SENTIDOS DEL TÉRMINO “NORMATIVIDAD”
CONSTRUYENDO CRUCES ENTRE LAS DISCIPLINAS: APORTES PARA ENRIQUECER EL DEBATE EN TORNO A LA
NORMATIVIDAD111
El eje que da estructura a este capítulo se configura a partir de lo que hemos denominado cruces entre las disciplinas. Los conceptualizamos como aquellos puentes que hemos tendido con el propósito de utilizar problemas y esquemas interpretativos surgidos en los planos epistemológico y metodológico acerca de la normatividad, para analizar las distintas posturas que en torno al mismo aspecto aparecen en la didáctica y el curriculum.
La especificidad de la normatividad y las distintas posiciones que se generan en su conformación en cada caso constituyen el núcleo de dichos cruces. De esta manera, el recorrido por la didáctica y el curriculum realizado en el capítulo II se utiliza como criterio desde el cual mirar los problemas y esquemas interpretativos que con respecto a la normatividad aparecen en la reflexión epistemológica y metodológica en las ciencias sociales, así como en la sociología de la ciencia y del conocimiento, para luego con ellos enriquecer el análisis en nuestras teorías de base.
En segundo lugar, sostenemos que indagar acerca de la constitución de la didáctica y el curriculum como teorías normativas demanda categorías teóricas disciplinarias e interdisciplinarias pero, además, elementos metateóricos que conduzcan a un conocimiento más profundo o de segundo orden.
Considerando que estos cruces entre las disciplinas constituyen el eje que estructura y da sentido al presente capítulo, tomamos la conceptualización de eje que utiliza Barco (1996). La autora habla de “un eje curricular” que adopta las características de una Banda de Moebius, que a medida que se va desarrollando conforma una helicoidal que en su vacío interior dibuja el eje. A
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Cabe mencionar que este capítulo recupera para su elaboración los avances que se lograron en la tesis de maestría ya mencionada en la introducción, pero profundizando y ampliando su alcance en vistas a abordar el nuevo objeto de estudio.
los fines de nuestro trabajo, el movimiento del eje nos permite organizar y vincular las posturas y reflexiones acerca de la normatividad, y enriquecer su reflexión en la didáctica y el curriculum a partir de categorías propias de los planos epistemológico y metodológico. No descartamos la posibilidad de que los análisis suscitados aporten elementos para la reflexión en estos últimos campos y en las ciencias sociales en general.
Los cruces que abordamos son los siguientes:
1 –Carácter de la norma en una teoría normativa. 2 –Aspectos que constituyen la norma.
3 –Relaciones entre aspectos normativo/prescriptivos y descriptivo/interpretativos en la conformación de una teoría normativa.
4 –Disponibilidad de saberes interdisciplinarios para realizar una reflexión de segundo orden.
5 –Teorías de alcance intermedio o teorías cercanas a la práctica. Cabe mencionar que hacemos aquí un tratamiento de carácter más conceptual de estos cruces entre las disciplinas, reservando para los capítulos que integran la segunda parte de esta tesis el diálogo crítico entre los mismos y el análisis que surge de las obras de didáctica y de curriculum que integran el corpus empírico.
III – 1 – Carácter de la norma en una teoría normativa.
Como definimos en la introducción, entendemos la epistemología como la teoría que se ocupa de las condiciones de producción y de validación del conocimiento científico, ofreciendo la posibilidad de realizar un ejercicio crítico sobre la ciencia (Klimovsky, 1994). La metodología, por su parte, se ocupa de la reflexión sobre los supuestos y métodos involucrados en la producción de conocimiento científico. Como ya explicitamos, el punto de confluencia se produce cuando sostenemos que toda forma de entender la metodología
conlleva un posicionamiento epistemológico (Klimovsky, 1994; Piovani et al, 2008).
En este sentido, la reflexión epistemológica y la metodológica consisten en un trabajo de análisis metateórico sobre una ciencia en particular y que, como planteamos en el cruce 4, requiere de la disponibilidad y articulación de saberes interdisciplinarios; entre ellos aquéllos específicos de la ciencia sobre la que se reflexiona y aquéllos otros metateóricos que permiten el ejercicio persistente y creador con el que Vasilachis (2008) identifica la reflexión epistemológica.
Haciendo foco especialmente en la normatividad, podemos decir que se ha producido una transformación en la forma de entenderla en la segunda mitad del siglo XX. En líneas generales, se ha pasado de una concepción normativista a priori ligada a la hegemonía de la visión estándar o canónica de la ciencia, expresada en la obra de autores como Popper –y en cierta medida en la sociología de la ciencia mertoniana en los años ’40– a un planteo de epistemología a posteriori (Martínez y Olivé, 1997112) asentado en la
interpretación de las prácticas científicas.
