LA RACIONALIDAD CIENTÍFICA DESDE LA FILOSOFÍA POLÍTICA DE LA CIENCIA
5. Conclusiones: Racionalidad científica , republicanismo y multiculturalismo
Hemos expuesto dos concepciones de la racionalidad científica con sus respectivos presupuestos y consecuencias políticas.
Por un lado tenemos la concepción moderna de la racionalidad, propuesta por Descartes en el campo de las matemáticas y de la
física y generalizada por Hobbes a a la teoría política. Esta concepción únicamente considera aspectos semánticos, lógicos, metodológicos y epistémicos, con lo cual los la actividad de los agentes productores de la ciencia, conjuntamente con sus respectivos intereses, valores, emociones, ideologías y otros atributos subjetivos son irrelevantes para el esclarecimiento del concepto de racionalidad. La justificación racional del conocimiento además de apegarse a estrictos métodos, preferentemente algorítmicos debe ser, o al menos aspirar demostraciones concluyentes que den certeza al conocimiento así demostrado. Al diluir la relevancia de los sujetos, en el lenguaje y en los métodos, esta concepción de la racionalidad soslaya la actividad que realizan los hacedores de las ciencias que proponen, comunican, discuten, establecen acuerdos y disensos sobre teorías, conceptos, métodos, valores, etc. a través procesos intersubjetivos, que no pueden reducirse a métodos e inferencias lógicas. Con ello se excluyen las actividades públicas de discusión y deliberación que en la opinión de Duhem, Neurath y otros desatacados filósofos de la ciencia post popperianos son esenciales en el desarrollo racional de las ciencias. Pero lo más importante es que esta concepción de la racionalidad científica al menospreciar el carácter público de la producción del conocimiento científico desconsidera valores y problemas extraepistémicos que de hecho inciden en la hechura de los conocimientos científicos, y a los que se refiere Neurath con el nombre de motivos auxiliares. Esta concepción de la racionalidad científica, que niega la relevancia de la discusión y deliberación pública , tiene graves consecuencia autoritarias al trasladarse al ámbito de la ética y la política, pues las decisiones racionales que en este ámbito se tomen, requieren para su justificación conformidad con una teoría adecuadamente demostrada o corroborada, de acuerdo al os cánones racionales, y puede prescindir del consentimiento y aceptación de los ciudadanos. El gobierno de expertos, tan celebrado por unos (Bacon, Comte,
Galbraith, Bell e inclusive el mismo Popper a pequeña escala) y cuestionado por otros, (Oakshott, Gadamer, Habermas, Turner, Kitcher, Fuller y muchos de nosotros) constata las consecuencias autoritarias del la racionalidad científica moderna, que pese a las críticas desde la filosofía de la ciencia de la segunda mitad del siglo XX, persiste como programa filosófico.
Por otro lado se ha expuesto una concepción alternativa de racionalidad a partir de las críticas y propuestas de los fundadores de la filosofía de la ciencia contemporánea, especialmente Duhem y Neurath. Esta concepción sostiene que si bien se requiere un lenguaje preciso y métodos confiables , por sí mismos no son suficientes para la justificación del conocimiento y siempre se requerira recurrir a la discusión plural de hipótesis y teorías, al juicio prudencia y al buen sentido. Esta concepción reintroduce la pertinencia de la actividad de los sujetos en la ciencia y reconoce que los científicos no pueden dejar fuera de la universidad, del laboratorio o de las bibliotecas ni sus teoría, ni sus valores, ni intereses epistémicos y extraepistémicos (motivos auxiliares), por lo que la discusión pública de teorías e interpretaciones se hace más necesaria, pues es el único medió para que aflore, como diría Duhem el “buen sentido” y para que se hagan explícitos intereses y juicios de valor de los científicos y puedan ser objeto de crítica y discusión ciudadana.
Por otra parte , para responder al problema de la compatibilidad entre desarrollo científico y diversidad cultural he propuesto que el espacio público de discusión sea adecuado para una representación equitativa de la diversidad no sólo de intereses, sino también de culturas y saberes relevantes. Esto significa que el saber científico y tecnológico no tiene a priori un mayor peso, un mayor valor para la solución de problemas que atañen a la sociedad , en relación con otros saberes
Este principio de equidad necesariamente conduce a poner en pie de igualdad la ciencia y la tecnociencia con otros tipos de saberes y tradiciones que constituyen están en la base de la pluralidad de formas de vida social que existen en del mundo. Pero lejos de promover un aislamiento de estos saberes, es indispensable fomentar la comunicación y el diálogo entre ellos, lo cual no sólo exige amplios programas de difusión de la ciencia y la tecnología, sino también abrir espacios de comunicación y difusión de esos otros saberes relevantes, como por ejemplo, la medicina herbolaria tan importante y eficaz en muchas comunidades indígenas del mundo. Se trata pues, de promover un amplio y plural espacio público para la comunicación y difusión de saberes y tradiciones diversas. Este tipo de espacios constituyen también oportunidades de acuerdos y consensos sobre el desarrollo de sistemas científicos y tecnocientíficos que incorporan los valores y consideraciones de las comunidades concretas que han de ser afectadas por tales sistemas. Parafraseando a Neurath, diríamos que, sólo si el procedimiento de toma de decisiones para el desarrollo de sistemas científicos y tecnocientíficos integra verdaderamente los motivos, valores y creencias de las comunidades y de la sociedad en su conjunto, es posible evitar el colapso de los pueblos y comunidades que constituyen las naciones multiculturales de nuestros días.
Si no logramos redefinir nuestra concepción y valoración de la ciencia, la tecnología y la tecnociencia, en el contexto de la multiculturalidad, entonces muy probablemente la democracia, la ciencia y la tecnología contribuirán a ahondar la injusticia social y el desconocimiento de la diversidad cultural.