La Renovación Cristiana en el Espíritu Santo es "Una toma de conciencia 'nueva' de lo que ya estaba implícito en los Sacramentos de
la Iniciación".
La Renovación Carismática es una toma de conciencia existencial de la acción del Espíritu Santo tanto en el corazón de las personas como en el corazón de la vida de la Iglesia: esta toma de conciencia se acompaña de una apertura y de una acogida de los diversos dones que el Espíritu reparte entre los fieles de toda condición para la construcción del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. "Si no queréis que la
Renovación se esclerotice, hay que permanecer abiertos a la acción del Espíritu, abiertos a las sorpresas del Espíritu Santo".1
A. Explanación
1. Lo implícito en los sacramentos de iniciación cristiana se puede sintetizar así: La acción poderosa del Espíritu Santo en la Iglesia y en la persona.
Nuestra realidad íntima de ser "hijos de Dios" en Cristo Jesús por el Espíritu Santo que nos comunica la vida, su vida, vida del Padre (Ef 1, 3ss.; Jn 7, 38-39).
2. Nuestra realidad de "estar injertados en Cristo", unidos misteriosa, y realmente a la Humanidad Resucitada de Cristo, por el mismo Espíritu que habita en Él y en nosotros (Jn 15, lss., Rom 6, 3ss.; Rom 8, 9)-
3. La realidad de ser templos vivos del Espíritu de Cristo, que habita en nosotros (ICor 6, 15).
De ser fortalecidos por el Espíritu Santo, para realizar una labor especifica y difícil en la construcción del Reino.
4. La "íntima persuasión" de que las exigencias de nuestro Bautismo y Confirmación podemos realizarlas en virtud del cumplimiento de las promesas de Jesús: el envío del Espíritu Santo en poder. La persuasión de contar con la ayuda de su acción y la gracia de sus carismas para la edificación cíe la Iglesia.
Por eso la teología profunda de la Renovación es, a la vez, sencilla y exhaustiva: "Es la persona y la acción del Espíritu Santo". O, si se quiere, es el hombre "inundado por la experiencia del poder del Espíritu".2
"Cuando hablo de Bautismo y Confirmación tengo que establecer un nexo entre ellos. Están, además, tan unidos que nos hallamos en el centro de la Renovación, ¿Qué es la Renovación? Es tomar una nueva conciencia de la Confirmación, una nueva conciencia de lo que pasó en Pentecostés. Hay un libro que se titula "Nuestro Pentecostés Personal". Eso es la Confirmación: la Renovación de Pentecostés.
Y ¿qué es el Bautismo? Es la fiesta de la Pascua.- Pascua y Pentecostés son uno; no podemos disociarlos, porque a través del Bautismo entramos en la muerte y Resurrección de Jesús de forma que estamos abiertos para poder recibir el Espíritu Santo al ser bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Esta es la realidad central de la vida cristiana: no otra cosa, sino Pascua y Pentecostés en continuidad". 3 Así vemos coincidir totalmente estas afirmaciones del cardenal Suenens con lo que dice respecto de la Renovación Carismática, el Episcopado belga: Es una nueva toma de conciencia de lo que ya estaba implícito en los sacramentos de iniciación (Bautismo y Confirmación).
La Confirmación reafirma la del Bautismo y añade una modalidad peculiar. Podemos decir que el Bautismo nos consagra a la Trinidad, nos une a Cristo, Cabeza de la Iglesia, a su Humanidad resucitada, en la comunidad eclesial y crea en nosotros el compromiso de realizar nuestra santificación viviendo, en la posibilidad de la criatura, la vida trinitaria: imitar la santidad del Padre, a ejemplo de Jesucristo, por el poder del Espíritu Santo del que somos templo.
La Confirmación, además de reafirmar el Bautismo, nos capacita para el trabajo en el Reino, nos compromete con él y nos confiere la gracia para construir la Iglesia de Cristo en el amor.
"La Renovación tiene esta capacidad de suscitar una plena conciencia o descubrimiento" de estas realidades.4
B. La Renovación Cristiana en el Espíritu Santo y la "decisión fundamental del cristiano" por Dios y por la Iglesia
La descripción que dan los obispos belgas de la Renovación Carismática coincide, creemos, exactamente con lo que afirman sobre la misma Renovación y de su papel en la Iglesia, los obispos austríacos en su documento: "La decisión fundamental del cristiano".
He aquí un breve resumen de lo que nos parece constituir las líneas fundamentales del mismo: 1. El Sacramento en el que se expresa "la decisión por la fe es el Bautismo".
2. Pero el encuentro vivo con Dios se realiza cuando el adulto acepta consciente y libremente la oferta que Dios le hace y se compromete a colaborar con su gracia de una manera activa.