La sociología de la ciencia, para Merton, se dedicaba a estudiar la estructura cultural de la ciencia porque ésta era una institución social autónoma. La norma se entendía como el ethos de la ciencia que era internalizado por los científicos durante su formación y aplicado sin mayores cuestionamientos para alcanzar el conocimiento válido113. La comunidad
científica defendía ese ethos, conformado por un conjunto de prescripciones de carácter moral y técnico, con prohibiciones y castigos en vistas a la ampliación del conocimiento científico comprobado, como una de las metas institucionales de la ciencia.
Por estas consideraciones, la propuesta de Merton va a ser definida por Bloor (1998) como sociología del error, ya que la sociología de la ciencia debía
112 Los autores utilizan esta expresión para dar cuenta de las funciones que consideran adecuadas para
la epistemología naturalizada. Sin profundizar en ella en esta tesis, recuperamos la mirada explicativa que los autores le asignan a la epistemología a posteriori sobre las formas en que las ciencias han construido sus conocimientos.
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explicar las causas que contribuían a la producción de conocimiento científico falso. Se suponía que la aplicación correcta del ethos de la ciencia conducía a la producción de conocimiento válido y comprobado, pero su incorrecta aplicación derivaba en conocimiento falso que demandaba una explicación sociológica que diera cuenta de la interferencia social externa en el normal desarrollo del trabajo científico.
Desde finales de los años ’60 con la revolución cognitivista y hasta mediados de los años ’70 con el movimiento heterogéneo denominado “sociología de la ciencia posmertoniana”, se han producido diversos cambios en la forma de entender la epistemología, sus incumbencias y alcances. En lo que respecta a nuestros intereses, se produjo aquí una transformación sustancial en la concepción de la normatividad. Progresivamente se ha transitado hacia perspectivas que indagan la apropiación que realizaban los científicos de esas normas. La nueva mirada que se configuró dejó de entender la ciencia como un corpus normativo y empezó a pensar la adquisición de las normas como parte de un proceso interpretativo mediado por la comunidad científica114.
Prego (1992) señala que la postura de Merton se enmarcaba en la filosofía estándar de la ciencia, fortalecida por el pensamiento neopositivista y el reconocimiento de que el conocimiento científico poseía un status epistemológico de privilegio.
Hacia fines de los años ’60, como ya mencionamos, se produjo un cambio en estas concepciones que el autor ubica en el campo metacientífico y describe así: “[…] momento de la transición en la consideración de la cualitativa socialidad intrínseca de la ciencia […]” (Prego, 1992, p.12). Este campo metacientífico comprendía aquellos estudios metateóricos115 tradicionalmente realizados por la
epistemología y los cambios en él producidos habilitaban la potencialidad de los estudios sociológicos, cuestionando la imagen consolidada de ciencia, y retomando un camino ya iniciado en el plano filosófico por el denominado giro
114 Entre los autores que lo analizan de esta manera podemos citar a: Prego (1992); Olivé (2004);
Kreimer (2005).
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Follari (2000) en un sentido similar, se refiere a una reflexión de segundo orden que toma a las ciencias como objeto y que es llevada a cabo por una epistemología “débil”; denominación que adquiere al perder el carácter normativizante tradicional con posterioridad a la difusión de la obra de Kuhn.
kuhniano. Este tipo de estudios abarcaba reflexiones y análisis que se realizaban sobre el conocimiento científico, incluidas la filosofía, sociología de la ciencia, sociología del conocimiento, historia de la ciencia, entre otras disciplinas.
La obra de Kuhn, Estructura de las revoluciones científicas, apareció publicada en 1962, pero sus mayores efectos se sintieron con su difusión en la década del ’70 de la mano de la sociología del conocimiento científico (Valero Matas, 2004).
Prego, retomando a Toulmin, dice que esta transición se incorporaba en un proceso mayor de transformación cultural, en el que aparecía la crisis de la concepción heredada de ciencia116 y, consecuentemente, la emergencia de la
nueva filosofía de la ciencia. Para el autor, en un plano sustantivo aparecieron una serie de transformaciones que vale citar:
“[…] la llamada carga teórica de la observación; el papel de los elementos presuposicionales en la constitución del conocimiento científico, el problema de la irrefutabilidad de las teorías, la discontinuidad (no- acumulativa) en el desarrollo de la ciencia, el peso de la tradición teórica en el desempeño cotidiano de la investigación; el reconocimiento de la problemática heurística y la indagación en torno a la diversidad y peculiaridad de los patrones de razonamiento en uso efectivo por las comunidades de investigadores; el lugar del elemento tácito, no articulado, en la orientación de la actividad científica” (Prego, 1992, p.13. La cursiva figura en la edición consultada).
