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La conformación de los armazones de producción, comercio y consumo

Europa había sido considerada como una fortaleza, con un mercado interno poderoso y una economía urbana específica en términos de consumo, de intercambio y de producción. Era, por lo tanto, una estructura de asociación de espacios, a la vez que poseía una capacidad propia para dictar normas relativas a determinados impuestos y contribuciones exigidas a los pobladores. Estos mecanismos han servido para sostener determinadas situaciones de orden socio-político, para poder subsistir en épocas de recesión productiva y para lograr el mantenimiento de economías de autoconsumo y bastante aisladas de los procesos de mercantilización interregionales.

Un análisis histórico resulta obligado a la hora de perfilar los niveles de funciona- miento y uso de los diferentes factores productivos y de intercambios; y para poder definir los modelos de constitución y organización económica de los distintos asenta- mientos poblacionales. Si las villas medievales habían jugado un papel fundamental en la construcción de Europa, la explosión económica más directa se produce con el desarrollo de los intercambios y del comercio que explica el proceso de acumulación de la producción y el desarrollo de las villas urbanas.

Este proceso está asociado a un fuerte crecimiento urbano, a un aumento de la riqueza de los comerciantes y al auge de la producción artesanal. Este desarrollo ha servido para explicar las modificaciones de los oficios, las infraestructuras y los intercambios. Ha estimulado, en consecuencia, las nuevas funciones y las profesiones que se refuerzan de manera progresiva. Se constituyeron núcleos geográficos en donde se concentran las regiones financieras y hacia donde se dirigieron los factores de producción móviles, tales como el capital y la mano de obra.

Una primera línea de concentración viene definida por la órbita de las ciudades- villas mediterráneas (Venecia, Génova, Pisa, Nápoles); de lugares ubicados en el norte (Lübeck, Hamburgo, Danzing, Rostock); de asentamientos localizados en el Atlántico (Brujas) y en el interior europeo (Colonia). En todos ellos, se aprecian varias consideraciones comunes: están en el corazón de los grandes circuitos de intercambios, en torno de los mismos se organizan y consolidan una mayor intensidad de flujos económicos y la mayoría de ellos responden a modelos marítimos.

Asimismo los mencionados lugares presentan como rasgos típicos: crecimiento continuo y progresivo de la población; propician la formación de aglomeraciones urbanas; se lleva a cabo una fuerte inmigración de profesiones artesanales procedentes del medio rural y asistimos a una intensa proliferación de mercaderes que alientan la conversión de dichas áreas urbanas en centros administrativos. Adquieren y poseen, por tanto, para su expansión un derecho propio y particular en su entorno, evolucionando sobre la base de las cuestiones relativas a los aspectos financieros y comerciales.

La consolidación de los mencionados núcleos urbanos ha permitido el hecho significativo de contar con la presencia de una importante coalición de capas dirigentes, de un profundo y creciente auge de las ciudades, de un desarrollo organizativo de las mismas y, finalmente, de un amplio desarrollo democrático con amplia y mayor participación. En algunos casos, la Iglesia ha jugado un papel preponderante debido a su organización territorial y su nivel orgánico.

La Europa del medioevo muestra el papel pionero que desempeñan las ciudades en la constitución del sistema urbano como columna vertebral del primer capitalismo y como resultado de una nueva conformación administrativa y política. Esta Europa de mercaderes ha tomado forma alrededor de los intercambios, formalizando ejes económicos de circulación de los factores productivos, dando lugar a la primera vertebración territorial del continente en función de los distintos corredores, verdaderos ejes de circulación. O sea, empiezan a funcionar los factores de atracción de las diferentes localizaciones, del desarrollo comercial y de la movilidad de las inversiones y, evidentemente, surgen las distintas estrategias de desarrollo o la existencia de diferencias ente un área y otra.

Este desarrollo del primer capitalismo nos permite afirmar que en el año 1650 existían cerca de 200 villas con más de 10.000 habitantes. Sin embargo, a lo largo de la fachada atlántica el desarrollo del armazón urbano se ha producido más tarde, al amparo de la aventura americana.

