• No se han encontrado resultados

2.3. MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL

2.3.1. Contexto

Hablando sobre el contexto del agresor en el sentido del contexto López García (2004), señalo lo siguiente: “Después de vistas las distintas perspectivas y diferentes enfoques que intentan averiguar las causas más probables o al menos más comunes de la violencia de género, si algo nos queda claro es que no existe una sola causa que determine la violencia del hombre contra la mujer, sino que lo más probable es que se trate de un conjunto de factores que se interrelacionan en cada individuo de una manera diferente, generando así distintas conductas de maltrato. Además, al no ser causa única ninguna de las vistas, influye también en la intervención terapéutica para con el agresor, pudiendo llevarse a cabo diferentes técnicas psicológicas para la prevención de este “mal” en un futuro, y posible rehabilitación y evitación de recaídas siempre pensando en las víctimas, que al fin y al cabo son quienes sufren los efectos directos por parte de estos casos de violencia, que en nuestros días por desgracia, se están convirtiendo en algo casi cotidiano; y por lo tanto cada vez es mayor la urgencia de solucionar este problema abordándolo desde todos los campos posibles, siendo siempre insuficientes todas las estrategias que se están llevando a cabo, tanto en la atención a las víctimas, la

rehabilitación y prevención de recaídas del maltratador, como en una falta de control, por parte de la sociedad” (pp. 37 - 38).

Evidentemente el contexto donde se desarrolló el agresor es de vital importancia y así lo afirma Glorianna (2011): “Los hombres agresores en contextos familiares son personas con un perfil demográfico diverso, independientes de un nivel determinado de escolaridad, provenientes de distintos estratos sociales, con edades que los identifican desde hombres jóvenes hasta envejecientes. Se les caracteriza en algunos casos como obsesionados por los deseos de control, celosos, emocionalmente aislados pero dependientes, que utilizan la racionalización para atribuir la responsabilidad de sus acciones a otros, en algunos casos impulsivos y en otros manipuladores.” (p. 306).

Por lo demás dentro de las características psicológicas de los varones agresivos respecto al contexto en donde se desarrollan cabe resaltar el aporte de S. Romero (2015), indica lo siguiente: “(…) la falta de empatía y las dificultades de expresión de emociones, el control-descontrol como característica de los agresores. Hace referencia a la controversia que genera este aspecto, y destaca dos planteos existentes al respecto.”(p. 10).

Trujillo & Romero-Acosta (2016), señalan lo siguiente: “el contexto interno del varón agresor se da de diferentes modos y momentos los cuales

alteran la conducta inicial de una personas de carácter controlable de dicho modo estas personas sufren de la alteración de su conducta convirtiéndose en una persona agresiva” (p. 310).

2.3.2. Interno

El ser humano tiende a protegerse de lo que le supone una amenaza. Las personas violentas y agresivas son una intimidación, tanto para nuestra salud física como para la emocional. Nos gusta rodearnos de personas que nos hagan la vida fácil, sean cariñosas, complacientes, buenas personas, que nos contagien de su buen humor y de toda su energía positiva.

Pero a veces nos topamos con todo lo contrario. Personas que levantan la voz, que te intimidan con sus gestos, que se informan de forma agresiva y violenta. Gente llena de rencor, de inseguridad, que para superarse necesitan dañar y menospreciar a los demás. Porque así tienen valor.

Hay muchas teorías para entender el origen de la violencia. La dirección agresiva puede ser la reacción ante una amenaza, la manera que tiene la persona de responder cuando se siente intimidado. Si las personas no tuviéramos esa renuencia agresiva, llena de adrenalina, no podríamos responder biológicamente ante un peligro real. El problema es convertir en una intimidación cosas que no lo son, como que tu pareja no te ponga

un plato caliente en la mesa, o que no te guste cómo conduce el conductor de delante de ti.

Sobre el tema cabe señalas lo siguiente por un anonimo (2016), “Cuando nos percatamos, aunque sea de forma preconsciente, de esas reacciones corporales y mentales asociadas al ataque o a la huida, se desarrolla en nosotros una experiencia emocional de ira o de miedo, respectivamente. Si estamos lo suficientemente motivados, podemos dar un paso más y pensar en cómo nos sentimos, hacer atribuciones causales sobre qué ha hecho que nos sintamos así, y considerar las consecuencia de actuar según nuestros sentimientos teniendo en cuenta los riesgos y nuestras experiencias anteriores, así como la norma sobre lo que es apropiado sentir en ese tipo de situaciones.”

