Las Rosas Rojas Anuncian Balas Lluviosas, como un Pregón de Muerte que se Marchita en Vida.
CON MUCHO CARIÑO: LAS MOCOSAS Y PEGAJOSAS MOSCAS
Al terminar de leer ese mail vulgar y crudo, el miedo y la parálisis entraron en el reino de mis pensamientos. De lo poco que me conocía, deducía que era muy cobarde ante esas situaciones. Recuerdo mis tiempos de colegio, cuantas palizas sufría de parte de los más agresivos y yo salía corriendo como una gallina, con los labios pintados de espesa sangre y llorando. Realmente no me gustaba pelear, mientras que simplemente un consejo de muerte se iba a llevar a cabo por un tipo envenenado por el odio y contra eso no podía hacer nada. ¿Debía marcharme cuando todo estaba listo para la boda? ¿Juana debía saber acerca de esto?
Los pocos días siguientes fueron una sucesión de pesadilla tras pesadilla. Tras pesadilla, pesadilla... La imaginación negativa me perseguía como molestos pellizcos en mi mente ya en el tope de la paranoia. Suponía que cuando llegara a la casa, la figura de Juana se retorcía revoloteando con el movimiento de su boca espumosa por las secuelas de un veneno oculto en una caja de chocolates con mi nombre impreso, o que le iban a ofrecer algo exquisito que al instante estallara y suspendiera los sentidos a la inutilidad, entonces yo entraba en amargura. A causa de esas cosas después de leer el mail de Kevin, las veces que me veía con Juana, ella me decía que yo estaba lo más de raro, como si algo grave estuviera pasando, sin embargo como pretexto le dije que un fétido recuerdo de la niñez me estaba incomodando. Dizque porque esa remembranza se hallaba atrapada en las murallas del inconsciente y como tal, tenía que sacarlo a flote.
-Recuerda Amor, -decía Juana con cariño-, que un tronco por más pesado que sea, si se llegara a arrojar desde una altura considerable a un río poderoso y corpulento, puede hundirse por un buen rato pero sale a flote. Así sea un hecho pecaminoso, este se manifiesta cuando uno
esconde varios secretos en los riachuelos en remolinos del pensamiento, porque la naturaleza de todos los mortales es una ―autotraición‖. No te presiones, esas cosas salen en el lugar y en el momento menos pensado. Sin embargo, haz caso omiso, no hay que revivir esas cosas en escenas incómodas. Además si corres por la corriente profunda del pasado tangible te haces daño, es como si hubiera en ti verdaderos demonios desgraciados en tu imaginación, que te hacen retroceder el tiempo, así que deja que pase sola la pena.
Es molesto estar paranoiquiado. Las fases de paz han muerto. Todo el tiempo estaba asustado. Mal si estaba en la casa porque entraban y me ahogaban, mal si salgo porque me desaparecen en cuerpo y alma. Yo estaba seguro que Kevin no estaba solo detrás de mi rastro, en cambio, yo si lo estaba. Faltaban apenas dos días para la boda secreta y yo tenía la adrenalina alborotada, y el páncreas lloraba continuamente. Mi espíritu ansioso deseaba perderse con Juana en esa isla y luego cambiar de ciudad, aunque era necesario que ella no supiera nada para no preocuparla. Hace menos de un mes, Kevin había escrito esas porquerías y además, él sabía dónde vivían los papás de Juana, pero por fortuna, no había hecho nada malo. Simple y llanamente escribió eso para asustarme y ya. Era necesario inventarme esa película porque ya estaba acostumbrado a inventarme unos videos de muerte horrendos y desde luego, no iba a permitir que mis sueños inconscientes y conscientes de miedo, amargaran el manjar de felicidad que me esperaba al lado de mi amada. El martillar de los segundos presionaba mi pecho que tenía pereza de respirar. Juana llegó a mi casa y su rostro irradiaba satisfacción, como si fuera reina de los cielos pero, al verme se entristeció mucho.
