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La concepción del ser como presencia, el tiempo como puro presente

En la filosofía de Heidegger, en sus comienzos como docente universitario, se establecían dos vías de cuestionamiento que caminaban de forma paralela en sus primeras lecciones, la pregunta por las categorías fundamentales de la vida fáctica discurría por un camino aparentemente distinto al de la pregunta por el ser, aunque si bien esa pregunta no ha sido expresamente formulada, sin lugar a dudas su pensamiento ya estaba encaminado hacia ella. Heidegger seguramente intuía desde un principio esta esencial copertenencia entre la pregunta por el tiempo y el ser, aunque tal como dice Pöggeler, no se le había hecho manifiesta dicha conexión hasta aproximadamente el año 1922-1923, periodo en el cual habría comprendido que en la tradición filosófica el ser es pensado como ousía, como presencia (Anwesenheit), como presente (Gegenwart), lo que significaría que el ser está determinado desde un modo del tiempo. Y en razón de este descubrimiento, que en la comprensión griega del ser se oculta una interpretación de un carácter privilegiado del tiempo, será posible para Heidegger reformular la pregunta por el ser al hilo conductor del tiempo. En consecuencia:

si la filosofía no acierta la facticidad y la historicidad de la vida-su “temporalidad”-ello se debe a que desde sus comienzos los griegos han entendido el ser del ente unilateralmente desde un significado rector, es decir, como ousía o substancia, como presencia permanente de una esencia, a la que siempre puede regresarse. Esta presencia está determinada irreflexivamente desde una dimensión del tiempo, es decir, el presente o hasta un hispostasiado y eterno presente. De esta manera, desde el comienzo, el tiempo se encuentra como olvidado en la historia de la filosofía158.

De modo tal, que esta interpretación del ser desde tiempo y el reconocimiento que Heidegger hace de ello, marca un hito en la dirección de su filosofía y es un punto de inflexión en la misma, determinando lo que viene como una reformulación de la pregunta

por el ser teniendo como hilo conductor el problema del tiempo y en su destrucción fenomenológica de la historia de la metafísica reconocer como esa concepción del ser ha marcado e influenciado la historia del pensamiento occidental.

Sería por entonces, por el año 1922-23, cuando el filósofo alemán habría llegado a esta conclusión, que determinaría de forma decisiva el camino de su pensamiento, lo que significaba que por aquel entonces ya había surgido en él la pregunta por el ser y el tiempo159. Esto se lo habría comentado directamente Heidegger a Pöggeler, sin embargo,

este último se pregunta :“¿ es efectivamente verdadero que ya en 1923 esté unida la pregunta por el ser de estar en cuanto temporalidad con la experiencia de que el ser en cuanto asistencia no sea sino mero presente y, por ende, esté pensado a la luz del tiempo solo de un modo insuficiente? ¿ no fue más fuerte la ruptura del invierno de 1925/1926?”160.

Podemos decir que con la publicación de los escritos y lecciones de Heidegger de aquellos años, especialmente del tratado El concepto del tiempo que viene a completar la conferencia homónima, que data del año 1924, y recién publicada en 2004 en el tomo 64 de sus Obras completas, esta duda parece disiparse, ya que ahí Heidegger presenta con claridad la conexión existente entre la pregunta por el ser del Dasein y la interpretación del ser como ousía, como presencia, como simple presente, cuestión que si bien en los escritos o lecciones de fechas anteriores se podía intuir, terminaba por afirmarse con claridad.

Heidegger tiempo después, en un texto que dictó a Jean Beaufret veinte años después de la publicación de Ser y tiempo en septiembre de 1946, llamado La pregunta

fundamental por el ser mismo, se refiere a la importancia que tuvo para su filosofía este

descubrimiento, ahí dice, que “por haberme dado cuenta temprano de que, para los griegos, y sin que ellos mismos lo pensaran, el ser fue determinado como presencia ( o sea, a partir del tiempo), aquello me dio el guiño decisivo, de que el ser está puesto de algún modo oculto en el claro del tiempo” (GA16, 424), de esta forma, el filósofo alemán reconoce años después el alcance y el significado que tuvo para su filosofía el descubrimiento de esta determinación del ser como presencia que subyace en la filosofía griega y cuya influencia se extiende hasta la teología y la filosofía posterior, cuestión que marcaría la conceptualidad de la tradición metafísica y la comprensión misma de la temporalidad propiamente humana. La importancia de esta conexión incluso trasciende este periodo de su pensamiento y se relaciona con la pregunta por el ser mismo desde el claro del tiempo.