3. La aceptación personal de la alianza ofrecida por Dios en el Bautismo, supone cierta madurez humana. Supone una toma de conciencia y una preparación que disponga y haga más profunda esta toma de decisión.
4. Cuando se trata de cristianos adultos, no bautizados, tal preparación se hace en el catecumenado. Para los ya bautizados de niños hay que decir que escasean tales oportunidades. La misma preparación para recibir el sacramento de la Confirmación, la preparación para
II.
acercarse a la Primera Comunión, las renuncias en la vigilia de la noche pascual no suelen tener el carácter de una decisión fundamental por Dios y por la Iglesia que lleve consigo e involucre toda la vida.
Por otra parte, la decisión fundamental por Dios y por la Iglesia debe despertar en el alma el deseo de aceptar los carismas del Espíritu y de dar testimonio de Jesucristo.
Tales dones se orientan a la proclamación del Evangelio, pero, en realidad, los cristianos se muestran cerrados a ellos.
5. Dios, no obstante la imagen que el hombre se forma de El, y el alejamiento en que persiste, se le entrega en amor y, de un modo palpable; lo hace en la persona del Verbo que se encarna y se hace semejante al hombre. Se le revela como amor especialmente a través de su muerte y resurrección (Ex 34, 6; Os 2, 21; Deut 7, 9; Is 55, 3; Os 2,16; Rom 8,32; Hebr 9, 14; Ef 5. 2; Gal 2,20; ljn 4, 9ss. etc.)
La respuesta del hombre al amor de Dios es la conversión desde lo íntimo del ser que es imitar la entrega de Jesús a Dios y que se debe fundamentalmente a la gracia, pero requiere la cooperación de la persona. Esta conversión profunda coincide con la decisión fundamental del cristiano a Dios y a la Iglesia de que hablamos.
6. Esta toma de conciencia que opta decididamente por Cristo es obra del Espíritu de Jesús en el hombre; es una experiencia de su fuerza y de su poder, que viene a ser, en otra expresión, experiencia de la cruz (Hech 2, 1-3).
De otro modo: el hombre, por sí sólo, es incapaz de responder a la invitación de Dios, a participar en la alianza y a realizar cuanto implica. Pero Él toca el corazón del hombre con la luz y la moción del Espíritu Santo. Este mismo Espíritu es quien llama al arrepentimiento y da su ayuda para vivir según el mandato de Jesucristo y las exigencias de la decisión fundamental por Él (Fil 2, 5).
7. Cuando el hombre ha adquirido cierta madurez para tomar una decisión personal por Dios y por la Iglesia, Él lo llama, de algún modo, a tomar sobre sí tal decisión.
8. Al hacerla con toda verdad el hombre confiesa que él no tiene vida ni sentido por sí mismo; que todo su ser está totalmente a disposición de Dios como Creador y Padre.
Es, de otro modo, la decisión fundamental una renuncia al mal y al "maligno". Implica por tanto, una liberación y una renuncia a todo comportamiento que esté en oposición a la ley de Dios, al bien de los demás, a estar en convivencia con el poder de las tinieblas (Me 7, 2'lss.; Gal 5, 19ss.; Is 5, 23ss.; Ez 33, 11-15; Osl4, 3; 1 Tes 2,6).
9. Se trata en esta decisión fundamental de un proceso, mediante un acto de entrega y compromiso, que compromete toda la vida y todas sus áreas. Es un proceso de crecimiento en la fe.
El hombre, al entregarse personal y conscientemente a Dios está proclamando el Señorío de Dios sobre su vida pasada, presente y futura. Es el primer paso decisivo de un encuentro continuado a lo largo de todo el existir, con Dios y con sus hermanos. Ha edificado, sobre la base echada en la recepción del Bautismo, una vida de conversión y discipulado diario. Es una apropiación personal de la alianza bautismal.
10. La decisión personal por Dios y por la Iglesia, decíamos, es un proceso. Por tanto, a medida que el cristiano va viviéndola, irá llegando a niveles más profundos e invadirá nuevas áreas de la persona hasta arribar a un estado permanente de pleno compromiso con Dios y de confianza en su ayuda por la acción del Espíritu.
Esto, no obstante, habrá quizá que contar con decaimientos, crisis, etc.
11. Supuesto lo anterior, no es nada difícil situar el papel de la Renovación Carismática, más que a partir ele una teoría, de las experiencias ya prolongadas, vividas en el seno de ella a través de los grupos de oración, de las comunidades caris- máticas, de toda su vida y actuar.
Su ser específico, esencial, es precisamente ese: ser un lugar, una oportunidad proporcionada por el Espíritu en nuestros días, en la renovación del primitivo Pentecostés de la Iglesia, de preparación, de vivencia, de profundización de la decisión fundamental del cristiano
por Dios y por la Iglesia ,5
Acompañarlo en su proceso que implica todo el ser del hombre, en el desarrollo, en el crecimiento en la fe, en la vivencia cristiana de su vida a ejemplo de Jesucristo, Salvador y Señor, a lo largo de una vida ya total y definitivamente comprometida: en la decisión personal consciente que se edificó sobre el compromiso bautismal asumido, ordinariamente, por los padres del bautizado.