-Sigues triste, ¿cierto? –Dijo con susurro tierno.
-No te lo puedo negar mujer divina, estoy perturbado por ese insuceso borroso que no quiere salir. Es como cuando uno quiere vomitar y no puede por más que uno se meta el dedo en la faringe.
-Tienes razón. Amor, tengo una idea fascinante. Nuestra boda es pasado mañana, te propongo que de regalo escribas en término general y bajo libre albedrío algo indescifrable e ininteligible para mí, verás que de esa manera puedes inventar la llave concisa para abrir el cajón secreto de tu mente y así mismo podrás descansar, es que me preocupa verte así mi vida.
-Me parece interesante lo que planteas, pero con la condición que tú misma debes escribir algo para mí.
-Listo. Tú llevas lo que hayas escrito cuando entres a la iglesia y yo te doy con todo cariño mis letras que saldrán de mis venas precisamente, antes de que se efectúe la boda, e intercambiamos papeles para que yo tenga algo de tí y tú algo de mí.
-¿Lo que se me ocurra escribir, o habrá un tópico específico?
-Cualquier cosa Tomás. –Dándome un abrazo-, quiero refrescar tu espíritu inquieto con algo sorprendente. ¿Si supiste lo que ocurrió en el pueblo con una mujer muy bella?
-No, ni idea. –Repliqué con mandíbula desencajada.
Tres individuos. Una mujer. La montaña. El abismo. Ella y ellos. La noche. El precipicio más cerca. Ella hostigada y hollada por ellos. Piedras hinchadas en gigantismo. Último miedo. Antepenúltimo placer. Luna llena de comida y cráteres. ―¡Déjenla caer!‖. Entonces la dejaron caer y parte de su sangre fue salpicando las paredes de las rocas y los árboles durmientes. ―Vamos y enterramos a esa maldita en el fondo más profundo de la selva negra‖. La madrugada era cómplice de frío. Bajaron encordados. Desendieron despacio. Cuando fueron a enterrarla, no hallaron nada de ella, sino el cráneo y los pies y las palmas de las manos.
Como hipnotizado, me desprendí de los brazos de Juana, fui a la cocina por una cerveza, la saqué del refrigerador, agarré el destapador y era tanta la ansiedad de mi alma angustiada que, con el destapador, rompí la boca de la botella pero en ese instante no me di cuenta de ello, así que la punta de la botella quedó afilada como un cuchillo de carnicero, volví a mi cuarto junto a Juana y ella no había visto la cerveza. Yo estaba como con sensación de sueño, mirando fijamente su cabello, entonces lleno de ansiedad alcé el brazo y...
-Amor mío. –Dijo Esteban sin quitarme la mirada-. Saliste esta mañana a trabajar y me dejaste una notita sobre la mesa de noche: ―Te amo más que a mi vida‖. Qué linda eres y, discúlpame por haber leído otra nota distinta que estaba en el piso de madera.
-¿Y qué decía? –dije extrañada.
-En realidad, no era una nota sino una hoja roía por la vejez amarillenta de los componentes, la dejé en su sitio pero me la aprendí de memoria porque todo lo que escribes me importa mucho, sabiendo el interés tan infinito de seguir conociéndote.
