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Concebí los cuatro pasos de la evaluación familiar con el propósito de crear una vista panorámica de la familia. Este encuadre permite al te- rapeuta observar el contexto familiar, los estilos de relacionarse de cada uno de los miembros, los antecedentes de los padres y algunos aspectos de la danza familiar. No pretende ofrecer detalles, exponer sutilezas ni mostrar gran parte de la interacción. Al final, el terapeuta contaría con un mapa qup le permitiría discernir las áreas sobresalientes y establecer los puntos en los que puede basar sus intervenciones: las conexiones que pueden apoyarse y reforzarse; las áreas de fortaleza que debe respetar y los patrones disfuncionales que necesita cuestionar. En general, es una buena plataforma para fo►mular estrategias terapéuticas que evolucio- narán y se transformarán conforme avanza la terapia. Ni más ni menos.
Colofón
La vida está llena de sorpresas y a veces son agradables. Este caso fue uno de los primeros en los que seguí el modelo de evaluación de cuatro pasos, y al poco tiempo de que volví a casa recibí una nota de seguimiento del terapeuta en la que me relataba lo que ocu- rrió después. Me escribió que había pedido a la familia que llamara para concertar una cita cuando estuviera lista, pero como transcu- rrieron seis meses y no tenía noticias de ellos, él mismo llamó y los invitó a ir. Pedro y Josefa llegaron solos, y lo que le contaron fue que todos y cada uno de los miembros de la familia funcionaban de maravilla. Sara dejó de tomar loS medicamentos inmediatamente después de la evaluación familiar. Pasó un mes en Londres apren- diendo inglés, cambió en muchos sentidos y se sentía feliz. Alberto y Javier trabajaban, y cuando discutían, Pedro tenía la responsabili- dad de ayudarlos a resolver sus conflictos. Pedro dijo que le gusta- ba hacerlo y le contó al terapeuta, en tono de broma, que también le gustaba que Josefa siguiera teniendo ocho brazos. El informe conte- nido en la carta terminaba con entusiasmo y signós de admiración.
No esperaba eso y, de hecho, no he tenido ese tipo de respuesta con ninguna de las otras familias que describimos en este libro. (En
nuestro trabajo, es común que no nos enteremos de los resultados de nuestros esfuerzos; es una de las cosas que hacen difícil esta profesión.) La evaluación familiar es precisamente eso: una eva- luación; un comienzo del camino por recorrer; un instrumento útil que ofrece orientación a la conversación y experiencia terapéuticas. Pese a todo, ¡admito que me siento muy feliz de empezar este libro con una nota tan optimista!
Marco terapéutico Organización familiar
Quizá es un hecho universal que en la organización de la familia creada por el hombre, las mujeres sean el centro de la vida familiar: a la vez medio gerentes y medio trabajadoras sin salario, que llevan la carga de que la familia funcione. Así, la familia Martínez cayó en el modelo familiar de "la madre aglutinada y el padre desligado". También es común que las madres de familias grandes seleccionen a un hijo, a menudo ,una hija, para que sea su ayudante. El pro- blema se presenta cuando esta organización se vuelve demasiado rígida y el peso de la familia entera recae en los hombros de la hija. Así ocurrió con Sara.
Los Martínez se dividían por género en subsistemas en los que no se esperaba que los hombres participaran en los quehaceres do- mésticos y las mujeres trabajaban demasiado. La competencia y el sentido de responsabilidad de Josefa (la madre) tuvieron el efecto de mimar y desplazar a Pedro (el padre), cuya autoridad se puso en entredicho.
Perspectivas individuales
Sara: una joven brillante, responsable y competente, que necesita- ba sentirse aceptada, sufría del destino frecuente que espera a los
hijos parentales: tenía responsabilidad sin autoridad. Se sentía re- chazada e impotente para funcionar como madre sustituta de sus hermanos adolescentes. En su calidad de confidente de su madre, se sentía impelida a representar el papel del padre. Su función en la familia y su sentido de sí misma era ser buena hija.