Hemos podido ver de qué forma en esta estancia del pensamiento de Heidegger se han presentado estas dos líneas de investigación que terminarán por confluir en una y la misma pregunta, la pregunta por el sentido del ser, cuestión que se le hará manifiesta a la

159Cf, Pöggeler, O., El camino del pensar de Martin Heidegger, op. cit., p.401. 160Ídem.

luz de la pregunta por la vida fáctica. Por una parte, veremos cómo en esta destrucción de la historia de la metafísica que el filósofo alemán pretende llevar a cabo se le revela aquella conexión entre la interpretación griega del ser como presencia, es decir, a partir del tiempo. Y por otra, en el análisis de la vida fáctica, de la temporalidad inherente a ella, se nos revelará que su ser tiene como carácter temporal primordial el futuro, cuestión en la que Heidegger no dejará de insistir y que formulará de distintas maneras, reafirmando en todas ellas la radicalidad y la importancia de esta dimensión temporal, esto hasta más allá de Ser y tiempo, aunque en este último tratado apuesta por una formulación más tímida de esta prioridad, cuestión que sin embargo, en una interpretación global de dicho trabajo, nos atrevemos a decir, sostiene el marco argumental y conceptual de la analítica existenciaria y de su proyecto de una fenomenología hermenéutica como posibilidad esencial del quehacer filosófico.

La tarea que desarrollaremos a continuación es seguir a Heidegger en su cuestionamiento del problema del tiempo, que poco a poco va adquiriendo una forma más definitiva. En esta exégesis el pensador alemán atacará el fundamento mismo de la idea tradicional del tiempo a través de la interpretación del tiempo propiamente humano, será este el acceso privilegiado para dar con la cuestión del tiempo mismo. Así lo hace saber cuando dice: “La constitución ontológica fundamental del Dasein, a partir del cual resulta posible aprehender ontológicamente la historicidad nos conduce a la explicación

fenomenológica del tiempo” (GA64,4/13), este es el camino elegido por Heidegger, que

nos lleva desde la determinación ontológica del Dasein hasta una explicación del tiempo mismo. Y en esta misma tarea, que es:

poner al descubierto al Dasein significa despojarlo de esa ontología griega que ha devenido obvia y cuyo dominio apenas resulta visible, así como desmantelar las tendencias de investigación que dominadas enteramente por esa misma ontología, de tal manera que se haga patente el verdadero fundamento del Dasein. Entendida como destrucción fenomenológica, la ontología del Dasein tiene que colocarse en la posibilidad de decidir sobre la respectiva proveniencia y adecuación de las categorías transmitidas (GA64,102-3/130).

Por lo tanto, esa interpretación de la temporalidad del Dasein, es la que entrega a Heidegger los elementos necesarios para precisar su crítica a la tradición metafísica.

Expondremos de qué forma confluyen en una misma dirección: el problema del tiempo mismo, la temporalidad humana, la destrucción crítica de la tradición metafísica y la pregunta por el ser. Aunque claro está, la meditación que Heidegger emprende por aquellos años va mucho más allá de la problemática que hemos señalado, va mucho más allá, pero sin ir más lejos de lo que plantean esas preguntas fundamentales. Ya que, si bien son muchos los flancos que Heidegger abre en esta fase decisiva de su pensamiento, no dejan de ser estos problemas señalados los que en último término conducen su reflexión, y los que él considera como verdaderamente fundamentales.

Sin embargo, ese vínculo entre el fenómeno del tiempo y la pregunta por el ser, tal como hemos señalado, no se encuentra desde siempre en la filosofía temprana de Heidegger, por el contrario, para dar con esto ha tenido que recorrer un camino largo y sinuoso, que le ha terminado por revelar la conexión indisoluble entre ambas cuestiones. Parece plausible preguntarse en esta fase de nuestra investigación: ¿Cómo llega Heidegger a esta determinación tan importante para su filosofía? ¿Qué le lleva a concluir esta conexión entre el ser y el tiempo? ¿Qué papel juega aquí la determinación de las estructuras de la vida fáctica?; ¿La pregunta por la vida fáctica y la pregunta por el ser recorren caminos completamente distintos o siempre subyace en ellas una cierta conjunción? ¿ En qué momento se le hizo visible a Heidegger qué en la concepción del ser como presencia se oculta un modo del tiempo? ¿Cumple alguna función en este descubrimiento el problema ontológico del advenir? Estas son algunas de las interrogantes esenciales que trataremos de dilucidar en este capítulo clave en esta fase de nuestra investigación; interrogantes todas ellas, que tienen una finalidad: mostrar la progresión del problema del tiempo en la filosofía temprana de Heidegger y de este modo hacer visible la importancia y la radicalidad que le es propio al problema ontológico del advenir como clave en la articulación de la pregunta por el ser y como alternativa a la concepción del tiempo de la tradición filosófica y, por lo tanto, como reverso del tiempo de la metafísica.

