El presente trabajo se sumergió en diferentes referencias que sirvieron de apoyo para tratar de despejar dudas, ilustrar, y dar una visión específica y profunda acerca de la definición de resiliencia y su relación con distintas variables socio demográficas, como lo fueron la edad, el género, las relaciones, la familia, el nivel de ingresos y el cargo.
Comenzamos con personajes como Abraham Lincoln que muestran características de humildad y empatía con la gente, que son demostradas al hacer un recuento sobre sus grandes logros, como por ejemplo la declaración de la Emancipación, anuncio en el que todos los esclavos serían liberados.
Resaltamos que siempre, Abraham, trataba de ponerse en el lugar de los demás y valorar cada punto de vista, se esforzaba por que sus compañeros estuviesen cómodos y no guardaba ningún tipo de rencor por quienes no estaban a favor de sus ideales, admitiendo sus errores cuando los cometía y la responsabilidad en cada uno de ellos. Su inteligencia social hacía que trabajara sin descanso al servicio de los demás, aun incluso después de las dificultades que paso durante su vida, factor clave en lo que se traduciría ser recordado hasta nuestros días.
El resultado es que la resiliencia no es un rasgo que las personas tienen o no tienen. Conlleva conductas, pensamientos y acciones que cualquier persona puede aprender y desarrollar.
En uno de los capítulos señalamos que los episodios difíciles dentro de la vida, como por ejemplo de niños, se tradujo más tarde en una adaptación con éxito a su (riesgoso) medio social. Hablamos de que hubo personas que pasaron un periodo de gran alcance formativo en su vida bajo dificultades de tipo económico, psicológico o emocional, que han alterado sus trayectorias de vida y se hicieron más resistentes, con creencias en el trabajo duro y más vinculado a sus familias.
Las personas que se ven afectadas por episodios o situaciones negativas, de acuerdo a los resultados de los estudios presentados, son los que tienen ventaja social relativa. Demostrándose por ejemplo que el nivel de ingresos no tiene relación o influye de manera directa en el nivel de Resiliencia de un individuo.
Destaca dentro de los resultados es que las niñas tuvieron un puntaje mayor, aunque significante, por encima de los niños en cuanto al nivel de Resiliencia y su relación con el género, variable a tener en cuenta quizá por las organizaciones para estudios posteriores o contratar personal para enfrentar las dificultades que se atraviesan día a día.
En resumen de los diferentes estudios presentados y sus resultados con respecto a las correlaciones entre la resiliencia y las variables como: la edad, número de hijos, nivel de educación, cargo, el estrato socioeconómico y el rendimiento académico, los hallazgos mostraron correlaciones negativas y débiles, lo cual indica que, al parecer, la resiliencia no se relaciona con que las personas que tengan más edad o que su condición para el acceso a adecuadas condiciones de vida sean mayores no necesariamente son variables que se traducirán en un mayor rendimiento académico. La edad no hace más o menos resiliente a una persona, es decir, puede haber adultos muy poco resilientes o jóvenes muy resilientes.
Por otra parte, además, el ambiente y sus condiciones pueden operar de manera independiente de la capacidad resiliente de un sujeto, es decir, personas con calidad de vida deficiente o carente podrían ser más resilientes que aquellos con condiciones de vida cómodas. En general, estos hallazgos son contrarios a lo que cualquiera podría suponer, ya que se tiende a pensar que un mayor nivel económico es una base fuerte para que una persona desarrolle su resiliencia de manera más sencilla de aquel individuo que no cuenta con los mismos recursos. Los hallazgos indicaban que el auto concepto y las metas influyen de forma positiva en el rendimiento a lo largo de nuestras vidas.
El amor es quizá uno de los factores más importantes dentro de la Resiliencia, el amor de la pareja, el amor de la familia, amigos, profesores o incluso hacia sí mismo puede devolver a la vida a quienes están marcados por profundas heridas a causa de antiguas experiencias traumáticas, ayudándonos a desarrollar nuestra capacidad auto-reflexiva y auto-crítica frente al sufrimiento psíquico o moral.
La comprensión de lo que significa un lazo afectivo que trae consigo el amor en la pareja, niños abandonados, soldados de la guerra, supervivientes de deportaciones, guerras o genocidios, víctimas de accidentes, personas que conviven con la discapacidad, pero también el marginado social o simplemente aquellos que han padecido graves maltratos y humillaciones, encuentran la
posibilidad de redefinir el sentido del dolor por sus propios medios afectivos gracias al vínculo que supone el encuentro y el inicio, por ejemplo de una relación amorosa.
La comprensión del papel de la figura del otro demuestra que es posible superar el trauma por medio de su apoyo y su afecto y no tanto como lo podría ser el tener un estrato socio económico elevado o contar con los mejores promedios académicos. Aunque la felicidad depende netamente de cada uno de nosotros, cada uno de los momentos felices que atravesemos significaran un mayor autocontrol, una mayor autocritica y mayor introspección reflexiva sobre nuestros actos, nuestra vida y de cómo nos vemos en ella. Si tenemos más autoestima y nos queremos más a nosotros mismos tendremos una vida más placentera y más satisfactoria.
El ser humano aprende a lo largo de su vida y esto se debe a que poseemos mecanismos de adaptación frente a los cambios de nuestro medio.
