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CAPÍTULO 3 MODELIZACIONES Y TÉCNICAS PROPUESTAS PARA LA EVALUACIÓN DEL RIESGO SÍSMICO EN

3.6.1 Construcción de la base de datos georreferenciada (SIG)

Para la realización de un estudio de riesgo sísmico en el que se analizan e interactúan diferentes variables espaciales, es imprescindible dar a todas ellas una correcta ubicación geográfica, complementada con las características que las identifican. Para ello, es necesario diseñar y desarrollar un Sistema de Información Geográfica (SIG), que facilite el análisis y representación de la información de la base de datos en un mismo sistema de referencia.

Un Sistema de Información Geográfica (SIG) es una integración organizada de herramientas, datos geográficos y recursos humanos, diseñado para almacenar, editar y analizar información geográficamente referenciada, con el fin de resolver problemas complejos de planificación y gestión.

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A continuación se detallan los atributos sobre los elementos expuestos necesarios para elaborar el SIG con la base de datos de exposición.

Exposición de edificaciones

La base de datos de edificios expuestos debe contener información lo más detallada posible relativa a las diferentes estructuras. Entre las características de las edificaciones que se deberían conocer para una evaluación aproximada del daño, en lo posible, se encuentran:

 Altura y/o número de plantas  Área construida (m2)

 Estructura principal de la edificación (Hormigón armado, mampostería)  Tipo de entrepiso

 Tipo de cubierta  Material de muros  Tipo de fachada  Fecha de construcción  Norma o código de diseño  Estado actual

 Reparaciones o refuerzos  Irregularidades de geometría

 Uso

No obstante, en la práctica no siempre es posible recopilar tantos datos. Se tiende entonces a reducir los parámetros para la asignación de vulnerabilidad a los tres datos más determinantes del comportamiento del edificio ante un movimiento sísmico, en base a las metodologías de análisis de riesgo sísmico, que son:

 Los materiales de construcción de la estructura y los cerramientos. (en adelante “tipología constructiva”)

 El año de construcción

 El número de plantas (altura del edificio) cuando se vaya a realizar el trabajo de riesgo con metodologías que penalicen la altura (Índice de vulnerabilidad (EMS-98), HAZUS (FEMA 440), análisis

push-over, etc.)

Existen varias agencias estatales y autonómicas que poseen datos sobre el parque inmobiliario de una ciudad. En el caso de España, resaltan principalmente el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el

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Catastro. El INE realiza campañas sobre las características de los edificios con abundante información, de carácter útil para la realización de un estudio de vulnerabilidad.

A diferencia de la base estadística del INE, donde la unidad de trabajo es un ‘edificio’, la unidad de trabajo de Catastro se basa en sus registros catastrales y áreas que pueden o no componer en su conjunto uno o varios edificios, obligando a varias hipótesis de partida para generar un conteo de edificios desde la base alfanumérica de Catastro.

Una vez recopilados los datos del parque inmobiliario, es importante definir la unidad de trabajo para el cálculo del riesgo. La unidad de trabajo no tiene porqué ser igual que la unidad de representación que se determine a la hora de exponer los resultados. La primera define la unidad en la que se van a efectuar los cálculos, lo que va a depender de la información de partida y los datos recopilados, mientras que la última va a depender de la forma y extensión superficial del territorio.

Por ejemplo, si se recopilan datos muy detallados de las edificaciones y los estudios geotécnicos indican la presencia de distintos tipos de suelo en el sitio (lo cual haría que la peligrosidad de entrada sea muy diferente en un edificio que otro), la unidad de cálculo ideal sería el edificio, puesto que así podríamos caracterizar su comportamiento de manera más realista. Sin embargo, como el comportamiento de los edificios ante la excitación sísmica se determina para diferentes probabilidades asociadas a distintos grados de daño, los edificios requieren ser agrupados para poder obtener de manera estadística números globales por cada grado de daño. En estudios a gran escala, generalmente no se cuenta con información detallada de los elementos y materiales de cada edificio, por lo que la unidad de cálculo recomendada es una unidad mayor al edificio, como manzanas o secciones censales, evitando siempre perder resolución del suelo, es decir, que cada unidad de trabajo presente un mismo tipo de suelo. Puesto que un núcleo urbano puede contar con un número muy elevado de manzanas o secciones censales, los resultados pueden agruparse en una unidad más grande de acuerdo a la extensión del terreno (como barrios o distritos), la cual constituiría la unidad de representación de resultados.

Por otra parte, hoy en día es prácticamente imposible obtener información exacta y georreferenciada de la tipología constructiva de todos los edificios dentro de un parque inmobiliario, por lo que hay que emplear medidas para estimar la distribución de tipologías constructivas en el emplazamiento estudiado, ya sea a través de muestras de campo o de acuerdo a la información que se haya logrado recopilar de las edificaciones.

103 y de fuentes estadísticas recopilados:

 En caso de que la información de registros catastrales o estadísticos del parque inmobiliario sea escasa, la primera opción es considerar la realización de una campaña de campo en la población objeto de estudio, para identificar las tipologías constructivas presentes en el núcleo urbano y evaluar la distribución de las mismas en los diferentes sectores de la ciudad. Esto requiere un análisis previo de los diferentes barrios que conforman el núcleo urbano, realizando una sectorización que permita establecer prioridades para el muestreo, y si es posible, elaborar fichas técnicas con información estructural e imágenes que faciliten el reconocimiento de las tipologías en campo. Se recomienda consultar previamente bibliografía de arquitectura popular de la región. La visita de campo debe ser dirigida por un profesional de la ingeniería civil o arquitectura, que pueda reconocer y determinar las características constructivas de los edificios.

Las distribuciones porcentuales observadas serán multiplicadas por el número de edificios total en las unidades de trabajo establecidas, y en su caso, extrapoladas a los sectores de la ciudad que no se hayan podido abarcar en la campaña, y que presenten las mismas tendencias constructivas o nivel socioeconómico que los sectores evaluados.

 En el caso de no ser posible una campaña de campo, otra opción, aunque más laboriosa, es identificar patrones de tipologías constructivas, con el apoyo de herramientas como Google StreetView u OpenStreetMap, en diferentes sectores del núcleo urbano.

 En la medida de lo posible, se debe contar con el criterio de expertos de arquitectos o ingenieros civiles locales que conozcan las prácticas constructivas propias del sitio y la evolución del parque inmobiliario, pudiendo determinar el porcentaje de edificios que pertenecen a cada tipología, de acuerdo al año de construcción de los mismos.

 En caso de no contar con el año de construcción de los edificios, estos se pueden estimar utilizando la huella temporal de crecimiento de la ciudad, a través de ortofotos o capas vectoriales de crecimiento del núcleo urbano en diferentes épocas de tiempo.

 Una vez identificadas las tipologías constructivas existentes en el sitio, se puede estimar la distribución porcentual de las mismas y su nivel de diseño sismorresistente, a partir de la edad de las edificaciones y de un estudio de la evolución temporal en la implementación de normativas sismorresistentes en la región.

Población

El número de habitantes que ocupan las viviendas estudiadas es un dato necesario para estimar las víctimas mortales y heridos asociados a los escenarios de riesgo sísmico. Generalmente, la fuente primaria para obtener estos datos es a través de los censos de población.

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