Del esquema temporal a la conversación interna: una crítica a las teorías del juego mutuo del enfoque morfogenético.
Fase 1: condicionamiento estructural Fase 2: interacción social Fase 3: elaboración estructural T1 T
--- T2 --- --- T2 T3 --- T3 --- --- T3 T4 --- (morfogénesis / morfoestasis)
La única forma en que la morfogénesis estructural se derive por el tiempo. Es que esta no sea otra cosa que un estado específico de la agencia en un determinado momento como fase 1. Tal como en la fórmula crítica que argumenta King contra Archer sobre Cuba, donde “los tres tipos de emergencia estructural: numérica, relacional y burocrática… pueden ser reducidos a otras personas” (King 1999: 208). Solo que ahora no se hace el argumento en tiempo presente, donde lo estructural son otras personas y sus relaciones, desde un individuo solipsista que es el argumento de King. Sino desde un agente, que ve a la estructura como pasado, que son solo otras personas en otro tiempo. En tanto cambio de las prácticas de los agentes que han ido variando con el tiempo, posibles de estudiar en tres fases: rutinización, desrutinización y rerutinización nueva. Antes no se sabía escribir y ahora sí, siendo un proceso demarcable en el tiempo, como resulta obvio entre: el estado anterior de analfabeto como tiempo 1, la intervención de los instructores como tiempo 2 y el resultado de alfabetismo como tiempo 3. Así, un punto elemental es que la única forma de usar metodológicamente las tres fases temporales de Archer, sin dar cuenta de los procesos históricos específicos y usando al tiempo como variable independiente, es una forma de conflación. Ya que obvia a la estructura, porque esta no es sino un estado específico de la agencia en un tiempo anterior. Y siempre hay una condición 1 de la agencia. Resultando el enfoque morfogenético y sus tres fases temporales
asociadas a la distinción del dualismo analítico más cercano a la teoría de Giddens que lo que la misma Archer aceptaría. Ya que se trataría de una disección al concepto de prácticas agenciales, por medio de cortes temporales. Resultando en una muy buena continuación de la teoría de la estructuración de Giddens, a la cual solo se le ha agregado tiempo en la estructuración de las estructuras, evitando la contingencia que florece en el elisionismo de presente constante. La gran diferencia es que ahora el cambio no es contingente, sino que se da con el tiempo y es analizable en tres momentos discretos. El problema que surge es que si se mantiene al tiempo como base del dualismo analítico, entonces no hay hiato ontológico entre agencia y estructura sino solo diferencias de temporalidad. Por lo tanto, aún no hay una descripción del juego mutuo entra agencia y estructura, porque no hay distinción entre agencia y estructura.
De la misma forma, si la evaluación histórica de la morfogénesis y la morfoestasis estructural es desde el presente, punto desde donde se aplica la metodología de la historia analítica de la emergencia. El procedimiento puede extenderse hacia atrás, meses o años o decenas de años e, incluso, cientos. De hecho, así presentada es una teoría más bien de carácter histórica que sociológica, ya que se trata de la historia analítica del presente. Y dependiendo de cuánto se devuelva hacia atrás en el tiempo, la condición morfogenética de la estructura se hará más o menos probable, con varios períodos morfogenéticos. Si se retrotrae bastante se puede dar cuenta de su morfogénesis, pero si se extiende poco es posible que se encuentre morfoestasis. A menos, que hayan habido revoluciones que cambian rápidamente las condiciones estructurales. Caso en el cual se encuentra morfogénesis estructural, con poco gasto temporal, aunque es posible, largos procesos de formación de colectividades y de aparición de agencias corporativas anteriores, como en el argumento de Thompson sobre la formación de las clases como colectividades (Thompson 1989). De esta manera, metodológicamente no se puede fijar temporalidades, sino dar cuenta de los procesos históricos en sí mismos. Ya que no depende del tiempo la posibilidad de morfogénesis o morfoestasis, sino de las condiciones de la integración sistémica en su juego mutuo con la integración social, en el tiempo y no por el tiempo.
El tiempo no es símil de juego mutuo, como si se desprende de Archer, sino un escenario constante donde se da inevitablemente el juego mutuo entre actividad agencial y condicionamiento institucional. Con esto se debe entender que el tiempo no hace variar el juego mutuo de estructura y agencia, sino que en el tiempo varía el juego mutuo. Lo que hace que no
dependa del tiempo la posibilidad de morfogénesis. No hay impronta, ni efecto, ni relación de ninguna unidad de tiempo en el juego mutuo; no es un elemento con distintos valores en una distribución, con formas posibles de indicar, manera efectiva de entender una variable. El tiempo en distintas formas de unidad es siempre al alza en unidades demarcables. A menos que, los estadios temporales encierren algo propio, que haya que desempacar en sus ciclos y fases, como es el juego mutuo entre actividad agencial y condicionamiento estructural. En su caracterización de período específico, que pueda traducirse en un período morfoestático o morfogenético, lo cual depende de las condiciones históricas de las relaciones entre la integración social y la integración sistémica. Lo que hace que el problema del cambio social no dependa del tiempo en sí mismo. Así, cada uno de tres momentos del ciclo morfogenético tienen condiciones temporales variables internamente, dependiendo del juego mutuo y lo profundas que sean las transformaciones en el corazón institucional. La morfogénesis de la estructura trata por sobre todas las cosas de este punto. Y es aquí donde alcanza su máximo despliegue.
