Como casi todos los problemas, los conflictos con los niños en torno a la
comida son mucho más fáciles de prevenir que de tratar. El título y el contenido de este libro difícilmente atraerán la atención de las parejas embarazadas, o de los padres de niños pequeños que todavía comen. La mayoría de mis lectores (¿o debería decir lectoras?) serán madres desesperadas porque su hijo «no come» desde hace meses.
Pero no pierdo la esperanza. A lo mejor está usted embarazada, o su hijo es aún pequeño, y este libro se lo ha prestado y recomendado una amiga o
cuñada que ya pasó por ello. O tal vez piensa usted tener otro hijo, y le gustaría no volver a pasar por lo mismo.
Esta sección contiene, por tanto, algunos consejos sobre cómo dar de comer a su hijo sin que surjan conflictos.
El consejo no puede estar más claro:
No obligue a comer a su hijo.
No le obligue jamás, por ningún método,
bajo ninguna circunstancia, por ningún motivo.
Este consejo sólo ocupa tres líneas, y podría usted pensar que es poca cosa para lo que ha pagado por el libro. Así que me extenderé un poco más. Pero todo lo demás es accesorio; si en cualquier momento se pierde en mis divagaciones y necesita volver a lo esencial, vuelva a este consejo.
Confíe en su hijo
Volvamos al principio. Tras nueve meses de espera, tiene por fin en brazos a su hijo. ¡No se mueva! Aunque algunos se empeñarán en intentar convencerla de lo contrario, en brazos es donde mejor está.
Para no tener conflictos desde el principio, lo principal es fiarse de su hijo. Su hijo sabe si tiene hambre, el reloj no. La mayoría de los niños maman entre ocho y doce veces al día, irregularmente distribuidas. Suelen tardar en cada pecho 15 o 20 minutos en las primeras semanas, mientras aprenden, pero hacia los dos o cuatro meses suelen mamar muy rápido, en 5 o 7 minutos o incluso menos. Esto es lo que hace la mayoría, siempre hay alguno que bate récords, por mucho o por poco. Si le da el pecho cuando lo pida y le deja el tiempo que quiera, su hijo siempre tendrá la leche que necesita.
El pecho se da a demanda
En otro capítulo hemos explicado ya por qué. Recordará que los bebés
difícilmente maman con un horario regular, porque es precisamente la variación del horario lo que les permite modificar la composición de la leche para
adaptarla a sus necesidades.
Dicen que nuestra civilización tiene miedo a la libertad; y tal vez por eso mucha gente no acaba de aceptar eso de la lactancia a demanda, e intenta ponerle
límites. Y lo triste es que a veces los límites se ponen con tanta sutileza que parece que digan lo mismo, pero no es lo mismo. Por ejemplo, los siguientes errores típicos:
Dale el pecho a demanda, es decir, nunca antes de dos horas y media ni más tarde de cuatro.
Eso no es a demanda. Eso es un horario flexible, y menos da una piedra, pero no es a demanda. ¿Por qué no va a poder mamar antes de las dos horas y media? ¿Nunca le ha ocurrido que acaba de comer, se encuentra a una amiga por la calle y entran en algún sitio a tomar un café? ¿O acaso le dice usted a su amiga: «Toma tú café si quieres, que yo te haré compañía; pero es que sólo hace media hora que he comido, y no me vuelve a tocar hasta las cinco»?
En las primeras semanas es recomendable dar el pecho a demanda, pero luego tu hijo irá cogiendo su propio ritmo.
No todos los niños cogen un ritmo. Y entre los que lo cogen, muy pocos siguen el ritmo de marcha militar que la frase sugiere (ni cada dos horas, ni cada tres, ni cada cuatro). Es más fácil que el ritmo elegido sea de chachachá: varias mamadas muy seguidas, otras más separadas, alguna pausa más larga...23 El
ritmo de la lactancia se manifiesta, cuando existe, de un día a otro: si Laura suele mamar muy seguido por las mañanas y dormir una buena siesta por la tarde, es probable que mañana vuelva a hacer lo mismo. Pero también puede que la sorprenda, y eso es precisamente lo bonito de tener hijos. Son personas, no robots.
Procura irle alargando entre toma y toma.
Eso tampoco es a demanda. ¿Por qué hay gente tan obsesionada con separar las tomas? Si su hijo quiere mamar, y usted quiere darle, ¿por qué se ha de meter nadie a controlar? ¿Ha de alargarle también entre beso y beso? ¿Le gustaría a usted que le fueran «alargando» entre domingo y domingo, o entre día de cobro y día de cobro, o entre vacaciones y vacaciones? Tal vez los empresarios serían muy felices con un domingo cada diez días, pagando una mensualidad cada cuarenta y tres días y dando un mes de vacaciones cada año y medio; pero ni siquiera se les ocurre proponerlo. Pues bien, su hijo respondería con la misma indignación si pudiera hablar y se enterase de que alguien pretende «alargarle las tomas». (Para más detalles sobre las
desventajas de «espaciar las tomas», véase más adelante el apartado «¿Es malo comer entre horas?».)
