Sumario
1.- La situación del escritor en la sociedad
2.- Los escritores deben estudiar las ciencias económicas y sociales, para dar a la clase obras dignas de ella
3.- La libertad de la creación literaria 4.- La libertad del escritor
5.-Misión revolucionaria del pensador y del escritor (Tesis sobre Feuerbach) 6.-Importancia del estilo
7.- No publicar nada que no esté bien acabado
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La situación del escritor en la sociedad capitalista I
El proceso de producción capitalista no es, pues, sólo una producción de mercancías. Es un proceso que absorbe trabajo no pagado y transforma los medios de producción en medios de absorción del trabajo no pagado.
Como consecuencia, el carácter específico del trabajo productivo no está de ningún modo ligado al contenido determinado del trabajo, a su utilidad particular o al valor de uso especial en que se presenta.
El mismo género de trabajo puede ser productivo o improductivo. Así Milton, que escribió El
paraíso perdido, era un trabajador improductivo. Por el contrario, el escritor que trabaja para
su editor como un asalariado de la industria, es un trabajador productivo. Milton hizo El
paraíso perdido como el gusano de seda hace seda. Era una manifestación de su naturaleza.
Vendió más tarde su producto por 5 libras esterlinas. Pero el escritor proletario de Leipzig que, bajo la dirección de su editor, fabrica libros (por ejemplo, manuales de economía política), es un obrero productivo, ya que su producción es, desde el comienzo, subordinada al capital y sólo se cumple para su provecho. Una cantante que vende su voz por cuenta propia, es un trabajador improductivo. Pero la misma cantante, contratada por un empresario que la hace cantar para ganar su dinero, es un trabajador productivo. Porque produce capital.
plusvalía, t. I, p. 416, Stuttgart, 1905.
II
Un actor, por ejemplo, incluso un clown, es, pues, un trabajador productivo, si trabaja al servicio de un capitalista (de un empresario) al cual da más en trabajo de lo que recibe en salario; mientras que un sastre remendón que va al domicilio del capitalista para repararle los pantalones, no le procura más que un valor de uso y no es más que un obrero improductivo. El trabajo del primero se cambia contra capital, el del segundo contra renta. En el primer caso, hay creación de plusvalía; en el segundo, consumo de renta.
La distinción entre trabajo productivo y trabajo improductivo no se hace aquí sino desde el punto de vista del detentador de dinero, no desde el del obrero. De ahí los delirios de Ganilh y consortes, que comprenden tan poco el asunto que preguntan si el trabajo o el oficio de mujer pública o el latín, etc ... , dan dinero.
Un escritor es un obrero productivo, no porque produce ideas sino porque enriquece al editor que se encarga de la impresión y de la venta de los libros; es decir, porque es el asalariado de un capitalista.
C. Marx: Historia crítica de la teoría de la plusvalía, t. I, p. 260, Stuttgart, 1905.
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Los escritores deben estudiar las ciencias económicas y sociales para dar a la clase obrera obras dignas de ella
En general, la palabra «materialista» sirve a muchos escritores recientes en Alemania de simple frase con la cual se etiqueta toda clase de cosas sin estudiarlas antes, pensando que basta con pegar esta etiqueta para que todo esté dicho. Mas nuestra concepción de la historia es, ante todo, una directiva para el estudio, y no una palanca para hacer construcciones a la manera de los hegelianos. Hay que estudiar de nuevo toda la historia, hay que someter a una investigación detallada las condiciones de existencia de las diversas formaciones sociales, antes de intentar deducir de ellas los modos de concepción políticos, jurídicos, estéticos) filosóficos, religiosos, etcétera, que les corresponden. En este punto no se ha hecho hasta ahora sino muy poca cosa, porque muy poca gente se ha dedicado a ello seriamente. En este punto necesitamos de una ayuda de masa. El dominio es infinitamente vasto, y el que quiera trabajar seriamente puede hacer mucho y distinguirse en ello. Pero en lugar de esto, las frases vacías sobre el materialismo histórico (se puede, precisamente, transformar todo en frases) por un número demasiado grande de jóvenes alemanes, no sirven más que para hacer lo más rápidamente posible de sus propios conocimientos históricos relativamente magros —la historia económica ¿no está aún en las lenguas?— una construcción sistemática artificial y para imaginarse luego ser espíritus enteramente poderosos...
