1. Los autores y su época 23
1.3. El concepto de bárbaro 58
La característica más relevante para clasificar a los seres humanos en el siglo XVI, aparte de la ubicación geográfica o las puramente biológicas, como la talla, el peso, etc., era el comportamiento. Cuando se trataba de hacer una descripción y hacer una clasificación de la naturaleza de los pueblos americanos, se presentaban algunos problemas por todos los elementos del orden cultural de los europeos que intervinieron para definir lo que era un ser humano propiamente dicho. A partir de la observación del sistema de creencias, las prácticas matrimoniales, la forma como preparaban la comida, entre otras, los europeos sabían con qué clase de hombres estaban tratando. Pero al reconstruir su modo de vida en las descripciones, se quedaban cortos. Aunque hicieran todo tipo de clasificaciones, la
mayoría de los que no compartían sus costumbres, y también casi todos los no cristianos, incluyendo pueblos muy avanzados, eran considerados por ellos, como “bárbaros”45.
Es necesario detenerse en el término bárbaro, pues encontraremos que fue utilizado con mucha frecuencia en la crónica de Aguado y Medrano. Pagden ha señalado que este concepto tenía como función describir a los pueblos o sociedades que no pertenecían a la del observador. Como la tarea de los observadores europeos era describir y clasificar a los extranjeros, nunca se interesaron por clasificarse así mismos. Suponían que ellos eran lo que el bárbaro no era46. Esta forma de denominar a los extranjeros, venía desde Grecia y
Roma. Retomando escritos de filósofos como Aristóteles, encontramos una descripción muy interesante, que fue discutida por los escolásticos. Para los griegos de la época helenística, el bárbaro era alguien que no hablaba un idioma comprensible, pues tener una lengua inteligible estaba directamente relacionado con el razonamiento. Según esta lógica, los bárbaros estaban privados tanto de lo uno como de lo otro. Por estas razones se consideraba que ellos no compartían los valores culturales colectivos de la comunidad helénica. Por ejemplo se suponía que estaban incapacitados para construir ciudades y vivir en ellas. No podían establecer reglas, acuerdos o consensos para estar en comunidad, mucho menos vivir en concordancia con unas normas civilizadas. Todas estas razones llevaban a concluir que esos pueblos de “afuera” eran inferiores, desposeídos de la virtud, y por lo tanto, no podían formar gobiernos legítimos y necesitaban ser sometidos por los
45 Para ampliar este tema consultar: Urs Bitterli, Los “salvajes” y los “civilizados”. El encuentro de
Europa y Ultramar (México: FCE, 1998).
virtuosos para aprender de ellos. Se reconocía que tenían la capacidad de aprender las virtudes, pero solo llegaban hasta allí.
Estas mismas ideas se aplicaron en los siglos posteriores. Comparando con la Europa cristiana vemos que sucedía algo parecido. Es decir, todo el que no perteneciera a la cristiandad, aquel que estuviera fuera o desconociera el credo cristiano, era considerado pagano: el equivalente al bárbaro para los griegos. Pero, según Santo Tomás, aún los hombres que se encontraban en los límites con las bestias, podían aprender la virtud y adquirir civilización. Las Casas, siempre mostró su preocupación por demostrar que los pueblos amerindios no debían ser tratados como bárbaros en el sentido en que se estaba haciendo. En su obra Apologética historia sumaria (cuya redacción empezó en 1552), considerada actualmente como un tratado de antropología comparada pues hace un paralelo entre las sociedades indígenas americanas y las clásicas de la antigüedad, trató de demostrar que los hombres del Nuevo Mundo habían sido tan salvajes y llegaron a ser tan civilizados como lo fueron los pueblos de Europa y el Cercano Oriente. Declaró que los incas y los mexicas no sólo eran iguales en sus buenas costumbres (vivir en ciudades, tener gobiernos legítimos, propiedades, etc.), sino que en muchas formas los superaban. En su constante preocupación porque se les diera a los naturales de las Indias un tratamiento correcto, Las Casas trató de definir el significado del término “bárbaro” haciendo una clasificación en cuatro clases: (1) aquellos cuya conducta era feroz y cruel; (2) aquellos que carecían de letras; (3) aquellos que no tenían gobierno ni ley; y (4) aquellos que carecían de la fe cristiana.
Según Las Casas, la cuarta clasificación era la única forma en la que se podía aplicar el término a estos grupos (incas y mexicas) pues no conocían la religión cristiana, pero sí tenían gobiernos legítimos, tenían un lenguaje y vivían en ciudades muy organizadas. En otras palabras, eran “civilizados” y sólo les faltaba el conocimiento del Evangelio. Además, en contraste con otros pueblos, ellos recibieron con amabilidad la predicación y la doctrina, y no declararon la guerra al primer encuentro con los conquistadores. Al parecer, el dominico a lo largo de sus obras usó la teoría del filósofo romano del siglo I, Marco Tulio Cicerón, sobre la naturaleza común de toda la humanidad, lo que conducía a una evolución en la cual todos los pueblos, aún los de los confines de la tierra, seguían el mismo camino porque tenían las mismas capacidades. En términos cristianos también se apoyó en la descendencia común de Adán y en la creación de todos los seres humanos a imagen y semejanza de Dios.
Aunque se puedan ver marcadas diferencias con el pensamiento de Vitoria, Las Casas, se basó en algunas ideas del teólogo tomista, como por ejemplo la convicción de que la idolatría no priva en nada a los gobernantes indígenas o a los príncipes paganos, del derecho natural de gobernar sus reinos. Todos los hombres, por bárbaros que fueran, tenían los mismos derechos de autogobierno, propiedad y libertad. Los dominicos desde los inicios de su orden, siempre estuvieron atentos a una formación intelectual muy cuidadosa en filosofía, gramática, teología y jurisprudencia. Sus sermones debían ser elocuentes y era una habilidad que se conseguía con el conocimiento de la gramática. La filosofía, era el apoyo para lograr transmitir un mensaje claro del Evangelio; la teología era la herramienta para el estudio de la Biblia y el derecho les permitía tener claras las formas de entrar en los pueblos a predicar la palabra sin quebrantar ninguna ley. Debido a esta
formación intelectual tan esmerada podemos decir que no le daban tanta trascendencia como los franciscanos a la presencia de seres sobrenaturales y malévolos como el demonio entre las comunidades indígenas, porque trataban de comprender la lógica de sus sistemas de creencias antes de juzgarlas aplicando el concepto del mal cristiano. El conocimiento detallado de la teoría del derecho natural de Santo Tomás les daba ese nivel de profundidad en el análisis del comportamiento de estos grupos. Era fundamental en primer lugar, entender la lógica (gramática) de su pensamiento, el orden natural con el que funcionaban, para poder convencerlos de aceptar o de adaptarse a uno nuevo.