Luego el modelo de las tres fases temporales se generalizará en la obra de Archer, llegando a ser ocupado para: la morfogénesis ontogenética de la agencia (de primaria a corporativa); la morfogénesis filogenética de la agencia (de agentes niños a agentes adultos); luego para el proceso de conversación interna y formación de preocupaciones, (discernimiento, deliberación y dedicación) y para el proceso de diseño de proyectos (preocupaciones, proyectos y prácticas). Todos pasan por sus tres fases de condicionamiento, interacción y re-elaboración. Y en todos ellos hay diferencias temporales. Sin embargo, se puede aplicar el mismo argumento, no es el tiempo el que las hace variar, sino las condiciones de juego mutuo entre agencia y estructura. Podrían pasar años, muchos años, sin una agencia corporativa capaz de tener potencialidad de transformación sistémica, pero que pasen muchos años no implica que sea el tiempo el que medie la relación. O, que sea el tiempo la variable independiente. O, que sea el tiempo el que permita distinguir agencia de estructura. De esta forma, los pasos entre fases y la caracterización de cada una de las fases, dependerán del modo en que se dé el juego mutuo entre actividad agencial y condicionamiento institucional. O, de otra forma, más clásica, del juego mutuo entre integración sistémica e integración social. Y este juego mutuo no tiene modo de representación en la teoría de Archer.
La crítica conceptual a las fases morfogenéticas: jugando sin tiempo.
La primera crítica que he presentado ha tomado de forma general a la metodología de la historia analítica de la emergencia. Donde he rechazado el tiempo como base de la relación de juego mutuo entre agencia y estructura, lo que no implica que no haya tiempo, sino que no es el tiempo lo que permite distinguirlas. Y que el juego mutuo entre ambas no depende del tiempo. De esta manera, cuando el tiempo no es el punto central de las relaciones de juego mutuo entre agencia y estructura, las fases pueden ser interrogadas por dentro, para dar cuenta de sus posibilidades internas. Cuando se despoja a las fases morfogenéticas del tiempo como variable, se puede apreciar con mayor intensidad los problemas conceptuales del enfoque, fase por fase. Lo cual trae problemas importantes en el tratamiento metodológico del proceso morfogenético y/o morfoestático de la sociedad. Ya que la consolidación teórica del enfoque, depende de la utilidad que tengan los conceptos para trabajar el juego mutuo entre agencia y estructura a través del tiempo.
Si los conceptos y su condición transitiva, no logran representar este proceso intransitivo momento a momento, prestándose a la confusión o a la conflación, deben ser criticados. La conflación anterior se evitaba al modelar el proceso en tres fases temporales, que al final del ciclo resultaba no conflacionaria, si es que no hay un hiato ontológico entre actividad agencial y condicionamiento estructural. Sin embargo, cuando el tiempo es retirado del argumento, la conflación aparece en cada una de las fases. Ya que para que la caracterización de una fase tenga sentido, la distinción debe basarse en una forma de juego mutuo específico entre agencia y estructura, en cada de fase. En el fondo, la historia analítica de la emergencia debe poder representar la historia ontológica de la morfogénesis, a través del hiato entre agencia y estructura en cada una de las fases.
a) Fase I o condicionamiento socio cultural
El comienzo, como ya lo anote, es la fase 1 o de condicionamiento. El elemento problemático de este punto, es que por definición del juego mutuo histórico entre agencia y estructura, no puede dejar de haber condicionamiento estructural. En el cual la fase 1, más que corresponder
al condicionamiento, puede ser caracterizado como de correspondencia o correlación positiva entre integración social e integración sistémica, generando reproducción o morfoestasis. De esta forma, el momento 1 o de condicionamiento es un momento de reproducción generalizada. En un extremo del modelo hay correspondencia entre integración social e integración sistémica. Sin embargo, puede haber otras condiciones que impliquen posibilidades de cambio no realizadas, como problemas de integración entre partes de la estructura o contradicciones lógicas al interior del sistema cultural que se logren mantener a resguardo o tolerar. Lo que implica, o que no se desarrollan sistémicamente, o ninguna agencia corporativa está interesada en explotar la contradicción, o no tienen capacidad para hacerlo.
