Resumen
Desde hace más de un siglo, la frontera sur de México ha sido un lugar de destino de fl ujos migratorios laborales provenientes de los países centroame- ricanos, especialmente de la vecina Guatemala. Sin embargo, en el último cuarto del siglo XX la dinámica migratoria fronteriza se volvió más compleja porque no solo aumentaron los volúmenes de migrantes internacionales, sino que confl uyeron distintos fl ujos; algunos de ellos tienen como destino a esta región de México y otros la utilizan como lugar de tránsito en su migración hacia los Estados Unidos de América. En todos estos fl ujos la presencia de las mujeres es relevante y, aunque ha sido poco visible, ha cumplido un papel laboral importante.
Este capítulo se dedica a resaltar la presencia de las mujeres migrantes in- ternacionales en la frontera sur de México, pero la intención principal es seña- lar las precarias condiciones laborales y la sistemática violación a sus derechos como trabajadoras y migrantes que llegan o cruzan por esta región fronteriza.
Palabras clave: mujeres migrantes, frontera sur, condiciones de trabajo, derechos.
1 Una versión preliminar de este artículo se publicó con el nombre “Migración en la frontera sur de México: mujeres hacia y a través del Soconusco”, en el libro coordinado por Blanca Villaseñor y José Moreno Mena (2006), Las mujeres en la
migración. Testimonios, realidades y denuncias, Mexicali, B. C., Albergue del Desierto/Centro de Reintegración Familiar
Introducción
Una característica que en general se ha destacado recientemente en distin- tos contextos en el mundo es la creciente complejidad y la diversidad en los procesos migratorios internacionales, que se evidencia mediante los mayores volúmenes de migrantes, las modalidades e intensidades de la migración, así como la participación más autónoma o independiente de mujeres, e incluso de niños, niñas y adolescentes. Posiblemente la complejidad no sea algo nuevo. Cada época en la historia de la humanidad tiene su propia complejidad en los procesos de movilidad poblacional en los que hombres y mujeres han partici- pado de distinto modo. En la época actual, al menos desde el último cuarto del siglo XX, en un mundo cada vez más globalizado, se ha afi rmado que todos los países están involucrados en desplazamientos internacionales de personas, bien sea como países de origen, de destino, o de tránsito, muchos de los cua- les, además, combinan estas modalidades migratorias en distinto grado (UN, 2004; CMMI, 2005). La complejidad y la diversidad, de este modo, han con- tribuido para que la migración internacional sea considerada como una de las variables demográfi cas importantes para la formulación de políticas públicas (Martine, Hakkert y Guzmán, 2001; CMMI, 2005) y, cada día más, constituya tema de debates, incluyendo los teóricos y conceptuales2.
En el caso mexicano, la mayor complejidad relacionada con la diversi- dad y simultaneidad de procesos migratorios internacionales, se ha evidencia- do más claramente desde mediados de la última década del siglo XX, como resultado de la intensifi cación de los fl ujos migratorios en tránsito. En espe- cial, en la frontera sur de México3, este creciente número de migrantes cen-
troamericanos y de otros países se sumó al fl ujo tradicional de trabajadores temporales provenientes de Guatemala, y a los contingentes de inmigrantes ya establecidos en los estados fronterizos con Belice y Guatemala. A estos ti- pos de migración, a su vez, se agregaría la salida de mexicanos de los estados fronterizos hacia entidades del noroeste de México, las ciudades de la fronte- ra norte y los Estados Unidos4. Además, a esta triple movilidad internacional,
2 Ver, por ejemplo, los trabajos compilados en los libros de Massey et al. (1998) y de Portes y De Wind (2006). 3 En sentido territorial muy amplio, la frontera sur de México es una región constituida por cuatro entidades o estados mexicanos (Chiapas, Tabasco, Campeche y Quintana Roo) que están limitados geográficamente con Guatemala o Belice por una línea quebrada que, de acuerdo con la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), es compartida a lo largo de 960 km. con Guatemala y 186 km. con Belice (sin incluir 80 km. de línea imaginaria que demarca el limite sobre la Bahía de Chetumal). Cerca de la mitad de esta Línea Divisoria Internacional de 1146 km. (o 1226 km. si se incluyen los 80 km. de la Bahía de Chetumal) es terrestre, mientras que el resto es fluvial. En un sentido territorial más acotado, la zona fronteriza del sur de México abarca 23 municipios de los cuatro estados fronterizos mencionados (18 municipios de Chiapas, dos de Campeche, dos de Tabasco y uno de Quintana Roo).
