La peculiaridad que poseen los escritos de Maquiavelo acerca de la política, los han hecho merecedores a una amplia gama de comentarios y reflexiones hasta nuestro tiempo, que los sitúan, según Benedetto Croce, en una posición de enigma, precisamente porque el florentino disimulaba, y escondía su secreto de la política tras una serie de máscaras para evitar que los espíritus comunes los descifraran.1 Para intentar quitar, aunque sea una sola de esas máscaras, debemos guiarnos por la prudencia y el estudio minucioso de los detalles. En primer lugar, lo que no se puede dudar es que la meditación del florentino está relacionada necesariamente con su contexto histórico. Lo que podemos observar en su obra, sin lugar a dudas, es la necesidad vital de un hombre que antepone como valor supremo su patria, y la eminente necesidad de la unidad italiana. La reflexión profunda, antecede a un posible proyecto de nación que empieza a ver sus primeros brotes de vida teórica. El objeto de la revolución del florentino, era intentar regresar la conciencia del hombre a los tiempos de la realidad efectiva de la Roma antigua, donde no existía la hipocresía de la moral cristiana, y tratar de recobrar la virtud de los grandes hombres, quienes eran capaces de unificar un Estado tan sólo con su facultad natural. Las condiciones que pasaba en su momento la Italia resquebrajada, debieron ser sumamente adversas para que el florentino deseara con tanto ahínco su unificación. En la península no existía una comunidad de intereses, ni de pasiones; no existía conciencia nacional que hubiera resaltado la necesidad de una unidad colectiva. Cuando Venecia era la potencia marítima del Mediterráneo y manifestó ideas de unidad, tuvo que enfrentar la hostilidad del ducado de Milán, del Estado del pontificio, de España y Francia; mientras que, los pequeños Estados, entre ellos Florencia, se desarrollaban en una vida intelectual y artística.
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Francia y España eran dos verdaderos frentes de asalto, quienes estratégicamente se repartían puntos esenciales de la península italiana. Existía un conflicto de intereses radicales que hacía casi imposible el sueño de Maquiavelo. El desorden y la falta de convicción política, fundaban una dispersión ideológica en las provincias italianas. La constante inestabilidad política hacia posible que se practicara la guerra con fines estratégicos y empresariales. A Maquiavelo lo llevan a considerar perversa la naturaleza humana dos cosas distintas: por un lado, la rapiña, el libertinaje y los actos irracionales en que se desenvolvía la política del Renacimiento italiano; por otro lado, el estudio histórico de variados y distintas transformaciones sociales que tuvieron éxito. La política debe dar solución a la perversidad del hombre, en caso contrario, se puede corromper la unidad social. El método decisivo para contener la corrupción humana será la violencia para hacer respetar las leyes. El Estado en tanto Poder por antonomasia, se comportará como fundamento para desligarse de la moral hipócrita del cristianismo, e imponerle al hombre su única posibilidad que tiene de crecimiento, y alejamiento de su propia maldad. El Estado es el único capaz de imponer orden, mediante la coacción; la política es la única que puede sanar al hombre y regenerarlo.2 El hombre es egoísta, y la violencia, en tanto instrumento de la política, pueden tornarlo dócil, aun contra su voluntad, para que respete la ley. El ethos alcanzado en la antigüedad mediante el proceso cognoscitivo teorético, se transforma en Maquiavelo en una posibilidad utópica que no beneficia la política concreta. El caos de la política, como vemos debe ser enfrentado con una solución, y la que el florentino otorga es extrema, en contra una naturaleza humana que él considera perversa. En tiempo de anarquía la monarquía es precisa, nos dirá el florentino, para que un hombre que merece ser príncipe imponga a partir de la fuerza la solución para regresar a “los orígenes” lo social.
Es sorprendente que desde 1430 surge en Florencia un particular estudio de las cuestiones morales y políticas, quizá fue consecuencia de las luchas del quattrocento por conseguir la libertad cívica en Florencia.3 Existe una conciencia de asuntos políticos por la posición solitaria de Florencia en contra de los déspotas y la confrontación florentino-milanesa de 1402; lo que produjo una constante reflexión sobre la teoría política. El vástago de tales reflexiones no tardaría en llegar, pues surge un nuevo tipo de humanismo vislumbrado con el propósito de que el ciudadano participara activamente en la política.4 La preocupación principal es la reconciliación de los derechos del ciudadano con el bienestar de la comunidad en general, frente a la riqueza privada que hacia penetrar la corrupción en la vida política. Lo que en un principio era confianza en las tropas mercenarias que protegían la frontera, se convirtió en temor y desonfianza de perder la soberanía frente a esas tropas. Estos eran los problemas que pasaba la Florencia del Renacimiento.
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Ibid. p. 194. 3
Skinner Quentin, Los fundamentos del pensamiento político moderno: I. El renacimiento, p. 91. 4
Los humanistas con el propósito de llevar a cabo una revolución intelectual, pensaban que la libertad era la conservación de integridad de las sobrevivientes ciudades-repúblicas, contra cualquier intromisión; además de la conservación de una constitución libre que proteja la igualdad de los ciudadanos.5 La república hacia posible que todos los hombres pudieran hacer una carrera por esfuerzo propio, puesto que la oportunidad era la misma para todos y con ello, se beneficiaban los talentos. La educación cobra un papel muy importante, pues era la que tenía que desarrollar la virtu en el hombre. La virtu era concebida como la posibilidad para que el hombre alcanzara el más alto grado de excelencia, y esto sólo era posible si se estudiaba la retórica y la filosofía antigua.6 El hombre renacentista aspira a la excelencia universal, para ello debía abandonar la ignorancia y conseguir las virtudes que mantienen unidos a los hombres en la sociedad humana: justicia, equidad, libertad y amor.7 Otro tipo de virtudes que hacia sobrellevar al hombre las contradicciones de la vida eran: firmeza, estabilidad, constancia, fuerza y desdén de las cosas transitorias.
