3. CAPÍTULO III MARCO CONCEPTUAL DE LA INVESTIGACIÓN
3.7 Contexto general de la cooperación internacional al desarrollo
En la historia de la cooperación internacional se puede observar que ésta se ha constituido en un instrumento de las relaciones internacionales y la cooperación al desarrollo internacional, específicamente, en el “vehículo” más eficiente de los países para “trasladar” modelos de desarrollo a otros lugares y encontrar socios estratégicos.
“En cuanto a la teoría del desarrollo, la cooperación internacional se ha constituido en el vehículo por excelencia para aplicar las tesis economicistas.” (Buchelli, 2008)
De igual modo es justamente la cooperación al desarrollo Internacional quién ha liderado los procesos de atención a los desastres a través de la ayuda de emergencias y humanitaria, realimentando sin saberlo, o pretendiendo ignorarlo, un ciclo de desarrollo – desastre en los territorios.
La cooperación al desarrollo, de acuerdo a su definición, en cualquiera de sus modalidades apoya el modelo de desarrollo estandarizado que impere en occidente y que este legitimado como aceptable:
La Cooperación al Desarrollo comprende al conjunto de actuaciones, realizadas por actores públicos y privados, entre países de diferente nivel de renta, con el propósito de promover el progreso económico y social de los países del Sur, de modo que sea más equilibrado en relación con el Norte y resulte sostenible. (Cruz, 2012)
Siendo así, este tipo de cooperación surge desde países u organizaciones sociales del hemisferio norte dirigidas exclusivamente a estimular el desarrollo de países en el hemisferio sur.
La cooperación al desarrollo tiene sus propias orientaciones e intereses políticos y económicos de los mismos Estados que cooperan y por ello mismo está sujeta a criterios
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de condicionalidad, a diferencia de los principios de la Ayuda Humanitaria que se basa en las necesidades de las personas.
Por ello,
Un elemento fundamental para determinar el contenido de la cooperación al desarrollo es la concepción que se tenga de cuáles son las prioridades del desarrollo. Según éstas vayan cambiando, los objetivos perseguidos por la cooperación al desarrollo deben evolucionar, lo que a su vez condiciona las modalidades de cooperación. Determinar cuáles son esas prioridades y cómo se establecen es una de las cuestiones centrales. (Dubois, 2000)
La cooperación internacional al desarrollo nace como un instrumento de las relaciones internacionales en un momento histórico de tensión política propia de la guerra fría, ligada a la discrecionalidad de los países y vinculada a sus intereses como donantes, tal como lo explica Buchelli (2008):
La génesis del sistema de cooperación internacional estuvo modulada por la necesidad de dar prioridad a intereses geoestratégicos, en donde la pauta de asignación de la ayuda era determinada por las áreas de influencia, a si el país beneficiario era aliado estratégico o, si por el contrario, era necesario atraerlo o neutralizarlo debido a que estaba en medio de un conflicto inmerso de la dinámica Este-Oeste.
De esta manera asegura Buchelli que bajo ese entendimiento histórico las relaciones internacionales instrumentaron la cooperación como parte de la política exterior.
La perspectiva que apoyó la reconstrucción de Europa a cargo del Plan Marshall se traslada a los años 50´en las ayudas al tercer mundo y la visión del desastre ocasionado por los efectos la guerra es heredada como concepto y se extrapola la atención de los desastres producidos en ocasión del encuentro de una población vulnerable con la ocurrencia de un fenómeno natural (tsunami, sismo, inundación etc.). Esto ocasiona que la atención de los desastres frente a fenómenos de origen natural sea percibida por la
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ayuda humanitaria como algo a enfrentar contra un enemigo, la cual se reorienta a “la naturaleza”, y la percepción de que es algo a lo que solamente se puede atender, se instala en el imaginario colectivo.