En su investigación, Heidegger se vuelca sobre la facticidad de la vida (como lo señala en sus primeras lecciones universitarias), poniendo en duda la comprensión del tiempo elaborado por la tradición metafísica. Cuestión que se ha podido apreciar en la interpretación que Heidegger realiza de las epístolas paulinas, de las Confesiones de Agustín y del Lutero de la reforma, marco conceptual que nos han entregado un poderoso material de análisis en el recorrido que sigue Heidegger en su discusión con la tradición. Es precisamente, en el marco de esta discusión con la filosofía precedente, que aparece Aristóteles como aquel que le brindará al pensador de la Selva Negra el aparato conceptual para llevar a cabo este trabajo destructivo. Empero, no debemos olvidar que ha sido Aristóteles el gran responsable de esta comprensión del ser, que ha determinado la historia de occidente.

La interpretación del tiempo de la vida humana es determinante para el descubrimiento heideggeriano que el ser, desde la filosofía antigua, es interpretado como simple presencia, como puro presente. Toda vez, que desde sus lecciones de filosofía de la religión, donde expone la temporalidad de las comunidades cristianas primitivas, y en sus primeros esbozos de una analítica de la existencia que realiza en el Informe Natorp; la temporalidad de la existencia se comprende como algo indisponible, más allá de una posible objetivación, como un ser abierto de forma señalada hacia el futuro, y no como algo que está ahí presente que se puede verificar y calcular.

A. ELTRATADOYLACONFERENCIA ELCONCEPTODELTIEMPO

Entre los trabajos en los que Heidegger profundiza en el problema del tiempo, aparecen dos del mismo nombre El concepto del tiempo, en los cuales de alguna forma se da ese paso entre su filosofía temprana, cristalizada en sus lecciones universitarias de Friburgo y una que podríamos denominar como segunda etapa, en la que se puede ver una configuración más estructurada de su analítica del Dasein y la reformulación de la pregunta por el ser, tomando como fundamento la conexión entre ser y tiempo que se oculta en la interpretación del ser de origen griego. Una de ellas es la conferencia el

concepto del tiempo, que Heidegger presento ante la Sociedad Teológica de Marburgo el

día 25 de julio de 1924, publicada en el año 1989 por la editorial Max Niemeyer, y algo distinto es el tratado que lleva el mismo nombre y que como hemos dicho se publicó en el año 2004 en el volumen 64 de la Gesamtausbage y que había permanecido inédito hasta esa fecha. Este tratado, según el editor de la conferencia Harmut Tietjen fue preparado en el año1924161.

Este trabajo es de vital importancia para nuestra investigación, dado que en él se desarrollan con mayor detenimiento y profundidad, los fenómenos que constituirán la estructura de la analítica existenciaria. Si bien su esquema argumentativo y conceptual es aparentemente similar al que tiene la conferencia, puesto que se profundiza aún más en dichos fenómenos y se muestra como un proyecto más acabado. Además, en rigor, se plantea ya la problemática ontológica que le es inherente a la cuestión del tiempo, el vínculo entre la cuestión del ser y del tiempo, cuestión que no es tratada en la conferencia. Otra cosa a tener en cuenta, es que ya se utiliza en gran medida el aparato conceptual con el que se plantea la destrucción fenomenológica de la tradición metafísica. Esto lleva al editor F.-W. von Herrmann a señalar:

el tratado de El concepto del tiempo contiene, pues, los elementos fundamentales de Ser

y tiempo y, en cuanto tal, incluye también la temática de la sección tercera de Ser y tiempo, ya que en las últimas páginas de la abreviada sección IV del tratado se expone

la interpretación del sentido del ser a partir del tiempo. Y, finalmente, también se menciona explícitamente la destrucción de la historia de la ontología, es decir, la problemática de la segunda parte de Ser y tiempo. Por todo ello se puede afirmar con todo derecho que el tratado El concepto del tiempo del año 1924 constituye el texto embrionario de Ser y tiempo (GA64,132-3/141).

Lo que el editor viene a decir, es que este tratado viene a iluminar de forma notable y desconocida hasta el momento, el camino que lleva a Ser y tiempo y permite conocer el nivel de desarrollo que la investigación heideggeriana acerca del tiempo había alcanzado en este periodo de su pensamiento, cuestión que por lo demás, quedaba sino cerrada, bastante limitada con la sola publicación de la conferencia dado que, “La conferencia no ofrece ninguna información acerca de si el autor en el verano de 1924 había conseguido ya

un esbozo completo de su obra principal, ni sobre la medida en que lo había conseguido. Aunque solo sea por causa del propósito limitado de la conferencia, no se aborda la cuestión del sentido del ser en general”162, se podría pensar entonces que solamente se

trataría de un trabajo abreviado, especialmente preparado para un auditórium particular y formaría parte de un estudio mas profundo y extenso del concepto del tiempo que contendría el germen de la obra de 1927.

