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El contexto organizativo y las disputas en torno a los derechos: construyendo el camino

La organización de mujeres indígenas en Cuetzalan surgió inicialmente por la necesidad económica. Las mujeres que eran parte de una cooperativa mixta de productores de café, Tosepan Titataniske, se vieron obligadas a establecer una organización independiente, sólo de mujeres, para defender sus propios proyectos productivos, cuestión que generó agudos conflictos con sus compañeros hombres (Mejía 2008). La organización Maseualsiuamej fue el resultado de este proceso; una asociación de artesanas que rápidamente se volvió el punto de referencia central de los procesos organizativos en la región. Maseualsiuamej promovió la capacitación en diversas comunidades, en los campos de la salud, la medicina tradicional, la producción, los derechos humanos y los derechos de las mujeres. Entre otros proyectos, construyeron un hotel eco-turístico muy exitoso, Tazelotzin, administrado por las mujeres de la organización. Esto permitió que las mujeres integrantes de Maseualsiuamej tuvieran acceso a recursos para contribuir a sus economías domésticas, y les proveyó de una justificación concreta cuando negociaban su participación en la organización con sus esposos. Esta combinación de actividad económica y capacitación en derechos implicó que Maseualsiuamej se volviera un espacio colectivo para que las mujeres nahuas reconstruyeran su identidad como mujeres y indígenas. Fue dicha participación la que motivó a que muchas mujeres reflexionaran sobre su situación como mujeres en sus comunidades, y a conceptualizar lo que entendían por sus derechos:

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“Empezamos a tener nuestros talleres y reuniones en los que reflexionamos sobre nuestros derechos como mujeres, porque era importante también saber que teníamos derechos y que no era normal sufrir violencia, golpes, maltrato…así es como conocimos nuestros derechos” (Doña Rufina, citada en Mejía 2006: 2).

El panorama organizativo en Cuetzalan también se ha distinguido por la presencia de la Comisión Takachihualis, una organización indígena de derechos humanos que ha jugado un papel central en la organización y defensa de los derechos. Desde principios de 1990, una serie de factores, incluyendo el levantamiento zapatista en Chiapas y la acción del gobierno para reconocer legalmente los derechos indígenas, llevó al fortalecimiento de las alianzas locales. Maseualsiuamej y Takachihualis comenzaron a trabajar juntos y a ejercer influencia una sobre la otra: por un lado, Maseualsiuamej abrió un espacio para repensar los derechos de las mujeres desde sus propios referentes culturales, mientras que Takachihualis tuvo que aceptar la importancia del discurso de género para pensar los derechos indígenas y para cuestionar las visiones armónicas de la cultura indígena. Ambos procesos han afectado los modos tradicionales de pensar sobre los sistemas de justicia indígena.

La población de Cuetzalan es 60 por ciento nahua y existe una marcada presencia en la municipalidad de actores estatales que desarrollan políticas indigenistas en los campos de la salud, la educación y la justicia. Las organizaciones indígenas han intentado influir en las políticas oficiales al interior de estos espacios. A diferencia de lo que sucede en otras partes de México, se ha consolidado una red social regional, que permite que haya intercambio entre diversos actores y programas de desarrollo, oficiales y no oficiales, algunos de los cuales están por completo bajo el control de organizaciones indígenas. Éstas son parte de redes de derechos humanos y de organizaciones de derechos de las mujeres, lo que ha permitido que las mujeres indígenas desarrollen su propio discurso y tengan un impacto sobre los espacios oficiales, tales como la estación de radio indígena, el hospital local y los servicios de justicia. En conjunto, estos esfuerzos han promovido un clima favorable a los derechos indígenas y a los derechos de las mujeres indígenas que reciben el apoyo oficial de actores estatales. No obstante, esto por sí mismo no es suficiente para enfrentar la discriminación y la violencia de género al interior de las comunidades y más allá de éstas.

Los estudios demuestran que las mujeres en Cuetzalan sufren violencia a lo largo de sus vidas, violencia enmarcada por sus condiciones estructurales de marginación y pobreza y por los marcos culturales tradicionales de las relaciones de género.33 Las mujeres nahuas también sufren diferentes tipos de violencia institucional y de discriminación étnica y de género, por ejemplo cuando se las discrimina en los servicios de salud debido a su monolingüismo, cuando el personal médico no les explica sobre enfermedades o tratamientos, o cuando intentan quejarse y las autoridades estatales las reprenden o insultan. Dada la naturaleza recurrente de la violencia de género y la falta de acceso a servicios de justicia adecuados en los niveles comunitario y municipal, tal y como diversos estudios han demostrado (Sierra 2004; Martínez y Mejí 1997; Vallejo 2004), algunas organizaciones tales como Maseualsiuamej, apoyadas por organizaciones de derechos humanos, han desarrollado una gama de estrategias para apoyar a mujeres indígenas que se enfrentan a tales situaciones. En este sentido, la CAMI y posteriormente el Juzgado Indígena, ambos en Cuetzalan, han desarrollado opciones para que las mujeres indígenas de la región defiendan sus derechos.

33 Según un estudio en el que se entrevistó a cincuenta mujeres en el municipio de Cuetzalan, 54% afirmaron haber sufrido violencia en diferentes momentos de su vida: 59% durante su infancia, a manos de su madre, padre o padrastro o madrastra; 44% fueron testigos de violencia contra sus madres, abuelas o alguna otra mujer de su hogar, 29% fueron sujetas a violencia por sus suegros o suegras, y 68% la sufrieron a mano de su primer o segundo esposo (González, citada en Mejía 2008: 3).

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