4 México en general se caracteriza por ser un país de fuerte expulsión de migrantes a los Estados Unidos; sin embargo, a nivel regional hay diferencias en el calendario de incorporación a dicho flujo. Los estados fronterizos del sur sólo
más recientemente se ha incorporado la migración de retorno a localidades de la región.
En esta dinámica de complejidad y diversidad, nos interesa documentar la participación femenina en los procesos migratorios de tránsito por México y de destino a este país. En específi co, nuestro interés se centra en la expe- riencia migratoria de mujeres centroamericanas y, en determinados fl ujos, de mujeres guatemaltecas. Para ello, nos basamos en datos que hemos recopilado en algunos estudios llevados a cabo fundamentalmente en la región fronteriza5
del Soconusco6, en Chiapas, y más recientemente, en algunos de los estados
fronterizos con Belice y Guatemala.
La migración femenina en contextos fronterizos
Como lo hemos enfatizado en otras publicaciones (por ejemplo, Rojas y Ángeles, 2011b), partimos del reconocimiento de la participación de las mujeres en los procesos migratorios y de su agencia en tal experiencia, ya sea que lo hagan con propósitos de reunifi cación familiar o de acompaña- miento de familiares varones, o bien como migrantes autónomas que bus- can insertarse en mercados laborales con el fi n de mejorar sus condiciones de vida y la de sus familias (UNFPA, 2006)7. Esta participación se produce
según diferentes arreglos de toma de decisiones en los hogares, en los que se combinan presiones e incentivos de carácter económico, social y político que están afectados por relaciones de género y jerarquías de poder (Szasz, 1999; Ariza, 2007; Hondagneu-Sotelo, 2007), así como por relaciones y condiciones vinculadas con la pertenencia de clase, étnica, religiosa y gene- racional, entre otras posibles. Relaciones y condiciones que cambian según cada contexto y sus circunstancias. Por lo cual, reconocemos la necesidad de enfatizar que no podemos tratar a las mujeres migrantes como un solo
recientemente cobraron un nuevo dinamismo emigratorio, intensificando su participación en la migración internacional al vecino país del norte (ver, por ejemplo, López, 2010).
5 Al referirnos a la región fronteriza, estamos considerando, como lo señalara Jan de Vos, que lo fronterizo no sólo alude a una línea o franja territorial divisoria precisamente delimitada (border o frontera limite), sino que, además, hace referencia a un territorio o a una región en expansión (frontier o frontera frente) (De Vos, 2002: 50). En esa doble connotación, las fronteras son al mismo tiempo ámbitos de rupturas y de continuidades, es decir, regiones que se extienden y que adquieren dimensiones transfronterizas e identidades propias, que las distinguen de los territorios que separan (Castillo, 2002: 31). 6 Dada la intensidad en las actividades e intercambios en ambos lados de la frontera, se ha conformado una región binacional, cuyo centro nodal es la ciudad de Tapachula, en la costa del Soconusco, y Quetzaltenango, en el altiplano guatemalteco. En términos de César Ordóñez, se trata de un área binacional de regiones fronterizas, entendida ésta como “la unidad que conforman una o más regiones fronterizas subnacionales de un país y sus contrapartes, la región o regiones fronterizas vecinas del país colindante” (Ordóñez, 2006: 55).
7 Esta participación, también involucra a mujeres que sin ser migrantes son afectadas por dichos procesos, tal como sucede en casos de mujeres que “se quedan” en el lugar de origen mientras otros integrantes del hogar son migrantes. Para efectos de este capítulo, dicho grupo de mujeres no es analizado.
agregado ni que podemos hacer generalizaciones sobre sus experiencias en la migración.