La lógica situacional que Archer ocupa para caracterizar esta fase es la de “protección”, donde hay ausencia de conflictos entre agentes al menos en el nivel macro. O, al menos, no hay posibilidades de cambios estratégicos importantes de cursos de acción como “contención”. Ya que en el plano agencial puede haber culturalmente “reproducción cultural” y a nivel social “solidaridad social”. Y dentro del plano sistémico puede existir culturalmente “sistematización” y a nivel estructural “integración”. Entonces, el paso posible a una fase 2, o interacción social, depende de un cambio en el plano de los agentes, o del sistema ideacional o material. Así, se puede pasar a un punto de nuevas formas culturales, como la publicación de revisiones de textos, o directamente textos nuevos, que cuestionen las formas hegemónicas en el sistema cultural. Como las tesis de Lutero que encontraron un escenario propicio para generar mayores grados de libertad interpretativa, como las relaciones de contradicción competitiva entre los reyes de Europa y el Papa. O, se puede desarrollar una contradicción, entre lo que la forma sistémico cultural dicta y lo que se realiza como la simonía. O, un déficit de solidaridad entre agentes, como reivindicaciones de derechos políticos, como la extensión de las votaciones hacia tipos de colectividades no contemplados institucionalmente como “las sufragistas”. O, una crisis sistémica como las crisis de sobreproducción material y la posterior falta de empleo entre los asalariados. Obviamente, la real posibilidad de morfogénesis dependerá de los casos históricos en sí mismos, en tanto juego mutuo entre personas e instituciones.
Cuando comienzan estos procesos se puede decir que se está ad-portas de una fase 2. Sin embargo, no se puede establecer que no hay condicionamiento, ya que precisamente se trata de que cambian los cursos de acción de los agentes por alguna relación de juego mutuo con la estructura. Y la guía direccional que generan las estructuras sociales y culturales resulta abierta,
por pérdida de arraigo agencial o por crisis interna de las instituciones, haciendo que los costos de oportunidad de un curso de acción morfoestático se vuelvan relativamente similares a uno morfogenético, quedando en planos de nuevas lógicas situacionales como: oportunismo y eliminación (Archer 2009:400). Implicando que los agentes corporativos están puestos en situaciones que no pueden resolver de forma reproductiva. Y deben entrar en nuevos juegos de poder, alianzas con otros grupos, intentos de cambios ideacionales y estructurales, etc. Conllevando riesgos en las decisiones de los cursos de acción nuevos.
De esta forma, incluso en la fase 2 o de interacción social, la sociedad nunca está completamente desestructurada como un fenómeno de total contingencia, ya que la posibilidad de cambios en las lógicas situacionales es precisamente una forma más de condicionamiento. Lo que implica que las estructuras sociales siempre están en funcionamiento, a pesar de sus posibles crisis internas. Esto hace que puedan complicarse los procesos estructurales, como suspensión de propiedades emergentes o agregadas, o cambios en las instituciones como derivaciones de sus tareas normales, pero no hay total desestructuración sistémica. Ya que esto implicaría el desaparecimiento de la sociedad y vuelta a una forma conflacionaria, donde habría un páramo de individuos sin relaciones entre ellos, sin “contextos estructurados de acción” (Outhwaite 2006:95). Así, siempre hay estructura institucional y agentes realizando cursos de acción condicionados por las estructuras, donde en los procesos de morfogénesis hay cambios en los condicionamientos de las estructuras producto de las acciones de los agentes. No solo en términos de cohortes de agentes, sino en agentes que hacen las transiciones en los procesos morfogenéticos de las estructuras. Ya que alguien lidera los procesos de transformación, alguien los experimenta y, generalmente, alguien se opone. Donde cambian los modos en que los agentes se relacionan por las nuevas relaciones estructurales y la distribución de propiedades emergentes de las estructuras.
b) Fase 2 o interacción sociocultural:
Un segundo problema para la metodología del enfoque morfogenético de Archer, dados los términos en que Archer lo presenta, está asociado a la fase 2 de interacción social. Archer reconoce el principio sociológico de dependencia de la actividad agencial de los condicionamientos estructurales. Esto debe entenderse como que sin acción de las personas
entre sí, difícilmente puede haber propiedades emergentes de las estructuras sociales. Punto donde Archer lo que comienza discutiendo con Giddens es si estas estructuras aquí presentes son creadas por estas personas aquí presentes. Ya que, bajo ese argumento las estructuras no tienen un desfase temporal diverso a las personas vivas. Sin embargo, esto tiene el corolario lógico de que el desfase temporal es solo una propiedad de una diferencia ontológica entre agencia y estructura. La estructura no solo son principios estructurales socializados y practicados de forma inconsciente que cambian en el tiempo. Sino que bajo la ontología realista, es una forma emergente de relaciones sociales denominada estructura institucional que tiene un hiato ontológico con los agentes. Así, bajo cualquier condición en todas las fases hay interacción social, o juego mutuo práctico entre agencia y estructura, pero no necesariamente hay fase 2 en tanto desequilibrio entre integración social e integración sistémica.
