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Los instrumentos de transferencia: Son todos aquellos fondos que contribuyen directamente a la conservación de la biodiversidad Estos fondos pueden ser el producto de

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

El problema de la conservación de la biodiversidad es más un problema político que económico. Si se considera la conservación de la biodiversidad como una política de estado, el ente central debe orientar y coordinar el conjunto de la política económica, sectorial y ambiental hacia los objetivos de conservación de la biodiversidad. Esto supone una visión holística e integrada de los instrumentos económicos y no económicos que el estado tiene a su disposición.

La biodiversidad puede ser considerada como una fuente de desarrollo y de riqueza local/regional y nacional. La valoración económica de la biodiversidad es fundamental en la medida en que i) determina los costos y los beneficios en la determinación de alternativas de desarrollo regional, ii) valora los beneficios de la conservación de la biodiversidad con miras a captar la contribución internacional y nacional y iii) contribuye a la resolución de conflictos en materia de uso de la diversidad biológica poniendo en evidencia las necesidades de financiación de la conservación de la diversidad biológica y la identificación de los incentivos económicos y no económicos dirigidos a los actores locales. La valoración económica de la biodiversidad es así el paso indispensable para la elaboración de incentivos para la gestión local sostenible de la biodiversidad. Los instrumentos e incentivos dirigidos a la conservación de la diversidad biológica deben entenderse a la vez como un sistema de trasferencia por los costos de oportunidad hacia las comunidades locales y un sistema en el cual se utilizan diferentes instrumentos de política (instrumentos económicos, institucionales, de mercado, de transferencias, reglamentarios y sociales/culturales) para generar una dinámica de desarrollo local basado sobre actividades viables con la conservación de la biodiversidad.

De manera general, la elaboración de incentivos para la conservación de la diversidad biológica supone una clara definición de los derechos de propiedad (entendido como las diferentes formas de apropiación de los recursos y de gestión de la biodiversidad) en cuanto al uso de la tierra (no de la biodiversidad) puesto que es principalmente el problema de la tenencia de la tierra la causa de los conflictos de conservación.

B I B L I O G R A F I A

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ANEXO 1

Conceptos teóricos de la valoración económica de la biodiversidad

Esta sección busca fundamentalmente hacer una sintesis del enfoque teórico que existe actualmente en materia de valoración de la biodiversidad. Valorar los recursos naturales es una noción

antropocéntrica

. Esto quiere decir que los recursos naturales tienen un valor por la importancia que poseen para los grupos humanos relacionados directa o indirectamente con ellos. Esta importancia reside en las preferencias de los individuos a conceder un valor en función de su disponibilidad a pagar (capacidad a transar) por beneficiarse de los bienes y servicios ambientales o su disponibilidad a pagar por la no degradación y/o pérdida de los recursos asociados a la biodiversidad (disponibilidad a pagar por el cambio en la oferta ambiental de bienes y servicios).

Valorar no significa conceder un precio a la diversidad en sí. Valorar significa encontrar un indicador, que expresado monetariamente, permite orientar las decisiones en materia de desarrollo que podrían ocasionar pérdidas parciales o irreversibles a la diversidad biológica. Aunque no se puede negar el valor intrínseco de la biodiversidad - o derecho de la naturaleza - cuya existencia es real, independientemente de las preferencias de los individuos, este valor es difícilmente calculable. Esto no significa que el valor económico de la biodiversidad excluye este valor. El valor intrínseco es un componente del valor total de la biodiversidad. Es así como el valor intrínseco puede estar reflejado en las preferencias de los individuos para preservar algunos ecosistemas significativos y/o especies en vía de extinción. La prueba es la acción de ciertas ONGs y agencias internacionales que buscan la conservación de esta diversidad biológica. La valoración económica trata de capturar la demanda por bienes y servicios generados por la biodiversidad y no solamente el valor que reside en esos mismos bienes y servicios ambientales (Pearce, 1996).

