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Confluencia musical entre el personaje y la danza

I. NUESTRO SINO TRÁGICO Un destino que se nos fue prefigurando

5. Gestus, danza y palabra

5.4. Confluencia musical entre el personaje y la danza

Ahora, en búsqueda de esa “puesta en-juego”, dentro de esta investigación-creación, la música, se convierte en otro tema ineludible, porque la música es un elemento inseparable de la danza y a su vez, esta afecta toda la propuesta artística del espectáculo. Aunque el personaje baile en silencio, esta danza llega a tener un ritmo, una coloratura y una musicalidad propias. Por otra parte, se encuentran escenas en las que el canto a capela o la musicalidad en la interpretación del texto, se acompaña o se complementa con danza.

Para los actores, así como para los directores, la música se ha convertido en una estructura independiente del teatro. No se trata del papel evidente de la música y del teatro musical, sino de una idea más profunda del teatro como música. Quizá sea algo ya típico que una mujer de teatro como Meredith Monk, que es conocida por sus poemas visuales y sonoros escenificados espacialmente, haya dicho en una ocasión: “Yo llegué al teatro desde la danza, pero fue el teatro el que me trajo a la música” (Varopoulou H. citada por Lehmann, 2013. p. 158).

Aunque la danza en el teatro no se rija desde los mismos parámetros con los que asume la danza un bailarín, pues, como ya lo he planteado, el actor la asume desde el carácter, la situación y la carga del personaje, la música es y seguirá siendo un componente fundamental en la construcción o creación de esta danza y tiene que estar totalmente conectada con el carácter, la situación y la carga del personaje, ya sea como complemento o como contradicción, ya sea en la misma línea o

como contraposición, es decir, que tiene que estar de acuerdo o en relación con el sentido con el que se está creando o desarrollando el cuadro, la fábula y la dramaturgia del espectáculo.

Por ello, cuando se escoge la música para una escena, es fundamental no olvidar que el tema y la melodía con que cuenta esta música, traen consigo su propia carga emocional, entendiendo esta carga, como aquella cualidad innata y natural de la música, para entrar en la dimensión de lo sensible y llegar a generar en quien la escucha, de acuerdo con su métrica, su tempo y su instrumentalización, nostalgia, tristeza, euforia, ira, angustia o soledad. La música, tiene la capacidad y la fuerza de crear o de llenar el espacio, con su propia atmósfera.

Desde lo teatral, se puede decir que esta influencia depende fundamentalmente, tanto de la versión del tema que se esté utilizando, como del bagaje cultural con el que cuenta dicho tema, así como si esta música es pregrabada o se presenta con músicos en vivo, y si estos músicos están sobre o fuera del escenario. La decisión de contar o no, con músicos en vivo dentro del espectáculo, debe surgir y estar acorde con la puesta en escena, porque los músicos en vivo, dejan de ser un elemento meramente auditivo, para hacer parte de la imagen teatral, por lo tanto, deben integrarse con los otros lenguajes y elementos que hacen parte del espectáculo, en pro de la solidez, el significado y la claridad de la puesta en escena. También se puede contar con una fusión de formatos, en lo que se refiere a lo musical, como es el caso de nuestra puesta en escena, en la que se cuenta con música y sonidos incidentales, ejecutados en tras escena, que se fusionan, se complementan o se contrastan, con el canto a capela y la música pregrabada, dentro de la misma, como en otras escenas.

Como parte de la versión del tema que se está utilizando, si es que cuenta con varias versiones, influyen el género, el tempo y la instrumentalización de la pieza, que siempre depende y se ve directamente afectada por quienes son los interpretes de la misma. En referencia a la carga cultural, influye directamente la popularidad de la pieza, así como el conocimiento y el contacto previos al espectáculo, que pudieron llegar a tener, tanto el actor como el espectador con dicha pieza. O si esta fue creada para el espectáculo al que pertenece. Sobre esta carga cultural, entran a operar nuevamente, el género y la instrumentalización con los que cuenta o se interpreta este

tema, y tanto el impacto colectivo, como el impacto que puede llegar a generar en cada individuo, aquellas características particulares con las que es dotada e interpretada esta pieza.

En el caso de que este tema cuente con voz, desde el punto de vista musical, esta voz es tomada como un instrumento más, que aporta a la estructura, tonalidad, textura y coloratura de la melodía. Desde lo teatral, sin llegar a eliminar el punto de vista de lo musical, esta voz, esta voz cantada es palabra y esta palabra, trae a su vez un texto que aporta y afecta la fábula de la obra. Esta palabra, trae consigo una historia y unos referentes culturales que confluyen, chocan, se fusionan, se encuentran, en ese trozo de vida [...] que podemos poner en escena (Jean Jullien citado por Sarrazac, 2013, p. 95), en ese CARA a CARA que enfrenta el actor consigo mismo en la creación, en el que toma y asume la danza como lenguaje y herramienta en la construcción de ese CARA a CARA, que luego se da con el espectador.

Por lo tanto, el actor a través del movimiento, a través de su presencia, debe jugar con la carga y con la fuerza con la que cuenta esta música; de lo contrario, esta puede arrasar con el sentido que se está intentando construir a través de esta danza. La música es un ingrediente vital tanto en el teatro contemporáneo como en la danza, y se ha hecho fundamental como lenguaje o herramienta de creación teatral, y el actor, a través de su técnica, debe moldearla, manipularla, convertirla en parte de su creación. El actor, a través del cuerpo, la música, la ruptura y el movimiento, debe intentar develar el gesto trágico de este personaje que danza.