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CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL AMOR EN LA RELACIÓN DE PAREJA

3.1) El amor como producto de una construcción social

El amor forma parte de una construcción histórica, ya que en el curso de su educación los padres y en particular la mamá juega un pape l socializador muy importante;El ambiente socio -cultural influye en el modo de aprender a ser mujer, educación que lleva implícitos ciertos supuestos, como son: normas, pautas de comportamiento moral que restringen en gran medida sus acciones y encauzan su forma particular de relacionarse con el mundo tanto interno como externo, entre otros aunque lo fundamental es la forma que se da esta relación en lo sentimental (Sarason, 1987).

El amor ha sido condicionado a lo largo de la historia, por la misma sociedad, no es lo mismo amar para un hombre que para una mujer, como lo veremos a continuación.

La mujer en aras de agradar a su compañero, deja de hacer lo que ella desea, porque al otro no le gusta, cumpliendo así las expectativas de su pareja. Haciendo con ello del amor una entrega incondicional, en donde el tiempo de la mujer queda a merced de su pareja y de sus hijos, ya que como ellos dicen “has esto” “has aquello”, ya que finalmente “no te cuesta nada, posponer tus propios objetivos”.

En este sentido muchas mujeres dedican su vida y su tiempo a la pareja. De tal forma que su tiempo es consagrado, todo girando alrededor del ser que ella ama: a la limpieza de la casa, a la alimentación y cuidado de los hijos, si los tiene.

Parece que en ella no existe un tie mpo para sí misma, ya que se dedica a lograr la satisfacción del otro. Por lo que no se permite un tiempo para sí misma, su vida es cumplir las necesidades y expectativas de su pareja y esto lo muestra cuando le sirve, le cuida y le proporciona placer erótico (Lagarde, 1997).

La mujer, cuando vive el amor como una entrega incondicional, reduce su existencia a los deseos y necesidades de su pareja, lo percibe como natural, casi como una condición biológica. Esto en realidad no obedece a una condición biológica sino a una

condición social, que obstaculiza el desarrollo amoroso, repercutiendo en la vulnerabilidad de la autoestima, en aras de ser aprobada por la sociedad.

Para muchas mujeres el amor y el cuidado son lo mismo, lo que se observa en el proceso de criar a los hijos en donde ellas toman un papel activo de abastecer, otorgar, proteger, llenar y estimular, las áreas tanto emocionales como físicas del pequeño, ya que siempre se encuentra al pendiente de su cuidado, lo que podría ser valido dadas las condiciones de un hijo pequeño.

El problema surge cuando la mujer repite el modelo materno-filial, al cubrir las necesidades de su pareja, siendo incondicional le proporciona también toda su servidumbre e incondicionalidad, creyendo que el amor prevalecerá, por el hecho de olvidarse de sus intereses.

EL hombre y la mujer al vivir de esa forma el amor quedan limitados, ya que no se vive una relación en donde se instaure la igualdad y la satisfacción de las necesidades y prioridades de ambos. Ya que sólo se están cubriendo las necesidades de una persona. El amor planteado así pareciera que nos habla de una fuerte dependencia que se forja dentro del vinculo amoroso al cuidarle y servirle confundiendo esto con el amor.

En la actualidad es posible ver como muchas mujeres buscan a una pareja en el afán de no estar solas o “incompletas”, lo que implica someterse a las necesidades y al deseo de su pareja.

Cuando el vínculo amoroso termina, muchas mujeres ven el fin de sus ilusiones dado que sus expectativas estaban depositadas en su pareja.

Este rompimiento se le conoce como síndrome de “vaciamiento afectivo”, el cual se caracteriza porque la persona se siente abandonada y cree haber perdido la capacidad para volver a amar (Coria, 2001).

Sería importante y enriquecedor para la mujer, concebirse a sí misma, como un ser que sea individual y capaz de disfrutar su propia vida, sin estar siempre a expensas de las reacciones y comportamiento del otro. Es a través de la propia capacidad de disfrute como la mujer podrá instaurar el fortalecimiento de su autoestima y su identidad como ser humano.

Lo anterior no es fácil pues en nuestra sociedad existen mandatos que señalan comportamientos sólo para hombres y no para las mujeres la sexualidad en las mujeres se ejerce hasta que se case; obedecen a los padres y posteriormente al marido para ser consideradas como personas buenas.