Usted que ha hecho ya realmente algo, debe de haber notado, seguramente, qué pequeño es el número de los jóvenes literatos adheridos al partido, que se permiten el esfuerzo de estudiar la economía, la historia de la economía y la historia del comercio, de la industria, de la
agricultura, de las formaciones sociales. ¿Cuántos conocen de Maurer algo más que el nombre? ¡Es la suficiencia del periodista que debe resolver todas las dificultades, pero los resultados son en proporción a ella! Se diría, a veces, que estos señores creen que todo es siempre demasiado bueno para los obreros. ¡Si esos señores supieran a qué punto Marx consideraba que sus mejores producciones no eran aún bastante buenas para los obreros, y cómo veía como un crimen el ofrecer a los obreros algo que estuviera por debajo de lo perfecto!...
C. Marx-F. Engels, Obras Escogidas, tomo III, Carta de F. Engels a Conrad Schmidt, 5 de agosto de 1890 en pp. 362-363,
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La libertad de la creación literaria
La instrucción prusiana a los censores del 24 de diciembre de 1841 había sido saludada con alegría por los intelectuales liberales; se imaginaban que el gobierno concedía una cierta libertad a la prensa. Marx subraya la incompatibilidad que existe entre la libertad de prensa y el régimen de la censura, incompatibilidad que intenta ocultar la instrucción del rey de Prusia, Federico Guillermo IV. El artículo de Marx, escrito al comienzo de 1842 y dirigido el 10 de febrero de 1842 a Ruge para sus Anales alemanes, no pudo aparecer allí, a causa de la censura: sólo pudo publicarse en febrero de 1843 en Anekdota, colección de artículos filosóficos y políticos, editada en Suiza por Ruge.
Mi propiedad es la forma, ella constituye mi individualidad espiritual. Le style, c'est l'homme.1 ¡Y de qué manera! ¡La ley me permite escribir, pero en otro estilo que el mío! Tengo el derecho de mostrar la figura de mi espíritu, ¡pero a condición de darle primero los pliegues
prescritos! ¿Qué hombre de honor no enrojecería ante parecida pretensión y no preferiría
ocultar la cabeza bajo la toga? La toga, al menos, deja suponer una cabeza de Júpiter. Los pliegues prescritos no significan otra cosa que bonne mine a mauvais jeu.2
Admiráis la encantadora variedad, la riqueza inagotable de la naturaleza. No exigís que la rosa tenga el perfume de la violeta, pero lo que hay de más rico, el espíritu, ¿no debe tener la facultad de existir más que de una sola manera? Soy un humorista, pero la ley me ordena escribir seriamente. Soy osado, pero la ley ordena que mi estilo sea modesto. Gris sobre gris, he aquí el color único, el color autorizado de la libertad. La menor gota de rocío en la que el sol se refleja, escintila en un inagotable juego de colores, pero el sol del espíritu, cualquiera que sea el número de individuos y la naturaleza de los objetos en que se quiebra, sólo podría dar un color, ¡el color oficial!
La forma esencial del espíritu es la alegría, la luz, y vosotros hacéis sólo de la sombra su manifestación adecuada; sólo puede ir vestido de negro, mas no hay flor negra entre las flores. La esencia del espíritu es siempre la verdad misma. ¿Y qué le fijáis como esencia? La
modestia. Sólo el mendigo es modesto, dice Goethe; ¿y queréis transformar el espíritu en tal
mendigo? ¿O la modestia no sería sino esta modestia del genio de que habla Schiller? Entonces, transformad primero a todos vuestros conciudadanos en genios.
1 «El estilo es el hombre». En francés en el original. Esta cita está tomada del Discurso sobre el estilo pronunciado por Buffon en 1753 en la Academia francesa: «Las cosas están fuera del hombre, el estilo es el hombre mismo».
2 «Buena cara falso juego». En francés en el original. En español diríamos: «a mal tiempo, buena cara».
C. Marx: «Notas sobre la reciente instrucción prusiana relativa a la censura», Obras, tomo I, p. 154, Mega.
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La libertad del escritor
Marx publica en 1842, en la Gaceta Renana, una serie de artículos en los que critica la posición tomada hacia la censura por la Dieta Renana, asociación provincial mediocre, donde, en el curso de los debates, no se había hallado, en el seno de los diferentes partidos, ningún defensor verdadero de la libertad de la prensa. Cuando Marx declara que la literatura es «un fin en sí», no es la teoría del arte por el arte lo que defiende, sino la independencia del escritor que no debe ni ser avasallado ni venderse, sino poder libremente servir su ideal.
El escritor debe naturalmente ganar dinero para poder vivir y escribir, pero en ningún caso vivir y escribir para ganar dinero. Cuando Béranger canta:
Sólo vivo para hacer canciones; Si me quitáis mi lugar, Monseñor, Haré canciones para vivir,
hay en esta amenaza la confesión irónica de que el poeta mengua cuando la poesía deviene para él un medio.