-Está bien. Esto decía lo siguiente: en los hijos e hijas, el carácter esferal intocable, me brinda senderos contradictorios que llegan al mismo sitio. Los ventarrones que gatean subjetivamente, producen frío. El ojo del sol miraba hacia abajo y la carga agridulce del sufrimiento de mi aburrimiento vuelve a cortar como un puñal la síntesis de las infladas decisiones. Ya me estoy acostumbrando a los mismos procedimientos. El sufrimiento del aburrimiento se infiltró en el esquema pueril y aporta su manifestación como un dios inestable. En la adolescencia bajo el bajo de ocasiones esporádicas me visitaba y ahora de mujer intenta poseer todo mi ser, pero no quiero dejarme. A veces, comparto momentos exquisitos con el aburrimiento y éste me ha enseñado a ser como el espejismo de un montón de gentes solitarias: tal vez, no pensar y preparar el futuro, a olvidar y exprimir la mente taciturna de mis propias falencias, en inconscientemente amar y abrigar la muerte, en ser lo que no soy, en reír en la tristeza, en fingir que no lloro y llorar cuando estoy encerrada totalmente en mí misma. En fin, el termino medio de existencia repisada en locura, me dictamina que es esencial pasar largos ratos con el dios aburrimiento, porque nutre las ideas de inseguridad y dolor soportable; cosas fundamentales para seguir viviendo felizmente deprimida.‖
-Estoy aterrada, nunca pensé que un hombre tuviera tan excelente memoria. -Amanda, discúlpame por haber leído algo tan personal.
-No te preocupes, me alegro mucho de que me haya pasado eso porque veo que te intereso y me encanta que lo hagas.
-Me parece bien amor, es bueno escribir.
-Sí Esteban, pero en hojas separadas sin importar el orden o la secuencia, creo que ese es mi estilo. De pronto, el arte más allá de la vida siempre será no declinar en las más agudas adversidades, -dije contradictoriamente-. Por ejemplo, algo que odio en mí, es escribir las trivialidades desnudas de todos los hechos porque es imposible hacerlo. Nunca pensar en crear un diario de mis propias experiencias, ni mucho menos adentrarme en la existencia de otras personas porque se perdería el valor altruista. Suena absurdo pero irónicamente es cierto. Soy en concreto una secuela maravillosamente extraña y misteriosa en los causes volitivos, un bicho fémino y poderoso que se pierde en los caminos detalladamente conocidos. ¿Será bueno estar sometido o sometida a alguien?
-No lo sé, eso depende hasta dónde llegue el límite de la bondad personal, pero igual estamos condenados a estar sometidos a la presión de algunos o algunas que nos consumen, si no fuera
así, estaríamos todos muertos de aburrimiento. Allá afuera de ti, hay muchas miradas y vainas por conocer. Uno mismo decide si se encierra parcial o totalmente.
...Entonces la botella acarició mi boca con agudeza y la sangre del labio superior e inferior se mezclaron con la espuma de la cebada. Pegué un grito de insatisfacción. El líquido rojo caía por mi mentón al piso. De la rabia por haberme cortado profundamente los labios, estallé la botella contra la pared y la cerveza nos salpicó los cabellos con el sonido de vidrios diminutos que volaban por todo el espacio con el sonido de un eco bostezando.
-Amor, cálmate. –Buscó algodón pero no encontró nada-, el dolor se va, domínate que va pasando.
Las manos tiernas de Juana tocaron mis labios y la hemorragia se contuvo instantáneamente. Se acercó a mí con una calma expresiva y me dio un beso largo que me hizo sentir excitación y dolor al mismo tiempo. Ella se tragaba la sangre sin asco y su ejemplo de tranquilidad fue transmitido. El ardor se había largado al adherirse las bandas de las viejas curitas que estaban en un cajón-botiquin y se quedaron selladas a mis labios.
La boda era el día sábado a las 4:30 de la mañana en la Amarilla Catedral de Juguete. Ya todo estaba listo. El viernes en la noche, una hoja y un lápiz frente a mí y yo sin saber qué iba a escribir. La frente estaba enjuagada de sudor. ¿Cómo hago para evadir el negativismo malvado que estaba detrás de mí y no me dejaba en paz? Las manos temblaban y no había escrito ni una sola letra. Eran las 8 p.m., y la inspiración salía a correr lejos de mi mental decaimiento. A las 10 empecé a escribir con un afán retardado, y con letras perdidas y algo enfermizas por el ambiente verde que entraba y salía de mis murallas.
No sé por qué comencé (des) construyendo un poema. Coloqué una fecha pasada en el futuro: Agosto 10/2003 y la estructura no quedó para nada convincente...