En materia de biodiversidad, Barbier (1992) define el concepto de

Valor Económico Total

de la Biodiversidad (ver anexo 1) según el valor de uso y de no uso. El valor de uso

directo representa el consumo efectivo de los recursos biológicos. Estos pueden ser de naturaleza consumptiva (productos maderables, la agricultura, la ganadería, etc.) o no consumptiva (actividades recreacionales, el turismo, investigación, educación, etc.). La naturaleza consumptiva hace referencia a los bienes y recursos provenientes de la diversidad biológica. Estos pueden ser transables en el mercado o pueden tener un caracter informal o de subsistencia. Por otra parte, el valor de uso directo no consumptivo hace referencia a los servicios que provee el sistema natural. Estos servicios tienen el caracter de bien común en la medida en que el consumo de un servicio (disfrutar del paisaje) no disminuye el servicio a otros agentes. En otros términos, no hay exclusividad para el usuario del servicio ni exclusión para los otros agentes.

El valor de uso indirecto representa el conjunto de las funciones ecológicas que contribuyen al sustento de las actividades humanas y naturales (el ciclo del agua, el ciclo de nutrientes, etc.).

El valor de opción representa el valor potencial de los recursos biológicos para un uso futuro. En situaciones de incertidumbre y para los individuos que tienen una aversión al

riesgo, el valor de opción representa una prima de seguro que permite asegurar el aprovechamiento de los recursos en un futuro.

El valor de cuasi-opción es una emanación del valor de opción. El valor de cuasi-opción permite tener en cuenta las situaciones de incertidumbre e irreversibilidad que pueden resultar de las decisiones tomadas en el presente. Esta noción implica posponer una decisión hasta que el individuo adquiera el conocimiento y la información necesaria para la toma de decisión. En realidad, el valor de cuasi-opción representa la flexibilidad intertemporal de los individuos a medida que se eliminan progresivamente la incertidumbre y la irreversibilidad de las acciones con el tiempo. Se puede asimilar el valor de cuasi- opción al valor de la información obtenida después de haber tomado una decisión entre varias secuencias de decisiones posibles. Por ejemplo, si la elección presente es decidir entre conservar el bosque tropical o explotarlo y si se deside por la conservación, se tendrá de nuevo la posibilidad de optar entre conservar y explotar el bosque tropical en un tiempo futuro. En el caso contrario, si se decide explotar el bosque tropical y esta decisión implica cambios irreversibles, no se tendrá más opción que continuar explotando el bosque tropical. Si entre estos dos periodos de decisión, el conocimiento y la información fortalecen la idea de conservar en un segundo periodo - en el caso de un descubrimiento científico sobre la flora y la fauna, por ejemplo - el valor de cuasi-opción representaría el potencial de información sobre los beneficios futuros que se obtendrían si la decisión de conservar el bosque tropical se toma ahora. En materia de biodiversidad, su conservación puede perfectamente ser justificada por el valor de cuasi-opción (Faucheux & Noel, 1995).

El valor de existencia es el valor que se le asigna a los recursos naturales por el simple hecho de existir. Representa el valor intrínseco del medio natural. El valor de legado es el valor que se le asignan a los recursos naturales considerando que para las generaciones futuras estos pueden representar un valor de uso o de existencia.

El valor de no uso (valor de opción, de cuasi-opción y valor de existencia) es la noción más difícil de expresar mediante un indicador “monetario”. Varias razones pueden ser evocadas. La primera corresponde tanto al grado de conciencia colectiva que los agentes tienen para conservar la diversidad biológica por su simple existencia como al nivel percibido de responsabilidad y/o compromiso hacia las generaciones futuras. Unos de los límites encontrados por los economistas es el no poder evidenciar las necesidades y por consiguiente, las preferencias de generaciones que aún no existen. Situación que se agrava en la medida en que toda decisión tomada en el presente es irreversible para las generaciones futuras. Esto puede conducir a cuestionar todo proceso de valoración sobre la subjetividad de los individuos (percepciones individuales) y a regir todo proceso de decisión según el principio de precaución. Si bien este principio es bastante aceptado en materia ambiental, su efectiva aplicación queda limitada por la urgencia de satisfacer necesidades de desarrollo local, regional y nacional. Queda por mencionar que aunque la ciencia económica tiene mucho por trabajar y aportar en la reflexión, es un imperativo establecer ciertos estándares mínimos de gestión y de manejo de los recursos naturales para el bienestar de las sociedades fuertemente dependientes de estos recursos para su supervivencia. Lo que implica que el camino más eficiente para el aprovechamiento de la diversidad biológica no es necesariamente aquel que elimina toda incertidumbre en cuanto al futuro pero aquel que asimila la incertidumbre evaluando posibles opciones hacia el