La enumeración, aunque somera, de estas transformaciones nos permite dimensionar su magnitud, no sólo para la reflexión metateórica sino también para la misma producción de conocimiento científico en las ciencias sociales. Para Prego fue significativo el hecho de que las primeras formulaciones hayan surgido de la mano de la historia de la ciencia, primero porque se enfatizaba la aparición de un momento descriptivo frente a la orientación normativista arraigada en la visión clásica y en la popperiana especialmente; segundo porque frente a las generalizaciones propias del período clásico emergieron el análisis de casos y los trabajos más específicos y contextuales, rasgos propios de los desarrollos kuhnianos.
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“Concepción heredada del conocimiento científico” es una expresión que Prego toma de Hilary Putman, 1960, primer Congreso Internacional de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia, Stanford, California.
Se generaron cambios también en lo que respecta a la presencia de un conjunto único de criterios que regía las transformaciones teóricas producidas, una metodología neutral desde el punto de vista teórico y la concepción de la ciencia como un proceso acumulativo y lineal.
Contra la visión mertoniana que defendía un estado de acumulación permanente y no problemática en la investigación científica, Kuhn y sus seguidores postularon un proceso de acumulación durante los períodos de ciencia normal, pero también rupturas y revoluciones al abandonar un paradigma117 y adoptar otro inconmensurable respecto del anterior.
En este sentido, Kreimer (2005) plantea que estas críticas a la acumulación del conocimiento se relacionaron con los postulados kuhnianos relativos a la validez de un paradigma. Ésta ya no estaba dada por su carácter de verdad intrínseca sino que se asentaba en la creencia que tenía depositada la comunidad científica en el paradigma. Desde este punto de vista, el análisis sociológico no podía dejar de abordar las fuentes de legitimidad de un paradigma.
En el campo de la sociología de la ciencia en la década del ’60, Prego (1992) describe la oposición entre la sociología norteamericana de corte estructural-funcionalista y la sociología inglesa. En ambos contextos se produjeron matrices diferentes que articularon, por tanto, significados distintos en la recepción del impacto que tuvo la obra de Kuhn. Así, la perspectiva mertoniana buscó reiterar el papel de los elementos consensuales en el desarrollo del conocimiento científico, mientras que para la tradición inglesa emergente Kuhn representaba una suerte de “recurso interpretativo flexible” que permitía abrir nuevos interrogantes y alejarse de la tradición mertoniana:
“[…] veía en Kuhn una representación de conjunto cuyo mayor valor radicaba en la integralidad con que ilustraba la posibilidad teórica de reconducir sistemáticamente la construcción de los cuerpos conceptuales de
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“[...] Su concepto clave es el de PARADIGMA. Según la posdata de 1969 a su libro apenas citado, paradigma puede entenderse en un doble sentido: a) a nivel más general, como un conjunto de generalizaciones simbólicas, modelos heurísticos, valores comunes y soluciones ejemplares compartidas por una comunidad científica en un momento dado; b) en un sentido restringido, como decisión ejemplar relativa a la solución exitosa de algún tipo específico de problema científico” (Archenti y Piovani, 2007, p.34. La tipografía “versales” figura en la edición consultada).
la ciencia a categorías de sustancia social y cultural, a la vez que éstas parecían adoptar una característica y definida significación cognitiva” (Prego, 1992, p.27).
Para Prego, esta última característica contribuyó a que el nuevo movimiento en sociología de la ciencia adquiriera un carácter diverso. No obstante, señala algunos elementos que estuvieron en el origen de la nueva configuración que considera centrales para interpretar los rumbos posteriores y la forma en la que los mismos aparecieron resignificados en mayor o menor medida. Consideramos importante detenernos en ellos aunque más no sea someramente.
El primero de estos elementos comunes se constituyó en la oposición al ethos normativo mertoniano. Éste es criticado desde el planteo que hace Kuhn articulando “[…] los componentes metodológicos y las presuposiciones teóricas, con la consecuente introducción del elemento de variabilidad histórica y contextual del repertorio evaluativo a través del cual se actualizan los juicios de la comunidad científica […]” (Prego, 1992, p.29). La nueva mirada que se configuró para la sociología del conocimiento dejó de entender a la ciencia como un corpus normativo y empezó a pensar la adquisición de las normas como un proceso interpretativo y mediado por la comunidad científica, como adelantamos.
El segundo aspecto que estuvo presente en el origen de las oposiciones a la sociología de la ciencia de Merton se relacionó con el carácter local de las normas y las tradiciones que permitieron asociar los compromisos de la comunidad científica con una manera específica de producir ciencia.