Egocéntrica faceta nace y permanece se despliega en los sentidos y fluye. No parlará una madeja establecida, volición remojada en incertidumbre...
...mi infiel calma se torna carcomida. Por declinar la bella lujuria infactible sosiego indeseable de carnes esclaviza como pozos ocultos de arena movediza magullando la debilidad sutil de mente hundiendo hasta abajo el tiempo de vela garrotando tinieblas disonantes en muerte. Succión ayunada matizando lacia soledad... ¿Qué más podría pensar?
¿Qué más podría pasar?
Arranqué del cuaderno esa hoja, la arrugué y lanzándola en el rincón más recóndito, se durmió en el estudio. ¿Qué le quería transmitir a mi futura esposa? No lo sabía en ese momento, mientras el tiempo se encogía como madera al fuego, así que pensaba que teníamos que casarnos antes del alba para volar como águilas y evadir esta atmósfera de auto hostigamiento. Los mejores momentos con ella, fueron de cuatro a seis de la mañana, teníamos la costumbre de ver la alborada deliciosa con la delicia de su afecto inexplicable. La constancia del engaño bajo la libertad de nuestro más puro amor, se desdibujaría y la fuente negra y roja de nuestros pecados, se iría sintiendo la más dulce emoción de no esconderse de nadie. Un largo rato me quedé meditabundo, ya era medianoche y ya debería estar casi listo con mi traje formal del tronco para arriba, y la falda escocesa más alta que las rodillas junto a unas medias largas y elegantes.
Mi ahorta vid aún sigue vaciada a costa de infernales devociones. He tomado vino de cadenas fríadas refinando mis sombrías adicciones.
Medio cielo trozado y enredado un litro de viento dado y helado; yo, ventilador de vida sin expirar
Enchufe atado a la toma por soltar.
Las asmáticas huellas secas que doy se van sorbeteadas bajo caos y desidia. Fracasado insecto de cambio viene hoy al envenenar mi ser con ácidos del día.
Es larga hora de ser radical y no auto enjaularme al mal para cohibir el deseo abismal...
Desechar todas esas pocas tentaciones. Drenar encantamientos en extinciones encajonando en el negro cobre del olvido siniestros pecados que ya me han herido.
Como un fantasma dulce añejaste aquí mi vida y la savia devastada de mi vid aún no va perdida...
Porque es visible tu rastro bendito hollando mi norte. Entre sangría tú y yo, procreando saliva roja y amándote.
Dejé ese poema por razones de tiempo. Desprendí la hoja y la doblé hasta que quedó en un pedacito de 6 cms. Entonces, me duché con agua caliente, me vestí a mi gusto excéntrico, me unté toda la loción, me afeité las mejillas, un nuevo peinado relucía en el espejo, cogí las sortijas, la billetera y la hoja de papel reducida sin nombre y con la fecha de aquel día: Agosto 17/2010. Entonces, me arrastré en mi camioneta Jeep Cherokee hasta el pedacito de iglesia. Los 6 testigos falsos me esperaban y yo al llegar, me llenaron de fingidas felicitaciones. Todos los accesorios y herramientas para iniciar la misa nupcial, circulaban en su sitio en un orden métrico. El sacerdote miró el reloj de su muñeca, 4:30 a.m., y su cara era consistente en alegría hipócrita.
La novia decidió llegar a pie. Estaba hospedada en el hotel Tequendama. Quería caminar sola y esa era su voluntad, sabiendo que deseaba pensar su destino paso a paso solitaria, corriéndo peligro en la tibia oscuridad. La recibí en la puerta de la iglesia. Las sombras mediocres resaltaban la belleza angélica que pronunciaba aún más con su sonrisa creciente de seguridad por lo que iba a efectuar. Le di mi hojita y ella la guardó dentro de su escote blanco con su manito pálida. En cambio, ella me dio varias hojas sueltas dentro de un llamativo sobre rojo que marcaba un fuerte contraste. En mi cintura colgaba una cartera combinada genialmente con la falda que tenía puesta y sobre ella, metí el sobre rojo. Entramos a la Catedral de Juguete. Seis almas que iban a presenciar la boda, junto al sacerdote que se dispondría a transformar o soldar dos almas en una sola, eran un prospecto ácido de felicidad. El ritual inició sin ninguna irregularidad y el transcurso se forró con las mismas palabras de todos los mismos siglos:
-―Aceptas a Juana Arciniegas como tu esposa, en la salud y en la enfermedad...‖ -Sí, acepto. –Dije con firmeza, con la mente en blanco.