Incluso, y no puede ser de otra forma, el juego mutuo entre agencia y estructura también se realiza en el condicionamiento socio cultural o fase 1. Sin embargo, la fase 2 de comienzo de morfogénesis estructural tiene características definidas de desarrollo de propiedades agenciales corporativas en cursos de acción nuevos, como la relación entre grupos dominantes y grupos asertivos respecto a la estructura sociocultural, que transforman la estructura en la fase 3 como en el argumento analítico de 1979. O, como dice posteriormente, en 1995, que estos dos tipos de grupos, que generan dos tipos de cursos de acción frente a la estructura, tironean la estructura institucional hacia un lado u otro. Dado este elemento, ahora resulta que siempre hay interacción entre estructura y agencia, pero algo varía en la relación condicionante de la estructura hacia la agencia entre la fase 1 y la 2. Y, no solo, entre el fase 1 y 3.
Dejaré claro esto, entre la fase 1 y 3 hay un cambio estructural, lo que no implica que haya suspensión de juego mutuo entre actividad y condicionamiento. Ya que la variación estructural se produce por y en el juego mutuo entre agencia y estructura. Sin embargo, algo debe pasar en la fase 2 para que se produzca el cambio o no. Lo complicado es que no puede ser simplemente interacción agencia y estructura, ya que dadas las condiciones temporales y de propiedades diferenciadas de la agencia con la estructura, como compromiso ontológico con el realismo, la interacción como juego mutuo no puede suspenderse. Puesto el argumento metodológico de las tres fases de la morfogénesis/morfoestasis, al cual no me opongo en principio, no se puede decir simplemente que la fase 2 es equivalente a interacción entre agente y estructura. Ya que se estaría suspendiendo la relación artificialmente, al menos en el primer
momento, como si en el condicionamiento o fase 1 no hubiera interacción entre agencia y estructura. Por lo tanto, no está describiendo el proceso de relación entre agencia y estructura en la fase 2, dejando en el misterio las formas morfogenéticas o morfoestática de la fase 3. Así, la situación condicionante generada por las estructuras socioculturales es siempre constante, pero dadas las capacidades de la agencia en la fase 2 se producen transformaciones o reproducciones de la situación de la fase 1.
Entonces, nuevamente, los procesos históricos no pueden ser simplemente observados bajo el tamiz procedimental del tiempo como variable ni como mediación entre actividad y condicionamiento. Ya que condicionantes estructurales existen constantemente frente a una agencia humana condicionada, obligando a la reflexión y a la acción. De esta forma, la característica central de la fase 2 o interacción social, no es solamente la interacción social, sino una forma específica de interacción, de juego mutuo práctico entre agentes y estructuras del mismo nivel de emergencia. Donde los cursos de acción de los agentes por el tipo de condicionamiento, comienzan procesos de cambios en sus acciones, en pro de una modificación de las estructuras o de sus propiedades, como la distribución de recursos materiales o ideacionales. Como en el caso de la Cuba de Castro que destaca Archer, donde el comienzo del proceso es un condicionamiento, pero este no se suspende sino que se aplica una política de alfabetización, con la esperanza de una mayor distribución de las habilidades de lecto-escritura. Donde el momento 2 es, precisamente, la intervención en la distribución de esta habilidad. O sea, un agente corporativo con suficiente poder transformacional que inicia un nuevo curso de acción intentando modificar las condiciones estructurales actuales. Esta es, como se puede entender, la característica central de la fase 2, la cual es una fase convulsionada o conflictiva o quizás anómica, de aumento de grados de incertidumbre agencial e inestabilidad sistémica. Lo que provoca nuevas condiciones a los proyectos de las personas, los cuales podrían comenzar procesos de variación. Esta variación es la base de la idea de una fase 2.
c) Fase 3 o de elaboración sociocultural:
Hasta aquí he criticado al proceso en general de la metodología del enfoque morfogenético, haciendo algunos énfasis en los problemas que arrastran tanto en la fase 1 de condicionamiento como en la fase 2 de interacción. Así, en el punto de condicionamiento o
fase 1, he mostrado como no se puede argumentar el no condicionamiento posterior. De la misma forma, he puesto en duda conceptual a la fase 2, caracterizado como interacción social,