Josefa: empezó de niña a ocuparse de sus hermanos y madre, y
como adulta se convirtió en la responsable del cuidado de la fami- lia extensa. Su modelo de ser, común en su cultura, era lo normal para ella. Por tanto, transmitió su experiencia a Sara, quien vivía en un mundo donde la responsabilidad de cuidar a otros con frecuen- cia cancela el satisfacer las necesidades individuales.
Pedro: su familia lo aceptaba como hombre de la casa, pero le exigía muy poco. Lo protegían de las preocupaciones y, en con- secuencia, se le privó de participar plenamente en la vida de la familia. En pocas palabras, era como muchos padres desligados. Aunque podía aprovecharse al máximo de su esposa e hija, tam- bién sufría por la falta de respeto que creía merecer como padre de familia.
A los 18 y 16 arios, respectivamente, Alberto y Javier todavía son "los niños". Aunque los dos chicos trabajaban mucho y tenían buenas-calificaciones en la escuela, se esperaba muy poco de ellos
en la casa. Al parecer, los estaban preparando para desempeñar un papel muy parecido al de su padre: el de patriarca sin poder.
Estrategias de intervención
Acicateé a Pedro con suavidad al implicar que había perdido el res- peto de su familia: "¿Te gusta que [tu esposa) te proteja?", y al decir después que los muchachos "tienen dos madres, pero no tienen padre. ¡Qué interesante!" Poco a poco, Pedro se puso a la altura de las circunstancias y, al final de la sesión, empezó a reclamar parte de la responsabilidad que había permitido que se atrofiara.
Para los Martínez, que viven eh upa zona rural de España, el modelo de una familia aceptada dentro de su cultura es tradicional:
los padres son responsables de cuidar y controlar a los hijos. En
vista de que la familia funciona bien en muchos sentidos, tengo confianza en que lo único que necesitaba era afinación. Estos dos cambios (liberar a Sara de sus responsabilidades de cuidadora y
darle espacio para desarrollar sus posibilidades creativas, y rein-
trod ucir a Pedro a sus funciones de padre) requirieron que Josefa contuviera su inclinación natural a cuidar y proteger a- los demás.
Técnicas
Como nací en una zona rural de Argentina, me senil cómodo y
familiarizado con los Martínez, y este sentimiento permeó mis interacciones; me convertí en el tío viejo. En este contexto, mis cues- tionamientos a la familia estaban aderezados con humor, metáforas
y enseñanza de las opciones, pero sin dejar de apoyar su capacidad. Los síntomas de Sara se describieron desde diVersas perspectivas; esto introdujo novedad y confusión, con lo que se perdió peso en la definición de Sara.
Cuestioné la preocupación excesiva de Sara por su madre cuan- do señalé las implicaciones que tenía (ella estaba haciendo el trabajo
de su padre, cuidaba a los hermanitos) y sus posibles consecuencias
(se sentía deprimida). Lo que no hice fue decirle que estaba equi- vocada o que debía cambiar. Señalar los actos de las personas y sus consecuencias les ayuda a verse con mayor claridad y les permite pensar en realizar cambios. Decirles qué hacer únicamente las irrita. Si Sara, de 22 años, quiere dejar de actuar como madre sustituta
en la familia, tiene que empezar a preocuparse más por su propia vida fuera de la familia. Hice alusión a esta perspectiva cuando expresé: "Ser buena es difícil. ¿Puedes ser mala también?" Siempre que los jóvenes están aglutinados dentro de sus familias, el 'simple hecho de hablar con ellos sobre lo que hacen o no hacen fuera de la familia, inicia el avance hacia la autonomía.
La misma complementariedad entre el exceso y la falta de in- volucración también aplica a la relación entre padres e hijo. Para
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ayudar a los padres a dejar que su hijo crezca, tal vez sea necesario examinar qué los mantiene separados. En el caso de los Martínez, no parecía haber ningún conflicto importante que separara a Pedro y a Josefa. Por tanto, limité mis exploraciones y estímulo a la asocia- ción de Pedro con Josefa como padres. Cuando le comenté a Josefa que ella era tanto madre como padre, fue un mensaje dirigido a todos y cada uno de los miembros de la familia. Obsérvese también que el desafío lanzado a Pedro y a los chicos para que fueran más responsables, se planteó en términos de apoyo a su competencia, en lugar de reprenderlos por su incompetencia.
CAPÍTULO