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NARRATIVA

FUTURO

Esta memoria personal se caracteriza por ser singu- lar, nadie puede tener los recuerdos de otro, y es así como esta se aleja de cualquier certeza comproba- ble. Es una historia que se construye a partir de la ar- bitrariedad de lo que queremos recordar. Todos los recuerdos que se almacenan han sido construidos a partir de re-interpretaciones intencionadas, que buscan conceder un sentido a los hechos recorda- dos. Cada vez que un recuerdo se revive, se reescri- be para darle sentido al presente desde el que se evoca. Es así como la historia personal permite dar una identidad a las personas, yo soy yo y nadie más.

En el proceso de construcción de la identidad, se hace necesaria la selección de los recuerdos que se desean conservar.

Esta historia se construye a partir de recuerdos de un pasado vivido o imaginado que revive emociones y es vulnerable a la manipulación o hasta a la elimi- nación misma, dependiendo de la importancia de la historia en el presente de la persona.

Es aquí donde el olvido aparece como una de las armas más fuertes de la memoria. El olvido nace, no como una incapacidad para recordar algo, sino como una fuerza activa y positiva que es capaz de silenciar aquello que ya no sirve.coherencia a la na- rrativa de la historia personal. (164)

Es un proceso positivo, en el que la memoria elimina aquellas cosas que no sirven y permite elaborar nue- vos recuerdos. Los recuerdos que se olvidan pasan por un proceso de atenuación gradual, en el que se pone a prueba su importancia en el momento pre- sente en el que se vive, buscando siempre darle coherencia a la narrativa de la historia personal. Es un proceso normal y necesario que evita la acu- mulación de datos inútiles. A esta capacidad de ol- vido se le conoce como la memoria ambivalente, y es la encargada de retener la información necesaria para la construcción de la identidad de una perso- na, ya que una memoria sin olvidos o lagunas sería, para la conciencia, un peso insoportable. (165)

“Solamente el hombre que sabe olvidar puede realmente hacer promesas, porque es señor soberano de su voluntad, y es capaz de inspirar confianza.” (166)

El olvido aparece también como una respuesta res- ponsable de la memoria, ya que algunos recuerdos solo están presentes para generar una conciencia de culpa frente a errores cometidos, y esa mirada acusadora, niega la posibilidad de proyección a un futuro. Este se conoce como el principio de repara- ción y reconciliación, ya que al eliminar el recuerdo, se abre la puerta a la reconciliación personal. (167)

“sin capacidad de olvido no puede haber ninguna felicidad, ninguna esperanza, ningún or- gullo, ningún presente.” (168)

Es así, como con el paso de los años los recuer- dos se ajustan, modifican y olvidan para dar un sentido lógico a la identidad de las personas. Este proceso de desarrollo de la identidad ocu- rre a través de la vida lo que conocemos como el ciclo vital. Desde la infancia, pasando por la adolescencia, la madurez y llegando a la vejez, las personas buscan siempre encontrarse a sí mismos. Cada una de estas etapas, representan un momento de crisis, ya que se busca entender al “yo” propio, generando una marca emotiva.

Comienza a hacerse lógico un proceso de intros- pección, que lo hace consciente de su vejez física pero también de su sabiduría. Se presentan gran- des cambios en la percepción de la vida, del tiem- po y del valor de los objetos, que conllevan a la desaparición del temor a la muerte. Hay un auto descubrimiento o redescubrimiento de aspectos ocultos de su propio ‘yo’, que generan una expec- tativa a entender y aceptar su identidad, además de su historia de vida. Busca reconciliarse con sus limitaciones y fallas. Sus recuerdos ya no son pre- cisos, por el contrario comienzan a ser borrosos. El tiempo comienza a consumir su cuerpo y su mente; empieza a rebelarse aquello esencial, su identidad, su yo, su alma. (171)

Al llegar a la vejez, se presenta una de las crisis más difíciles de resolver para una persona, en la que se enfrenta la conciencia de su integridad frente a la desesperanza de un futuro, pero que se compen- san en sentimientos de totalidad y coherencia. Apa- rece un sentimiento de “mismisidad” en el cual el pasado, el presente y el futuro se unen para revelar un estado de coherencia y tranquilidad. Las perso- nas se conocen y reconocen que están en la última etapa de su vida. Se genera una apropiación de sí mismos, en la cual se cambia una vista racional y materialista por una visión cósmica y trascendental. Aparece un gran sentimiento de satisfacción que no depende de un futuro, sino de entender y reafirmar su identidad. (170)

¿No podría ser entonces el Alzheimer un camino para llegar a una revelación personal? ¿No será entonces el Alzheimer, una respuesta involuntaria del cuerpo, frente a un proceso de limpieza que la mente comenzó?

¿Será el olvido que nos brinda el Alzheimer una forma de edición de nuestras memo- rias para reconocernos?

