ALEJANDRO CAGLIOSTRO
15. CONFRONTACIÓN: CAGLIOSTRO, SAINT-GERMAIN, EUGENIO SIRAGUSA
“En aquel tiempo hizo su aparición el monstruo que tenía cabeza roja de macho cabrío, patas negras de cabra, pechos y brazos de mujer, tórax con escamas, alas azules de murciélago, una espada agarrada por el filo en su mano derecha y una antorcha invertida en su mano izquierda. Con su poder encadenó a la mujer y al hombre y los dejó desnudos ante el cosmos, ante su propio destino, ante los cuatro elementos. Era el tiempo que el hombre y la mujer habían invocado.”
(ELEUZEL.)
Con un intervalo de tiempo relativamente breve, y dentro del mismo espacio televisivo, pudo verse a Eugenio Siragusa y al supuesto conde de Saint- Germain.
La presencia de Eugenio Siragusa se acogió positivamente, y surgieron algunas preguntas en muchos de los espectadores que escucharon sus palabras. Hoy, no habiendo tenido más que una aparición en la pequeña pantalla, la Secretaría Internacional del centro tiene diariamente un número muy considerable de cartas, procedentes de todos los puntos de España, interesándose por el tema de los ovnis y cuanto les rodea.
El supuesto conde de Saint-Germain hizo acto de presencia en T. V. E. con un gran aparato publicitario. Los organizadores del programa convocaron a la prensa, a químicos y orfebres. En presencia de los espectadores se pretendió llevar a cabo la trasmutación de un metal vil en oro. El proceso duró tan sólo unos minutos, y se pareció más a un espectáculo de charlatán de feria que a una trasmutación.
Entre las preguntas que haremos a Eugenio Siragusa, habrá algunas sobre el supuesto conde de Saint-Germain. El encuentro de ambos se produjo en París hace algún tiempo, y la historia, por tanto, arranca desde entonces. Pero hay por medio otro nombre: Voltaire.
Cagliostro, Saint-Germain, Voltaire: tres nombres importantes del siglo XVIII francés, tres contemporáneos.
Eugenio Siragusa representa la continuación de la herencia del conde de Cagliostro; el francés Richard de Chamfray pretende encarnar al conde de Saint-Germain. Nos queda Voltaire.
Voltaire, en su tiempo, recibió un anillo de platino trasmutado por el conde de Cagliostro. Dicho anillo obraba en poder de Eugenio Siragusa. Al parecer, el supuesto conde de Saint-Germain, en el primer encuentro habido con Eugenio Siragusa en Francia, no sólo no aceptó la personalidad de Eugenio Siragusa como quien se presentaba, sino que pretendió ser el propietario y heredero de un secreto que perteneció al verdadero conde de Saint-Germain, y
no contento con haber usurpado el nombre, pretendía usurpar otras claves de reconocimiento que, por desgracia para él, no obraban en su poder, sino en el de aquellos que eran depositarios y departían el gran secreto.
En uno de mis trabajos en televisión entrevisté a un italiano, hace muchos años residente en España, que había sido gerente de una gran empresa y, una vez retirado, se había dedicado a profundizar en la verdad de los ovnis, escribiendo dos libros importantes. Estoy hablando de Ángel Franchetto, residente en Barcelona y dedicado a trabajar por la causa full-time. Sus obras anteriores fueron Predicar es más fácil que dar trigo y Del cielo a la
Tierra. Hoy tiene otro libro recién aparecido, que se titula: El futuro y los extraterrestres. Mi encuentro profesional con Ángel Franchetto tuvo lugar a raíz
de la publicación de su segundo libro. En mis conversaciones con él salieron a relucir los nombres de Eugenio Siragusa y el conde de Saint-Germain. Ángel Franchetto tenía en su poder un anillo de platino transmutado por el conde de Cagliostro y que había pertenecido a Voltaire.
Este anillo poseía el sello y venía guardado en una caja tapizada de terciopelo, con la inscripción y el sello de la flor de lis. El anillo era una verdadera joya, y le había sido remitido a don Ángel Franchetto con este simple comentario: “A cada uno lo suyo”.
Hoy Ángel Franchetto es uno de los miembros del C. S. F. C. y lleva permanentemente ese anillo puesto en su mano.
El viejo juego de ajedrez del siglo XVIII se recompone hoy con otros nombres. En estos encuentros Eugenio Siragusa actúa como un detector de mentiras, capaz de discernir el oro transmutado del metal vil.
- Señor Siragusa, ¿podría explicarnos quién fue el conde de Cagliostro?
