historia del arte
imágenes). Los países católi- cos respondieron a esto con la Contrarreforma (aproxi- madamente a partir de 1550), que dio lugar al estilo ba- rroco. El nombre deriva del oficio de la joyería —barro-
co es el término portugués
para designar una perla irre- gular— y desde entonces el Iglesia de La
Compañía de Jesús, en Quito
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término se utiliza en el sen- tido de «recargado».
El arte barroco empezó siendo un arte propagan- dístico de la curia católica, mediante el encargo de construir numerosas igle- sias que debían procurar una atmósfera de solemni- dad. Con un propósito si- milar, el estilo barroco fue adoptado por los príncipes absolutistas y se convirtió en el estilo de la majestuo- sidad real: con sus pala- cios barrocos, los príncipes crearon el decorado del teatro nacional del Absolu- tismo, al que se habían in- corporado los aristócratas. Al servicio bien del cosmos cortesano bien del cosmos divino, el estilo barroco subraya siempre la subor- dinación de las partes al todo. La tensión se expre- sa a través de las formas curvas y la intensa agita- ción. Los adornos son muy abundantes, y los interiores están decorados con pintu- ras, con lo que se produce un efecto de suntuosidad y solemnidad. El Barroco se desarrolla durante los siglos XVII y XVIII.
Si Italia es la patria de los grandes pintores del Rena-
cimiento, en el Barroco los holandeses toman el relevo, aunque divididos en el Flan- des católico de los Habsbur- go, cuyos centros son Bruse- las y Amberes, y la Holanda calvinista, cuyo centro es Ámsterdam. El siglo XVII no sólo es la época de la Contra- rreforma, sino también la del ascenso de Holanda al rango de primera potencia comer- cial europea; de modo que los pintores holandeses trabajan por una parte para los reyes y los aristócratas, y, por otra, también para la pujante bur- guesía.
Rubens (1577-1640) es pin- tor de cámara del estatúder de Bélgica y pinta para los príncipes de Europa, quienes desean cuadros grandes y representativos. Para satisfa- cer sus deseos, Rubens pinta cuadros inmensos, pomposos y lujosos con los que decorar sus palacios. Su especialidad es el cuerpo «barroco» que todos reconocemos por sus gruesas mujeres. Rubens pinta para los jesuitas y pa- ra la Iglesia, para el rey de Francia, el príncipe herede- ro de Inglaterra, el príncipe elector de Baviera y el rey de España. Con el propósito de satisfacer todos los encar-
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Las tres gracias, de Rubens
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gos que recibe, abre un taller perfectamente organizado, con aprendices y pintores a su servicio. Es el propio Ru- bens quien esboza los cua- dros, pero son otros quienes los llevan a gran formato y los pintan; finalmente, será él quien dé al cuadro las úl- timas pinceladas, convirtién- dolo en un «Rubens».
Rubens es considerado co- mo el pintor más represen-
tativo del Barroco. Los his- toriadores del arte definen su estilo pictórico haciendo referencia al pathos en el movimiento, pues las figu- ras de sus cuadros suelen ser sinuosas y parecen estar en éxtasis.
Por otra parte, Rembrandt van Rijn (1606-1669) fue un pintor atípico por el solo he- cho de no haber realizado sus estudios en Italia, sino que,
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Rembrandt, autorretrato
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tras pasar varios años como aprendiz a las órdenes de un pintor de temas históricos en Leiden y Ámsterdam, abrió su propio taller. El éxito de Rembrandt se debe a su ca- pacidad para reorientar las distintas tradiciones pictóri- cas hacia lo momentáneo y dramático. Así, por ejemplo, los retratos, que propiamente deben representar a la per- sona retratada, se convierten en él en verdaderos estudios sicológicos. Por otra parte, en sus autorretratos Rem- brandt experimenta incluso con muecas y variaciones extremas de la expresión. Asimismo, continúa la tradi- ción pictórica holandesa que
inmortalizó a las compañías de guardias de las distintas ciudades del país. El ejemplo más conocido es La ronda
de noche; pero el cuadro no
es ya una simple fotografía escolar de la compañía de guardias de Ámsterdam, si- no que en él Rembrandt pre-
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senta a la compañía justo en el momento en que se dispo- ne a partir, con lo que logra conferir una dimensión dra- mática a esta tradición pictó- rica holandesa.
Rembrandt sigue siendo considerado el pintor más importante de Holanda, un país que ha dado tantos pin- tores como en su día dio Ita- lia. Rubens y Rembrandt re- presentan también la Europa del siglo XVII con su división confesional: Rubens es el pintor de la Contrarreforma Católica y de los príncipes absolutistas; Rembrandt es el pintor de la gran burocracia protestante, de los altos dig- natarios y de las asociacio- nes profesionales.
Por último, señalemos que el mayor representante de la pintura de género —con esce-
nas de la vida cotidiana y p e r s o n a j e s a n ó n i m o s — del Barroco es Jan Vermeer ( 1 6 3 2 - 1 6 7 5 ) . Algunos de sus cuadros se han convertido en íconos de almanaques modernos y no dejan de ser reproducidos, como es el caso del cuadro titulada La carta. El éxito de sus cuadros se debe a su acotación del espacio y a su iluminación, dos característi- cas que confieren intimidad a sus obras, de manera que sus personajes parecen estar ensimismados. Así ocurre cuando el pintor toma como motivo la lectura y la inter- pretación musical (Hombre y
mujer sentados al virginal, Tañedora de laúd y La lec- ción de música), hasta que
en su Alegoría de la pintura toma como tema la pintura misma.
(De La cultura. Todo lo que
hay que saber, de Dietrich
Schwanitz)
Vemeer:
La lección de música
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