En esta enfermedad, la mente y el cuerpo se debilitan y van consumiéndose hasta el punto en que las personas mueren. Pero en ese mis- mo proceso de deterioro exterior, las personas cada vez más, van teniendo un proceso de in- trospección y edición que los lleva a sus inicios, a reconocer todo aquello que los ha hecho ser ellos mismos. Hasta en las etapas finales, se puede ver cómo las personas conservan aquello que emocionalmente los llevó a ser quienes son. El cuerpo se va para darle paso a la aparición del alma, su identidad. Las capas del cuerpo se bo- rran y se convierten en ceniza, y es así como lo invisible se comienza a hacer visible a los ojos de su nuevo mundo, en una imagen sin reflejo, en un espacio de auto comprensión dictado por la fuerza de la vejez, la sabiduría y la integridad. Ese sentimiento de totalidad y de integración de la vida misma es el que le da sentido a la vida más allá de la muerte del cuerpo.

El Alzheimer, permite que las personas logren entender lo que trataron de construir a través de toda su vida, editándolos a ellos mismo y respon- diendo eso que se preguntaron, ¿quién soy yo?

Cuando esa persona logra encontrarse en ese punto de autorrevelación, deja de entender su condición como una enfermedad y puede en- tonces disfrutar de cada momento que apare- ce. Es, por supuesto, un proceso complicado de entender, ya que la vida se nos presenta desde un principio como un proceso de crecimiento fí- sico, cognitivo y emocional. Toda nuestra vida la enfocamos en llenarnos de información que nos haga más fuertes, más sabios; que nos de una identidad definida. Pero al final de nuestros días el cuerpo debe irse para dejar que esa identidad pura llegue a su punto máximo, se desprenda de la atadura terrenal para poder llegar a ese mundo de las ideas donde nada está bien o mal per se. Su presencia se convierte inteligible, in- material, eterna e indestructible. Como platón ya lo planteaba, ese proceso de revelación lleva al episteme o verdadero conocimiento que se des- liga de las opiniones. (172)

Entender el Alzheimer como un proceso de edi- ción acelerado de las memorias, constituye un esfuerzo casi inentendible a los ojos de quienes se quedan. Normalmente las familias que ven el proceso de deterioro del paciente, se encuen- tran en un proceso de desarrollo y de autodes- cubrimiento que no ha alcanzado la superiori- dad del paciente mismo. Es este momento en el que debe existir un esfuerzo, no por entender lo que sucede, sino por sentir con la otra persona. Por encontrar en ese deterioro físico la magia del descubrimiento como un proceso acelerado de revelación personal. A pesar de que el Alzheimer no acaba con la vida de las personas, genera unos deterioros cognitivos y físicos que hacen a la persona más consciente de la fragilidad de su cuerpo y mente, que les permite entender que su propósito ya no se enfoca en un futuro te- rrenal, sino en el descubrimiento de su “yo” más puro en un mundo intangible.

Si evaluamos el Alzheimer como un proceso de edición en búsqueda de la revelación máxima de la identidad, encontramos que cada una de sus fases es un paso esencial para alcanzar el objetivo de revelación. En principio, las personas están en un proceso de adaptación en el que los olvidos espontáneos buscan concientizar a cerca del proceso que se inicia. Elementos del diario vivir que no aportan a la construcción de la iden- tidad se empiezan a eliminar o a volver borrosos. Algunas tareas metódicas, como el manejo de la plata, empiezan a volverse complicadas, abrien- do una puerta a desentenderse de actividades que alguien más puede hacer. Su memoria se bloquea y deja de recibir nuevos recuerdos para comenzar a hacer una introspección de todos los que ha guardado durante toda una vida. El repetir conversaciones o hacer las mismas pre- guntas se puede entender como un intento por mantenerse en el mundo consiente que los ro- dea, por que como se planteaba antes, es un proceso difícil de entender.

En un segundo momento las personas logran dejar de lado las memorias recientes y comien- zan a editar el gran banco de información que hay en su memoria de vida. El alejarse de la rea- lidad se puede entender como una estrategia para concentrarse en su “yo” interior. Se dice que el paciente comienza a perder su identidad, pero en realidad puede estar limitándose a los hechos que realmente han marcado su exis- tencia. Tal vez la fortaleza que solían demos- trar comienza a desmoronarse para liberar los sentimientos más puros que su alma ha llevado consigo por muchos años. Las capas de las dife- rentes construcciones sociales empiezan a que- brantarse para liberar su verdadera identidad. Las historias de su vida se transforman para dar más sentido a cada una, para hacer de ellas un recuerdo emocionalmente emotivo y feliz. Las caras comienzan a hacerse borrosas porque se vuelve más importante el recuerdo vivido con las personas que su forma física.

Finalmente, las personas logran encontrar una dicha interior que no necesita de un contacto con el mundo que lo rodea. Su “yo” es cada vez más claro y lo satisface por sobre cualquier cosa, hasta el punto en que el cuerpo se con- vierte en un elemento sobrante. Se ha llegado a un punto de conocimiento tal y de revelación, que el alma debe abandonar su forma física para poder alcanzar su estado superior, su es- tado inmutable, su estado eterno. Se encuentra la verdadera identidad.

En este punto el Alzheimer ha cumplido con su misión de edición, de liberación. La persona se va para dejar una idea de lo que fue, de lo que dio. Ahora solo existirá en la memoria de alguien más,como una idea pura y llena de enseñanzas.

Encontramos así ciertos proyectos que trabajan sobre el tema de la memoria, el olvido y la cons- trucción personal, todos con un mismo objeti- vo: lograr hacer honor a la construcción de una identidad invisible a los ojos de la razón.

SECOND

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