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7. Conclusiones

Primera. El porcentaje de mujeres supervivientes al cáncer de mama que manifestó tener conductas saludables para la prevención primaria del cáncer, tanto al inicio como al final del estudio, fue elevado. Se situó por encima del recogido en supervivientes de cáncer de otros países, y también del observado en la población femenina asturiana y española (en aquellas conductas con datos regionales y nacionales disponibles). Esto pudiera deberse a que las mujeres que aceptaron participar, fueran las más predispuestas hacia las conductas saludables. O bien, a que el padecimiento del cáncer promoviese de forma espontánea conductas saludables. En cualquier caso parece necesario, antes de implementar un programa educativo, estudiar cuáles son realmente las necesidades preventivas de la población diana.

Segunda. La mayoría de las mujeres se situaron en los estadios de acción y mantenimiento, tanto al inicio como al final de estudio, excepto para las conductas "comer alimentos integrales", "controlar el peso" y "realizar ejercicio físico". Las estrategias para promover cambios en las conductas deberían adecuarse al estadio de las personas a las que se dirijan: en los estadios de acción y mantenimiento supone un seguimiento de los participantes y, si fracasan, estudiar la atribución causal para promover reatribuciones funcionales.

Tercera. La tasa de abandono del estudio fue muy baja, menor del 8%, y ello sugiere que los programas de educación para la salud, cuyo objetivo sea modificar las conductas de riesgo de cáncer susceptibles de prevención

7. Conclusiones

160 primaria, son bien aceptados por las mujeres supervivientes al cáncer de mama de nuestra región.

Cuarta. La pertenencia al grupo 2, es decir, al grupo que recibió la intervención educativa que combinaba consejo telefónico y envío postal de material impreso, tuvo un impacto significativo con respecto al grupo control en la adquisición de dos de las tres prácticas saludables relacionadas con la alimentación, así como en la protección frente al sol. Al menos para estas conductas, la combinación del consejo telefónico y material impreso se muestra más recomendable que el envío postal de información.

Quinta. Las intervenciones educativas produjeron cambios positivos en la distribución de los pacientes según los estadios de Prochaska y DiClemente, logrando reducciones en los porcentajes de "precontemplación" y "contemplación" e incrementos en los de "preparado para la acción" y "acción", en casi todas las conductas estudiadas, aunque los más significativos tuvieron lugar en el grupo 2. Estos resultados ahondan en la conveniencia de complementar el envío de folletos informativos con el consejo personal, cuando se realicen programas de este tipo.

Sexta. Al final del estudio no se encontraron diferencias significativas en la práctica de las conductas saludables entre el grupo 1, que solamente recibió el material impreso, y el grupo control. No parece aconsejable, pues, la utilización única de este método en las intervenciones educativas multiconductuales para la prevención primaria del cáncer, en las mujeres diagnosticadas de cáncer de mama.

Séptima. La autoeficacia al inicio del estudio demostró ser un determinante con gran influencia en el avance positivo hacia el cambio en los estadios de Prochaska y DiClemente, en la práctica totalidad de las conductas evaluadas, así como en la adquisición de algunas de ellas y en el descenso del "riesgo conductual total" de cáncer. Por tanto, parece fundamental incrementar la autoeficacia de aquellas conductas sobre las que se desee intervenir.

Octava. Los estadios del modelo transteórico de Prochaska y DiClemente se han mostrado útiles como indicadores no sólo del cambio de conducta, sino también de los avances experimentados hacia la consecución de ese cambio. Estos movimientos positivos hacia una práctica saludable, también deben ser interpretados como éxitos de las intervenciones educativas sobre las pacientes.

Novena. En general, el programa educativo fue más eficaz en aquellas conductas que presentaban una menor adherencia al inicio del estudio. Para optimizar los recursos y elevar la eficacia de las intervenciones que se realicen en supervivientes de cáncer de mama, sería conveniente dirigir los esfuerzos preventivos multiconductuales en cáncer hacia aquellos comportamientos saludables menos practicados.

Décima. En nuestro trabajo, a diferencia de otros trabajos publicados, no tuvieron influencia en la modificación de las conductas ni el nivel de estudios, ni la edad al diagnóstico del cáncer de mama, ni el tiempo transcurrido desde el diagnóstico. Se necesitarían nuevas investigaciones, en supervivientes al cáncer de mama, que estudiasen la importancia de estas variables en nuestro medio.

7. Conclusiones

162 Undécima. Las mujeres que pertenecían al grupo 2, grupo que recibió la intervención educativa combinada, consiguieron reducir 2 puntos su "riesgo conductual total" de cáncer. Al final del estudio, este grupo 2 fue el que menor puntuación presentó en esta variable, aunque la diferencia con los otros dos grupos no fue significativa. Una vez controladas las variables de persona y las propias del estudio, la autoeficacia alcanzada en el pre-test fue, junto con el "riesgo conductual total" en el pre-test, el factor que contribuyó a la reducción del riesgo de cáncer.

Duodécima. Los resultados de este estudio parecen apoyar las todavía recientes recomendaciones de implementar intervenciones multiconductuales con el objeto de aumentar la eficacia de los programas educativos. Pero serían precisas más investigaciones que evaluasen su eficacia cuando se dirigen a todas las conductas de prevención primaria de cáncer, en pacientes diagnosticadas de cáncer mama.

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