Este ejercicio investigativo abordó el lugar de la imaginación narrativa en la promoción de una cultura de la empatía, a través, de las narrativas, los relatos de maestros en ejercicio en zonas de conflicto armado. Fue la experiencia de los maestros cargada de recuerdos, emociones, juicios y expectativas las que finalmente permitió dilucidar la forma como la guerra entre el Estado y la guerrilla de las FARC no fue ajena a sus contextos, volviéndose esta un asunto cotidiano incluso después de la firma de los Acuerdos de Paz.
A partir de los resultados presentados, es posible ver, a través de los relatos de los maestros, que el conflicto armado no solamente entró en la dinámica y la naturaleza de la escuela, sino que consiguió dejar una huella negativa; la involucró, aunque esta se resistiera.
De acuerdo con los relatos de los maestros, fue posible ver, que estos dan cuenta de la forma como sus vidas personales y su práctica pedagógica, han tenido que lidiar de manera frontal con el conflicto armado; familia, colegas, estudiantes afectados, coacciones por parte de las guerrillas, entre otros, han llevado a los docentes a hacer de la guerra, una temática más de sus clases.
Ejercer en medio del conflicto significa que además de atender los retos y dificultades propias que cualquier docente puede tener, también hay que hacerle frente a este, porque primero está la vida, la integridad y las posibilidades de los niños, antes que la de los mismos maestros.
Asumir el momento histórico que vive el país, implicó para los docentes responder a los cambios que como sociedad hay que dar, para que la vida del conflicto en el pasado sea diferente al futuro que está por venir. Para ello, la formación para la paz toma relevancia, pues no ha sido un tema prioritario en la formación ciudadana de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes del país.
Una forma posible de adentrarse en la discusión de la formación para la paz fue la aquí expuesta, es decir, apostarle a promover desde la escuela una cultura de la empatía, producto de fomentar desde ella misma la imaginación de la experiencia de vida propia y de los demás, la comprensión de los relatos de los otros, la interpretación y la postura crítica frente a las situaciones que afectaron de forma negativa a los demás.
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Frente a la comprensión de los relatos de los maestros, relacionado esto con el primer objetivo de esta investigación, es importante resaltar la potencia de la imaginación como recurso para la construcción de una postura crítica frente a la experiencia, es claro que con ella no solamente se construyen los relatos a través de su articulación con la memoria, sino que, en la lectura, activa la sensibilidad humada del lector.
Imaginar comprensivamente, y más allá de esto, imaginar narrativamente implica abordar un relato, mientras se vincula la experiencia del autor con la del lector. Este lazo que se genera no solamente permite identificar la similitud, o las diferencias, de acuerdo con lo que decía Breithaupt (2011), sino que permiten generar percepciones y juicios frente a las situaciones que allí se evidencian, para posteriormente, tomar una postura frente a estas.
En este sentido, imaginar comprensivamente la experiencia de los maestros a través de sus relatos permite dimensionar lo que para ellos representa el conflicto armado en sus territorios, pero también identificar sus percepciones sobre este.
Realizar una lectura crítica de las narrativas de los maestros, permite evidenciar que estos han arraigado el conflicto a sus vidas y a su profesión porque les ha tocado, y el ignorar el conflicto armado implicaría desconocer una parte de su propia historia personal; la guerra más que vivirla la han padecido, y si bien la forma de experimentarlo es dependiente de cada uno, el dolor y sufrimiento que les ha producido las dinámicas de la guerra, y el sufrimiento que ha sido coincidir con ella, es una realidad común.
Como bien se ha mencionado anteriormente, se parte de la lectura de los relatos para poder dimensionar la experiencia de los personajes, imaginar cómo sería, si uno mismo o un ser querido, se encontrara en determinadas situaciones, y reflexionar la posibilidad de decidir entre “uno” y a su vez, ser consciente de por qué no decidirse por “otro”, para resultar, con una nueva narrativa que dé cuenta del proceso desarrollado, es decir, una experiencia narrativa que constituya una práctica de cuidado, que, llevada al escenario social y las interacciones en la escuela, no solamente permiten pensar o diseñar el cambio, sino que adquieren el potencial de ser una cultura dentro de la sociedad misma: una cultura de la empatía.
En este sentido, y teniendo en cuenta que la empatía necesita legitimarse tanto emocional como racionalmente, como sugiere Breithaupt (2011), sólo es posible llegar a esta, si al momento
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de abordar los relatos de los otros, se toma a los personajes, acontecimientos, tiempos, espacios, emociones, de manera comprensiva e interpretativa, pues de lo contrario, no hay posibilidad a involucrarse y se rompe el camino cuya meta es la cultura de la empatía.
Ahora bien, sobre el valor pedagógico del fortalecimiento del pensamiento crítico a partir de las narrativas en torno a la búsqueda de la paz, esto en relación con el segundo objetivo específico, es necesario volver en primer lugar, sobre los aportes de los teóricos referenciados en el presente ejercicio investigativo.