futuro.

Segundo, los individuos tienen cierta aversión por el riesgo, lo que conduce a preferir el presente ante decisiones de inversión implicando los recursos naturales. Tercero y como consecuencia de lo anterior, las decisiones intertemporales de los agentes se basan sobre su percepción de la tasa de descuento que permite comparar la renta de diferentes activos en el tiempo. La tasa de descuento privada generalmente es más grande que la tasa de descuento social para los bienes y servicios provenientes de la diversidad biológica. La tasa de descuento social es aquella que toma en consideración la equidad intergeneracional y sustentabilidad del punto de vista ambiental. Esta dicotomía en tomar en cuenta el futuro se incrementa por los sesgos de información relacionados con los costos y beneficios de la biodiversidad. Por estos motivos, el valor de no uso ha sido poco considerado en las técnicas de valoración a nivel internacional18 y es inexistente en el caso colombiano. Sin embargo, los diferentes componentes del valor de no uso pueden justificar la conservación in situ de la biodiversidad sin ninguna intervención humana, en particular por el potencial de información genética contenida en muchas especies de la fauna, la flora y microorganismos, y la necesidad de mantener la mecaníca de los procesos evolutivos. Debemos mencionar el hecho de que Colombia se beneficia de una gran diversidad cultural y de minorías étnicas para quienes el valor de algunas especies y ecosistemas tiene gran importancia por sus creencias cósmicas o tradicionales. En Colombia se inició el proceso de reconocimiento de los derechos de propiedad comunitaria para las comunidades indígenas y comunidades negras (ley 70 de 1993). En este contexto, uno de los límites de la valoración es el de no poder formular las bases conceptuales para dar respuestas aceptables (o equitativas) a la competencia de la apropiación de la riqueza proveniente de la biodiversidad y a los conflictos de interés en cuanto al uso de los recursos naturales. En efecto, la valoración económica implica en este caso asimilar todo un proceso cognoscitivo y cultural inherente a estas comunidades, que muchas veces no se enmarca dentro de las reglas que rigen el mercado. Tres reflexiones pueden ser evocadas si se acepta algún grado de valoración: Primero, en cualquier sociedad, el valor religioso y/o ancestral, no tiene precio. Segundo, en el caso de aceptar una aproximación monetaria de estos valores, el valor sería infinito. Tercero, es una decisión política más que económica la que debe orientar las posibles soluciones.

18 Existen pocas experiencias en la determinación del valor de existencia, el valor de opción o el valor de

legado de la biodiversidad. Los estudios realizados conciernen los países desarrollados. Podemos señalar los estudios realizados por Schulze et al. (1983) para la conservación del Gran Cañón, por Brookshire (1993) para la protección del oso gris en Wyoming, por Walsh et al. (1984) para la preservación de la vida salvaje en Colorado y por Samples et al. (1986) quien puso en evidencia la disponibilidad a pagar para la protección de especies en vía de extinción según el grado de información suministrada a los encuestados [Munasinghe, 1993].

ANEXO 3

Conclusiones del taller sobre “Análisis económico de la biodiversidad y los ecosistemas locales: Valoración y Política”

ANEXO 4

ANEXO 5

Valoración Económica de la Biodiversidad Urbana: Caso Hojas Verdes (Programa de arborización de la Cámara de Comercio de Bogotá)