2.3.3. Agresor

Fiestas, Rojas, Gushiken, & Gozzer (2012), señalo lo siguiente: “(…) el patrón de características que predice quién es la víctima es muy similar al que predice quién es el agresor, en los casos de violencia contra la pareja. En general, ser menor de 45 años, el haber sufrido niveles altos de violencia durante la niñez, el tener una actitud favorable hacia la violencia, el consumir alcohol, el no tener un grado universitario (…) es de notar que varios de nuestros hallazgos desafían algunos supuestos en el área, que muchas veces dan sustento a investigaciones, políticas y programas de intervención. Por ejemplo, esperábamos que la probabilidad de ser víctima sería mayor en mujeres que en hombres, que la probabilidad de ser agresor sería mayor en hombres y que ambos indicadores serían muy

altos en todas las localidades de la sierra, especialmente en Huamanga, dada la violencia política sufrida en dicha localidad durante la década de 1980 y parte de los 90. Nada de esto pudo verificarse empíricamente en este estudio. Esto nos pone frente al desafío de continuar investigando este fenómeno en el contexto peruano, ya que aparecen más preguntas que son importantes de resolver para poder establecer medidas de control.” (p. 50- 51).

M. Noblega (2012), indica lo siguiente: “Las características de los agresores fueron divididas en demográficas, consumo de alcohol y psicológicas. A partir de los resultados, podemos afirmar que la edad, el nivel de instrucción, la ocupación y el consumo de alcohol de los potenciales agresores no se encuentran asociados a la violencia ejercida hacia las mujeres en sus manifestaciones físicas o emocionales en esta muestra en particular. Si bien estos resultados pueden deberse a las limitaciones del tamaño y representatividad de la muestra, podemos considerar que los bajos índices de estos tipos de violencia en la muestra evaluada pueden ser una de las razones por la que los resultados aquí planteados no reproducen los hallazgos de estudios nacionales. En este sentido, hacen falta más investigaciones cuyo diseño permita la generalización de los resultados en este campo.” (p. 65).

(Bullón et al., 2014), afirmo lo siguiente: “En este estudio se realiza un análisis de los cinco grandes factores de la personalidad y el perfil de

agresor en el contexto del acoso escolar. La muestra total estaba formada por 700 estudiantes de secundaria, 43% mujeres y 57% varones con una media de edad de 13,98 años. Para su análisis se utilizó el y el cuestionario de personalidad BFQ-NA. Mediante un análisis discriminante se estableció una función que clasificaba correctamente el 49,15 de los casos agrupados originales. Esta función discriminante vino determinada por el factor conciencia (.712), relacionándose una mayor presencia de este factor en el nivel de menor agresión y viceversa (Baja Agresión = .575, Media Agresión= -.030 y para el grupo Alta Agresión = -.666). Finalmente, se puede concluir que el factor conciencia es aquel que discrimina mejor el perfil del agresor en el acoso escolar, obteniéndose mayores niveles de agresión cuando está este factor menos presente en la personalidad del alumno”. (p. 366).

2.3.4. Violencia

Salas-Menotti (2008), sobre algunas apreciaciones sobre la conceptualización de violencia señala lo siguiente:

“Al considerar que las diferentes teorías y clasificaciones de la agresión son más comunes en Psicología que las de violencia, se decidió basar las comparaciones entre estos dos conceptos a partir de los enfoques de la agresión. En la literatura se han asociado diversas variables a episodios de agresión y violencia, como por ejemplo, el alcohol, las armas y las drogas, pero estas variables no se identificaron dentro de los NR, con excepción de armas para

adolescentes y adultos, y drogas para hombres, en la red de violencia; sin embargo, sí se encuentran en menor medida a lo largo de las redes y la asociación va- ría según el grupo de edad y sexo. Aunque otras variables medioambientales y biológicas se han identificado como agentes dentro del fenómeno de la agresión, no se asocian con el significado psicosocial de ninguno de los dos conceptos en el presente estudio. ”(pps. 340-341).

Jiménez-bautista (2012), sobre el tema de violencia y los tipos en la que se ejerce cabe resaltar que el presente autor afirma lo siguiente: “Violencia directa, es la realización de un emisor o actor intencionado, y quien sufre es un ser dañado o herido física o mentalmente. Nos podemos remitir a la definición de violencia como la aplicación de métodos fuera de lo natural, hablaremos de un abuso de autoridad en el que alguien cree tener poder sobre otro. Generalmente se da en las relaciones asimétricas: el hombre sobre la mujer o el padre sobre el hijo, para ejercer su control. Violencia estructural, se manifiesta cuando no hay un emisor o una persona concreta que haya efectuado el acto de violencia. La violencia estructural se subdivide en interna o externa. La primera emana de la estructura de la personalidad. La segunda proviene de la propia estructura social, ya sea entre seres humanos o sociedad. Violencia cultural, se refiere a los aspectos de la cultura que aportan una legitimidad a la utilización del arte, religión, ciencia, derecho, ideología, medios de comunicación, educación, que vienen a violentar la vida. ” (p. 310).