Para Nussbaum (2010), la formación ciudadana debe generar ciudadanos del mundo, y para ello se necesita de la imaginación narrativa, que se vale precisamente de relatos para desarrollarse; Eagan (2007) por su parte ve en las narrativas un puente que puede aportar a la comprensión imaginativa, una virtud social que consiste en que a partir de la lectura de textos narrativos es posible desarrollar un principio elemental de la empatía, pues imaginar “cómo me gustaría que me trataran” implica tomar decisiones en ese sentido en el relacionamiento con los otros.
Lederach (2008) por su parte, encuentra en las narrativas, la evidencia del diseño de soluciones a problemas de diferentes sociedades inmersas en un conflicto. Y en el caso de Breithaupt (2011), prácticamente, ve en la narrativa el insumo sobre el que recae la “toma de partido en escenas de tres” y la empatía en sí misma.
Los autores encuentran en las narrativas diferentes cualidades que dejan abierta la posibilidad de un aprovechamiento pedagógico ligado al pensamiento crítico, en ese sentido, es importante entender que este último es la base de la formación para la paz.
Parte de la intencionalidad de formar a la paz, es volver de manera crítica sobre los acontecimientos del pasado, asumirlos y proponer una posibilidad diferente; es por esto por lo que, por mencionar un ejemplo, la memoria histórica no será bien aprovechada si no se revisa de forma tal que invite a los lectores a involucrarse y tener un criterio frente a esta.
Fortalecer el pensamiento crítico desde las narrativas no solamente aporta al desarrollo de competencias lectoras, sino que favorece al desarrollo de criterio frente a situaciones sociales de injusticia, lo cual es un paso esencial para entender por qué es necesario actuar de manera diferente.
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Según Lederach (2000), las concepciones de paz son relativas a los territorios, pues ningún conflicto es exactamente igual a otro, y para poder llegar a identificar las cualidades que debería tener este concepto en un contexto como el colombiano, implica también tener presente, los aprendizajes producidos del abordaje crítico del conflicto.
En este sentido, las narrativas de los maestros están cargadas de formas en que el conflicto armado trastocó sus vidas, y al abordarlas de manera crítica, además de ser posible decir que hay un conflicto arraigado al territorio, que ha permanecido gracias a diferentes formas de violencia, que la escuela se volvió un escenario más de la guerra, que la academia fue estigmatizada, que los vínculos humanos es una forma de lidiar con el conflicto y que el Acuerdo de Paz generó una ruptura, se crea una posibilidad de pensar que estas situaciones no debieron suceder, de reflexionar sobre cómo podría estar en estos momentos el territorio si el conflicto no hubiese entrado, y más importante aún, cómo proceder para resolver estos asuntos derivados de la guerra.
Una cultura de la empatía es necesaria en un contexto como el colombiano, porque se necesita aprender del conflicto, y cambiar el rumbo después de este. La apuesta de formación para la paz que esta investigación propone para llevarse a los contextos educativos hace de las narrativas el epicentro de la dinámica, porque además de ser el detonador de la empatía, es también una forma de manifestarla. Leer los textos narrativos del conflicto, abandonando la órbita del espectador, involucrándose con este y volver a “narrar” son acciones necesarias para consolidar una experiencia narrativa, que garantice entre otras cosas, que las posibilidades de un futuro conflicto desaparezcan, porque la escuela está cambiando la historia desde las aulas.
Un valioso aprendizaje que la firma de los Acuerdos de Paz genera para la escuela es que debe resignificarse, pues no se puede enseñar lo mismo, de la misma manera, ni caer en la repetición del pasado, como bien llamaba la atención Lederach. La escuela en Colombia debe ser la base del cambio, extenso y demorado, en la estructura social del país, y eso implica que ella misma, a través de los docentes, primeramente, debe reconsiderarse y reflexionar frente a cómo asumir este reto que la historia le ha asignado.
Cuando se habla de un cambio no es derrumbar la institucionalidad del país, como podría entenderse de una manera radical, sino plantear una transformación en los fines de la educación: ya no puede ser solamente formar sujetos competentes e integrales porque las necesidades del
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mercado así lo exigen, sino capaces de reflexionar su país, asumir su historia, y procurar no repetirla.
Respecto a una formación para la paz, es de suma relevancia tener en cuenta la apuesta de Nussbaum y Lederach, al insistir que se debe potenciar una conciencia más global. Sin embargo, para el caso particular de Colombia, para poder asumir los retos de la nave- tierra que se encoge, según Lederach, primero hay que atender los propios, pues la firma de los Acuerdos no solamente sirvió para desarmar a la guerrilla de las FARC, sino que ha sacado a la luz otros asuntos que siempre fueron opacados por el conflicto armado, como la corrupción misma.
Parte de formar para la paz en la escuela, implica trascender en la visión que se tiene de la paz: no es solamente la ausencia del conflicto, la realización humana como factor aislado, y las dinámicas de siempre en construcción21. Esto es insuficiente si se ignora el llamado de atención de Lederach: el concepto pertinente de paz para un Estado depende de la realidad que vive dentro de sí.