- El conde de Cagliostro fue y es todavía la sabiduría encarnada de uno de los más grandes genios que la humanidad ha tenido: Hermes Trismegisto. Fue el dispensador de amor y de bien, el maestro insigne de los valores
alquímicos, espirituales, astrales y físicos. El conde de Cagliostro fue y es un
gran maestro atlantídeo que ascendió el último peldaño de la escuela de Poseidón, de donde sacan sabiduría universal los hijos de Dios venidos a la Tierra para ayudar a los hombres en el conocimiento de la verdad única. Él es el heredero de la mutación para estar siempre disponible, para servir a la
inmutable ley del genio solar, del cual es un devoto e irreductible servidor y
del cual recibe el bien que dispensó y dispensa.
- ¿Algunos le identifican como Giuseppe Balsamo? ¿Qué piensa usted de esto?
- Giuseppe Balsamo no ha sido nunca el mismo conde de Cagliostro. Giuseppe Balsamo no fue más que la contrafigura de la cual se sirvieron hábilmente los perseguidores del conde para desacreditarlo y para hacerle culpable de crímenes que nunca cometió, para eliminarlo, en una palabra. Los impíos tienen terror de su personalidad espiritual, y, como en otro tiempo, se coligan en el intento de cerrar su obra, sabiendo, sin embargo, que nada pueden hacer, siendo Cagliostro un poseedor consciente de la
gnosis. Él sabe lo que quiere y desea poseer, y esto para un fin bien preciso,
que contiene los designios del gran maestro, espíritu patronímico del sistema solar. Nada más que añadir.
En el tiempo mismo que le tocó vivir a Cagliostro, a su regreso del viaje iniciático, en la corte francesa y en otras cortes de Europa corría la siguiente leyenda:
“Entre la gente, e incluso en la corte, es público el criterio de que Cagliostro tiene más de tres mil años, que ya vio surgir la Esfinge en Egipto y las pirámides en el desierto, que se había sentado al lado de Cristo en la noche de la Última Cena… y que, en fin, era un auténtico rosacruz, uno de los que poseían el conocimiento.”
Este texto lo he encontrado en la biografía del conde de Cagliostro, escrita por Pier Carpi. Es una biografía de un intuitivo sobre un iniciado, y por tanto, un tesoro.
En la época en que Alejandro de Cagliostro vino a Europa, había sufrido ya todo el proceso de su transmutación espiritual. Había retornado como iniciado para llevar a sus semejantes la luz que le fue encomendada en Egipto. Parece que su maestro fue Althotas, que hizo el camino de los iniciados y que entró en contacto con templarios, esenios, rosacruces, caballeros de la orden de Malta. A su paso por Londres en 1777; sus discípulos continuaron la orden de la Masonería Egipcia. Cagliostro es condenado a muerte por la Inquisición en 1791.
Hoy Eugenio Siragusa desvela el secreto de sus encarnaciones, tenidas largo tiempo en lo más profundo de su corazón como verdad propia. No deja de ser coincidente que en una obra literaria sobre Cagliostro, escrita por un autor que no conoce a Eugenio Siragusa, se encuentre la identificación de Cagliostro, Juan Evangelista y Hermes Trismegisto, como también sorprende que hagiógrafos o comentaristas de las obras de Juan Evangelista o de Hermes Trismegisto emparenten a ambos, y algunos les crean la misma persona o contemporáneos.
En el pasado, en el momento en que se estaba cociendo la Revolución Francesa, se encontraron tres hombres importantes: Cagliostro, Saint-Germain y Voltaire.
Cagliostro había dicho poco antes de ser condenado:
“La verdad sobre mí nunca será escrita, porque ninguno la conoce. Yo seré la última víctima, porque una vez junto a los pies del Eterno sabré llorar y suplicar para que en la Tierra se produzca un nuevo orden de cosas… Derramad sobre mi sepulcro una lágrima…”
Y saliendo de la Bastilla, donde había sido encarcelado, añadió:
“Este lugar será muy pronto el templo de la libertad, y el pueblo lo habrá hecho suyo.”
Hoy los personajes de aquel escenario vuelven a encontrarse con un vestido diferente en una situación distinta. Unos se atribuyen falsos nombres y pretenden arrogarse poderes que en último término no les fueron concedidos.
Quien tiene el poder de discernir, quien es portador de su verdad, sólo él puede permanecer, sólo él tiene las pruebas de que cuanto dice es auténtico.
- ¿Qué pruebas tiene usted de que Cagliostro, Saint-Germain y Voltaire se conocieron, fueron iniciados y bebieron en las fuentes de sabiduría del gran secreto?