Sarah Seigmon, licenciada en psicología experimental por la universidad de Oxford, con doctorado en el University College de Londres, en donde trabaja en investigación en el instituto de Neurociencia Cognitiva y colabora para diversas revistas científicas y es asesora de la BBC, en una entrevista con Eduard Punset, para su programa Redes en España, nos muestra una de las herramientas principales que tenemos a nuestro favor para afrontar los diversos cambios a los que estamos expuestos en este mundo siempre cambiante, llamada “La plasticidad cerebral”.
Sarah define la plasticidad del cerebro como la capacidad que tenemos cada uno de nosotros para poder entrenarnos, poder aprender durante toda la vida, desde el ámbito social como emocional, el cerebro es plástico y cambia a lo largo del tiempo, podemos enseñarle aprender de las malas experiencias y disfrutar y potenciar de los pensamientos positivos y las buenas sensaciones (Punset, 2013)
Propio de un sistema complejo, en nuestro cerebro poseemos un sistema de neuronas altamente cambiante y adaptable que influye directa y definitivamente en el funcionamiento de nuestros procesos cognitivos. El sujeto adulto puede aprender, modificarse y adaptarse hasta el fin de sus días. Los individuos podemos modificar nuestros esquemas, los podemos modular, dando lugar a nuevas interpretaciones, a nuevas inferencias.
El movimiento de la psicología positiva, que apareció hace unos años y que destaca la importancia de fomentar y desarrollar recursos positivos en las personas, ya que en épocas de
crisis y malestar, aquellas que han podido desarrollar esos recursos han sido capaces de salir de esas situaciones. Recursos como la flexibilidad, la capacidad de ver las cosas desde diferentes perspectivas, la capacidad de diversificar, entendiendo que en la vida hay muchas variables, como la familia, el trabajo y los amigos, y que todos ellos merecen la mejor versión de nosotros mismos.
Martin Seligman habla de que la felicidad concede tres componentes dentro de la búsqueda del placer esencial. En primer lugar el desarrollo de la capacidad interior para sobrellevar las dificultades y adaptarnos así como la de ponernos al servicio de algo que nos trascienda algo que sea más importante que nosotros mismos. Todo ello nos puede otorgar Bienestar plenitud y satisfacción en nuestra vida porque la felicidad no es la suma de las experiencias individuales va más allá de estas y tiene mucho que ver con la percepción y memoria interna de nuestra vida en su conjunto.
Ver la vida como una aventura en la que por supuesto no todo es fácil pero en la que el centro fundamental es el proceso y no el objetivo final, vivir con el sentimiento de que cada día es nuevo, disfrutar del camino y sacudirse un poco después de cada caída porque pasado cierto tiempo de cualquier tragedia se suelen recuperar el nivel de felicidad de cada persona. Experimentar dolor es un factor que no podemos evitar pero quedarse apegado al mismo es equivocado y en definitiva cada uno es responsables de ver la botella medio llena o medio vacía de la belleza de la vida.
Nos vemos en un mundo siempre cambiante, por lo cual con una demanda siempre creciente de personas que sepan afrontar y salir delante de las dificultades para conllevar proyectos a beneficio de la sociedad, y esto visto desde el ámbito empresarial es la búsqueda de sujetos que sean receptores activos, que reciban los mensajes y sean capaces de moldearlos, de generar esquemas, de crear nuevos conceptos, un sujeto que participe de la reconstrucción de la comunicación con su entorno, con capacidades, en primera medida, como la lucha, la personalidad activa y positiva, reflexión y responsabilidad, sentido del humor, confianza y amor.
En segundo lugar, pero no menos importante, capacidades sociales y afectivas fuertes, solidas con sus padres, familia en general y amigos. Y en tercer lugar capacidades como el alto
coeficiente intelectual y una notable habilidad para resolver problemas, afrontan la realidad con recursos variados, voluntad y capacidad de planificación.
Edward Punset hace referencia a los niños, que son las personas de mayor cuidado. Un niño que conoce y sabe gestionar sus emociones no solo tendrá mejor rendimiento académico sino que estará mejor preparado para su vida persona, emocional y laboral.
La importancia del aprendizaje social y emocional toma cada vez más incidencia en los estudios sobre organizaciones exitosas, el aprender a vivir va más allá del yo, y entender profundamente que somos seres que hemos evolucionado para ser animales que fluimos y el estar inmersos tiene una gran importancia evolutiva, siendo este el estado que realmente construye un capital psicológico, que se traducirá en el buen o mal desempeño de un individuo dentro de ese ente que llamamos organización.
Por ejemplo, algunos empleados podrían más fácilmente que otros confiar en sus resortes internos no sólo para superar las dificultades agudas, sino también para aprovechar el tiempo que puede acontecer, como nuevas oportunidades de negocio o déficit en la economía, y será la figura del “Líder” quien tiene la tarea de apoyar servir de soporte y orientación para su personal de trabajo.
Esperamos que este trabajo sea la base para estudios posteriores y que la mayor parte de las preguntas pensadas y formuladas en Resiliencia hayan sido respondidas, reconociendo nuevos datos cuyas referencias fueron extraídas de autores con soportes sólidos en el tema de la Resiliencia
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