La tercera característica destacada por Prego (1992) y emplazada en esta nueva configuración de la sociología del conocimiento se refiere al lugar que desempeñaba el conocimiento tácito en los aprendizajes, en la socialización de los científicos en una comunidad y en los saberes que la misma empleaba. A estas cuestiones Kuhn dedicaba parte de su trabajo.
La recuperación del punto de vista del actor se constituye en el cuarto aspecto que sustentaba el nuevo movimiento, y adquirió, dice Prego (1992), características particulares en el análisis metateórico. Por un lado aparecía en el
trabajo del científico social que buscaba interpretar su objeto de estudio, y por el otro en el análisis metateórico del sociólogo del conocimiento. Presente en ambas instancias estaba la preocupación por la comprensión de los significados subjetivos sin atribuir sentidos externos que pudieran emparentarse con la tradición normativista que se intentaba dejar atrás.
A su vez, se demandaba articulación entre la perspectiva metateórica y el conocimiento técnico de la especialidad sobre la que se reflexionaba. Fueron criticadas las posturas que desconocían las ideas científicas que formaban parte de sus objetos de estudio, en parte vinculado a esta idea de no imponer interpretaciones o sentidos externos a la propia comunidad.
Por último, el quinto rasgo se refiere al consenso y se vincula con la socialidad de la ciencia y el lugar que desempeñaba la comunidad científica. Dice Prego (1992) que el punto de vista del actor no se refiere al individuo particular sino a la comunidad científica como sujeto. Asimismo, Kuhn también reconoce la existencia de consenso entre los científicos en el período de ciencia normal, no obstante el mismo se disuelve con las revoluciones y cambios de paradigmas.
Las nuevas orientaciones cognitivistas fueron armando así su propuesta para la sociología del conocimiento en clara oposición al trabajo previo de Merton. Se incluían también aquellas perspectivas más interpretativas que progresivamente fueron consolidándose como “la alternativa cualitativa”118
para el estudio de los fenómenos sociales.
Prego (1992) alude a un primer momento cognitivista en el período que denomina de transición, en el que se tomó la obra de Kuhn y se rescataron de ella casi exclusivamente los elementos cognitivos o, dicho de otra manera, aquellos aspectos que permitieron sustentar desde la obra kuhniana el movimiento cognitivista y la oposición a la perspectiva estructural-funcionalista mertoniana en la sociología de la ciencia. Posteriormente, el giro interpretativo intentó tomar distancia de estas primeras formulaciones, recuperando de la
118 Retomamos más adelante estas cuestiones con el debate cuantitativo-cualitativo. Para profundizar,
obra de Kuhn otros elementos, como por ejemplo, aquéllos que se referían al lugar de las normas y la ciencia normal. Este giro realizó otra lectura de Kuhn, destacando aspectos inicialmente poco considerados y que volvió la mirada autocrítica sobre las propias producciones de los primeros autores cognitivistas. Retomamos en los próximos apartados algunas consecuencias del giro interpretativo y otros movimientos que le siguieron, pero baste aquí plantear estas cuestiones para visualizar los cambios que se produjeron en torno al enfoque normativo de la ciencia119.
Por otra parte, en lo que respecta a la reflexión metodológica, podemos pensar que tanto en el enfoque estándar como en el no estándar120, aparece ese
lugar de prescripción/normatividad desde el que la metodología dice cómo las ciencias sociales –en nuestro caso– deben investigar sus objetos de estudio. A pesar de esta observación, encontramos una serie de trabajos que se ocupan de reflexionar acerca de si le corresponde a esta disciplina un carácter prescriptivo y/o descriptivo.
Marradi (2007b), por ejemplo, sostiene que se la puede postular como una disciplina normativa ya que brinda orientaciones acerca de lo que es oportuno hacer en cada situación específica. No obstante, tales orientaciones no deben basarse en un modelo abstracto de cómo hacer ciencia, sino que deben partir de la información brindada por la historia y la sociología de la ciencia, disciplinas que realizan un estudio empírico de las prácticas científicas.
Schuster (2007) plantea que soluciones actuales buscan conciliar en una postura intermedia o en una suerte de conjunción entre los aspectos normativos y descriptivos que conviven en la metodología. Estas propuestas superadoras articularían la definición de normas acerca de cómo deben ser las prácticas con indagaciones empíricas acerca del trabajo real de los científicos.
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Según Prego, Law –representante de lo que se denomina “cognitivismo secundario”– es uno de los primeros autores en llamar “teoría o enfoque normativo” a la sociología que se desprende del estructural-funcionalismo. (Law, John (1973): “Theories and Methods in the Sociology of Science: an Interpretative Approach”, en Social Science Information, vol. XIII, N° 4-5, (agosto de 1974, pp.163-172), pp.164-165; citado en Prego, 1992, p.58).
120 La caracterización que realizamos de estos enfoques en la metodología está tomada principalmente