La información respecto a este tratado provenía principalmente del trabajo de Kisiel de 1993, The Genesis of Heidegger’s Being and Time, razón por la cual solo se tenía una información de segunda mano. Por ello, su publicación supone una verdadera novedad con una importancia señalada para nuestra investigación. Además, tiene un valor añadido, también encontramos ahí una serie de notas, llamadas por el editor notas

marginales (Randbemerkungen), concretamente 194, que presumiblemente datarían del

período comprendido entre 1924 y 1926, es decir, Heidegger las escribió mientras trabajaba en la elaboración de Ser y tiempo (Cf. GA64,128/136). Estas notas permiten

contrastar las distintas formas de plantear la cuestión del advenir, que a veces adquiere formulaciones realmente interesantes, pero que no se materializan más que en notas y no en los trabajos o lecciones que conocemos.

Este tratado nunca llego a publicarse tal como lo tenía presupuestado Heidegger para el año 1925 en la Deutsche Vierteljahresschrift für Literaturwissenchaft und

Geistesgeschichte. Según Herrmann, este trabajo habría sido motivado en gran parte por la

reciente publicación del intercambio epistolar entre Dilthey y el conde Yorck, cuestión que el mismo Heidegger refrenda al comenzar su trabajo cuando comenta: “la publicación de la correspondencia entre Wilhelm Dilthey y el conde Paul Yorck me brinda la ocasión para comunicar de manera provisional la siguiente investigación sobre el tiempo” (GA64,3/11). Es decir, al momento de la publicación de dicha correspondencia, el filósofo alemán ya trabajaba en una investigación sobre el tiempo.

Heidegger en una carta enviada a Rothacker (el editor de la futura publicación del tratado) desde Marburgo con fecha del 15 de diciembre de 1923, le comenta lo siguiente: “tengo entendido que la publicación de las cartas de Dilthey es realmente inminente. Si usted lo considera oportuno, a propósito de la publicación me gustaría pronunciarme en su revista con más detalle sobre el trabajo de Dilthey” (GA64,130/139). El joven profesor consideraba de suma importancia para su trabajo poder opinar sobre esta correspondencia entre Dilthey y Yorck que estaba próxima a publicarse, dado que entendía que ahí se encontraban importantes elementos que debía incluir obligatoriamente en su incipiente investigación respecto al tiempo.

Sin embargo, este proyecto no llegó a materializarse por múltiples problemas, que más que nada tenían que ver con la extensión de su trabajo, razón por la cual terminó por

desechar dicha publicación, si era imposible decir lo que él estimaba que tenía que decir, no creía oportuno publicarlo. Con cierta ironía le comenta a Löwith en una carta del 17 de diciembre de 1924, “Mi “tiempo” era demasiado grande para Rothacker (…) la recensión aparecerá ampliada en el Jahrbuch” (GA64,132/140). Pero este trabajo no llegó a publicarse hasta 2004, en la edición de la Gesamtausbage volumen 64, por lo cual de alguna forma permaneció en el anonimato, lo que por años impidió conocer cual era el estado real de la investigación heideggeriana acerca del tiempo en aquel entonces.

En cuanto a la ya mencionada relación entre El tratado El concepto del tiempo y

Ser y tiempo, hacemos hincapié en que estos trabajos no se sitúan en una amplitud

conceptual y temporal muy marcada, sino al contrario, podemos decir, que por 1923 y 1924 ya estaba en marcha ese proyecto filosófico que culminaría en Ser y tiempo, más que en marcha, se puede sostener que el desarrollo de la investigación respecto a la cuestión del tiempo estaba ya bastante avanzada, por lo que este tratado supone un verdadero punto de inflexión en la investigación de la génesis del escrito publicado en 1927. Así lo indica el editor, cuando sostiene que “en la primera frase del tratado Heidegger habla de “una comunicación provisional de la siguiente investigación sobre el tiempo”. La expresión “comunicación provisional” alude a la obra capital Ser y tiempo, que en aquel momento estaba en una fase de desarrollo y con la que el tratado se estrechamente ligado” (GA64,132/141). Queda claro que este trabajo es relevante para el estudio de la génesis del pensamiento heideggeriano, pero también tiene una enorme importancia para nuestra investigación, sobre la importancia, el significado del problema ontológico del advenir en