Ayudarle a abrirse y acoger los dones del Espíritu Santo que Él quiere darle, orientados y puestos al servicio de la edificación de la Iglesia en la caridad, y contar con la fuerza clel mismo Espíritu en la obra de santificación que desea realizar en cada uno.
Vista así la Renovación Carismática incluye toda la esencia más íntima del Evangelio y abarca todas y cada una de las áreas que pueden darse en el cristiano en todas las realidades: individual, social, etc., y en todas las circunstancias en que pueda encontrarse.
Estos son los elementos que algunos autores designan como esenciales en la Renovación Carismática.
Los elementos que, a su vez, designan como opcionales: estructura, grupos de oración, comunidades, Efusión en el Espíritu, retiros..., tienen un vínculo muy íntimo con los anteriores. Todos ellos, cada uno dentro de su modalidad especifica, se orienta a ayudar en la obra fundamental descrita. Por eso, tomados en su conjunto, ofrecen una cooperación valiosísima a la gran obra de la Renovación Cristiana en el Espíritu Santo que está en la continuidad del acontecimiento de Pentecostés.
Por eso trata de realizar, en inspiración y versión actual el modelo que el Espíritu sugirió a las primitivas comunidades, descrito en los Hechos 2, 42.
Más aún, estos elementos, que a través de los años se han mostrado de forma especial, fecundos espiritualmente y han tenido su fuerte repercusión en todos los campos donde hay que anunciar a Cristo el Señor, llevan a integrar en la vida, cada vez, con más profundidad, los focos principales de la actividad del Espíritu en la Iglesia. La oración personal, la palabra divina, los sacramentos, el ministerio, los servicios, la relación de trabajo, de amor, ele obediencia a la Iglesia, esposa de Cristo. Se la ama, porque Dios la ama y porque Jesucristo se entregó por ella.6
II.
—Notas1 "La Renovación Carismática. Evaluación pastoral de los obispos belgas", Koinonía, n. 2, en. -feb. 1980. 9.
2 El cardenal Suenens expresa de este modo el pensamiento central que venimos desarrollando, refiriéndose particularmente al
llamado Bautismo o Efusión en el Espíritu: "Digamos desde el principio cuál es la experiencia de base que constituye el alma de la Renovación. Más allá de imágenes superficiales, es necesario comprender la Renovación como una gracia que reactualiza el Bautismo y la Confirmación; como una suerte de Pentecostés personal que implica conversión, reconocimiento de Jesucristo, apertura nueva al Espíritu Santo [...] Lo que es nuevo para aquellos que han acogidolesta renovación religiosa] es que el Espíritu ha llegado a ser para ellos una experiencia de vida. El punto clave está aquí".
Como escribía el P. Sullivan, S. J., profesor de Teología en la Universidad Gregoriana ele Roma: "Los carismáticos no dudan, ni por un momento, de que el Espíritu Santo en persona sea dado en los Sacramentos del Bautismo y de la Confirmación y que Él se halla presente en cada uno de los que viven la gracia de Cristo. Pero, al mismo tiempo, creen que el Espíritu Santo ya presente en el alma, pueda hacerse presente en la misma persona de una manera nueva y decisiva, esto es, transformando esta presencia, anteriormente creída por la fe, en una realidad ele experiencia vivida. Esta mutación se indica por nuevas manifestaciones de la acción del Espíritu en la vida personal, por un sorprendente crecimiento de fuerza para ser testigos del Señor, así como por los carismas que siguen. Señalando esta experiencia 'pentecostal' inicial, que reveía una nueva presencia del Espíritu, los carismáticos insisten en decir que no conviene subrayar esta fase inicial [del Bautismo o Efusión del Espíritu Santo] en detrimento de la nueva 'vida en el Espíritu' que se instaura y que debe ser la continuación lógica. Es necesario alimentaría y sostenerla, si se quiere que la experiencia inicial dé sus frutos. El Bautismo o Efusión del Espíritu Santo, es un 'nuevo' comienzo, no un fin". Cardenal L-J. Suenens, Renouveau et puiss
anees des te fiebres, Document de Malines, 1982, 55-56.
3 Cardenal L-J. Suenens, "Enraizados en el corazón de la Iglesia"', Koinonía, n. 48, 1984, 6.
4 Cardenal L-J. Suenens, ob. cit., 7, Cfr. M. M. González Gil, Cristo el Misterio de Dios, BAC, 1976, 1-39.
5Cfr. "La decisión fundamental", Koinonía, n. 58, 1986, 7-13.
