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Contexto social

In document Evaluación y sus estrategias (página 96-98)

El concepto de competencia en el contexto social, surgió en los años ochenta con fuerza en  países industrializados, como  respuesta a la urgencia de fomentar la formación de mano de obra y ante las demandas surgidas en el sistema educativo y el productivo. Comenzó a usarse en el Reino Unido en los primeros años de la década del ochenta con el propósito de formar personas competitivas a nivel internacional, con flexibilidad, sin requisitos de ingreso acorde a las necesidades del entorno laboral. Para ello se implementó un sistema nacional de formación y certificación de competencias con el fin de cualificar el personal de las empresas, brindar titulaciones con base en las competencias de acuerdo a los requerimientos de los puestos de trabajo, mayor calidad en la evaluación y la certificación.

En Australia el Consejo Australiano de Sindicatos (ACTU) propuso la reforma del sistema de certificación de ocupaciones en 1987. Desde 1990 se designa una misión

Fundación Universitaria del Área Andina 97

gubernamental para estudiar experiencias extranjeras sobre las competencias laborales lo cual ha dado origen a un conjunto de políticas para el establecimiento de procesos de formación y certificación con base en competencias en torno al quehacer profesional en ocupaciones técnicas.

En México en 1995 el gobierno creó el proyecto Modernización de la Educación Tecnológica y la Capacitación, dentro del cual se creó el Consejo de Normalización y Certificación de Competencia Laboral. Con ello se buscaba responder a la emergencia de una economía de la demanda por parte de la población, así como satisfacer la necesidad de continua adaptación a los cambios del mercado y a la demanda de personal capacitado en las empresas (Ibarra 1998).

En Colombia, el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje), lidera el sistema de normalización, certificación y formación de competencias laborales. A pesar de que el enfoque ha sido primordialmente, dar respuesta a la competencia del mercado, se pueden advertir dos acepciones distintas del término competencia desde el contexto social: competencia laboral y competencia profesional.

Aunque el término competencia laboral en términos generales se ha entendido como “la capacidad de hacer, de llevar a cabo las funciones propias de una ocupación conforme a resultados deseados integrando conocimientos, habilidades y comprensión” (Barrera 2007), existen múltiples definiciones de competencias:

Pueden ser agrupadas de diferentes maneras: competencia laboral como capacidad (Tamayo 2003, Consejo de

Normalización y Certificación de la Competencia Laboral –CONOCER-, Mertens 2000, Vargas 2003, fröhlich 2003, Laforucade 2003, entre otros); competencia laboral como habilidad (Brum  v. J y m. R Samarcos júnior, 2001, Afnor 2003, Briasco 2001); competencia como conjunto de atributos (provincia de Québec 2004, Tejada 1999, Tarifan 1999, Alamillo 2002, Tremblay 1994, Gonzci 2004, Forgas J, Irigoín y Vargas 2002, ISPETP 2003, INEM España, OIT 2000, González 2004.

La definición de competencia como capacidad responde a la posibilidad de responder a unas determinadas necesidades de desempeño laboral, involucrando en este desempeño las habilidades personales y psicológicas del individuo, no necesariamente su grado de conocimiento sobre un tema. La competencia como una habilidad reduce el término a una operacionalización al ejercicio de pasos mecánicos.

Una mejor comprensión del término, se logra con las definiciones del INEM de España, la OIT y González Maura, que le imprimen además de un complejo conjunto de atributos, el componente de construcción social.

En la OIT, (Ducci 1997), define la competencia laboral como la construcción social de aprendizajes significativos y útiles para el desempeño productivo en una situación real de trabajo que se obtiene no sólo a través de la instrucción, sino también –y en gran medida– mediante el aprendizaje por experiencia en situaciones concretas de trabajo.

En ese sentido, toma especial relevancia el concepto de competencia laboral,

entendida como la capacidad productiva de un individuo que se define y mide en términos del desempeño en un determinado contexto laboral, y no solamente de conocimientos, habilidades o destrezas en abstracto; es decir, la competencia es la integración entre el saber, el saber hacer y el saber ser.

En síntesis el concepto de competencia que se introduce, crecientemente, en las propuestas educativas de esta época, representa un modelo derivado del antiguo pero que abarca saberes, habilidades y actitudes individuales anteriormente no tomados en cuenta, para el desempeño laboral. El sistema educativo orientado por el concepto de competencias es un sistema que puede hacer frente a los desafíos de competitividad (competencia/ competitividad) contenidos en la nueva organización mundial del trabajo (Sepúlveda 2002).

En efecto, según (Gallart 1997), algunos autores han advertido que el traspaso del concepto de competencias al mundo de la educación induce a la idea de que un currículo basado en competencias es canal de un modelo de desarrollo económico y social que tiende a sustituir valores tales como la ciudadanía social, la igualdad y la solidaridad por la competitividad. “En ese sentido, los programas que se estructuran en términos de competencias, constituyen una tentativa por reproducir a nivel del sistema educativo, la ideología que domina actualmente en el mundo económico” (Gallart 1997).

“La necesidad de establecer un modelo de formación por competencias, basado en el modelo de Escuela y en el modelo de graduado, que posea cultura política,

económica, preparación fuerte en las ciencias básicas y una formación profesional básica. Un modelo en el que las competencias sean integradoras de conocimientos, habilidades, actitudes y capacidades; tienen que ser competencias para formar al hombre para la vida, no competencias para formarlos para un puesto de trabajo. No formar un graduado trabajador desechable que una vez concluido su ciclo productivo planificado, quede desamparado en el mundo del trabajo. No formar máquinas sino hombres para la vida” (Aragón 2002).

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