1.2. Implicación parental
1.2.10 Conflictos Parentales
Delgado (2016), los niños a través de sus experiencias con el mundo y a través de sus figuras de referencia van construyendo su seguridad emocional y su desarrollo personal. Por lo tanto, es evidente que los padres conforman un papel indispensable para la construcción del camino hacia dicho desarrollo, guiándoles, orientándoles y apoyándoles. De este modo, es de suponer que los conflictos parentales podrían entorpecer ese camino ocasionando en los más pequeños, problemas de confianza, seguridad y decisión a la hora de avanzar por el mundo.
Cuando la relación entre los progenitores funciona bien, supone una base segura para el menor y al mismo tiempo para todo el sistema familiar, sin embargo el problema viene cuando se producen notables conflictos parentales y además en presencia de los hijos.
En la vida familiar es frecuente que dichos conflictos se den, pues la convivencia no siempre es fácil, y más aún cuando nos adentramos en la crianza de los hijos, pero debemos tener en cuenta la frecuencia y la intensidad de los mismos así como tomar conciencia de cómo puede afectar a los más pequeños.
Las investigadoras concuerdan con el autor Delgado, puesto que de cierta forma los problemas familiares enfrentados por los padres frente a sus hijos adolescentes, repercute en ellos; es más si es visto con frecuencia, es decir desde que son menores los hijos, estos más adelante no sentirán confianza, seguridad; y esto es lo que se observa en los adolescentes, quienes argumentan no mantener mucha comunicación con sus padres ya sea porque siempre están ocupados, o no están en casa, o porque no tiene sentido o necesidad por parte de ellos.
A. Tipos de conflictos parentales
Existen varias formas de categorizar los diferentes tipos de conflictos parentales. Esta categorización puede ir en base al tipo de relación que existe entre los agentes implicados en la disputa o en base al foco o causa del conflicto.
a. Tipos de conflictos parentales según el tipo de relación
Dependiendo del tipo de relación o parentesco que exista entre los miembros de la familia se pueden diferenciar cuatro tipos de conflictos familiares.
Conflictos de pareja: Es irremediable que surjan disputas o crisis en el contexto de pareja; sin embargo, si las personas son capaces de manejarlos de manera adecuada estos conflictos pueden servir para favorecer el refuerzo del vínculo de pareja. Habitualmente estas dificultades surgen de forma natural a raíz de problemas de comunicación o de malos entendidos. Las causas más comunes de los conflictos cotidianos en la pareja son:
- Problemas de comunicación: expresiones incorrectas, reproches, discurso emocional, insultos, etc.
- Sensación de pérdida de libertad y autonomía: sucede por parte de uno de los miembros de la pareja. Tratar de cambiar la manera de ser de la otra persona. Falta de habilidades de resolución de problemas.
Conflictos entre padres e hijos: Según la etapa del desarrollo en la que se encuentren cada uno de las partes implicadas en el conflicto se pueden subdividir en tres categorías:
Conflictos durante la etapa infantil: los conflictos suelen girar en torno al desarrollo de la autonomía del niño. En estos casos o bien los padres no tiene claro cómo conceder esa autonomía, o bien no creen que el hijo se esté orientando hacia la dirección que ellos creen correcta.
Conflictos durante la adolescencia: es la etapa en la que mayor número de conflictos surgen. Estos aparecen cuando los hijos tienen entre 12 y 18 años y vienen dados por las fluctuaciones o altibajos emocionales propios de este período.
Conflictos con hijos adultos: cuando los hijos alcanzan la mayoría de edad supone el comienzo de la convivencia entre personas ya adultas. Las cuales
suelen tener diversas maneras de pensar y de entender cómo vivir u organizar su vida, por lo que esta época también es susceptible de provocar algunos conflictos familiares.
Conflictos entre hermanos: Este tipo de conflictos son de los más habituales y los que más perduran independientemente de la etapa vital en la que se encuentren cada uno de ellos. Estos altercados suelen mantenerse durante muy poco tiempo y la mayoría de las veces no es obligatoria la intromisión de los padres. La cara positiva de este tipo de conflictos es que constituyen un preludio de los conflictos que pueden aparecer en la edad adulta, y por lo tanto sirven de iniciación y aprendizaje para la vida adulta.
Conflictos con la tercera edad: Cuando una persona adulta ingresa en la etapa de la tercera edad los cambios que experimenta son sumamente trascendentales. Tanto a nivel biológico, cuando la persona advierte el propio deterioro corporal; como a nivel social, en el que aparecen acontecimientos como la jubilación, la pérdida de amistades o seres amados, etc.
Este conjunto de cambios pueden ser experimentados de manera muy dramática por la persona, dando lugar a conflictos con el resto de componentes del núcleo familiar.
Los estudiantes de la Institución Educativa Particular Bryce, según la observación de la psicóloga de la institución muestran el conflicto entre padres e hijos en especial en la etapa de la adolescencia, debido que esta es la etapa en la que mayor número de conflictos surgen, debido a que siempre quieren tener la razón, así mismo el hecho de querer llamar su atención indirectamente, lo cual también genera problemas de comunicación, como los reproches, comparaciones. Entonces los adolescentes según lo observado muestran comportamientos y actitudes de inseguridad en sí mismos, rebeldes en algunas ocasiones, introvertidos, lo cual dificulta en algunas ocasiones relacionarse con sus compañeros.
b. Según el foco del problema
Estos conflictos se categorizan según la fuente o foco del problema, y aunque se describen de forma separada pueden darse más de un tipo al mismo tiempo.
Crisis propias del ciclo vital: Cada cambio o salto de una etapa del ciclo vital a otra suele venir acompañado de algún conflicto, esto es debido una serie de factores como nuevas responsabilidades, asimilación de nuevos roles o acontecimientos como matrimonios, jubilaciones o defunciones. Si estos conflictos intentan ser neutralizador o son gestionados de forma poco perspicaz, pueden llegar a transformarse en auténticas crisis familiares.
Crisis externas: El origen de estas crisis se encuentra en la aparición repentina de un acontecimiento inesperado. Estos acontecimientos abarcan desde la pérdida de un empleo, alguna clase de accidente, el fallecimiento de una persona querida, etc.
Lo que suele caracterizar a estas crisis es la búsqueda de culpables por parte de la persona más afectada, en vez de procurar acostumbrarse a las nuevas circunstancias.
Crisis estructurales: En esta clase de dificultades se repiten y renuevan antiguas crisis o sucesos, haciendo que los conflictos reaparezcan entre los miembros de la familia.
Crisis de atención: Estas crisis son propias de unidades familiares en las que residen personas dependientes o desvalidas. En estos casos los conflictos aparecen cuando las personas encargadas de su cuidado ven limitadas o restringidas sus actividades habituales o sus libertades.
1.3 Autonomía moral