La cooperación internacional al desarrollo se establece como el vehículo por excelencia para llevar a otros países y regiones la idea de desarrollo concebida desde occidente en la postguerra bajo parámetros establecidos en ese momento. Esta es la perspectiva de la doctrina Truman para los países con un nivel evolutivo económico menos avanzado, donde la propuesta era ambiciosa ya que estaba dirigida a:
Crear las condiciones necesarias para reproducir en todo el mundo los rasgos característicos de las sociedades avanzadas de la época: altos niveles de industrialización y urbanización, tecnificación de la agricultura, rápido crecimiento de la producción material y los niveles de vida, y adopción generalizada de la educación y los valores culturales modernos. (Escobar, 2007, p.20)
Sin embargo este sueño del desarrollo llevado por la cooperación internacional al desarrollo no fue tan real ya que el cambio anhelado, la conversión buscada como un cuento de hadas paso a ser un historia de desengaños, tal como lo plantea el antropólogo Escobar (2007, p.12):
Porque en vez de la tan anhelada transformación, parece que el desarrollo solo hubiera logrado multiplicar al infinito los problemas socioeconómicos de Asia, África y América Latina. Basta una mirada superficial a los paisajes biofísicos, económicos y culturales de la mayor parte del Tercer Mundo para darse cuenta de que el desarrollo está en crisis, y que la violencia, pobreza y deterioro social y ambiental crecientes son el resultado de cincuenta años de recetas de crecimiento económico, “ajustes estructurales”, macroproyectos sin evaluación de impacto, endeudamiento perpetuo, y marginamiento de la mayoría de la población de los procesos de pensamiento y decisión sobre la práctica social.
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Este cuestionamiento surge también desde el corazón mismo de la cooperación internacional al desarrollo, cuando se cuestiona, su eficacia y su propio papel en el mundo. Tal como lo presenta Unceta, el cuestionamiento desde la eficacia, ya que es un tema que ha estado presente desde la década de los 90´ con la idea de la “fatiga de la ayuda”. En ese marco, plantea Unceta (2012):
Las consecuencias de todo ello fue la apertura de un vivo debate, algunas de cuyas preguntas quedaron planteadas por el Banco Mundial (World Bank, 1998), debate que daría lugar a una amplia literatura sobre la eficacia de la ayuda y su evaluación planteada desde muy diversos puntos de vista (Cassen, 1994, Alonso y Mosley 1999, Burnside y Dollar 2000, Vandemoortele 2002, Dalgaaard, Hansen y Tard 2004, Easterly 2008, Kabeer 2010, Craviotto y Antoli 2009, Martínez y Sanahuja 2009). La cuestión de la eficacia ha ocupado asimismo un importante papel en la mayor parte de los foros celebrados desde el comienzo del nuevo siglo. En ese sentido, Roma, París, Accra, o Busan representan eslabones de una larga cadena de discusiones propuestas, y acuerdos diversos, orientados a aumentar la calidad y la eficacia de la ayuda.
En el segundo cuestionamiento, Unceta (2012), establece cómo el papel de la cooperación al desarrollo en el marco de los nuevos problemas emergentes requiere de otros instrumentos para enfrentarlos:
Ello se refleja en diversos trabajos que plantean la necesidad de nuevos diagnósticos y subrayan distintos aspectos de la crisis de la cooperación (Sobhan 2006, Unceta y Arrinda 2009, Sörensen 2010, Alonso y Ocampo 2012). Algunos autores han puesto de manifiesto cambiar incluso el propio término de AOD (Severino y Ray, 2009), en la búsqueda de un nuevo paradigma que responda más cabalmente a las necesidades actuales de financiación del desarrollo.
Como se dijo, la Cooperación internacional al desarrollo es un instrumento de la política de las relaciones internacionales, es así que la primera no puede estar ajena a los
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cambios, transformaciones y contradicciones de las segunda. Lo explica en términos de la evolución histórica, Sanahuja (2001):
La aparición de la ayuda al desarrollo y su actual fisonomía son el resultado de las dinámicas históricas que han dado forma al sistema internacional contemporáneo: en primer lugar, la confrontación Este-Oeste y el bipolarismo. En segundo lugar, el proceso de descolonización y el conflicto Norte-Sur. En tercer lugar, las dinámicas de la globalización y la paulatina integración de la economía mundial. Los tres procesos están muy relacionados, y en la explicación de la mayor parte de los acontecimientos clave de la evolución de la cooperación al desarrollo es necesario recurrir a esas tres dinámicas históricas19.