- En mi poder obran las claves de dicho secreto. Yo remití el anillo de platino transmutado por el conde de Cagliostro para Voltaire. Y quien pretende arrogarse el nombre de conde de Saint-Germain es un sedicioso que ha quedado al descubierto.
- Usted afirma que fue Cagliostro, y quien dice en Francia ser el conde de Saint-Germain no le reconoció como tal. ¿Por qué?
- Mis previsiones se han cumplido. El sedicioso conde de Saint-Germain se ha descubierto. Ha escarnecido la verdad y ha comenzado a pagar por ello. Ha creído poder jugar fácilmente con la luz de la verdad, y con toda su arrolladora hipocresía y falsedad no ha hecho más que atraer sobre sí el desdén de los que luchamos contra los que se aventuran a violentar con espíritu diabólico la obra de los humildes y de los puros de corazón. Creo que ha llegado el tiempo de llamar al pan, pan y al vino, vino, la hora de hacer palidecer a todos aquellos que han sido enredados por sus siniestras artes y de constatar los frutos que este sedicioso conde de Saint-Germain ha dado. Yo tengo piedad y conmiseración de él, y espero que las pruebas sirvan a su conciencia para que en el futuro no cometa errores más graves de los que ha cometido.
- ¿A qué pruebas se refiere usted? ¿Qué le ha sucedido al pretendido conde de Saint-Germain?
- Me refiero a la noticia de su intento de suicidio. La noticia del intento de suicidio del señor Richard de Chamfray no me sorprendió. Sabía de antemano que esto sucedería. El señor Richard de Chamfray haría muy bien en retirar la peligrosa carta que ha puesto en juego. Éste es un juego lleno de dolorosas sorpresas. Debe acordarse bien del señor Siragusa, no olvidando que a una causa corresponde un efecto.
- ¿Qué pasó entre usted y el pretendido conde de Saint-Germain en su encuentro en Francia?
- Le responderé con palabras de un mensaje de Adoniesis: “Todavía es tiempo para poder arrepentirse, para evitar ulteriores tribulaciones que potencialmente gravitan sobre el sendero de su vida. Equivocarse es humano; perseverar, diabólico. Él posiblemente no lo sabe todavía; después del encuentro en París con el señor Siragusa, hubiera debido meditar seriamente y, por tanto, intuir con quién se encontraba realmente y el por qué de este encuentro programado. El anillo recibido como don de parte del señor Siragusa, con su particular hechura, era el sello del amor y de la justicia. Era una carta de visita que el verdadero conde de Saint-Germain hubiera reconocido inmediatamente. El señor Richard de Chamfray no podrá imaginar ni siquiera lejanamente la luz de amor y de justicia de que está impregnado ese anillo. Ha empleado la palabra que mata en la
referencia a nuestro hermano operante en la Tierra, y lo invitamos a estar muy atento para no usarla, porque la próxima prueba significaría irremediablemente una dura sentencia y un regreso inmediato de su personalidad espiritual, que no es la del verdadero Saint-Germain, sino la de un espíritu programado por él, si estuviese bien dispuesto. Debiera saber bien quiénes somos y por quién obramos y no ignorar tampoco lo que significa escarnecer la verdad que se está revelando a los hombres de esta generación.”
- Digamos que la identificación de la personalidad del conde de Saint- Germain resultó negativa, pero positiva la de Voltaire. ¿Qué prueba podría mostrarnos hoy usted sobre su pasado en relación con Voltaire?
- Usted ha visto el anillo de platino. Le mostraré otro documento. Es una carta de Voltaire, fechada el 6 de junio de 1761. En ella ya se habla del secreto que se desvelaría en el siglo XX, en su segunda mitad, y que se refería a los platillos volantes…
Como prueba complementaria, aducimos la foto de la carta, cuyo texto traducido es el siguiente:
“6 de junio de 1761.”
“Le respondo, señor, a la carta del mes de abril en la cual sus terribles revelaciones hacen del viejo hombre que soy yo el confidente del más terrible de los secretos el día de su muerte.”
“Gracias, Germain. Vuestro largo camino en el tiempo será iluminado por mi amistad hacia vos, incluso en el momento de vuestras revelaciones en la mitad del siglo XX. Las imágenes hablantes no hubieran podido, faltas de tiempo, guardarme el recuerdo de ello. Pueden conduciros a mí vuestras maravillosas máquinas volantes.”
“Adiós, mi amigo.”
“Voltaire (Gentilhombre del Rey).”