―Aceptas a Tomás Fernández como tu esposo...‖
-Sí, sí acepto. –Su voz se perdía en una barca de presentimientos negros y rotos.
―Si alguien tiene algo que decir, -dijo el sacerdote-, a cerca de esta unión, que hable ahora o calle para siempre‖.
-¡Yo tengo algo que decir! –Una voz trasnochada de transfondo se amplificó en el acto.
Por imprevista sorpresa, en ese preciso instante apareció Kevin con los ojos en llamas y con voz zombie, rompió la secuencia normal del pacto que se iba a efectuar. Quedé helado al verlo pintado todo de negro, con su rostro siendo el lado espeso de la oscuridad. En cuanto a su mano derecha, cargaba una pistola y en esa escena vislumbré el presentimiento de la muerte únicamente rondando sobre mi existencia, (ahora si más preciada que cualquier cosa).
-¡Que yo tengo algo que decir! Ahora mismo, brevemente, Le llegó la hora Tomás. ¡Aquí nadie lo puede salvar! Está en buen sitio para recitar sus últimas oraciones.
Mis piernas se mecían de un lado a otro. La respiración se contuvo, estaba convencido que ya era el momento de alejarme del mundo del cual no resistía largarme. No pensaba en nadie más,
solo en mí mismo. El corazón pensaba salirse del pecho, correr y perderse lejos de la iglesia. Todos mis miembros temblaban escandalosamente.
Kevin arrojó la primera ráfaga de balas sobre 6 testigos prostituidos, y ellos cayeron al suelo de imágenes de santos como un machetazo agudo sobre plantas altas y delgadas.
-Hijo mío, -dijo el sacerdote-, perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Esta es la casa de Dios, por favor no cometas este sacrilegio, tú sabes que El Altísimo condena el homicidio. Hijo mío, hijo mío, baja el arma y no hagas más daño. –Su voz trataba de ser calmada pero el miedo la transformaba en gemidos arrugados-. Arrepiéntete de lo que haz hecho. Baja esa pistola, Dios te está viendo y eso no está para nada bien. Además, todos los asuntos y resentimientos se resuelven mediante el diálogo. No lo hagas. Tomar justicia con tus propias manos no es correcto. La venganza es un demonio que envenena el alma, por favor, baja el arma.
-Eso no sirve de nada ahora, -su brazo estaba bien extendido apuntando con suave terror a los tres-. Ojalá Dios te reciba en las mansiones del cielo y abra las gigantescas puertas para que ingreses, aunque eso no sea creíble.
Kevin disparó y arrojó con sangre fría un balazo que hundió la frente del sacerdote. La pepa de hierro salió por su nunca y penetró en una de las llagas de un pie de la humilde estatua divina de Jesucristo. El moderador del albo matrimonio se desplomó como un muñeco, al ser arrojado con desprecio al sótano de la muerte. El piso se revolcó al caer el sacerdote con su túnica impecable.
Había siete cuerpos durmiendo sobre el piso santo de la muerte. No se encontraban espectadores sentados en las sillas largas de madera, aunque uno de los testigos quedó dulcemente arrodillado que cualquiera que lo viera, pensaría que estaba orando con tanta fe, que la sangre de expiación de pecados se manifestaba con su llanto nostálgico de una nueva vida congelada, a las espaldas de un nuevo viaje sin destino concreto.