A finales de la Edad Media la pauta general fue la de construcción de palacios y catedrales. Fue el comienzo del urbanismo que, iniciado en las ciudades italianas, se difunde por gran parte de la ciudades europeas Los nuevos actores (mercaderes, banqueros, artesanos, comerciantes, juristas) forman parte de la expansión urbana y poseen su autonomía diferente al orden feudal. Esta peculiar burguesía defiende sus propios intereses, sus propios modos de vida, sus valores y sus ideas; construyen sus reductos territoriales; defienden sus derechos particulares y la formación de alianzas matrimoniales; y la propia rivalidad de familias llega al punto de tratar de monopolizar el poder que da lugar a un específico nivel de jerarquía social. Por tanto, el final de la Edad Media es el resultado de la agregación y de la formación de nuevas alianzas de grupos y de redes asociativas.

Esta tendencia se acentúa durante el Renacimiento a pesar de la reacciones de una parte de la nobleza y de la institucionalización y reforzamiento de los Estados. Los mayores contactos culturales favorecieron la difusión de nuevas conductas y la educación se convirtió en el elemento clave de la mayor transmisión de las ideas. Nacen las Universidades como punto de referencia.

En el siglo XVII se produce el segundo movimiento capitalista. Se forjan las ciudades industriales y asistimos a una profunda ola de urbanización y asentamientos poblaciones. Esto es, se valorizan las ciudades y éstas cambian de escala. Asistimos a nuevas dinámicas y presenciamos reveladoras transformaciones. A su vez, avistamos jerarquías entre las mismas. Los núcleos más importantes se concentran alrededor de las explotaciones del carbón, siderurgia clásica, minas y astilleros. En el siglo XVIII la revolución y el desarrollo económico y técnico estuvo acompañada de unas nuevas villas industriales alrededor del carbón, textil y siderurgia; y más tarde de la química, electricidad e industrias mecánicas. Esto es, industrialización y urbanización al mismo tiempo. Dicho proceso ha permitido constatar la conjunción de ciudades de mediana y elevada dimensión con el rasgo común de ser puertos marítimos. Sobre ellas se han ido localizando las industrias y se ha concentrado la población.

Por tanto, ¿cuáles son los principales procesos de la revolución industrial? Podríamos resumirlos en los siguientes: a) las transformaciones de las minas, lo que condujo a la creación de comarcas industriales y mineras; b) la adopción progresiva de tecnologías modernas tales como textil; c) la des-industrialización y declive de regiones rurales y pequeñas poblaciones; d) el desarrollo de puertos marítimos industriales como vía de intercambios de mercancías lo que permite convertir a los puertos en centros industriales.

En la mitad del siglo XIX asistimos a la segunda fase de la revolución industrial, la de los transportes, ferrocarriles y canales que aceleran la circulación de los bienes y la concentración de la producción. El desarrollo de la química, la metalurgia, las industrias mecánicas y los bienes de equipo junto a las finanzas van a reforzar el rol del armazón urbano, la industrialización y la adaptación progresiva a las nuevas actividades y sectores, como a las nuevas tecnologías. La industrialización y los transportes

acelerarán la concentración de las grandes ciudades y el nuevo armazón urbano se convierte en un lugar de inmovilización de importantes capitales fijos, atracción para la población y para la diversidad de la mano de obra.

En ese sentido, apreciamos la conformación de redes de ciudades, de corredores desarrollados, de aglomeración y concentración de empresas, de nueva estructuras sociales y de modificaciones en los conceptos residenciales que se permiten re-definir las nuevas relaciones centro/periferia urbana. A nivel institucional se consolidan los Estados y se refuerza su capacidad de control; así como se instrumentalizan las nuevas formas sobre la responsabilidad de la regulación y sobre las normas de funcionamiento.

La lectura de estos datos y de esta representación histórica permiten subraya varios puntos sobresalientes: a) los territorios se han aprovechado de las olas de transmisión económica. La estabilidad del sistema urbano y de las redes territoriales más concretas subrayan las jerarquías en el seno de los Estados o dentro el marco global europeo; b) las mejoras tecnológicas y las nuevas organizaciones productivas y el desarrollo económico se han yuxtapuesto con las estructuras del armazón europeo más consolidado. Ellos han podido diversificar mejor sus bases productivas, potenciar el crecimiento y contribuir a relanzar las distintas escalas del desarrollo; c) se ha constituido un grupo de nudos de territoriales que ofertan ventajas competitivas sobre las demás áreas geográficas.

En consecuencia, el análisis de la realidad gallega no puede estar exenta de referencias a lo que ha constituido la formación de los núcleos urbanos e industriales europeos. No obstante, nuestro proceso ha sido más lento, menos asociado y con un lastre más pesado, lo que ha retardado el cambio y adaptación estructural con relación a las realidades contemporáneas.

3. El marco natural y los recursos: los límites y los condicionamientos