CAPITULO II EL RÉGIMEN JURÍDICO EN MATERIA DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL
III.1 LA CIUDAD ENTENDIDA COMO COMUNIDAD
III.1.1 Comunidad urbana y comunidad rural
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Si tomamos la sociedad urbana industrial y la sociedad rural como tipos “ideales” de comunidades, podemos obtener una perspectiva para el análisis de los modelos básicos de asociación humana tal como aparece en la civilización contemporánea. Numerosos geógrafos, historiadores, economistas y estudiosos de las ciencias políticas han incorporado los puntos de vista de sus respectivas disciplinas en diversas definiciones de la ciudad. Por su parte, Louis Wirth1
Una definición de ciudad en sentido sociológico selecciona aquellos elementos del
urbanismo que lo caracterizan como un modo distintivo de la vida humana de grupo. En este sentido se advierte que caracterizar como urbana una comunidad sólo sobre la base de su tamaño es obviamente arbitrario
formula un enfoque sociológico del tema aunque sin pretender reemplazar a aquellas. Busca acentuar las características peculiares de la ciudad como forma particular de asociación humana.
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Sin embargo, para definir el término ciudad no podemos dejar de tener en cuenta
que la comunidad urbana se distingue por un gran agregado y una densidad de población relativamente alto. A estos criterios indefectiblemente debe adicionarse el contexto cultural en el que surgen y existen las ciudades; criterios que resultan relevantes en tanto operan como factores condicionantes de la vida social. Para propósitos sociológicos, una ciudad puede ser definida como un establecimiento relativamente grande, denso y permanente de individuos socialmente heterogéneos
, tampoco es suficiente la densidad de la población como criterio único, ni el establecimiento de límites administrativos, pues ello implica estudiarlo como un fenómeno rígidamente delimitado en el espacio. En la actualidad, sabemos que el dominio de la gran ciudad ha extendido enormemente el modo de vida urbano más allá de los confines de la ciudad misma.
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1 Wirth, Luis, El urbanismo como modo de vida, Paidós, Buenos Aires, 1962. .
2 Señala el au tor q ue l as c omunidades que p oseen un número i nferior de ha bitantes de l q ue i ndica e l
límite arbitrario, pero que se encuentran situadas en la esfera de influencia de un c entro metropolitano, tienen mayor derecho a ser consideradas como urbanas que otras de mayor extensión pero que llevan una existencia más aislada, en un área predominantemente rural. (Wirth, op.cit. págs. 12-13).
3 El m ismo a utor c onsidera qu e una de finición debe s er l o s uficientemente i nclusiva c omo pa ra
comprender toda característica esencial q ue los diferentes tipos de ciudades tengan en común en tanto entidades s ociales; y n o p uede s er t an d etallada co mo p ara t omar en cu enta t odas l as v ariaciones implícitas en las diversas clases. Véase Wirth, op. cit. pág.16.
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Para Kingsley Davis4
El criterio de proximidad territorial comprende que una población no se distribuye en forma pareja dentro de una región. Siempre hay agrupamientos de residencia, cuyos residentes tienen mayores facilidades para interactuar entre sí que entre otros agrupamientos. Cuanto más aislada y restringida es la zona, menos gente reside en ella, y mayor es la proporción de contactos primarios. Por otra parte, cuanto más rápidos son los medios de interacción, mayores son las dimensiones de la comunidad y más secundaria su estructura social.
la comunidad es un tipo especial de grupo territorial, cuya pertenencia está determinada por el hecho de compartir una ubicación inmediata. Para definir la comunidad emplea un criterio físico: proximidad territorial; y un criterio social: plenitud social.
El criterio de plenitud social señala que la comunidad es el menor grupo territorial que puede abarcar todos los aspectos de la vida social y a la vez es lo bastante amplio como para contener las principales instituciones, status e intereses que componen una sociedad. La vida social del individuo se desarrolla dentro de la comunidad Para este criterio la comunidad es independiente de otros grupos que se encuentren fuera de ella aunque forme parte de una organización mayor (por ejemplo, una tribu o una nación).
En la sociedad moderna una de las grandes distinciones es la que existe entre el medio rural y el medio urbano; aunque la diferencia es relativa y gradual, pues lo que podría considerarse el “extremo rural” de la escala no se aproxima nunca a la ruralidad absoluta, por cuanto toda aldea o poblado se encuentran sometidos a incontables influencias urbanas.
El interés que las ciudades despiertan en el sociólogo consiste en el hecho de que, una vez establecidas, tienden a ser centro de poderío e influencia en toda la sociedad, por agrícola y rural que ésta sea. Porque, hablando en términos sociales, la ciudad es una forma de vida.
4 Davies, Kingsley, La sociedad humana, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1984,
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El adjetivo “urbano” además de referir directamente aquello que es propio de la ciudad, sugiere también un amplio conocimiento de las cosas y de las personas, cierta tolerancia nacida de ese conocimiento y modales más o menos refinados surgidos de una variada vinculación cosmopolita.
Para la teoría crítica –tomando a Lefebvre como su exponente5–, la distinción entre
el campo y la ciudad representa un momento de inflexión de lo agrario hacia lo urbano, ese
cambio señala que “… la ciudad ya no se considera como una isla urbana en el océano
rural…”, sino que”… penetra en la conciencia y en el conocimiento como uno de los términos de la oposición ciudad-campo…”6
Para esta teoría, la inversión de la relación urbano-rural se asocia al crecimiento del capital comercial y a la existencia del mercado, de este modo la sociedad urbana surgida a partir de la lógica del capital y del mercado es distinta a las anteriores formas de organización social donde el binomio distribuía las funciones sociales conforme a las formas de dominación carismática y tradicional –en términos weberianos– en el cual la comunidad urbana cumplía funciones secundarias respecto de la vida social básicamente agraria o rural
.
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Asimismo pone en duda la teoría según la cual han sido la tierra cultivada, la aldea y la civilización las que han segregado lentamente la realidad urbana. Generaliza lo que ha ocurrido en Europa ante la descomposición del Imperio Romano y la reconstitución de ciudades en la Edad Media y toma aisladamente el modo de producción asiático de antiguas civilizaciones que generaban al mismo tiempo vida urbana y vida agraria –Mesopotamia, Egipto–. Esta tesis es poco sostenible cuando se trata de inmensos espacios donde han sobrevivido el seminomadismo y la agricultura ambulante. Por lo general la actividad agraria
. Al campo le correspondía la primacía de sus riquezas inmobiliarias, a los productos de la tierra y a la población establecida territorialmente (poseedores de feudos o de títulos nobiliarios). La ciudad conservaba un carácter heterotópico, caracterizado por las murallas y por sus barriadas.
5 Lefebvre, Henri, La revolución urbana, Alianza Editorial, Madrid, 1972. 6 Lefebvre, op. cit., págs.17-19.
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no ha superado a la recolección y sólo se ha constituido como tal bajo el impulso de centros urbanos.
Esta versión crítica sobre el surgimiento de la sociedad urbana nos ilustra sobre el problema general que enfrentan las diversas disciplinas al abordar las relaciones entre el campo y la ciudad que dista mucho de hallarse resuelto y cuyas explicaciones suelen ser fruto de alguna ideología que se antepone a la observación del fenómeno como tal.