítulo, teniendo en cuenta que la creación de estrategias comunitarias pone en evidencia como la unidad familiar está siempre en una dinámica de influencia mutua con la comunidad en la medida que posibilita las transformaciones sociales en pro a la potenciación y desarrollo del barrio.

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