La realidad del país en el posacuerdo evidencia que el cambio como sociedad es necesario porque no se puede hacer lo mismo y pretender que las cosas cambien, ya que, bajo esa frágil lógica, es más fácil volver al conflicto que transformar el país; el Estado necesita de un relevo en su modelo social, y en sus prioridades educativas.
Se hace entonces importante también un llamado de atención, en este caso particular, al docente de lenguaje, pues tiene la tarea de extender la comprensión y la lectura crítica al escenario real de los estudiantes, incluyendo sus propias problemáticas, pero también sus potencialidades y aspiraciones.
Se hace evidente entonces, que hay que insistir en la imaginación como punto de partida no solamente para la empatía narrativa y la cultura de la empatía, sino para el cambio social mencionado anteriormente.
Además de insistir en la imaginación, también hay que insistir en las narrativas, ya que es un vehículo eficaz para transitar la imaginación hasta una práctica real de la empatía.
21Estas consideraciones tienen que ver con la Paz Positiva y Paz Negativa de Lederach, y Paz Imperfecta de Francisco A. Muñoz.
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Bajo esta lógica, la imaginación es el punto de partida de los mundos y los cambios posibles, la imaginación narrativa el inicio de la experiencia empática, y la imaginación moral, el referente donde muchas “imaginaciones narrativas” convergen, en una red de relaciones, para dialogar entre sí, para diseñar y efectuar un cambio social que visibilice a “los otros” con los que se interactúa, como sujetos que, a pesar de las diferencias, son similares y tienen también aspiraciones y posibilidades, pero muy importante también, enseñar que las problemáticas de los que padecen el conflicto, también son propias, y por eso necesitan de una postura crítica.
Como bien mencionaba Eagan, la imaginación es necesaria para la memoria, la comprensión y el diseño de los mundos posibles -coincidiendo en esto último con Lederach-, y esta primera pretensión, es el punto de partida que paulatinamente se va desarrollando y robusteciendo cuando pasa a la comprensión y a la práctica de la realidad desde los relatos, las narrativas… la historia.
La imaginación es el principio elemental de la cultura de la empatía, que es la apuesta de esta investigación. Partimos del hecho de pensar nuevas formas de relacionamiento, tal como Eagan pretendía, pues imaginar cómo me gustaría que me trataran a mí, implica adoptar posturas y acciones similares en el relacionamiento con los otros, como se mencionaba anteriormente.
La escuela es el escenario donde los seres humanos interactúan por trece o más años de su vida, allí aprenden a relacionarse y gran parte de lo que viven en este escenario resulta trascendental para la configuración de las personas en su forma de pensar, decir y actuar. Es por esto, que, si la escuela no le apuesta a fortalecer los vínculos y las relaciones humanas, el cambio en la sociedad a largo plazo será cada vez menos probable.
Para poder hacer de estos vínculos y relaciones significativas es necesario que el arte, y particularmente la literatura, encuentren en la escuela un respaldo que va más allá de la repetición literal de los acontecimientos de un relato. Una de las lecciones más valiosas de Tagore, contada por Nussbaum, es precisamente conseguir a través del arte, puntualmente el teatro y la danza, que los niños a los que enseñaba, consiguieran construir vínculos con los otros, haciendo que estos fueran significativos al ser una experiencia auténtica de su propia sensibilidad.
En el caso particular del contexto colombiano, fomentar las relaciones humanas desde la escuela es esencial, pues es un asunto propio de la convivencia entre los estudiantes y maestros,
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actores principales del escenario escolar, y además, necesaria para superar la huella del conflicto, pues como bien referenciaba Lederach, para trascender los ciclos de violencia es necesaria la red de relaciones que aparece desde la escuela permitiendo la articulación de la comprensión de los niños, el dialogo con los otros, la trascendencia del abordaje de asuntos inmediatos, locales, nacionales y globales y, principalmente, la puesta en marcha del cambio.
En síntesis, fomentar los vínculos y las relaciones humanas es una tarea de “la escuela en el posacuerdo”, porque además de ser necesarios para la convivencia escolar, son una manifestación posible de la empatía, y también, los canales y medios por los que esta puede transitar.
Para finalizar, es importante señalar que este trabajo investigativo además de la propuesta de formación para la paz expuesta también interactúa con otros actores de la comunidad académica. En el caso particular de los investigadores de la educación, este trabajo es un referente posible para revisar temas relativos a la formación para la paz en un contexto en que esto es necesario; por otro lado, teniendo en cuenta que esta investigación está adscrita al programa de Maestría en Educación de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, en el énfasis de
Ciencias Sociales, Ética, Política y Educación, es también una aproximación a esta línea, mediante un fenómeno social propio del país como en conflicto armado, donde la educación se vale de la escuela como sujeto de enunciación, a través de los relatos de los maestros, también aporta a la reflexión y la construcción de conocimiento de sí misma.
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