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Se ha profundizado en la correspondencia entre cada modo de abstracción —el total y el formal— y la física y la matemática como ciencias teóricas, respectivamente. Se justificó pues, la división entre las ciencias teóricas tal como se transmite en la doctrina clásica y, contra una posible confusión inter- pretativa del Comentario a la Trinidad de Boecio, se precisó que el criterio de distinción de estas ciencias no es el grado de desmaterialización de sus consideraciones. Hay dos criterios previos y más fundamentales, de los cuales la separación de la materia no es sino una consecuencia: la consideración de lo que puede ser abstraído sin afectar a la inteligibilidad del objeto en tanto que tal, y la constatación de lo que pueda separarse en el conocimiento en tanto se encuentre efectivamente separado en la realidad.

Es en el juego de estos dos criterios que se comprende la diferencia de la metafísica con los distintos modos de abstracción que se dan respectivamente en el conocimiento físico y en el matemático. Es gracias al segundo criterio o condición, ya propio del ámbito judicativo, que la metafísica, que estudia sin materia a los seres que de hecho existen sin ella, se distingue de la matemá- tica, que sólo considera sin materia a lo que necesariamente se da con ella.

Parece claro, una vez recorrido el camino sobre el modo como se conoce el objeto de la física y la matemática, que la característica diferencial funda- mental entre las ciencias no es en definitiva el grado de separación respecto de la materia, aunque existan diversos modos de relación con ella para cada objeto. Más bien parece que se tratan de abstracciones diversas porque versan sobre realidades distintas. La abstracción total mira al conocimiento de la substancia y conoce la esencia de las cosas sensibles; la formal, por su parte, conoce al accidente cantidad y, dado que éste acompaña a toda realidad sen-

sible sólo requiere para pensarse el estar referido a la substancia en la que inhiere.

Como un tipo de abstracción conoce la substancia y otro el accidente, lo que se requiere para entender una realidad y otra es distinto. Es claro que la manifestación más notoria para distinguir ambas formas de abstracción está vinculada con su separación respecto de la materia, pero las causas por las cuales pueden separarse de ella son más elocuentes si se admite que la causa de la separación es más relevante que el efecto en el que termina.

También son de la máxima relevancia las distintas referencias de la física y de la matemática al ser real. La física, al tener un doble refuerzo intencio- nal, se encuentra en un estado de mayor inmediatez respecto del ente concreto y real. De hecho la física requiere de un constante ir y volver del singular concreto al universal, tanto en la constitución de su objeto de estudio como a lo largo de todo el desarrollo de su saber: el compuesto es tratado, desde el enfoque de la física, como un todo concreto, conservando en todo momento la consideración del sujeto; aunque éste es universalizado, se vuelve a él como particular constantemente, en la dinámica propia de un saber natural que se retroalimenta a cada momento de lo obtenido por la experiencia. La física funciona fundamentalmente por demostraciones extrínsecas, ya que le es pro- pio conocer seres realmente distintos en sus relaciones mutuas, procediendo desde el conocimiento del efecto al de la causa, de lo más conocido para nosotros a lo menos conocido pero más inteligible por sí mismo.

Se dejó anotado también que la física puede conocer abstractamente ciertas cualidades del compuesto, lo cual explica un cierto avance formal en la esfera de la propia física como ciencia teórica y, por consiguiente, su es- trecha interrelación con las matemáticas, tal como se demuestra en la ciencia actual.

Por su parte, la matemática se encuentra más distante respecto de la cosa y, por la situación precisamente de su objeto, es más propensa a proseguir su razonamiento especulando sobre sí misma. En este sentido podría decirse que el objeto matemático es más abstracto que el objeto de la física, pero no por tratarse de grados diversos de abstracción, sino porque la cantidad es más uni- versal respecto de los entes sensibles que la esencia del ente concreto. Es justamente por ello que la matemática requiere mayor reflexión que la física para volver al singular.

Pero ante todo es por ello que el estatuto ontológico del objeto matemático resulta problematizado: si con la física tiene en común que versa sobre lo sen- sible, comparte con la metafísica el considerar a su objeto sin materia. Hemos

hecho alusión ya al papel de la imaginación, que ofrece el conocimiento de reglas o proporciones, y que por ello posibilita la abstracción de la forma respecto de la materia, o del accidente respecto de la sustancia, y así permite la relativa “substancialización” del accidente cantidad que se realiza en el co- nocimiento matemático. Es por la relativa independencia de este accidente y porque es a través de él que inhieren el resto de las formas accidentales en la sustancia sensible, que la consideración matemática alcanza un máximo grado de generalidad en la aproximación a las realidades físicas, si bien al costo de definiciones que prescinden de las condiciones reales en las que se dan sus objetos.

Hemos concluido, pues, la distinción entre los modos abstractivos de la física y de la matemática, que puede resumirse en el no considerar de la pri- mera y el considerar sin de la segunda. Finalmente, las comparaciones entre una y otra ciencia nos serán de suma utilidad para acceder al estudio del objeto de la metafísica y nos permitirán establecer los nexos con ella y sus di- ferencias. Al emprender el estudio del objeto de la metafísica, completaremos el cuadro de las ciencias teóricas y también podremos esclarecer, con una visión completa, las diferencias entre la metafísica y los otros saberes: la dis- tinción crucial en la que surge la consideración explícita de la separatio como operación judicativa particular que consigue que la metafísica, a diferencia de la matemática, estudie a sus objetos tal como se dan en la realidad, de modo inmaterial en tanto que son seres de suyo inmateriales.

CAPÍTULO III

LA SEPARATIO Y EL CONOCIMIENTO METAFÍSICO