(Blair Trujillo, 2009), sobre el concepto de violencia y algunos alcances importantes señala lo siguiente: “los usos del concepto y algunas de las reflexiones que los acompañan. Mirando en conjunto todos los proyectos, las preguntas que podríamos hacernos son: ¿estamos hablando de distintas violencias?, ¿podemos construir una definición del concepto que las abarque a todas?, ¿su dificultad de construcción teórica no es, en sí misma, un reto investigativo? y, finalmente, ¿no conceptualizarla imposibilita o inhibe la reflexión que hemos venido haciendo sobre ella? Por supuesto, creo que no; como lo señalé antes, es con el tema de la violencia que se ha dado el mayor desarrollo de las ciencias sociales en el país. La producción al respecto -sobre todo la de más alta calidad– nos ha ilustrado muchos fenómenos sociales ligados a la historia de Colombia. Por esta vía hemos conocido más sobre el país de lo que había aportado el estudio de otras problemáticas dándole, sin duda, la razón a Gonzalo Sánchez cuando plantea que: guerra y política, orden y violencia, violencia y democracia y, en el límite, vida y muerte, son algunas de las múltiples oposiciones y complementariedades a partir de las cuales se hace descifrable la historia colombiana. Todo ello, pese a no tener un concepto muy acabado de lo que es, o de lo que sería, la violencia” (pps. 32-33).

Martínez Pacheco (2016)sobre algunos elementos de estudio para comprender la violencia indica lo siguiente:

“La definición en su conjunto también presenta una serie de elementos que la problematizan. En primer lugar, parece que el contexto en el que se presenta la violencia es un contexto restringido espacial y temporalmente. Espacialmente, porque restringe la visión del contexto en el que se puede observar la acción violenta. Si bien ésta puede darse en cualquier lugar, en cualquier espacio, el escolar, el doméstico, el laboral, o bien la calle, lo que la definición resalta es el hecho de la acción de alguien sobre otra persona, por lo que las características del contexto sólo serán expuestas como el escenario donde se presenta dicho acto, pero no influirán en él, no se tomarán en cuenta analíticamente para describir el fenómeno de la violencia. (…) consideramos que la violencia no es una sustancia o un hecho aislado, totalmente terminado y asible en sí mismo, sino que se trata de relaciones sociales o, mejor dicho, del tinte que asumen ciertas relaciones sociales. Desde esta perspectiva, la violencia puede ser vista como un adjetivo que califica determinadas formas de relación. Así, por ejemplo, dentro de relaciones familiares o laborales, cuando éstas se presentan con signos de violencia, hablamos de violencia familiar o laboral Sin embargo, esa coloración violenta de las relaciones sociales presenta algunos rasgos generales por los que se le reconoce, es decir, que ésta presenta también un momento importante de sustantividad. El principal rasgo por el que se puede hablar de violencia desde luego es la producción de daños en, cuando menos, alguna de las partes de la relación, afectando la

integridad física, sexual, psicológica y hasta patrimonial del o los así afectados. Otro rasgo frecuente en las relaciones violentas es la repetitividad de ciertos comportamientos o la recurrencia de los mecanismos en la producción de violencia, esto es, que se presenten patrones comportamentales por medio de los cuales se piense en alguna intencionalidad que marque la relación de los actores.” (pps. 14-20).

Campos (2016), finalmente señala lo siguiente: “Los principales problemas observados por los jóvenes están relacionados con formas de violencia directa y estructural, como son las peleas, la inseguridad, los robos, la violencia intrafamiliar y violencia contra la mujer, las drogas, principalmente las de fácil acceso como el tolueno y la mariguana, el alcohol, las balaceras, el pandillerismo, la falta de infraestructura, mantenimiento y equipamiento adecuado en las colonias, la falta de empleo y los malos tratos que reciben por parte del cuerpo policiaco de Fuerza Civil, lo que revela la necesidad de revisar los protocolos de actuación de la Policía en su relación con la población civil, particularmente con los jóvenes, así como mejorar su capacitación respecto a los derechos humanos. Los jóvenes ubican las drogas, el alcohol, la falta de vigilancia policial, el abuso de la superioridad física, la discriminación, los contenidos en la televisión, la falta de atención y comunicación entre padres e hijos, los problemas económicos y familiares como las principales causas de la violencia. Respecto a los efectos de la violencia sobre los jóvenes, estos son: emocionales y psicológicos, tales

como tristeza, desilusión, miedo, inseguridad, frustración, enojo, traumas, odio y pensamientos suicidas; así como relacionales: problemas entre la familia y separaciones, enemistad, resquebrajamiento del sentido de comunidad y el tejido social; y físicos: violaciones, robos, muertes, balaceras y secuestros.” (Pps.103-104).