La virtus para los humanistas renacentistas se transforma en fuerza social creadora, que lucha constantemente en contra de los caprichos de la fortuna. Un hombre de real virtus podrá cortejar y dominar la fortuna. El príncipe con la real virtus podrá hacerlo de igual manera para conducir la sociedad humana desordenada. La fortuna puede ser controlada, siempre y cuando se esgrima como defensa la virtus, de lo contrario toda acción en la política se desarrollará en el terreno del accidente, que será lo único que gobernará las relaciones humanas. Como vemos el estudio humanista se centra en una posible armonización entre el individuo y su sociedad, de suerte que, sobre la base de las capacidades naturales del ser humano que se pueden desarrollar, el hombre puede conquistar la fortuna y el accidente para construir una existencia humana más justa. En estas condiciones nace el pensamiento de Nicolás Maquiavelo con una critica radical, pero firme hacia una tradición política, que mostraba sólo la apariencia y no la realidad del ser humano perverso sin un ápice de buena voluntad para concretar lo bueno.
La república florentina defendía la igualdad de los derechos de los ciudadanos, sin embargo, en la práctica los cargos públicos eran ocupados por la alta y media burguesía, y artesanos y obreros estaban excluidos. Paradójicamente las luchas de clase eran aceptadas. Cuando cae la república y los Médicis en Florencia en 1513, Maquiavelo, es destituido de su cargo, arrestado y torturado y confinado en san Casciano, un pueblito a poca distancia de Florencia. Para el florentino empieza la miseria, pero empieza también la producción de sus reflexiones en la política, pues empieza a unir la larga experiencia de las cosas modernas con la continua lección de las cosas antiguas. Nacen los Discursos sobre la primera década de Tito Livio en los cuales celebra la república romana y la virtu de los hombres de acción que 5 Ibid, p. 102. 6 Ibid, p. 111. 7 Ibid, p. 115.
consolidaron el grandioso Estado romano. Al regresar los Médicis, deja a un lado los Discursos, y escribe El príncipe que revolucionó la visión política, pues derrumbó la política subordinada a la ética clásica e independiza al Estado de la teología. En 1521 Florencia encarga a Maquiavelo escribir las historias florentinas que termina en 1525.
El florentino expone y defiende los ideales republicanos en los Discursos y en el príncipe, en este último expone el código de la monarquía tiránica. El tratado de “El Príncipe” es coherente con el pensamiento que expresa en los Discursos y con su visión cíclica de la historia. En “Historia de Florencia”, explica lo siguiente:
“las provincias que acostumbran, en su variar del orden, llegar al desorden, y del desorden al orden (...) cuando llegan a a su mayor perfección, no pudiendo subir más, es preciso que desciendan a su más bajo nivel, y luego necesariamente asciendan; y así siempre: del bien se deriva el mal, y del mal se deriva el bien.8
Se desprende que la república cuando llega a su más bajo nivel, es decir, cundo la corrupción humana hace peligrar lo social, debe dejar su lugar a la monarquía, para que el príncipe disponga de lo que tiene para devolver el orden a lo que queda de la república, haciendo posible que lo social regrese a sus inicios, a la antigua virtud, cuando lo social era sano y honesto. Se vislumbra una necesidad histórica de que, cuando la corrupción ha dominado la república, debe llegar alguien que mediante los recursos que tiene a la mano evite la corrupción total; ¿acaso no estaríamos hablando de una especie de tiranía? ¿Cómo tomaría el poder el monarca cuando la corrupción domina la política, acaso no sería mediante una revolución radical y sangrienta? El Príncipe es la continuación de los Discursos, pues:
“El príncipe es la continuación, la lógica conclusión de los Discursos, porque éstos no sólo exaltan la república sino que analizan minuciosamente el estado de decadencia y corrupción a la que ésta puede llegar, y sugieren la solución para superarla. Maquiavelo afirma que una república corrupta puede recuperar la antigua virtud sólo regresando a la monarquía.”9
Cuando la corrupción llega a un punto tal que las leyes no pueden controlarla hay que actuar con la fuerza de una mano regia que pueda recuperar el orden que una vez se observó. En la república cuando existe libertad pública, ésta es defendible, y así lo hace el florentino en Historia de Florencia.10 Como se observa el florentino está preocupado por el futuro de la república, por la corrupción que la afecta y por la necesidad de que la república corrupta regrese al orden que existió alguna vez en ella, mediante la fuerza. Existe una relación implícita entre las obras antes mencionadas, de manera que el florentino no se contradice nunca, sino que más bien, conserva el deseo profundo de unificar su Italia que alguna vez,
8Historia de Florencia
, 1525.
9Ensayos sobre el renacimiento italiano
, p. 204-205; Discursos, libro I, caps. XVII y LV. 10
sobre los lineamientos de la virtud antigua, estuvo unida. La mente del florentino añora repetir la república romana que fue concreta y no un sueño.