El avance en los estudios con perspectiva de género y con enfoques en los que se reconocen las distintas formas de desigualdad social, así como el cre- ciente interés de diferentes actores respecto a la necesidad de hacer visible la participación de las mujeres en los procesos de desarrollo económico, político y social, han puesto en las agendas nacionales e internacional la necesidad de formular políticas específi cas enfocadas hacia la migración de mujeres y hacia la vigilancia del respeto a sus derechos. En concordancia con estas preocupa- ciones, en nuestros trabajos hemos buscado hacer visible las problemáticas que enfrentan las mujeres centroamericanas en sus experiencias migratorias, reconociendo que ellas están expuestas a distintos riesgos y que según los con- textos y circunstancias enfrentan distintas vulnerabilidades8.
Como ya se ha señalado, este interés se focaliza en las experiencias de mujeres inmigrantes y de mujeres en tránsito por México, quienes se enfrentan a situaciones en las que sus derechos económicos, sociales, culturales y civiles pueden ser negados, sobre todo si consideramos que, por su estatus migratorio, una parte de ellas se ve expuesta a distintos riesgos, los cuales se han exacerba- do por las preocupaciones de seguridad nacional que los gobiernos de la región han enarbolado para justifi car la aprobación y ejecución de disposiciones de verifi cación y control que buscan frenar la migración indocumentada, medidas que, a su vez, afectan a otras personas migrantes debido a la mayor exigencia de requisitos para mantener su estancia regular. Estas restricciones han conlle- vado a la limitación de derechos y a la exposición a riesgos que, a su vez, se constituyen en mecanismos de exclusión social y en problemas de integración de los migrantes en los lugares de destino.
Con esta idea, en este capítulo, en primer lugar nos referiremos a los distintos movimientos de población en la frontera México-Guatemala que he- mos estado analizando, para después hacer referencia a grupos específi cos de mujeres migrantes, exponiendo algunos de los problemas que enfrentan como migrantes en México y algunas recomendaciones al respecto.
8 En general, las definiciones de vulnerabilidad han pasado por un proceso de revisión y ampliación hacia una aproximación más comprehensiva respecto a la susceptibilidad, la exposición a peligros o amenazas, la capacidad de respuesta y la capacidad de adaptación y/o recuperación (Rojas, 2011b). La vulnerabilidad es un concepto multicausal y multidimensional, pues los riesgos pueden tener varios orígenes y afectar a individuos, grupos y comunidades en distintos planos de su bienestar, de diversas formas y con diferentes intensidades (Busso, 2001). Así entendida, la vulnerabilidad es un proceso, pues puede modificarse –disminuir o aumentar- según los contextos particulares en que se genera y según la capacidad de respuesta a los distintos riesgos (Rojas, 2011b).
Migraciones en la frontera México-Guatemala
La historia de las migraciones internacionales en la frontera México-Guatema- la comienza desde el establecimiento formal de los límites entre los dos países en el siglo XIX. El inicio de esta historia está ligado al proceso de moderniza- ción y colonización que se emprendiera por aquellos años para tratar de inte- grar a la región del Soconusco, Chiapas, con el resto del territorio mexicano, lo que alentó la inmigración de un grupo de alemanes proveniente de Guatemala para que se estableciera en dicha región y en regiones aledañas para dedicarse al cultivo de café en grandes plantaciones, actividad económica que deman- daría mano de obra proveniente tanto de Guatemala como de la región de los Altos de Chiapas (Castillo, 1997; De Vos, 2002, Nolan-Ferrell, 2012).