2.3.5. Mujer

Rica et al. (2011), sobre la mujer y una vista desde la perspectiva de la sociedad señala lo siguiente:

“(…) sobre la mujer y los alcances de genero se deduce que la mujer en la actualidad es un género que ha tomado mayor fuerza en todo aspecto puesto que ha sabido desempeñarse en todos los ámbitos de la sociedad siendo una figura importante en la económica, política, educación, etc.” (p. 380).

Cano & Arroyave (2014)afirman lo siguiente:

“Las mujeres se configuran con su paso en estos como sujetos de un modo particular, legitimándose como sujetos dentro de la inteligibilidad de una época particular, que según lo encontrado, pugna por reivindicar una mujer que se apropie de los espacios de decisión y desde allí pueda generar transformaciones en sus condiciones de vida y en las de sus comunidades. Particularmente, desde dos discursos, el primero, el de los derechos humanos y el

segundo, ligado a este, el del género. Ambos discursos están relacionados, en tanto, el enfoque de género se enlaza en uno de los pilares de los derechos humanos, el de la igualdad, para las mujeres ha sido formal mas no real; es aquí cuando entran a jugar propuestas como la del enfoque de género, que pone de relieve la situación de hombres y mujeres, y cómo las maneras en que estos se constituyen resultan en diferentes condiciones de vida y oportunidades para unos y otros. Un aspecto a puntualizar aquí, es que estas transformaciones en las mujeres a pesar de ser significativas, no implican que hayan pasado de un estado de dominación a uno de poder; se ha mostrado a lo largo de la investigación como aun cuando ellas se nombren sin poder y pongan en los otros el ejercicio del poder, esto ha sido también un uso de su propia libertad, y por tanto, de su propia inserción en las relaciones de poder.” (p. 108).

Sobre “El machismo es una vertiente del sexismo o prejuicio sexual que se expresa, por lo regular, de manera inconsciente en la mayoría de las sociedades humanas. Este sistema de creencias o ideología clasifica por grados de superioridad e inferioridad a los seres humanos según el grado en que actúan; esta clasificación se hace de acuerdo a las expectativas supuestamente «esenciales», «naturales» o «biológicas» de lo que representa ser un «verdadero hombre» o una «verdadera mujer». Las personas son vistas y juzgadas con base en las características «biológicas», o «naturales» o «verdaderas» del grupo sexual al que

pertenecen, sin tener en cuenta las diferencias que puedan darse entre ellos y dentro de ellos. El aprecio por la subjetividad, por la decisión libre de las personas ha puesto en cuestión esa forma tradicional de clasificación. Desde hace tiempo, se distingue genitalidad de sexualidad, lo cultural de lo psicológico y social. Se”(Roberto & Daros, 2014) (p. 19).

“Se ha pasado de los estudios de la mujer de la pasada década, que constituían una crítica directa al androcentrismo de las diversas disciplinas sociales e incorporaban la participación de las mujeres de forma descriptiva muchas veces y realizando a menudo un recorte social del sexo femenino, a la investigación de las relaciones de genero que se centra en ambos sexos y los conceptualiza social y simbólicamente, así como a sus relaciones con el mundo, entre ellos y en el interior de cada uno.”(Fernández, 1998). (p. 90).

2.3.6. Incremento

“Como se sabe que la narco guerra y la violencia de género no persiguen los mismos objetivos, se hizo una tipología de guerras necro políticas, que incluye dos: la guerra por la gubernamentalización necropolítica del Estado y la guerra por la desposesión de los cuerpos de las mujeres. Mientras que una tiene que cooptar y reconfigurar al Estado, la otra se propone desposeer a las mujeres de sus cuerpos. Pero comparten una característica: un espacio socio-legal disfuncional, permanentemente corrupto y deliberadamente letal, que asegura la impunidad de las

tecnologías de muerte del necro poder: masacre, feminicidio y desaparición forzada.

La masacre y la desaparición forzada son las tecnologías preferidas del necro poder para administrar muerte en el ámbito de la guerra por la gubernamentalización necropolítica del Estado. La desaparición es una tecnología necropolítica usada sobre niñas y mujeres jóvenes para extraer sus cuerpos y someterlos a esclavitud sexual, y el feminicidio es la tecnología necropolítica usada en mujeres de más de 30 años cuyos cuerpos no tienen utilidad comercial, o cuando se han revelado contra la dominación económica, sexual, emocional o física dentro del hogar y la esclavitud sexual. Todo es posible por la impunidad que impera para los delitos en general y los delitos sexuales en particular” (Estévez & Estévez, 2017) (p. 96).

Mendez-Hernandez, Valdez-Santiago, Viniegra-Velazquez, Rivera- Rivera, & Salmeron-Castro (2003), señalan lo siguiente:

“La violencia contra la mujer constituye un problema social y de derechos humanos que repercute de manera importante en la salud

Documento similar