1.
Esta investigación encontró que es posible dar cuenta de la comunicación en
términos teóricos y metodológicos para fomentar la participación comunitaria. Para
ello, es necesario concebir la comunicación como un proceso que es equiparable al
proceso educativo, en el cual los individuos socializan sus aspiraciones con respecto
a la sociedad y a sí mismos y construyen prácticas para alcanzar esas aspiraciones.
A lo largo de este proyecto, se consideró la participación democrática como un
proceso paralelo pero imbricado con el proceso comunicativo. La relación entre la
participación y la democracia en los términos en que fue definida, sólo tiene sentido
cuando se considera la comunicación como un proceso de reflexión y construcción
de la realidad. Para formular unas propuestas de comunicación que fortalezcan la
participación democrática es fundamental partir de esta conceptualización de la
comunicación, pero además, se hace necesario involucrarse activamente en la
comunidad, convivir con ella, con el objeto de conocer a fondo sus formas de
comunicación características y a partir de esto, considerar sus posibilidades de
afianzamiento de procesos participativos.
2.
Los referentes desde los que puede ser concebida la comunicación para favorecer la
participación contemplan las conceptualizaciones acuñadas sobre la democracia y la
participación, desde las cuales se hace necesario fortalecer mecanismos
participativos para que las comunidades puedan alcanzar el propósito de ser
democráticas.
El recorrido teórico logró conceptualizar la democracia como el pacto de convivencia que legitima los acuerdos de las mayorías sin sacrificar los derechos de las minorías, y como una construcción histórica que se busca alcanzar, que está siempre en camino hacia su
realización pero sólo puede cobrar realidad en el ámbito de lo comunitario. Desde esta perspectiva, la participación comunitaria es el eje de una organización democrática, y es un proceso que no se limita al proceso electoral. La participación se concibe como el ejercicio efectivo de control del gobierno, en el que los ciudadanos fiscalizan de manera constante las prácticas cotidianas del poder, haciendo valer su condición de constituyente primario. Así mismo, es necesario entender la participación como el proceso por el cual la comunidad se vuelve gestora de iniciativas, constructora de propuestas colectivas de comunidad que no espera que las administraciones públicas den el primer paso, sino que la controlan de manera constante, en un ejercicio que le brinda legitimidad a la elección de sus representantes.
Desde esta conceptualización teórica de la democracia participativa, la comunicación, núcleo de los procesos participativos, debe ser concebida como un proceso que da la palabra a los ciudadanos, los involucra en la formulación de proyectos e iniciativas y los compromete con la construcción de lo público. La comunicación para la participación es equiparable a un proceso educativo, entendido no como la simple transmisión de información de un sabio a un aprendiz, sino como una construcción conjunta de la realidad, como una reflexión en torno al mundo que sólo es posible cuando se considera la experiencia particular del otro. Sólo a partir del diálogo, del intercambio de ideas que los actores emprenden en la negociación de sus intereses es posible gestar procesos colectivos. La consideración del punto de vista del otro es imprescindible en una comunicación que pretenda servir para promover la participación democrática y el respeto a las minorías, de forma que estas hagan presencia en las decisiones que las afectan. La comunicación es entonces, el mecanismo a través del cual las personas discuten públicamente en qué sociedad quieren vivir y cómo deben conducirse para alcanzar estos ideales. Es un acto de reconocimiento del mundo con una doble acepción. Comunicarse es hacer uso de elementos de reflexión y construcción de destinos comunes. Bajo la concepción de la Educación Problematizadora de Paulo Freire, cabe decir que es necesario que las comunidades se apropien de sus realidades y de sus problemas como asuntos en los que sólo ellos pueden decidir. En estos términos, la comunicación es una herramienta para el desarrollo de la democracia en tanto le brinda a los individuos elementos para el ejercicio cotidiano y continuo de la democracia.
3.
De acuerdo con el trabajo de campo desarrollado, en el que se abordó el panorama
de la participación y la comunicación en el municipio de Tibaná, observamos que la
participación democrática se da en varios ámbitos que corresponden a los niveles
institucionales dispuestos para promover dicha participación. Sin embargo, como se
señaló en el análisis de los resultados, es problemático encontrar distintas versiones
sobre la frecuencia de las reuniones de espacios de participación como las Juntas de
Acción Comunal tanto con la administración como con las comunidades veredales.