6"A través de la infinita variedad de caminos personales, esta gracia [de la Renovación] manifiesta una identidad básica. Se trata de un acontecimiento del Espíritu, imprevisible, inesperado, gratuito. Un acontecimiento que, como un mar de fondo, remueve las profundidades, cambia la faz de las cosas, hace época en la existencia, como sucede con un nacimiento. La etiqueta de 'carismática' con que se especifica esta gracia no expresa [todo] lo que es en el fondo. Porque toda experiencia fuerte del Espíritu puede incluir, e incluye, manifestaciones carismáticas. Ya estén ligadas a lugares, personas, comunidades o fundaciones, la historia de la Iglesia está jalonada de estos resurgimientos. Para situar la vertiente carismática de la Renovación, sin minimizarla ni absolutizarla, hay que recordar la distinción tomista entre gratia gratiunfaciens, nuestra gracia santificante, y gratia gratis data, la gracia carismática por la que un hermano es revestido de la fuerza de lo alto (Le. 24,49).' y se convierte en instrumento de Dios para sus hermanos. Distinción que no hay que exagerar, pero que tampoco hay que minimizar para contemplar la unidad hay que contemplar la distinción.
La Renovación en el Espíritu no es primordialmente carismática. En realidad lo que se 'reaviva' ante todo es el don fundamental de la vida teologal: la fe, la esperanza y la caridad. Esta vida recibida en el Bautismo es la que primero crece de nuevo por la comunicación del Espíritu Santo. Es su fuente y en su nacimiento el don de la gracia es anterior a toda conceptualización, a toda espiritualidad, a todo carisma; precede a las vocaciones particulares y a la diversidad de los estados de vida. Lo que se recibe por una nueva Efusión del Espíritu Santo es el don de Dios por excelencia en su misma fuente.
Preguntarse cómo 'conciliar' 1a gracia recibida en la Renovación y la vocación del jesuíta (o cualquier otra vocación particular), apenas tiene sentido, en un primer tiempo. Las realidades evocadas no pertenecen al mismo nivel de existencia cristiana. La gracia de la Renovación hace referencia al acontecimiento bautismal y, salvo parecer contrario, nadie nació jesuíta [salesiano, dominico o agustino, etc.].
La Renovación de la vida teologal afecta y dina miza de nuevo todo el edificio de la vida cristiana y religiosa, comenzando desde sus fundamentos. Esta gracia de refundación puede ser discernida claramente en los hennanos y hermanas de la Renovación que dan testimonio de su renovación espiritual. La vida de oración, la vida sacramental, la escucha de la Palabra, la vinculación a la Iglesia, adquieren un sentido nuevo y una vitalidad nueva a partir de este 'aumento' de fe, esperanza y caridad. Bajo la acción del Espíritu Santo, el hombre se hace hijo de Dios y discípulo de Jesús con una nueva profundidad. La misma vocación religiosa, la llamada al sacerdocio [al matrimonio], y el envío en misión se reactualizan como un nuevo comienzo.
[...] Por otra parte, la espiritualidad de cualquier congregación religiosa puede, además, beneficiarse de la gracia de la Renovación con nueva vitalidad, porque muchos de sus miembros vuelven a recorrer el camino de su Fundador, camino en el que lo primero es tener la experiencia de ser conducidos por Dios. Añádase también que no siempre una espiritualidad concreta, ya constituida, continúa siendo vehículo de fuerza de la experiencia original que estaba encargada ele expresar y transmitir. La Renovación constituye hoy para las familias religiosas y para su carisma fundacional una oportunidad de renovación interior y de vuelta a lo esencial.
[...] Si Dios quiere que hoy muchos hombres y mujeres hagan la experiencia de esta gratuidad de la gracia, si quiere que la Renovación sea uno de los lugares donde sopla el Espíritu no es en beneficio de la fuente bautismal, esto significa que la Renovación tiene vocación de universalidad y que es una gracia para la iglesia y para el mundo entero. Por la fuerza del Espíritu que suscita y anima la Renovación, esta tiene vocación de reavivar las gracias particulares, de reactualizar los carismas fundacionales.
Si esto es así, lo que se llama "Renovación" no pertenece a nadie. Es el discurso que los hombres tienen sobre una gracia recibida, la comunión de los que acogen una gracia del Espíritu. Esta Renovación existe desde siempre, desde que el Espíritu planeaba sobre las aguas, desde que cubrió a María con su sombra, desde la teofanía del Jordán, el discurso de Nicodemo y el viento de Pentecostés.
II.
Será para nuestro tiempo el signo de que sólo el Espíritu Santo puede realizar en nosotros la obra de Dios. A través de los testimonios que se suscitan, este signo será dado a cada cristiano, a cada institución eclesial, a cada familia religiosa, a la Iglesia entera".