1) La edad promedio de las adolescentes embarazadas en el Hospital Materno Infantil es 16 años, la mayoría son originarias y residentes de Nuevo León, principalmente Juárez, Apodaca y Guadalupe, por lo que si se decide hacer una intervención se debe tomar en cuenta dichos municipios para la planeación estratégica.
2) El sobrepeso y obesidad son un problema importante en esta población al estar presentes en 52% de las pacientes, lo que podría ser un factor de riesgo para malos resultados perinatales.
3) La mayoría de las pacientes viven en unión libre y se dedican al hogar lo que las pone en una situación vulnerable, al no recibir ningún tipo de ingreso por sí mismas ni la pareja tener responsabilidad. Tampoco reciben apoyo gubernamental, por lo que en caso de abandono por la pareja o la familia no tienen manera de tener ingresos.
4) Todas las pacientes saben leer y escribir y la mayoría cursaron la secundaria por lo que si se quiere hacer una intervención para prevenir el primer embarazo, es necesario considerar realizarla en 6º de primaria o el primer año de secundaria.
5) La mitad de las pacientes reportaron que ya habían dejado la escuela antes de embarazarse, por lo que si bien el embarazo en adolescentes es una causa importante de abandono escolar, es necesario analizar y atender otros factores causantes de la interrupción de estudios.
6) La mayoría de las pacientes tienen planes de regresar a la escuela, lo cual sería un factor protector para evitar la reincidencia del embarazo. Entre lo que consideran necesario para poder continuar su educación es apoyo económico, guardería y soporte de sus familias; es indispensable crear una red de apoyo para las adolescentes con la finalidad de que logren sus objetivos.
7) La mayor parte de las adolescentes entrevistadas cuentan con un Smartphone y utilizan de manera regular las redes sociales, principalmente Facebook y Whatsapp, esto podría ser un buen medio de difusión de información veraz en cuanto a salud sexual. Por otro lado, pueden aprovecharse como una herramienta de intervención que ayude a proporcionarle a las pacientes el sentido de pertenencia a un grupo social, lo cual está identificado como un factor protector para evitar los embarazos a temprana edad.
8) En general, las adolescentes entrevistadas pertenecen a un grupo socioeconómico bajo. Cabe destacar que el promedio de ingresos mensual descrito por las pacientes se encuentra muy por debajo de lo mínimo indispensable para que una familia pueda subsistir en Monterrey, por lo cual se puede concluir que a) o las pacientes que se atienden en el HRMI viven en “pobreza extrema” o desconocen por completo los gastos que se realizan en el hogar, lo que indica la falta e educación financiera y conocimiento de consecuencias económicas que traerá el embarazo y posterior nacimiento de su hijo.
9) EL promedio de grado de estudios de las madres de las pacientes es secundaria, al igual que el de las adolescentes entrevistadas, por lo que observamos un patrón que se repite, el cual perpetúa el ciclo pobreza-enfermedad.
10) La edad de menarca promedio en las adolescentes entrevistadas fue a los 12.5 años, y el inicio de vida sexual a los 15 años, con tan solo 0.8 años promedio entre el inicio de vida sexual y el embarazo, por lo que es indispensable que las intervenciones que busquen disminuir el embarazo en adolescentes se realicen en edades tempranas y se propicie el inicio de métodos de anticoncepción al momento de iniciar la vida sexual.
11) La mitad de las pacientes reportaron que deseaban el embarazo y un tercio reportaron haberlo planeado, por lo que, si se quiere disminuir la tasa de embarazos, será necesario proporcionarles
a las pacientes alternativas en su proyecto de vida, razones suficientemente fuertes para decidir postergar la maternidad.
12) Un 99% de las pacientes afirmaron que conocen los métodos anticonceptivos y el 82% indicó que los considera accesibles o muy accesibles, lo que muestra que el embarazo en adolescentes no es por falta de conocimiento o disponibilidad de métodos anticonceptivos; ello es sólo una pequeña parte del problema.
13) El 55% de la población indicó que la información que recibe de salud sexual y métodos anticonceptivos ha sido en la escuela, mientras que sólo el 12% reportó haberla recibido por parte de personal médico calificado; lo que indica que es necesario involucrar más al sector salud en el área de educación sexual y asegurar que en todo momento esta información, y sobre todo, los métodos estén disponibles.
14) En cuanto a la depresión y autoestima, se identificó que no son un problema significativo en esta población, por lo que, a diferencia de otras poblaciones estudiadas, intervenciones dirigidas hacia mejorar el nivel de autoestima de las pacientes no serían de gran utilidad para disminuir la tasa de embarazos a temprana edad en nuestra población.
15) Al preguntar por las razones por las que deciden iniciar la maternidad, la mayoría de las pacientes indicaron que fue algo que simplemente sucedió, que no lo buscaban, por lo que es de vital importancia plantear estos temas a edades tempranas, ofreciendo recursos para la creación de un plan de vida y dándoles las herramientas suficientes para poder tomar decisiones que les permitan desarrollar su máximo potencial.
16) El embarazo adolescente es un problema social, que debe ser atendido de manera multidisciplinaria, tomando en cuenta los determinantes sociales, para poder romper el ciclo de pobreza-enfermedad y mejorar la calidad de vida de las pacientes y sus hijos.