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Contexto histórico de la filosofía desarrollada en la cultura

Capítulo 2. Realidad socio–cultural: Tradición, renovación y posibilidad de

2.1 Contexto histórico de la filosofía desarrollada en la cultura

Cabe señalar que en nuestra cultura, la filosofía desarrollada en México ha sido producto de influencias exteriores ejercidas, primeramente, por la cultura hegemónica (española), cuyas pretensiones de dominación se perfilaron a implantar la figura del mundo cristiana sobre los países colonizados, a fin de amplificar y extender su régimen político, religioso y cultural por todo el mundo. ―La figura del mundo varia de una cultura a otra. (…) En la cultura occidental, la figura del mundo de la antigüedad clásica se transforma en el Medioevo y éste a su vez da lugar a la figura moderna del mundo, a partir del Renacimiento.‖22

La figura del mundo consiste en un sistema de actitudes, creencias básicas, conocimientos y valores generales que dan sentido a las personas y unidad a la comunidad o sociedad, el cual es transmitido por la tradición, por la religión, la educación y la cultura en general. Sin embargo, considera Villoro que la figura cristiana en la Nueva España se encargó de dictar e imponer una ideología, entendida como un sistema de creencias, conocimientos y valores que mantenían y justificaban el poder político–religioso; la supremacía de tal poder ―beneficio el interés particular de los grupos dominantes, (contribuyo) a la realización de una

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estructura de dominación.‖23

En efecto, Villoro idéntico que en la etapa colonial se impuso una figura ajena que se sirvió de la ideología para imponer la voluntad de poder de un régimen teocrático sobre los pueblos originarios. En este sentido, la ideología tuvo la función social de servir a la dominación.

La ambición de poder de la cultura hegemónica orientada a ensanchar su régimen a las demás naciones consistió, como dirá Villoro, en un proceso de unificación que implicó, ―la convergencia de todas las culturas hacia una cultura planetaria; este proceso tuvo su inicio en el siglo XVI con la conquista de América, cuando la cultura cristiana empezó su expansión sobre el planeta.‖24

En otras palabras, la cultura hegemónica pretendió subordinar a las culturas de diferentes países y continentes como América, Asia y África a una sola figura del mundo (universalidad); las consecuencias de ello se vieron reflejadas en las particularidades a través de ―feroces guerras de conquista, destrucción de culturas, servidumbre de pueblos enteros.‖25

Por ende, este proceso de aculturación implico desintegración y enajenación cultural para los pueblos indígenas del México prehispánico.

Sin embargo, cabe señalar que la recepción–asimilación del régimen colonial y su figura del mundo trajo consigo productos intelectuales a la Nueva España que propiciaron no sólo la creación de institutos religiosos y educativos –como la Real y Pontificia Universidad de México–, sino también la difusión de una atmosfera cultural que trajo consigo la enseñanza de la filosofía y las humanidades. A propósito de esto, ―la filosofía fue traída a la Nueva España por las órdenes religiosas. (…) Pero la dirección filosófica que se impuso fue la determinada por ellas, es decir, la escolástica.‖26

Con la filosofía escolástica inicia en México el desarrollo del quehacer filosófico, producto de la tradición y de la imposición autoritaria. En este punto,

23 Villoro, El poder y el valor, Op. Cit., pág. 183 24

Villoro Luis, en su ensayo Autenticidad en la cultura, extraído de su libro, El concepto de Ideología y otros ensayos, Fondo de Cultura Económica, México, 1985, pág. 171

25 Villoro, Autenticidad en la cultura, Op. Cit., pág. 173 26

Villoro considera que la filosofía de corte escolástica –sirvienta de la teología y puesta al servicio de interés particular de la religión– giro en torno a un pensamiento reiterativo, es decir, que su función radicó en interpretar, repetir y memorizar ideas de textos bíblicos y obras filosóficas de Aristóteles y Santo Tomás. Esto provocó por más de tres siglos, según Villoro, una reiteración irreflexiva de dogmas y una imitación ciega de formas de vida ajenas.

De esta manera, la filosofía en México surgió a partir de la influencia de la filosofía hegemónica, escolástica, que se extendió por más de tres siglos; pues ésta no fue elegida sino impuesta, por tanto, no atendió a nuestra propia realidad social y sus correspondientes necesidades y conflictos, sino que únicamente brindo respuestas ya hechas a los problemas de otras culturas europeas. En países latinoamericanos, como México, que padecieron procesos de colonización y enajenación, la filosofía en México fue difundida exclusivamente desde la perspectiva dogmática de la religión.

Sin embargo, en el siglo XVIII, cuando se logró despertar del sueño dogmático, el espíritu crítico mexicano recurrió a la filosofía moderna e ilustrada para romper con las ideas religiosas y renovar el ambiente mental y cultural. Al respecto de esto, Villoro afirmo que, ―los procesos de ruptura frente a formas culturales (ajenas) pueden ser el producto de una situación de colonización o dependencia, sí, pero también pueden ser signos de renovación y de progreso‖27

Y es que en los países considerados del tercer mundo, por su condición de subdesarrollo, donde se comparten problemáticas de dominación y dependencia, la filosofía ayudo a proporcionar modelos modernizadores en el proceso de descolonización.

De esta manera, la guerra de independencia, las guerras de reforma, la república restaurada y la revolución mexicana fueron movimientos que rompieron con la colonización; mientras que la filosofía en México, a partir del siglo XIX, pasó de un proceso de tradición impuesta a un proceso de elección consciente para

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seleccionar y adaptar modelos modernizantes (europeos) para transformar la circunstancia socio–política y renovar el ambiente cultural.

En efecto, la filosofía desarrollada en México parte de la influencia impuesta por la escolástica, posteriormente, la influencia de filosofías europeas en México se vuelve a ejercer pero de manera voluntaria, selectiva y consciente, cuya misión consistió en la renovación y trasformación de la realidad socio–cultural mediante el apoyo de modelos modernizantes, a saber, la filosofía moderna (cartesiana), el liberalismo ilustrado, el romanticismo, el utilitarismo, el materialismo y el positivismo como instrumentos orientados a la emancipación política y mental. Esto fue provocando, parcialmente, el despertar de la conciencia nacional y un cambio en el pensamiento que implico dejar de recepcionar pasivamente para reflexionar activamente sobre la propia circunstancia. De este modo, a partir del siglo XX, la filosofía en México dio un tránsito consciente hacia la consolidación de una filosofía mexicana, atenta y comprometida con la realidad social y con una visión crítica respecto a la integración de elementos teóricos de la cultura occidental.