La crisis de los tres meses
Hacia los dos o tres meses, decíamos, los bebés han adquirido tanta práctica que pueden mamar en sólo cinco o siete minutos, algunos incluso en tres. Si nadie ha avisado a la madre de que esto iba a ocurrir, si la han engañado con lo de los diez minutos, ella pensará que su hijo no ha comido lo suficiente, como pensó Encarna:
Tengo una niña de cuatro meses. Mi problema es que no sé si come suficiente, puesto que está sólo de tres a cuatro minutos en cada pecho, y me da miedo que sea porque no recibe suficiente leche. Cuando tenía dos meses comía unos diez minutos de un pecho más cinco del otro, y ganaba muy rápidamente; en cambio ahora parece que se ha quedado un poco corta en su curva de crecimiento.
Ahora noto que mis pechos no están tan llenos como antes, que incluso goteaban.
Lo que me desconcierta es que en los primeros minutos traga mucho y rápido, y después empieza a coger y dejar el pecho, no se está quieta. Tengo que ir alternando los pechos y probar diferentes posturas para conseguir que se esté unos diez minutos entre ambos. Me pregunto si lo hace porque quiere más o no.
especialmente por la noche, que dormía cinco o seis horas seguidas y ahora tres o máximo cuatro.
Su pediatra me ha dicho que puedo empezar a darle leche artificial en biberón, pero lo he probado y no los acepta, aunque se los dé otra persona.
Esta madre nos explica a la perfección todos los aspectos de la «crisis de los tres meses»:
1. El bebé, que antes mamaba en diez minutos o más, ahora acaba en cinco o menos.
2. El pecho, que antes se notaba hinchado, ahora está blando. 3. La leche, que goteaba, ya no gotea.
4. El aumento de peso es cada vez más lento.
Todo esto es absolutamente normal. La hinchazón del pecho en las primeras semanas tiene poco que ver con la cantidad de leche, y es más bien una inflamación pasajera cuando las mamas se ponen en marcha. La hinchazón y el goteo son «problemas de rodaje» y desaparecen cuando la lactancia está cómodamente establecida.
Y el aumento de peso es cada vez más lento, por supuesto. Los bebés
engordan cada mes un poco menos que el anterior. Por eso las curvas de peso son curvas, si no serían rectas. Entre el mes y los dos meses, las niñas que toman el pecho suelen ganar entre poco más de 400 g y 1,300 kg, con una media de poco más de 860 g (pasamos por alto el primer mes, porque al haber una pérdida y luego una recuperación de peso, las cifras son demasiado
variables). Si siguieran ganando al mismo ritmo, en un año harían entre 5 kg y más de 15 kg, con una media de 10 kg y pico. En realidad, en el primer año las niñas ganan entre 4,5 kg y 6,5 kg, con una media de 5,5 kg. Es decir, incluso una niña
que ganase en el primer mes 500 g (lo que a muchos les parecería poquísimo, pero en realidad es normal) llegará un momento en que ganará todavía menos. Todos los pesos anteriores, insistimos, son redondeados y aproximados. En los varones suelen ser un poco más elevados que en las niñas.
Claro que la hija de Encarna no quería biberones: no tenía hambre. Por desgracia, no todos los bebés muestran este pundonor, y a veces, sobre todo si se les insiste, aceptan un biberón aunque no tengan hambre. ¡No haga la prueba, por si acaso!
Si alguien hubiera explicado a Encarna lo que le iba a pasar, no se habría preocupado lo más mínimo. Pero el cambio la tomó por sorpresa.
Con sorpresa y todo, si Encarna estuviera segura y confiada en su capacidad para lactar, tampoco se habría preocupado. Porque la interpretación más lógica y razonable de estos cambios sería: «Tengo tanta leche que mi hija con tres minutos tiene bastante». Pero el temor al fracaso de la lactancia es tan grande en nuestra sociedad que, pase lo que pase, la madre siempre pensará (o le dirán) que no tiene leche.
También desvela esta mamá otro mito moderno: el de que los niños, con el paso del tiempo, «aprenden» a dormir cada vez más. En realidad, los niños pasan cada vez más tiempo despiertos. Es cierto que algún día dormirá más horas seguidas: hacia los tres o cuatro años, probablemente dormirá toda la noche de un tirón. Pero difícilmente a los cuatro meses. Entre el nacimiento y los cuatro meses, el cambio que más probablemente observará usted en su hijo es que dormirá cada vez menos. La mayoría de los niños maman varias veces cada noche durante los primeros años (lo que siempre es más cómodo que darles el biberón de madrugada, sobre todo si el bebé duerme en nuestra
cama).
Esta madre ya ha empezado a obligar a comer a su hija. A partir de aquí, ya todo es cuesta abajo. Es fácil prever que, a menos que mamá decida hacer un cambio radical, la introducción de las papillas será una lucha.