Durante varias décadas, estas plantaciones (de café, cacao y plátano) de- pendieron tanto de unos como de otros trabajadores. Sin embargo, en la década de los treinta del siglo XX, los indígenas de los Altos de Chiapas se constitui- rían en una fuerza de trabajo básica para sostener la economía de la región del Soconusco (Rodríguez, 1989). Años más tarde, en la década de los cincuenta y, en particular, en la de los setenta, la afl uencia de trabajadores guatemalte- cos se reactivaría, después de un proceso de liberación de mano de obra en Guatemala y de que los indígenas de los Altos de Chiapas y los trabajadores provenientes de Oaxaca y de otros estados vecinos dejaron de llegar tanto al Soconusco como a otras regiones chiapanecas (Ibid)9. Esta mano de obra
proveniente del vecino país sigue siendo fundamental para la economía de la región, y actualmente se emplea en un mayor número de cultivos y activida- des agrícolas. Básicamente, se trata de mano de obra estacional y de retorno (Castillo y Ángeles, 2000; Ángeles, 2010b), aunque a lo largo de la historia regional hay trabajadores guatemaltecos que se han establecido en territorio mexicano.
Más recientemente, se ha documentado la presencia de trabajadores tem- porales guatemaltecos en actividades no agrícolas en la región, mediante in- formación recopilada con la Encuesta de Migración en la Frontera Sur (EMIF Sur)10, lo cual no implica que esta afl uencia de mano de obra no se produjera
9 Sobre la historia y explotación de la mano de obra en las plantaciones de café, ver por ejemplo, Baumann (1983) y Bartra (1995).
10 Desde el año 2004, cuando se comenzó a aplicar, y hasta mediados de 2008, se denominó Encuesta de Migración en la Frontera Guatemala-México (EMIF GUAMEX). Se trata de una encuesta de flujos laborales, que se aplica a personas de 15 años y más. En los primero años, captaba flujos laborales de guatemaltecos a México, pero desde 2008 también capta migración en tránsito por México proveniente de Honduras, El Salvador y Guatemala, mediante información proporcionada por personas de estas nacionalidades devueltas desde Estados Unidos y México. El proyecto es coordinado por El Colegio de la Frontera Norte, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, el Consejo Nacional de Población, el Instituto Nacional de Migración y la Secretaría de Relaciones Exteriores. Actualmente, en la frontera México-Guatemala, la encuesta se aplica
antes del año 2004 (año de la primera edición de la encuesta), tal como sucede con el caso de las trabajadoras domésticas (INM et al., 2012). Es necesaria una indagación histórica y etnográfi ca al respecto para reconocer esta partici- pación y matizar las afi rmaciones sobre la diversifi cación del mercado laboral. Más adelante, haremos referencia a algunos datos sobre la presencia de estos trabajadores.
En la región, igualmente, se han asentado inmigrantes de distintas nacio- nalidades. En particular personas originarias de Alemania, Guatemala, China y Japón han contribuido desde la delimitación de la frontera a la conformación de la región. En la última década del siglo XX, igualmente, se ha registrado un incremento en los volúmenes de inmigrantes provenientes de Honduras y El Salvador, entre otros, según datos del censo de población de 2010 y de la Delegación Regional del Instituto Nacional de Migración (INM), así como de información proporcionada por los respectivos consulados en Tapachula. En mayor medida, estas últimas personas se han visto desplazadas de sus países por factores relacionadas con la pobreza, el desempleo y la violencia. La poca viabilidad para recuperarse de los desastres que ocasionaron los huracanes Mitch y Stan, entre otros eventos, es parte de la problemática que aqueja a la región y que ha forzado la migración hacia México y los Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida.
A estas migraciones, tanto temporales como más permanentes, es necesario sumar la llegada de guatemaltecos y guatemaltecas que en la década de los ochenta buscaron protección en México como resultado de los despla- zamientos originados por el confl icto armado en Guatemala (Aguayo, 1985; Rodríguez, 1989; Kauffer, 1997, 2002 y 2003). Una parte de esta población decidió quedarse en México después de la fi rma de los acuerdos de paz en Guatemala, en 1996, mientras que algunos de los que retornaron a Guatemala decidieron regresar a México, unos meses o unos años después, muchas veces enfrentando problemas con su situación migratoria11.
De manera casi paralela a estos últimos asentamientos, en México co- menzó a cobrar importancia la migración de personas indocumentadas prove- nientes de Guatemala, así como de otros países centroamericanos y, en menor medida, de latinoamericanos que intentan llegar a los Estados Unidos. Algu- nos trabajos dan cuenta de este tipo de migración para los años sesenta y, en particular, para los setenta (ver, por ejemplo, Fundación Arias, 2000 y Rincón,
en tres localidades fronterizas guatemaltecas (Tecún Umán, El Carmen y La Mesilla) (INM et al., 2012).
