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IV. PRESENTACIÓN DE LOS RESULTADOS

3. Consecuencias de la violencia: el trauma

La experiencia de violencia es algo que la ha acompañado por mucho tiempo y ante la cual se ha preguntado los motivos para padecerla. Es una experiencia que marcó su vida y de la que ha conservado varios recuerdos que la conmueven.

Fue una experiencia que se fue repitiendo a lo largo mi vida y en un momento una se pregunta: ¿mi familia no me quiere? Es una pregunta que no encuentra respuesta y nadie responde”.

“Yo veía a mis compañeras del colegio contentas y me preguntaba ¿por qué yo estoy triste?, ¿por qué me pasan estas cosas a mí? Recuerdo que en una ocasión le conversé a mi maestra de tercero básico sobre mi situación y le preguntaba las causas; ella solo me abrazó y me dijo que era una niña muy bonita y creo que me compartió de su manzana”.

59 Los sentimientos que le acompañaron a los largo de los años a partir de esta experiencia de su niñez y adolescencia fueron la incertidumbre, el miedo, la tristeza y una cierta amargura:

“No es que no tenga momentos de felicidad y paz, sin embargo hay una clase de tristeza que me acompaña; ¿una se siente despreciable? Entonces me esfuerzo por ser mejor, pero al final como que no alcanzo a estar bien”.

“Yo creo que siempre me acompaña una tristeza que en momentos no logro entender. Es como si me subiera a una micro y viera que la gente va sonriendo y yo paso a través de ellos con una maletita negra que no me deja ser feliz. Entonces yo me pregunto: ¿por qué no puedo ser feliz?”.

“Creo que desde niña entré en un hoyo tan profundo y en una oscuridad que no tenía ningún orificio para que entrara un poquito de luz. En muchos momentos de mi vida me he experimentado despreciada, desdichada y no importante para nadie”.

Otra consecuencia que fue el que la acompañada asumió, sin mucha claridad, la responsabilidad de la violencia que sufrió, lo que le llevó a sentirse culpable y con vergüenza de su persona. Ante la imposibilidad de responsabilizar a sus padres por la falta de cuidado, de atención y de respeto a su persona, desde los primeros años de vida se planteó que ella fue la causa de lo que le sucedió:

“terminé considerando que la causa de tanto mal era yo misma y que no era valiosa para nadie”.

Con respecto a su experiencia de fe se constató que ésta encerró una ambigüedad que le llevó a justificar la experiencia de maltrato y violencia de la que fue objeto. El suponer que el maltrato la hizo una persona de bien, aún cuando esta misma situación le llevó a sentir dolor, tristeza y a considerarse no digna de ser amada.

“...Por muchos años me dije: si yo soy buena, es porque me trataron de manera dura”.

60 Para ello recurrió al pasaje de la Biblia (Proverbios 13,24) que considera que Dios educa a sus hijos con vara para que sigan el camino correcto: “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama,

desde temprano lo corrige”. Sin embargo ella reconoció desde hace tiempo que, si bien estas afirmaciones tuvieron su lógica, no le permitieron explicar lo que sucedió en su vida:

“... Sin embargo una no entiende el porqué los golpes, el motivo de tanta humillación”.

En cuanto a las relaciones familiares más cercanas, se constató que la acompañada las experimentó con ambigüedad, ya que por un lado ella tenía deseo de la cercanía de su madre y sus hermanos, sin embargo, después de su encuentro con ellos, terminaba debilitada y triste:

“...querer estar cercana a ellos porque son mi familia, pero es difícil porque luego me quedo mal, con rabia o con tristeza. En ocasiones sólo basta que mi madre me llame por teléfono para que me sienta mal”.

Ante la violencia que padeció, la acompañada tomó la opción de querer pasar desapercibida para evitar el conflicto:

“Cuando era menor tenía tanto miedo... decidí nunca más preguntar nada a mi mamá y hacer todo lo que ella me dijera. Trataba de pasar desapercibida para que no me retara. Cuando estuve más grande y después de que nació mi primera hija, decidí irme de la casa para buscar un futuro mejor”.

Muchas veces intentó sin éxito, dejar atrás lo que había vivido:

Es como quererlo ocultar o guardar, pero al final una no lo logra porque hay personas o circunstancias que te lo recuerdan, en mi caso mi familia”.

Algo que dificultó su caminar es el no haberse detenido a pensar lo que había vivido. Ella cree que eso fue difícil porque siempre se planteó seguir adelante y cumplir con sus responsabilidades, para lo que elaboró

61 algunas afirmaciones sobre sí misma y sobre su vivencia, y a partir de allí optó por seguir adelante:

“una crece considerando que los papás son sagrados y que lo que digan es casi palabra de Dios. De allí que una no pueda cuestionar o poner en duda su actuar”.

Fue así que la experiencia de maltrato que sufrió desde la infancia de personas significativas, le llevaron a una serie de consideraciones mediante las cuales buscó dar un sentido a su experiencia. Ello conllevó la formación de una imagen de sí misma y de su entorno que fuera coherente con vivencia.

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