En este sentido se requiere que en el municipio se formulen iniciativas concretas
que promuevan la participación y hagan frente a las prácticas clientelistas según las
cuales el momento en el que se convoca a la población para decidir es
exclusivamente el momento electoral. También se observa aquí un problema de
educación en la concepción democrática, en tanto la población del municipio
refuerza esas prácticas cuando espera de la administración obsequios, productos o
servicios gratuitos al margen de su compromiso con la comunidad. Es importante
señalar que se encontró que pueden ser utilizados con mayor provecho, espacios
como el de la junta de padres de familia de las escuelas y la red de radios para
construir iniciativas que integren a la comunidad en torno a la visión que ellos
mismos tienen de sus dificultades, de forma que puedan desarrollar estas
dificultades y darles solución.
Con respecto a la comunicación en Tibaná se observó que las personas consultadas asocian este concepto al de medios de comunicación, y parecen suponer que estos medios son benéficos en sí mismos. En ese sentido, hace falta una formación que contemple la comunicación como un mecanismo organizado que sea de utilidad para abordar las problemáticas del municipio y para integrar su visión del mundo de forma que se apropien de ella y la constituyan en un refuerzo de su propia identidad.
4.
La metodología que se propuso a lo largo de este proyecto, fue desarrollada con el
ánimo de poner a prueba la capacidad institucional para diagnosticar y promover los
espacios de comunicación en aras de fomentar la participación democrática. A este
respecto cabe decir que si bien es necesario que en futuras aproximaciones se cuente
con el nivel institucional (administración municipal) en tanto tiene herramientas de
convocatoria y capacidad de gestión, es imprescindible abordar las cuestiones del
diagnóstico de los procesos comunicativos en el ámbito de una investigación que
contemple las dinámicas internas del municipio. Aunque la metodología planteada
sirve como aproximación a las problemáticas de la comunicación en el municipio,
es necesario que se amplíe y profundice su aplicación, en la perspectiva de formular
estrategias concretas de comunicación para Tibaná.
5. Considerando la necesidad de observar los procesos comunicativos que despliega la población tibanense en su cotidianidad, podemos sugerir que la ruta metodológica a seguir para el diseño de unas estrategias de comunicación que promuevan la participación comunitaria debe contemplar dos ejercicios que deben ser continuos y prolongados a lo largo de un tiempo no menor de un año. Mediante la presente investigación se pudo determinar que la comunicación es nula en dicho municipio y que el trabajo de campo realizado durante esta misma fue un trabajo que quedo corto para el objetivo propuesto, ya que las técnicas utilizadas nos dieron un pequeño acercamiento, más no una perspectiva completa del problema de participación en dicha comunidad. Es por esto que en primer lugar, es necesario hacer uso de los métodos etnográficos para que un grupo de investigadores se interne en la comunidad y aprenda sus códigos propios y formas de relación. En este sentido, con el enfoque etnográfico busca que los investigadores describan las visiones del mundo de las comunidades y puedan comunicarse con sus miembros sin afectar las respuestas que estos naturalmente producirían ante una investigación. En segundo lugar es necesario desarrollar una aproximación con el enfoque propio de la Comunicación-Educación que no dista mucho de lo que se hace con el trabajo etnográfico, pues Paulo Freire, quien la formuló, se internaba en las comunidades y aprendía sus visiones del mundo para elaborar en ejercicios pedagógicos una visión del mundo característica de cada comunidad, en este sentido, la comunidad se constituye en un espacio similar a un aula, y desde este espacio es desde donde deben incorporarse los conceptos democráticos suficientes para que la comunidad se apropie de sus responsabilidades y derechos en el ámbito del control de la administración y la gestión de nuevas propuestas.
Desde este enfoque por lo menos teóricamente son equiparables la comunicación y la educación, pues son procesos que dan cuenta de las visiones de mundo y que no están sujetos a la corrección por parte de un agente externo. Desde el ejercicio empírico también se encontró que algunas de las personas que habían trabajado previamente en ejercicios de este tipo, como el señor habitante del municipio de Jenesano, también opinan que la ruta indicada debe partir del trabajo con la comunidad, pero en términos de que los investigadores deben internarse en ella.
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