El escritor no considera de ningún modo sus trabajos como un medio. Son fines en sí, a tal grado no son un medio para sí mismo y para los otros, que sacrifica su existencia a la existencia de ellos, cuando es necesario, y de otra manera, como el predicador religioso, se pliega al principio: «Obedecer a Dios más que a los hombres», a los hombres entre los cuales está confinado él mismo con sus necesidades y deseos de hombre. Por el contrario, quisiera ver a un sastre al que hubiera encargado un frac parisién y que me trajera una toga romana, bajo el pretexto de que responde más a la ley eterna de lo bello. La primera libertad para la
prensa consiste en no ser una industria. El escritor que la rebaja hasta hacerla un medio
material, merece, como castigo de esta cautividad interior, la cautividad exterior, la censura; o más bien: su existencia es ya su castigo.
C. Marx: «Debates sobre la libertad de prensa», Obras, tomo I, pp. 222-223, Mega.
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Misión revolucionaria del pensador y del escritor (Tesis sobre Feuerbach)
denuncian la insuficiencia del antiguo materialismo. Las ideas expresadas por Marx en esas once tesis —y particularmente en las cuatro últimas—interesan no sólo a los filósofos, sino también a los escritores, abocados a pintar el inundo en su movimiento y a luchar por su transformación.
VIII
La vida social es esencialmente práctica. Todos los misterios que desvían la teoría hacia el misticismo hallan su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica.
IX
El punto más elevado al que alcanza el materialismo intuitivo, es decir, el materialismo que no concibe el mundo material como actividad práctica, es la manera de ver a los individuos tomados aisladamente en la «sociedad burguesa».
X
El punto de vista del antiguo materialismo es la sociedad «burguesa». El punto de vista del nuevo materialismo, es la sociedad humana o la humanidad socializada.
XI
Los filósofos no han hecho más que interpretar el mundo de diferentes maneras, pero se trata de transformarlo.
C. Marx: «Tesis sobre Feuerbach», en F. Engels: Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, p. 64-65,
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Importancia del estilo
La primera obra de Proudhon: ¿Qué es la propiedad? es seguramente su mejor obra. Hace época, si no por la novedad de su contenido, al menos por la manera nueva y osada de expresar viejas cosas. En las obras de los socialistas y comunistas franceses que él conoce, la «propiedad», naturalmente, era no sólo criticada de diversas maneras, sino además, «sobrepasada» de manera utópica. Proudhon, en este escrito, es, en relación a Saint-Simon y a Fourier, lo que es Feuerbach en relación a Hegel. Si se le compara a Hegel, Feuerbach es muy pobre. Sin embargo, hace época después de Hegel, porque ha puesto el acento sobre ciertos puntos desagradables para la conciencia cristiana, e importantes para el progreso de la crítica, que Hegel había dejado en un claroscuro místico.
Si puedo expresarme así, en este escrito de Proudhon se afirma además, un estilo fuertemente musculado. Y considero el estilo de esta obra como su cualidad principal. Se ve que aún allí donde reproduce viejas cosas, Proudhon descubre por sí mismo: lo que dice le parece ser una verdad nueva y original.
Una audacia provocadora que las emprende contra el «santo de los santos» económico, paradojas ingeniosas que le permiten mistificar la razón burguesa vulgar, juicios implacables,
una ironía amarga, un sentimiento profundo y verdadero de indignación, que estalla aquí y allá contra la infamia de lo existente, un serio revolucionario, es por todo esto que su libro ¿Qué es la propiedad? ha electrizado y removido los espíritus desde su publicación. En una historia estrictamente científica de la economía política, este escrito no valdría la pena de ser mencionado. Pero libros sensacionales como éste tienen su papel en las ciencias, como en la literatura novelesca. ¡Que se piense, por ejemplo, en la obra de Malthus sobre la «población»! En su primera edición no es más que un «panfleto sensacional», y además un plagio de principio a fin. ¡Y sin embargo, qué efecto ha producido esta pasquinada sobre el género
humano!
C. Marx: Carta a Schweitzer, 24 de enero de 1865, en C. Marx-F. Engels: Ausgewhälte Briefe, pp. 138-139, Moscú, 1934.
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No publicar nada que no esté bien acabado
No puedo, sin embargo, enviar lo que sea, en tanto que no tenga ante mí todo el trabajo completamente terminado. Cualesquiera sean las insuficiencias de mis escritos,3 tienen el mérito de constituir un todo artístico completo, y no llego a ello más que no publicando nunca nada que no esté enteramente terminado en mi mesa.
3 En inglés en el original.
Correspondencia Marx-Engels, tomo III, Carta de Marx a Engels, 31 de julio de 1865. pp. 333-334, Dietz Verlag, Berlín.