Las acciones de la cooperación internacional al desarrollo están enclavadas en la conformación misma de las relaciones internacionales basadas históricamente en diferentes paradigmas de acuerdo con el cambiante escenario mundial y que perviven simultáneamente. Estas transformaciones o variaciones se encarnan en paradigmas que dan pautas para el comportamiento y orientación de la cooperación internacional al desarrollo.
También está presente la transición en el proceso de construcción de la cooperación internacional al desarrollo que tiene su propio espacio en el ámbito de las relaciones internacionales. Como se plantea por Jiménez: “Dentro de la disciplina de las relaciones internacionales, los grandes paradigmas han evolucionado de acuerdo con los procesos de cambio de la realidad mundial, los cuales han perdido algunas características del pasado y adoptado unas nuevas” (Jiménez, 2003, p117).
19 Esta ponencia presenta, de forma abreviada, los principales planteamientos de otro trabajo del autor: “Del interés nacional a la ciudadanía global: la ayuda al desarrollo y las transformaciones de la sociedad internacional”, en Manuel Gómez Galán y José Antonio Sanahuja (coords.), La cooperación al desarrollo en un mundo en cambio. Perspectivas sobre nuevos ámbitos de intervención, Madrid, CIDEAL 2001, pp. 51-128.
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Así las cosas, en la evolución de las relaciones internacionales existen diferentes paradigmas desde los que se ha partido en el pasado y de los cuales existen rangos hoy en el escenario mundial.
De acuerdo con Claudia Jiménez (2003), la comprensión de la transición pasa por el entendimiento de la génesis de las relaciones internacionales que finca sus raíces intelectuales en la vieja filosofía de occidente que emerge como disciplina con rigor científico en los inicios del siglo XX a partir de la Primera Guerra Mundial.
En el debate entre los paradigmas del realismo y el idealismo se explican las relaciones internacionales. En la evolución del paradigma del realismo, se construye una visión pesimista del ser humano, la preocupación por el poder y la premisa que la política se caracteriza por el choque de intereses y en este marco se eleva la posición del Estado capaz de mantener el orden en el sistema político. El paradigma idealista se sustenta en el fortalecimiento de la paz a través del orden natural, la armonía de los intereses de la política internacional y las relaciones económicas, la interdependencia y la autodeterminación.
Tales paradigmas, se dieron cita en los hechos de la primera guerra mundial y el fracaso de la Liga de Naciones en 1919, lleva la discusión a un plano real donde está en juego el preservar el orden internacional y en ello sale victorioso el realismo sin desaparecer el idealismo. “Pese al ocaso del idealismo en la década de los treinta, ello no significa que esta línea de pensamiento haya desaparecido de la teoría internacional, lo que sucede es que el realismo se transformó en la posición dominante” (Jiménez, 2003, p.120).
En la dinámica de las relaciones internacionales, en los 90´, con la finalización del guerra fría se producen cambios en la cooperación internacional para el desarrollo, surge un nuevo marco conceptual de “Desarrollo Humano” con ello se empieza a usar el índice de desarrollo humano como medida por países, en busca de la superación de la pobreza, vía aumento de capacidades y oportunidades para las personas. Surgen nuevos protagonistas en la escena internacional como la cooperación descentralizada.
En el siglo XXI la política de desarrollo tiene como principio ordenador la superación de la pobreza inscrita en los compromisos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, lo cual
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marca al parecer un cambio de rumbo. Sin embargo estos nuevos derroteros siguen inmersos en los paradigmas de las relaciones internacionales, basados en las necesidades de los estados independientemente de la jerarquía en que se encuentre la cooperación al desarrollo (nacional, subnacional).