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Tras la exposición del concepto de simulacro, plantearé las observaciones y advertencias pertinentes para poder continuar con el trabajo. También haré un recuento de los rasgos a considerar para los siguientes apartados, de forma que aquí podrá visualizarse una conclusión del capítulo.

En primer lugar, niego que el simulacro se refiera a una división ontológica como en el caso de Platón o como lo mostrado en el guión de los hermanos Wachowski en The Matrix”, debido a que en estos casos, una realidad se subordina a otra y ambas subsisten aunque sea en esta jerarquía. Pero en el caso de Baudrillard se trata de un arrebato semiótico. Los símbolos, el lenguaje y la comunicación toman el lugar de lo real, suprimiéndolo y dificultando poder hablar de algo real. Además, es sobre este simulacro simbólico (en un primer momento) sobre el cual se erigen otros intentos de simulacros con diversas funciones, como el de reforzar el “simulacro original”.

En segundo lugar, otra posible lectura con la cual no estoy de acuerdo es la de comprender la simulación en el plano de la ideología. Después de establecerse en modo de símbolos, el simulacro adquiere un carácter real o “como si fuera real”, siendo así que ya no hay nada que ocultar. La ideología se presenta como una serie de signos que modifican y tergiversan lo real, así estos se quedan en función de la realidad. En cambio, en las imágenes de la simulación lo único que hay es añoranza de algo que ya no es.

Como tercera observación, quiero resaltar la posibilidad de más de un simulacro. Al parecer, Baudrillard no tiene mucho interés en intentar clasificarlos, pero prefiere explicar el proceso complejo de interacción entre ellos y explicar el funcionamiento de ellos. En cada tipo de simulacro, hay algo de lo cual es nostálgico. Por ejemplo, la comunicación, el significado, el cuerpo, la sociedad, el arte de la ilusión, la historia, la fuerza de la guerra, etcétera. Pero en última instancia siempre es algo que ya no es real pero que los diferentes lenguajes lo presentan como una realidad, de ahí que todos entren en la categoría de simulacro.

Sin embargo puedo aseverar que para Baudrillard hay una especie de simulación de segundo orden, aquel cuya función es la de hacer creer que el simulacro es real. Esto permite que el actual trabajo de investigación se encuentre justificado bajo las distintas relaciones que existen entre los simulacros. Es decir, el distinto orden de simulación y el funcionamiento de cada uno ayuda a enmarcar en qué sentido y en relación a qué el arte en Internet es un simulacro, ya sea sobre otro simulacro o sobre la realidad. También con esto pretendo dar continuidad al análisis de Baudrillard sobre el arte, tratando específicamente el arte contemporáneo. En este sentido se trata de una actualización y seguimiento de la simulación actual.

Ahora bien, no es posible entender los rasgos del simulacro como cualidades del concepto. En cambio, al tratarse de una lógica de la simulación, está hablando de procesos, inferencias y relaciones. Así, sería erróneo aislar estos rasgos que lo caracterizan, por lo que al enumerarlos no se debe comprender como si se analizaran por separado.

Lo hiperreal, la nostalgia, la indiferencia, la miniatura, lo efímero, lo superficial, la repetición y la fascinación por la máquina son abstracciones que se encuentran presentes en los casos estudiados y son protagonistas de esta lógica, cuyo propósito es la sustitución del plano de lo real y la permanencia de este sobre la sociedad, según el orden al que se pertenezca.

Cabe notar que los sectores socio-culturales comentados engloban fenómenos de la ciencia, la tecnología, la masificación de la información (lenguaje publicitario e informático) y el arte. En estos temas, las actividades humanas conllevan ya sea una melancolía a partir de un pasado irrecuperable, o bien, una estrategia de suplantación del mundo real-natural.

Hay un punto que no aparece claro. ¿Alguien crea el simulacro? La figura del Dramaturgo esta diluida entre la compleja red. En ocasiones parece que en sus ejemplos sí se puede distinguir el autor detrás, por ejemplo, en el caso de los Tassaday, puede señalarse a los científicos y el proyecto de la ciencia. En ocasiones, Baudrillard se orilla a hablar del simulacro político cuando presentan las discusiones capitalistas y socialistas, por lo que se puede apuntar a un gobierno o poder vigente. En el caso de la publicidad, pareciera que es el capital y el consumismo que este genera. Sin embargo, me atrevo a inferir que el simulacro no posee un autor concreto sino que surge a partir del uso de los distintos tipos de lenguajes simbólicos por la sociedad. Es decir, las condiciones mínimas necesarias para la proliferación de la simulación es vivir en sociedad y la capacidad del lenguaje simbólico.

Esta serie de características y funciones del simulacro serían implicadas de forma similar en los fenómenos contemporáneos, de acuerdo al nivel lingüístico y simbólico en el que se encuentre. Es decir, habrá que desentrañar, primero, el estatus del arte en general socialmente concebido, y, segundo, el arte en Internet junto con la estética que circunda alrededor de este.

3 Prácticas artísticas en Internet