Es evidente que la distribución de las oportunidades de desarrollo de los niños y jóvenes
en el país está muy correlacionada con la distribución de la pobreza evaluada desde la
perspectiva de las restricciones múltiples.
A pesar de que se observan avances territoriales importantes en términos de
oportunidades, todavía se conservan algunos patrones territoriales significativos. La franja
central de El Salvador, (identificada por el corredor de las principales ciudades, Santa Ana,
San Salvador, la parte norte de La Libertad y San Miguel) evidencian tener mejores
oportunidades de desarrollo que el resto del país. Las franjas norte y sur poseen territorios
rezagados con niveles de IOH en el límite inferior de la distribución. Entre el norte y el sur
de El Salvador, las oportunidades son mayores en el sur (costero) que en el norte
(montañoso).
Asimismo, se destaca que los municipios más interconectados, menos pobres
multidimensionales, con menor ruralidad y en algunos casos con menor vulnerabilidad
socio económico ante el cambio climático (como los cercanos a la Capital, San Salvador)
son los que han mantenido o mejorado su estatus de oportunidad. En cambio, los
territorios menos urbanos, con menor conectividad y mayor pobreza multidimensional
(como los territorios del norte de San Miguel, algunos de Morazán, Ahuachapán y
Sonsonate) presentan evidentes carencias que definen la baja oportunidad de sus niños y
jóvenes.
En este último grupo se identifican territorios donde los niños han estado históricamente
condenados a la pobreza, marcados por la falta de oportunidades crónica. Estos territorios
se ubican históricamente en la cota inferior de la distribución. Algunos ejemplos son los
pertenecientes al departamento de Morazán, como Torola, San Fernando, Yamabal,
Cacaopera, Gualococti; al departamento de Sonsonate, como Cuisnahuat y Santa Isabel
Ishuatán; Concepción de Ataco, en Ahuachapán y Panchimalco en San Salvador. En
consecuencia, la capitalización de estos territorios es la clave, con miras a un cambio
estructural que permita el empleo suficiente para la reducción de la pobreza en dichos
territorios y contribuya a la distribución equitativa de las oportunidades.
Respecto a los determinantes de las desigualdades, se demostró que el contexto
específico del niño en el hogar sigue siendo más importante para la determinación de la
probabilidad de acceder a las oportunidades, que las características territoriales comunes
a los habitantes del territorio, con excepción de las ventajas como el agua potable,
saneamiento y vivienda.
Sin embargo, se destaca que las circunstancias personales han tendido a disminuir su
capacidad de explicación en el tiempo en la mayoría de oportunidades, dando lugar a un
mayor poder explicativo de las variables territoriales. Esta tendencia territorial es de suma
importancia, pues indica que la disminución de las desigualdades puede ser corregida
mediante la inversión pública en los territorios, de tal forma que se reorienten las
oportunidades y se disipen las desigualdades.
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Particularmente, se destacan los esfuerzos realizados en la mayor cobertura de las
ventajas relacionadas a la educación. Estas se vieron intensificadas por los esfuerzos
gubernamentales y, en especial, por la influencia positiva que tiene la educación de los
jefes de hogar como medio multiplicativo en la ampliación de las oportunidades de sus
hijos.
Finalmente, otro elemento importante resultado de este trabajo son las recomendaciones
para la formulación de las políticas públicas territoriales, las cuales deben considerar que,
en la mayoría de los casos, los intentos por una mayor cobertura van acompañados de
una menor desigualdad. Por lo tanto, la capitalización agresiva de los territorios menos
afortunados tiene sentido en cuanto que en paralelo se disminuyen también las distancias
en el acceso a las oportunidades.
Algunos ejemplos de políticas públicas son detallados por Barros, et. al. (2008), cuyo
aporte es retomado a continuación debido a que se consideran relevantes para la
orientación de la política pública en El Salvador.
Uno de estos ejemplos es el caso de Brasil, donde se articularon tres esfuerzos concretos
para lograr una serie de metas identificadas que consistían en la reducción de la repitencia
escolar y las deficiencias de aprendizaje. La primera medida estuvo orientada a mejorar la
disponibilidad y calidad de los insumos escolares para el correcto desempeño de las
labores educativas; la segunda, orientada a atacar directamente la repitencia; y la tercera,
tenía el objetivo de ejecutar transferencias monetarias para brindar incentivos a los jefes
de hogar para que continuaran enviando a sus hijos a la escuela.
Otro ejemplo mencionado en la misma publicación y de interés para El Salvador es el caso
del acceso al agua en Paraguay y las asociaciones de usuarios de aguas “juntas”. Dichas
organizaciones son conformadas con la participación de las comunidades interesadas en
desarrollar los proyectos de acceso al agua, las que aportan en efectivo o en especie los
insumos necesarios para su implementación y son asesoradas técnicamente en paralelo
por el gobierno. Estas juntas también administran los accesos al agua y han tenido mucho
éxito en el país para mejorar la cobertura del agua, especialmente en área rural.
Un caso más ambicioso, pero que evidencia claramente la importancia de contar con
mediciones de oportunidad para los territorios, es el caso Chileno de “Chile Crece
Contigo”. Este es un programa gubernamental de transferencias destinado a proveer de
servicios básicos a los niños en situación de pobreza, a partir de la lógica de las
oportunidades humanas para corregir de forma temprana y sistemática las deficiencias
que potencialmente limitarán el desarrollo de los niños.
Ahora bien, en un país con poco margen para la maniobra fiscal como El Salvador, el
financiamiento de este tipo de programas es un problema. Sin embargo, en el caso
concreto de los esfuerzos educativos, coordinados con una política de transformación
estructural, las tasas de retorno pueden ser lo suficientemente atractivas para los
acreedores externos, siempre y cuando se garantice la utilización específica y un control
estricto del destino de los fondos contratados en este tipo de iniciativas.
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In document
Una evaluación de las oportunidades humanas en El Salvador
(página 40-42)