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Son muchas las conclusiones que se podían sacar del texto logrado hasta este momento. Pero para efectos del propósito por el cual se construyó el mismo: intentar definir el concepto de persona desde la antropología teológica para aportar dentro de un debate bioético en donde se esté discutiendo sobre una situación límite como la muerte, sólo saldrán a la luz en este último apartado aquellas que son más relevantes con la intención mencionada.

Tanto desde la antropología filosófica como desde la antropología teológica se puede entender a la persona como un ser consciente, libre, y digno que puede decidir ante una situación límite como la muerte. Desde ambos pensamientos, a pesar de que fundamenten sus razones de manera diferente, se entiende a la persona como un ser autónomo que es capaz de decidir. Desde la antropología filosófica se logró mostrar como la libertad de un ser entendido como persona se fundamenta en esa capacidad racional, que lo diferencia de las otras especies, de crearse una ley moral y someterse voluntariamente a ésta. Logrando de esta manera salirse del determinismo impuesto por las leyes naturales en donde no se puede hablar de libertad. En la antropología teológica también se logró reconocer a un individuo que puede ser entendido como persona y que es autónomo para decidir, aún así, voluntariamente, someta su libertad al amor de Jesús. En otras palabras, el hombre de la antropología filosófica es uno que siendo libre construye una ley moral y voluntariamente se somete a ésta logrando así fundamentar su libertad, y el hombre de la antropología teológica es uno que es libre para decidir

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someterse voluntariamente al amor de Jesús y de esa forma alcanzar su libertad

en la libertad de Jesús70.

Hablando específicamente desde la antropología teológica al concepto de persona le es inherente el ser un individuo consciente, libre y digno. Ser consciente desde la antropología teológica significa reconocerse a sí mismo como creatura de Dios, portador de su imagen, con la posibilidad de acoger su Gracia y configurarse con la persona de Jesús; ser consciente de su libertad. Por libre se entiende a un individuo con la capacidad de decidir si voluntariamente se acoge al amor de Dios, expresado en la persona de Jesús y siendo libre en Él.

En la antropología teológica el concepto de persona adquiere su mayor significado en la persona de Jesús, como se describió en el tercer capítulo; ser persona como Jesús es persona. Si bien no se mencionó dentro del recorrido del texto, vale la pena a estas alturas mostrar como para Jesús la persona era lo más importante. Es, así, que para Él la persona estaba por encima de las leyes de su cultura; la ley decía que era prohibido curar en sábado, pero Él lo hizo; la mujer que era estéril, la prostituta, las viudas (en algunos casos), y la personas enfermas eran excluidas de la sociedad y era mal visto entablar relaciones con ellos, pero Jesús no le importó estos prejuicios culturales y les dio un trato amoroso y digno como a cualquier persona normal, porque para Él, antes que cualquier cosa, lo más importante era la persona.

De lo anterior se puede rescatar como la noción de persona desde la antropología teológica aporta a la solidaridad. Pues como se ve en el párrafo anterior la actitud

70 Téngase en cuenta que el primero se somete voluntariamente a algo que él mismo construyó (la ley moral),

y el segundo, se somete voluntariamente a algo que ya está (el amor de Jesús), pero en ambos casos estamos hablando de una persona libre.

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de Jesús hacia las personas manifiesta la posibilidad de construir una sociedad más incluyente; allí la dignidad del ser humano como persona adquirió un valor que no había tenido hasta ese momento, y que es relevante para nuestros

tiempos71.

Según se pudo ver dentro de la tesis (capítulo tres), el valor sagrado de la vida no implica no morir, pues, aún muriendo, se puede estar respetando dicho valor si el fundamento de la decisión de morir se halla en el amor de Dios. Como ya lo mencionamos dentro del texto, el ejemplo paradigmático de esto es Jesús mismo quien murió por sus amigos. “No hay amor más grande que el que da la vida por su amigos” (Jn 15, 13). Por supuesto dentro de un debate bioético, desde la antropología teológica, se puede hacer un aporte muy significativo a situaciones límites como la muerte.

