Capítulo 1. Supuestos Teóricos
5.1 Conceptualización y abordaje de las emociones
Se señala que la emoción hace referencia a un patrón de acción, definido por una estructura específica de información en la memoria, de tal forma que, cuando se accede a ella, se procesa como un programa conceptual y motor (Lang, 1990).
La estructura de información en la emoción incluye tres categorías primarias: a) la que está relacionada con el estímulo desencadenante y su contexto; b) la que está relacionada con la respuesta apropiada a ese contexto, incluyendo la conducta verbal expresiva, las acciones abiertas, y los eventos viscerales y somáticos que median entre la activación y la propia conducta y c) la que está relacionada con el control sobre el estímulo y la respuesta. Este autor entiende las emociones como disposiciones para la acción que se han ido desarrollando a lo largo de la evolución a partir de reacciones de carácter adaptativo ante situaciones relevantes para la supervivencia (búsqueda de alimento, aproximación sexual, lucha, huida). El sistema conductual, incluye, tanto las acciones externas típicamente emocionales (aproximación, ataque, huida), como los efectos de la emoción en la ejecución de tareas no emocionales (atención, memoria, aprendizaje), facilitándolas o dificultándolas. El modelo de Lang, además, presta especial atención a la organización estructural de las reacciones emocionales, a sus fundamentos neurofisiológicos y a los mecanismos de activación de la emoción (Lang, 1995; Lang, Davis y Öhman, 2002). Lang asume una organización jerárquica de las reacciones emocionales en la que tienen cabida tanto los aspectos específicos como los aspectos dimensionales: En el nivel inferior de la jerarquía, predominan los patrones específicos de la respuesta emocional. Las emociones siempre se manifiestan como patrones específicos de acción dependientes del contexto, por tanto, con una topografía fisiológica y conductual específica. El miedo ante un examen se manifiesta de forma diferente al miedo a que te roben cuando pasas por una calle solitaria. Cada reacción emocional es diferente, dependiendo del contexto en el que ocurre.
En el nivel intermedio, predominan los programas emocionales, integrados por subrutinas de ataque, huida, búsqueda de alimentos, aproximación sexual. Estos programas muestran ciertas similitudes y estereotipias de respuesta ante diferentes contextos dando lugar a las llamadas categorías emocionales: el miedo, la ira o la tristeza. En el nivel superior, predominan las dimensiones emocionales. Todas las reacciones emocionales comparten determinadas características: direccionalidad (tendencia a la aproximación o a la evitación), intensidad (mayor o menor requerimiento de energía) y control (continuidad o interrupción en la secuencia conductual). Estas tres características constituyen las tres grandes dimensiones que organizan el mundo emocional al más alto nivel: valencia (agradable- desagradable), arousal (activado-calmado) y dominancia (controlador-controlado).
En relación a la emoción, Lazarus (1991, 2001) parte de una aproximación categorial o específica frente a las posturas más dimensionales. Sin embargo, reconoce, que en el ámbito de las emociones discretas, las dimensiones afectivas también son empleadas, aunque dentro de cada categoría emocional y relacionándolas básicamente con la intensidad emocional. Las propuestas de Lazarus han ido evolucionando hasta llegar a la combinación de un análisis molecular y molar del proceso de valoración, identificando con ello componentes y subcomponentes del mismo, así como el significado general que de ellos se deriva y que se vincula a una emoción concreta. El afrontamiento se convierte en el otro gran concepto de su teoría, pero, como él mismo reconoce, se solapa con procesos de valoración específicos, en concreto, con la valoración secundaria (Lazarus, 2001).
La teoría cognitiva-motivacional-relacional de la emoción Lazarus (2001) añade a los conceptos de cognición y motivación, el concepto de “relación”, que recoge el significado que se da a la interacción entre la persona y el ambiente. Según Lazarus los componentes básicos de la valoración, forman parte de los dos procesos de valoración básicos que se proponen (Lazarus y Folkman, 1984): la valoración primaria y la valoración secundaria. Los componentes de la valoración primaria serían tres: La relevancia de las metas, la congruencia de las metas, el tipo de implicación del ego.
En la tabla 1 se recogen algunos de los núcleos temáticos relacionados para algunas de las
Según este autor, las emociones son reacciones complejas en las que se ven mezcladas tanto la mente como el cuerpo. Estas reacciones comprenden un estado mental subjetivo; un impulso a actuar y profundos cambios corporales como el ritmo cardiaco acelerado y tensión arterial elevada. Enfatiza la naturaleza secuencial del proceso emocional reconociendo la existencia de dos fases: la de aparición y la de control de la emoción (Lazarus, 2000). Las emociones son producto de un significado personal que depende de aquello que para el individuo es importante y de la visión que tiene sobre el mismo y el mundo en general. Cada emoción tiene una trama argumental característica que define aquello que está ocurriendo y su significado para el bienestar individual. El entramado de la emoción consiste en siete componentes: el destino de los objetivos personales, la implicación de yo o el ego, la valoración ,los significados personales, la provocación, la tendencia de la acción, y el afrontamiento tan importante en la adaptación humana (Lazarus, 2000).
Las emociones tienen un alto poder adaptativo, ellas están directamente relacionadas con diversos sistemas fisiológicos que de alguna manera están implicados en el proceso salud- enfermedad (Friedman y DiMatteo, 1989; Grau, 1998; Cano-Vindel y Miguel-Tobal, 2001 citado en Molerio, 2004). Por lo que en la actualidad se puede precisar que las emociones positivas potencian la salud, mientras que las emociones negativas tienden a disminuirla (Fernández Abascal y Palmero, 1999; Grau, Hernández y Vera 2004; Lazarus, 2000; Mayne y Bonanno, 2001 citado en Molerio, 2004). Los procesos de afrontamiento desencadenan
toda una serie de experiencias emocionales que permiten delimitar dos grupos o tipos de emociones de acuerdo a la experiencia que proporcionan: las negativas y las positivas.
Las emociones negativas son aquellas que producen una experiencia emocional desagradable tales como la ansiedad, la ira, la tristeza, oponiéndose a aquellas que generan experiencias agradables como la alegría y la felicidad, enmarcadas en las emociones positivas. (Molerio, 2004, p. 19)