Algunas mujeres posponen sus necesidades, con tal de privilegiar las de su pareja, de lo contrario se considera culpable, sintiéndose muy mal por no obedecer a lo que la pareja mande. Todo por no transgredir lo que considera normal dentro de su relación de pareja.

Las mujeres que viven el amor con el constante temor a perderlo cuando se ven ante una ruptura, se perciben abandonadas. Por ello cualquier gesto de desaprobación por parte de la pareja las hace sentirse vulnerables, no creyendo así que ellas son su principal apoyo.

Hacer del amor un hecho incondicional, fomenta que se soporte las demandas de la pareja con tal de no generar conflictos. Por ejemp lo muchas mujeres tienen la capacidad para realizar sus actividades laborales y sin embargo se muestran vulnerables al abandono de su pareja mostrándose sumisas y dependientes de sus parejas.

La mujer en cambio ve el rompimiento amoroso como una experiencia dolorosa y terrible que las lleva a sentirse vacías y con una vida sin sentido llegando a autocompadecerse y en casos extremos a quitarse la vida, ya que sienten que no pueden vivir sin su pareja.

Parece ser que en el vínculo amoroso, se presentan diversas fricciones, que tendrían que ser resueltas para su fortalecimiento a través de la negociación de situaciones estresantes, mismas que permitan el desarrollo individual y de pareja.

El poema de Pablo Neruda, nos remite conocer la concepción que tiene acerca del amor, plasma la idea de que la capacidad de amar no termina cuando la persona que amamos decide irse de nuestras vidas. Ya que dentro de cada ser humano reside la propia capacidad de amar. Esta capacidad de amar la podemos observar en algunos varones quienes nunca pierden el eje de su propia vida y cuando terminan una experiencia de amor, se dan la oportunidad de iniciar nuevamente una experiencia amorosa. Esto no sucede en la forma de amar, en la mujer. Muchos hombres viven la experiencia de la rup tura amorosa, como una frustración pero son capaces de continuar con su propia vida, además de darse la oportunidad de buscar otras experiencias amorosas.

Estas diferencias en hombres y mujeres obedecen a una construcción social del amor, que alienta la independencia y la dependencia respectivamente. Ubicando al hombre y a la mujer en una relación de dominación y sumisión.

La dependencia se nutre de la incondicionalidad progresiva hacia la pareja pensando que esto es garantía de que la pareja no se irá. Esto no es benéfico pues se corre el riesgo de que la identidad se vea resquebrajada al permitir ser lo que el deseo del otro le imponga.

Reflexiones de mujeres denotan que aguantar por amor es algo contradictorio, ya que se puede aguantar por conveniencia, por miedo a la soledad y por dependencia pero no por amor.

Independientemente del concepto que se tenga, es un sentimiento que permite la libertad y no la opresión que demandan aguantar y postergar la vida de si mismas (Coria, 2001).

Cabe señalar que dentro de la convivencia de la pareja surgen fricciones, que lejos de ser ignoradas tendrían que afrontarse con base en la negociación para así llegar a acuerdos que estén basados en el respeto de sí mismo.

Podemos concluir, que es de suma importancia entender cómo lo cultural marca la pauta para la propia vivencia del amor femenino sobre todo partiendo de la presión ejercida por su opuesto: el sexo masculino. Ya que el mundo de la mujer es construido por el hombre: por un sistema patriarcal.

Es este sistema patriarcal, quien percibe a la mujer como un ser marginado y débil. De tal manera que las ideas, las expresiones y su propio comportamiento amoroso han sido impuestos por una cultura masculina, en relación con lo que debe ser femenino: dulce, sensible, fiel, madre amorosa, esposa abnegada. De lo contrario sería juzgada como traidora al transgredir lo establecido.

En este sentido la mujer aparece como un objeto creado a partir de una ideología masculina, con actitudes de dependencia y sumisión. Dichas actitudes se fomentan dentro de la estructura familiar ya que la familia es la responsable de la formación de los individuos desde que nacen. Dicha estructura se rige por ciertos patrones socio-culturales y esto dará como resultado que se otorgue un trato especifico para los individuos en relación con el género al que pertenecen.

CAPÍTULO 4

ORÍGEN DE LA DEPENDENCIA EMOCIONAL