A pesar del intento que se hizo de lograr una definición del concepto de persona desde la antropología teológica, habiendo pasado por la antropología filosófica, se

puede concluir –intuitivamente- que es muy difícil llegar a un concepto unificado de

persona con el cual estén de acuerdo las diferentes disciplinas dentro de un debate bioético. El que aporta la antropología teológica es uno con el que se puede trabajar, pero con el cual no se pretende que las decisiones que se tomen en las discusiones bioéticas lo tengan como parámetro exclusivo, sino que sea

71“Un diálogo interdisciplinar con el conjunto de las disciplinas teológicas es una exigencia permanente en el

marco de la teoría de la ciencia. En todo ello, la perspectiva de una antropología teológica marcará el rumbo. Nos descubrirá en cada caso el horizonte de problemas. Son obvios, pues, los puntos de contacto, (…) El

Dios del cristiano es el Dios de Jesucristo. Por tanto, no podrá haber reflexión alguna en teología moral, sin referencia explícita a la cristología, porque en Jesucristo tenemos acceso al Padre. Lo que Dios exige al

hombre, eso se nos revela en el acontecimiento “Jesús”. Ahora bien, la cristología es una interpretación dada

por la comunidad cristiana, no es, de extrañar que el teólogo moral integre en su perspectiva la dimensión eclesial del conocer y del obrar moral. La Iglesia es el lugar hermenéutico privilegiado no sólo para la conversión y el seguimiento sino también para la reflexión incesante acerca del mensaje cristiano a través de los desafíos – en constante sucesión- planteados por la historia de las ideas” K. Demmer, Introducción a la

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motivo de reflexión y profundización en el intento de dar un concepto de persona

desde la bioética72.

Le es propio a la antropología teológica el estar abierta al diálogo, porque su disposición a la reflexión está fundamentada en el Evangelio mismo. Éste apareció en la historia como una propuesta al diálogo; Jesús se atrevió a dialogar con los dogmas y prejuicios propios de su contexto; el escuchar, el interrogar, el acompañar, el animar y generar esperanza fueron propios de su actitud al traer su propuesta al mundo.

Con todo y eso la aproximación al concepto de persona desde la antropología teológica como aporte al debate bioético es relevante porque:

A la noción de persona desde la antropología teológica le es intrínseco la consciencia, la libertad y la dignidad, conceptos que son manejados desde otras disciplinas cuando se refieren a la noción de persona, así fundamenten sus razones de manera distinta a como lo hace la antropología teológica.

72 Para Juan Masiá en su libro

Bioética y religión una de las actitudes fundamentales de las diferentes

disciplinas en un debate bioético es el diálogo (aunque allí está hablando específicamente de la ciencia y de la religión). “Tanto bajo pretexto de objetividad científica como con la excusa de autoridad magisterial o de

respeto a dogmas tradicionales, se han adoptado posturas exageradas de biología agresiva al servicio de ortodoxias sociales y culturales. Por eso mismo en lugar de adentrarse en el callejón sin salida de las disputas entre ciencia y religión, es preferible replantear la cuestión. Lo que se opone no es la ciencia y la religión, sino las ciencias y religiones cerradas en sí mismas y convertidas en ideologías frente a ciencias y religiones abiertas a la realidad. (…) Sin embargo, una ciencia y una religión no convertidas en ideologías coincidirían en las actitudes de salir de sí y abrirse a la realidad, aunque por caminos diferentes. Es propio de la actitud científica, en común con la religiosa, el talante de salir de sí y estar dispuestas a dejarse cambiar por cada descubrimiento de la realidad. Las actitudes básicas de preguntar, buscar, saber ignorar y reconocer la propia ignorancia no pretender valor absoluto para el propio punto de vista, y bajar la cabeza reverente y humildemente ante la realidad (ante las realidades, con minúscula, y ante la Realidad, con mayúscula) son comunes a la ciencia y a la religión genuinas, siempre ambas en camino hacia una mayor y más autentica objetividad”. Masiá, Bioética y religión, 45.

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Contribuye a que no se pierda el horizonte y la razón de ser de la bioética: la persona en sí, ¿qué es lo mejor para ella?

El estatus que la persona alcanza desde la antropología teológica le es muy relevante al significado del ser humano, pues le da a la persona el estatus de hijo de Dios, una dignidad que si se toma dentro de un contexto cultural religioso, es de un valor inigualable, teniendo en cuenta que muchas de las personas que se enfrentan a situaciones límites como la muerte pertenecen a un contexto religioso.

Es relevante porque dentro de un debate bioético es de gran importancia llegar a consensos desde lo interdisciplinario. Por decir algo, invita a reflexionar sobre el

horizonte legal, en donde la persona está por encima –incluso- de la ley, sin

pretender caer en lo ilegal.

Por último, desde la antropología teológica, persona es aquella que puede decidir ante una situación límite, quien puede fundamentar su decisión en el amor de Dios, y si logra hacerlo, no está trasgrediendo el valor sagrado de la vida.

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