- En este momento quisiera hacerle una pregunta paralela al tema que ha ocupado esta conversación. Cagliostro, los alquimistas y otros iniciados estuvieron en poder del Gran Secreto. Hay otro camino por el cual determinada gente pretende acceder al secreto de la vida y de la muerte. Es el de la magia negra. ¿Cuál es su parecer al respecto?
- La magia negra es la manifestación del mal en su perseverancia negativa. Nuestros hermanos extraterrestres saben que la brujería no es más que la explotación (por hombres perversos) de las fuerzas bajas, dispuestas a ser instrumentalizadas y enderezadas para conseguir una resultante maléfica. Existen dos tipos de magia: la blanca y la negra. La blanca intenta enderezar estas fuerzas en un sentido positivo físico; la negra, en un sentido negativo físico. Pero quien está fortificado en el espíritu no debe temer nada. - ¿Qué es para usted la muerte?
- La vida va hacia la muerte, la muerte va hacia la vida. Todo cambia, salvo la ley que informa la eternidad de lo creado a través del cambio que determina la evolución de todo aquello que sirve a la inmortalidad del espíritu creativo. Todo es hoy, todo será mañana. El mañana resultará diferente, pero será siempre el todo de ayer con nuevas formas, nuevos colores, nueva linfa,
nueva conciencia, nueva vida y nueva obra. La muerte ha empujado a la vida hacia nuevos senderos más luminosos, para ser más conscientes de ser savia de eterna verdad en la luz de Dios. La verdadera vida emerge de la muerte. Despojándola de los hábitos materiales, se vuelve real y existente, sabedora de ser una sola cosa con la gran Vida del Cosmos. La muerte es una amiga grande y generosa. La muerte es la generadora de la verdadera vida.
- ¿Es posible comunicarse con los muertos? ¿Qué piensa usted del espiritismo, en ese sentido?
- Mi parecer personal es dejar en paz a los espíritus y evitar llamarlos a la sensibilidad de nuestra dimensión. Además se ven constreñidos a sufrir cuando se juega a la “llamada” desconsideramente. Debemos estar atentos, porque pueden acaecer situaciones muy desagradables, sobre todo cuando este tipo de pensamiento se convierte en un hábito. Conozco historias muy tristes de personas que se han convertido en instrumentos de espíritus diabólicos. De hecho, es un juego muy peligroso; por tanto, os aconsejo que estéis muy en guardia y que si podéis lo evitéis. Existen, además, médiums bastante preparados, de los cuales se sirven los espíritus desencarnados para comunicarse. Estos médiums tienen la posibilidad de vigilar y discernir los espíritus positivos de los negativos, aunque no siempre es así.
- Hemos hablado de un pasado no demasiado remoto, un pasado donde Cagliostro, Voltaire y Saint-Germain fueron una realidad física. ¿Cuáles son, a su parecer, las razones supremas para creer en la reencarnación como un hecho válido hoy?
- Le contaré una historia. Un niño fue por primera vez a la escuela. Era muy pequeño, y su conocimiento no superaba las experiencias infantiles. Su maestro (que era Dios) le puso en la primera clase y le dijo que aprendiese la siguiente lección: “No debes matar, no debes hacer mal a ningún ser viviente, no debes robar”. Él no mataba, pero era cruel y robaba. Al fin de la jornada, cuando su barba se volvió oscura y se echó la tarde, su maestro (que era Dios) le dijo: “Has aprendido a no matar, mas las otras lecciones no las has asimilado todavía. Vuelve mañana.” Al día siguiente volvió, y era todavía muchacho. Su maestro (que era Dios) le puso en una clase un poco más avanzada y le dio esta lección para aprender: “No debes hacer mal a ningún ser viviente, no debes robar, no debes engañar.” El hombre dejó de ser cruel, pero robaba y engañaba. Al final de la jornada, el maestro (que era Dios) le dijo: “Has aprendido a no ser cruel, pero no las otras lecciones. Vuelve mañana”. Volvió de nuevo al día siguiente, y era todavía muchacho. El maestro (que era Dios) le puso en una clase un poco más avanzada, y le dio esta lección para aprender: “No debes robar, no debes engañar, no debes desear lo que es de los demás.” El hombre no robó, pero engañaba y deseaba los bienes de los otros. Al final de la jornada, el maestro (que era Dios) le dijo: “Has aprendido a no robar, pero no las demás lecciones. Vuelve, hijo mío, mañana.”
“Esto es lo que he leído en el rostro de los hombres, en el libro del mundo, en las estrellas del firmamento.”