11 Información recopilada en campo en agosto de 2009, a partir de entrevistas a informantes clave en Santo Domingo Kesté, Campeche, y en San Isidro La Laguna, Quintana Roo, localidades donde se asentó población guatemalteca (Rojas y Ángeles, 2011a).
Jonás y Rodríguez, 2000). Pero, sin duda alguna, la afl uencia que más ha lla- mado la atención es la que se reactivó en el segundo lustro de la década de los noventa (Rodríguez, Berumen y Ramos, 2011), la cual se ha incrementado como resultado de la violencia política en Centroamérica y de las condiciones de pobreza y desempleo en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. Una notoria y a su vez alarmante característica es que esta migración se produ- ce en condiciones de creciente vulnerabilidad por el tipo de riesgos que enfren- tan quienes intentan llegar a su destino atravesando el territorio mexicano12.
Por otra parte, dada la vecindad y las relaciones históricas entre Guate- mala y México, en la región no sólo se registra migración en sentido estricto, también hay una intensa movilidad poblacional transfronteriza que es nece- sario reconocer (Rojas, 2010a y 2011a). Aunque no sea un movimiento mi- gratorio, porque no implica un cambio de residencia temporal o más o menos permanente, dicha movilidad sí reviste importancia, entre otros temas, para el análisis de la organización familiar de quienes no sólo son residentes fronte- rizos sino, al mismo tiempo, son trabajadores transfronterizos (commuters)13.
No podemos olvidar que la frontera es escenario de movimientos cotidianos de personas y de bienes, como lo han enfatizado Castillo (1997) y Fábregas (1997), por ejemplo.
Teniendo en cuenta este contexto de vecindad con Guatemala, enseguida haremos referencia a algunas características de la migración femenina en la región del Soconusco en un doble papel respecto a la migración internacional: como destino temporal, o como destino más o menos permanente, y como tránsito de migrantes. Considerando la región como destino, nos enfocaremos al caso de las mujeres guatemaltecas, mientras que para los fl ujos de tránsito nos referiremos a la participación de las mujeres centroamericanas.
Mujeres inmigrantes
Para tener una aproximación de los volúmenes de inmigrantes y la partici- pación de las mujeres en dicha modalidad migratoria, se suele recurrir a las estadísticas censales o a registros permanentes de población. Para el caso mexicano, el censo de población revela que, históricamente, el llamado stock
12 Al respecto, ver por ejemplo Amnistía Internacional, 2010; Belén Posada del Migrante, Humanidad sin Fronteras A.C. y Frontera con Justicia A.C., 2010; Gobierno Federal, 2010.
13 Según Maren Andrea Jiménez (2009: 168), lo relevante en este desplazamiento, que puede denominarse de varias maneras (movilidad cotidiana, movilidad diaria, conmutación o movilidad pendular), es que se realiza entre dos lugares con cierta regularidad y frecuencia sin que se produzca un cambio de residencia. Dicha movilidad espacial por lo general ha estado referida a actividades laborales, pero también puede estar relacionada con el estudio, la atención médica y el consumo (compras, turismo) (ver Módenes, 2008 y Jiménez, 2009).
de migrantes14, esto es, el volumen de personas nacidas en el extranjero que
residen en México, ha sido muy bajo. Desde 1895, los porcentajes han sido menores a 1% del total de la población: para los años 1930, 1970 y 2000, por ejemplo, esta población representaba 0.97%, 0.40% y 0.51%, respectivamen- te15. En el año 2010, después de 80 años, la cifra se elevó a 0.86%, como resul-
tado de la intensidad migratoria en la década del 2000 (INEGI, 2010).
Según los datos censales, en 2000 y 2010, residían en el país 23,957 y 35,322 personas nacidas en Guatemala, respectivamente. En términos por- centuales estos montos sólo representan 4.9% y 3.7% del total del stock de